ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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10/6/14

Franco, la Monarquía y ZP culpable











Franco y la monarquía




Pío Moa.-

En estos tiempos de falsificación sistemática y de la historia y las biografías, es normal que casi todo el mundo haya "olvidado" la esencialísima relación de la Monarquía con Franco. Juan Carlos no es rey por casualidad: lo es por voluntad expresa de Franco, saltándose la continuidad dinástica. En una entrevista célebre con una periodista inglesa, Juan Carlos dijo que no permitía hablar mal del Caudillo en su presencia, porque le debía la Corona. Sin embargo ha permitido hablar mal de él en todas partes, hasta el punto de que se ha vuelto tabú mencionar algún punto a favor del viejo Caudillo. Y Juan Carlos mismo ha firmado la ley de memoria histórica que al ilegitimar al franquismo deslegitima implícita pero con toda claridad, a la monarquía salida, repitámoslo, de la voluntad de Franco, así como a la transición planteada por Torcuato Fernández "de la ley a la ley", es decir, desde la legitimidad franquista. Otro hecho ante el que casi todos miran a otro lado.

         Decía el intelectual socialista Araquistáin, uno de los teóricos de la Guerra Civil de 1.934 y la dictadura del "proletariado", que en el siglo XX  una Monarquía que cae, cae para siempre. Y por aquellos tiempos casi todo el mundo lo creía, incluida la derecha. Según terminaba la Guerra Mundial, el aspirante al trono, Don Juan, después de coquetear con los nazis, se sumó a los ingleses  y participó con los servicios secretos useños en maniobras calificables de alta traición, como explica el botafumeiro parlante Ansón en su libro sobre el pretendiente. Este quiso entonces expulsar a Franco de poder y colocarse él, pretendiendo que la Monarquía garantizaba la reconciliación de los españoles. Pero la mayoría de los españoles estaba ya reconciliada, según comprobó muy a su pesar el maquis, y lo que garantizaba Don Juan era la vuelta de quienes habían planeado y organizado la Guerra Civil, intentado --y en parte logrado-- exterminar la cultura cristiana de España y desmembrar la nación española.   Afortunadamente, Franco rechazó la aventura, recordando al pretendiente que la rebelión del 18 de julio se había hecho por España y no por la Monarquía.

Y así era. Muy pocos de los sublevados de julio del 36 pensaban restaurar la Monarquía. Máxime teniendo en cuenta  la manera muy poco digna como esta había caído, mediante un golpe de estado dado por los monárquicos contra su propio régimen, después de haber ganado unas elecciones municipales; es decir, despreciando olímpicamente a sus votantes, algo muy propio del señoritismo de bastantes monárquicos. Porque la República llegó con un golpe de estado, pero, como he explicado en “Los personajes de la República vistos por ellos mismos”, los golpistas fueron precisamente los monárquicos. Los sublevados del 36 sentían que estaban luchando contra una revolución entre comunista y anarquista y contra la desmembración de España, no por una Monarquía que había dejado malos recuerdos a mucha gente, no necesariamente republicana.

Franco consideraba la Monarquía como un factor de estabilidad política y de continuidad nacional, pero era muy consciente del peligro de "volver a las andadas", que claramente representaba el frívolo e irresponsable Don Juan. Para evitarlo, pasó por encima de este y trató de educar a Juan Carlos sobre la experiencia de la historia, cosa que no consiguió del todo, vistos los resultados. Sin duda sabía que la Monarquía iba a funcionar de manera muy distinta de su régimen, como en una ocasión le dijo a Juan Carlos. Para entenderlo basta recordar los ridículos presupuestos destinados al Movimiento Nacional, teóricamente columna vertebral del régimen, y el hecho de que en su testamento ni siquiera lo mencionase. O el testimonio de Vernon Walters.

Algunos dicen que la legitimidad de la Monarquía viene de la Constitución. Muy al contrario, esta, que no fue jurada por Juan Carlos, refrenda su origen "de la ley a la ley", es decir, a partir del franquismo, incluso podríamos decir más propiamente de Franco. Porque 36 años después de terminada la guerra, la Monarquía no disfrutaba de muchas simpatías en España, y su aceptación dependió sobre todo del respaldo del viejo Caudillo.

En fin, el "olvido" de estos hechos tan indudables como cruciales es también un elemento de la lamentable multicrisis a que han llevado al país, precisamente, los antifranquistas, simples farsantes la mayoría de los que vivieron el franquismo,  e ignorantes manipulados los más jóvenes. Muchos juzgan inútil e innecesaria la defensa de la verdad histórica, "para qué dar vueltas al pasado, hay que mirar al futuro". Por mi parte la considero esencial para evitar la demagogia y la infantilización de la sociedad: "Si ignoras lo que ocurrió antes de que nacieras, siempre será un niño". Me gusta recordar esta frase de Cicerón.


Zapatero es culpable




Emilio Campmany.-


La profundidad de la crisis institucional que sufrimos es insondable. Están los dos partidos mayoritarios que se niegan a zanjar el nepotismo, el favoritismo y la discrecionalidad con los que reparten prebendas, nombran interinos, adjudican subvenciones y alimentan la clientela que los sostiene en el poder. Tampoco hacen nada por regenerar el sistema. Ni se les pasa por la cabeza, por ejemplo, despolitizar la Justicia. Predican mucho, pero no dan un solo grano de trigo. Están los independentistas, que como nadie les para los pies, no vaya a ser que se separen, resulta que se van a separar de verdad sin que nadie se haya nunca enfrentado a ellos. Está la violencia de la extrema izquierda, émula de la separatista, aplaudida, comprendida, justificada y entendida por quienes, por simpatizar con sus objetivos, no quieren denunciar sus medios. Junto a ellos están la cobardía, los complejos y el acogotamiento de quienes, medrosos, sin compartir ideas ni medios, no se atreven a censurarla por temor a ser tachados de derechas o simplemente de fachas. Está la reforma constitucional, que nadie sabe adónde va, pero a la que se atribuye el poder taumatúrgico de arreglarlo todo, cuando es evidente que no hay acuerdo acerca del sentido que ha de tener, con lo que parece más bien que de lo que se trata es de que una España se la imponga a la otra.

De todo esto tenemos la culpa todos de alguna manera. Aunque, naturalmente, los políticos la tienen en mayor medida. Pero si es posible encontrar a alguien en quien personificarla ése es José Luis Rodríguez Zapatero. Fue él quien lo empezó todo. Fue él quien abrió las fosas de la Guerra Civil. Fue él quien, abusando de la bonanza económica, compró votos con prebendas sociales que agotaron la despensa a la que hoy no podemos acudir para atender a gastos sociales verdaderamente necesarios. Fue él quien se empeñó en dorar la píldora a los separatistas catalanes con un estatuto groseramente inconstitucional. Fue él quien torció la mano al Tribunal Constitucional para acomodar sus decisiones a sus torpes designios. Fue él quien expuso a la desconsideración ciudadana todas las instituciones que tocó con su tontiloca forma de gobernar.

En su descargo y para nuestro oprobio, podemos decir que lo votamos. Y que lo hicimos dos veces. Pero también es cierto que Rubalcaba, de quien hoy se deshacen en elogios en el PP por su supuesta sensatez, le dejó hacer a cambio de seguir estando en la pomada. Que Felipe González, presentado hoy como el hombre de Estado que nunca fue, no denunció las sansiroladas que iba cometiendo atolondradamente el personaje. Que Rajoy no supo derrotarle en 2.008 y que no quiere enmendar sus muchos entuertos en 2.014. Todo eso es verdad, pero eso no libra al solemne de la responsabilidad que tiene en todo lo que está ocurriendo. No comprendo cómo tiene valor para pasearse por ahí con su sonrisa helada de maniquí de grandes almacenes dándoselas de expresidente.



 Francisco Javier de la Uz Jiménez 


1 comentario:

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Me quedo con la frase de Cicerón. Y apunto:¿Cuantos de esos "niños" tenemos en España, cerca de los cuarenta años? ¿Y quien tiene la culpa? Reflexionemos y hagamos un acto de contrición. Es fácil deducir que, en gran parte, nosotros sus padres.