ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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21/10/14

LETRA HIMNO NACIONAL

















Cuál es la razón por la que nuestro Himno Nacional no tiene letra
Por A. Manzano


Contrariamente a lo que muchos piensan, es una composición española, creada por un músico español para el desfile de los granaderos españoles. ¿Cómo llegó a convertirse una marcha reglamentaria en el Himno de España?


Es una composición puramente española y fue creada por un músico español para el desfile de los granaderos españoles. A pesar de ello, las ideas de los autores decimonónicos del romanticismo español continúan siendo repetidas actualmente, a pesar de que resultan erróneas a la luz de los trabajos de los historiadores recientes. El error de su origen prusiano se mantiene hoy en día.


El mito del origen prusiano de la Marcha Granadera nació con un artículo periodístico publicado en 1861, fabulando una audiencia que nunca existió entre Federico II de Prusia y un general español, que tuvo adornos fantasiosos posteriores hasta quedar consolidada como si fuera verdadera.



Un Ejército complejo





Más que todos los europeos, a principios del siglo XVIII el Ejército español era muy heterogéneo y de muy difícil manejo por la estructura territorial de la Monarquía hispánica, con unidades de españoles, de italianos y de valones más otras de mercenarios suizos e irlandeses. Había tercios veteranos y regimientos, reales o no, de milicias provinciales, urbanas y hasta estudiantiles. Se hacía la instrucción con armamento de diferentes calibres y de muchas maneras, con distintos toques, marchas y órdenes a la voz, y en diferentes idiomas. Cada unidad tenía su propia uniformidad, divisas y banderas. Cualquier aspecto que se analizara tenía diferencias, excepciones y privilegios, fuentes de constantes litigios.

Por todo ello, Felipe V tenía muchas razones para reformar el Ejército casi hasta los cimientos y, en una titánica tarea cuyos resultados sólo fueron lográndose al cabo de muchos años, fue convirtiendo aquellos Grandes Tercios Viejos y Nuevos en los regimientos que han llegado hasta hoy. Hitos importantes fueron las ordenanzas “de Flandes” de 1701 y las aprobadas en 1728. Entre otros muchos aspectos –como las banderas y los uniformes-, se quiso armonizar y simplificar los toques, el idioma para el mando y las escarapelas del sombrero, pues eran fundamentales en la batalla para ser obedecido con exactitud y no confundirse con el enemigo. Fernando VI convocó en 1749 una junta que revisara las Ordenanzas de 1728 y sus ajustes posteriores a fin de preparar un nuevo texto.

Las nuevas ordenanzas





Dado que el proceso unificador exigía reglamentar un solo conjunto de toques y marchas para todos los regimientos, independientemente de sus orígenes y tradiciones musicales, en el proyecto de 1751 se incluyó una marcha específica para cuando los granaderos –la compañía de élite de cada batallón- desfilaran solos: “Siempre que cualquier tropa marche con las formalidades correspondientes, tocarán Marcha los tambores que haya en ella; y si los granaderos marchasen solos, usarán entonces de la Marcha Granadera”.

Entonces, un mismo toque servía a dos fines principales y diferentes entre sí; por ejemplo, el toque llamado ‘Marcha’, por un lado hacía desfilar a las tropas; y, por otro, se tocaba para rendir los máximos al Santísimo Sacramento, al Rey, las demás Personas Reales, y a los Capitanes Generales.
Carlos III retomó el proyecto de nuevas Ordenanzas creando una junta que, en 1761, sólo publicó la táctica correspondiente a la Infantería, en donde consta una Marcha Granadera general. Su partitura está en un cuaderno aparte, con apariencia de borrador, titulado “Libro de la Ordenanza de los toques de pífanos y tambores que se tocan nuevamente en la Infantería española, compuesto por don Manuel Espinosa. 1761”.

En 1768 se publicó la versión definitiva de las “Ordenanzas de S.M. para el régimen, disciplina, subordinación y servicio de sus Ejércitos”. Consecuencia de ellas es el cuaderno de “Toques de guerra que deberán observar uniformemente los pífanos, clarinetes y tambores de la Infantería de S.M., concertados por Dn. Manuel de Espinosa, Músico de la Capilla Real. 1769” que fijaba los toques reglamentarios para todos los regimientos y que incluye la partitura de la citada Marcha Granadera retocada. Así, queda clara la identidad y participación de Manuel Espinosa: fue el compositor e hizo la concertación para más instrumentos de la Marcha Granadera, nueva y con carácter general para todo el Ejército.

Los granaderos y las banderas

Por otra parte, estas Ordenanzas establecían que, para incorporar las banderas al batallón, debía constituirse una escolta especial para recogerlas. La mandaba el Ayudante y estaba formada por los subtenientes abanderados, la mitad de la compañía de granaderos al mando de un oficial, el tambor de los granaderos y otros tambores de fusileros, mandados por el Tambor Mayor. Al ir a buscar las banderas, esta escolta, por ser su tropa sólo de granaderos, desfilaba “tocando sólo la suya el tambor de granaderos”, es decir, a los compases de la Marcha Granadera. Así, al vincularse esta marcha a las banderas, se da el primer paso de un proceso que duró casi cien años.

En los regimientos se trataba a las banderas con una gran deferencia pues la ‘coronela’ –una sola- representaba al Rey por medio del escudo real, y las demás, llamadas ‘sencillas’, al Ejército y al regimiento -por el aspa roja y la heráldica de las esquinas-. Los honores que, para recibirlas, tributaba la escolta de granaderos eran armar la bayoneta –para simbolizar la disposición de defenderlas hasta el final-, presentar las armas e interpretar el toque llamado Bandera. Una vez incorporadas las enseñas a la escolta, se dirigía hacia su batallón para ocupar sus respectivos puestos, desfilando al compás, otra vez, del toque Bandera.

F. Redondo refiere en su estudio a una disposición de 1770 por la que Carlos III asignaría a la Marcha Granadera un segundo cometido, rendir honores. Éste sería el segundo paso, muy importante, de cara al posterior proceso.

Revolución musical

Durante la Guerra de la Independencia -1808-1814- afloraron fuertes sentimientos patrióticos, nacionales y monárquicos que produjeron una verdadera revolución musical, apareciendo muchas composiciones conmemorativas de las victorias y para honrar a los generales. En los años siguientes se dio el título de ‘Marcha Real’ a la Marcha Granadera, y fue elevada oficialmente al primer puesto, como Himno Nacional, para rendir los máximos honores en 1853: “S.M. La Reina (q.D.g.) ha tenido a bien resolver que en lugar de la marcha prescrita por el reglamento táctico de la Infantería… sólo se toque en lo sucesivo, tanto por estos Cuerpos como por los demás del Ejército, la antigua española, vulgarmente conocida con el nombre de granadera…”.

Un himno sin letra, seña de identidad española

La marcha de 1761 para los granaderos, como el resto de los toques reglamentarios, carecía de letra. Otros himnos, como la Marsellesa o la Internacional, nacieron con letra en ambientes populares y revolucionarios. La evolución de la Marcha Granadera hasta ser el Himno Nacional de España se debió a su origen militar para rendir los máximos honores y, también, a la belleza y majestuosidad de su composición y no a otros factores. Por ello, todos los intentos de dotarle a posteriori de letra han fracasado, porque se ha querido imitar a himnos extranjeros, olvidándose de esta peculiaridad netamente española, verdadera seña de identidad.

A. Manzano




 Jose Perez Ramos.