ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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1/5/14


DISOLUCIONES HISTÓRICAS DEL CUERPO DE ARTILLERÍA  (I)





INTRODUCCIÓN 


Nuestra Historia Militar Contemporánea (sobre todo en el Siglo XIX), está tan llena de sucesos de todo tipo, que mirados a través de un imaginario caleidoscopio nos otorgaría la visión de una serie de episodios que hemos de asumir en toda su integridad, pues todos ellos, con sus luces y con alguna que otra sombra, forman parte insustituible e imborrable de ese acervo histórico-patrimonial, que nos legaron los que antes que nosotros vistieron el honroso uniforme de nuestros ejércitos. En tal sentido, he llevado a cabo un documentado estudio sobre las cuatro disoluciones que el Cuerpo de Artillería ha sufrido en los dos últimos siglos. Son cuatro episodios de nuestra historia muy pocos conocidos, y de los cuales, como dice un ilustre artillero ”No debemos ocultarnos ni avergonzarnos, pues no hay por qué; ni tampoco vanagloriarnos, pues no sería propio de nuestra modestia”. Quiero con ello, rendir mi modesto homenaje de admiración y cariño a mis compañeros, que a lo largo de los tres últimos siglos, han llevado y siguen llevando en la actualidad, las bombas flamígeras en el cuello de sus uniformes, con el plausible motivo de conmemorarse en este año 2014, el “250º Aniversario de la creación del Real Colegio de Artillería” (1764-2014). A este tenor, y como he reflejado en las preinsertas líneas, el hacer honor a sus arraigadas tradiciones y el compañerismo existente entre todos los miembros del Cuerpo de Artillería, llevó a la disolución de éste en cuatro ocasiones (1.823, 1.873, 1.926 y 1.929), si bien en puridad, sólo deberíamos citar tres, pues la primera (la de 1.823) fue el resultado de la disolución de casi todo el Ejército, decretada por el nefasto Fernando VII, incluida, claro está, la Artillería.  En este artículo trato de la disolución de las dos primeras, dejando para uno próximo, la tercera y la cuarta.
 


BREVE SEMBLANZA HISTÓRICA DEL CUERPO DE ARTILLERÍA  PREVIA A SU PRIMERA DISOLUCIÓN Y VICISITUDES HABIDAS DURANTE EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XIX


            En el Real Alcázar de Segovia, casa solariega de la Artillería Española desde 1.764, en que el Teniente General Don Félix de Gazola, Conde de Gazola. tuvo la feliz iniciativa de proponer al Rey Don Carlos III la fundación de un Real Colegio de Artillería con sede en el Alcázar de Segovia donde se educarían los jóvenes que aspirasen al honor de convertirse en Oficiales del Cuerpo en su Escala Facultativa.  Aprobado por S.M. el Colegio se inauguró el día 16 de Mayo de 1764, bajo la dirección del insigne autor de la propuesta de fundación del mismo: El Conde de Gazola. En sus aulas y sus claustros, primero en el Alcázar , después y tras varios traslados forzosos que ahora detallaré, a partir del Año 1853 en un principio y ya de pleno ,a partir del 1862 en el antiguo Convento de san Francisco, se han formado una insigne nómina de Artilleros, que formando un Cuerpo Facultativo de singular prestigio, dieron honra a la Patria y honor y relevancia al Cuerpo. 
 
 

 Sin embargo, y dados los trágicos avatares que ensombrecieron las páginas de nuestra historia patria durante el primer tercio del Siglo XIX, recrudecidos a la muerte del Rey Fernando VII (Septiembre de 1833) en que se inicia la primera guerra carlista, dio lugar a que los Alumnos del Real Colegio de Artillería, en una más que atribulada traslación, se viesen obligados a abandonar el Alcázar de Segovia durante largos períodos de tiempo,  y cursar sus estudios en forma y manera accidentada, en distintos escenarios y diversas localidades de nuestra geografía. Dio comienzo este éxodo el día 1º de Diciembre de 1808. Ante la inminente llegada de una numerosa columna enemiga el Real Colegio abandona Segovia y a las órdenes del eximio Teniente Coronel Primer Profesor Don Mariano Gil de Bernabé inicia una marcha tristísima, con la idea de llegar a establecerse en Madrid, pero al tener noticias de que la capital del Reino ya se encontraba totalmente ocupada por los franceses, varían su itinerario y desde Guadarrama se dirigen a Salamanca, soportando unas temperaturas bajísimas, para seguir después hasta Orense y adentrarse en Portugal a través de Oporto y Lisboa, y de nuevo en España alcanzar la plaza de Huelva y finalmente llegar a Sevilla en la mañana del día 14 de Marzo de 1809, alojándose en el convento sevillano de San Antonio de Padua. Efímera, sin embargo, iba a ser la estancia del Real Colegio de Artillería en Sevilla. El 14 de Diciembre de 1809, el Colegio se fusiona con los Alumnos del Batallón de Voluntarios de Honor de la Real Universidad de Toledo formando la Academia Militar de Sevilla,  dirigida por el teniente coronel Gil de Bernabé. Ocupada Sevilla por los franceses el día 31 de enero de 1810, la Academia Militar abandona dicha plaza cumpliendo la orden de dar escolta al traslado de los caudales públicos cuyo convoy tomó la dirección del Condado de Niebla, donde tras diversos incidentes es disuelta. Reaparece de nuevo en la Real Isla de León, para más tarde  y en un peregrinar harto enojoso irse desplazando por distintos lugares de la geografía patria hasta recalar en Palma de Mallorca y retornando por fin a Segovia el día 13 de Octubre de 1814. En Marzo de 1823 se ordena la evacuación del Alcázar de Segovia, pues se aproximan a la ciudad “los fanáticos defensores del despotismo”. El Colegio se traslada a Badajoz donde llegan el día 12 de Mayo de 1823, siendo disuelto al poco por una Orden de 27 de Septiembre de dicho año, y restablecido de nuevo en Alcalá de Henares el 16 de Junio de 1830. Sin embargo, y cual si un halo maléfico se cerniese sobre los Alumnos del Real Colegio de Artillería, no sería este su último traslado, toda vez que el día 6 de Agosto de 1837, y debido a la aproximación de una columna carlista  a Alcalá, el Colegio se traslada a Madrid, estableciéndose en el Real Seminario de Nobles, retornando por fin a su casa solariega del Alcázar de Segovia el 16 de Noviembre de 1839;  donde  permanecen hasta 1.862, en que un voraz incendio ocurrido el 6 de Marzo de ese año, destruye parcialmente el Alcázar y obliga a sus alumnos a refugiarse en los antiguos conventos de San Francisco y su anexo de San Antón. 
 

Cuerpo Facultativo por excelencia como he reflejado al principio ( junto con el de Ingenieros y el de Estado Mayor), de las aulas segovianas han salido unas promociones de brillantes oficiales que aunaban en su persona los componentes científico (al ser promovidos a tenientes, el Ministerio de Instrucción Pública les otorgaba el título de Ingenieros Industriales) y táctico; sin olvidar el componente heroico que ha venido demostrando el Cuerpo en campaña a lo largo del tiempo, como lo acredita la excelsa nómina de insignes artilleros como Daoiz, Velarde, Temprado, Aguilera, Planell, Saltos, Fernández-Herce, Royo, Guiloche, Flomesta y un muy largo etcétera de heroísmo y abnegación, de los que en un acto de supremo sacrificio entregaron su vida a la Patria junto a sus cañones, llevando en el cuello de sus uniformes las bombas flamígeras que distinguen al Cuerpo.  

            En aras a mantener en toda su pureza ese componente científico que distingue al Cuerpo, los Oficiales de Artillería, al salir del Colegio o Academia, hacían la solemne promesa de mantener la “ESCALA CERRADA” como divisa del Cuerpo, comprometiéndose en consecuencia a no aceptar, durante toda su vida militar, ningún ascenso que no le viniese otorgado por rigurosa antigüedad; evitando con ello toda suerte de posibles favoritismos que en ocasiones se hacían patentes en los ascensos por méritos de guerra. De tal forma, que cuando alguno de estos oficiales se distinguía en el combate y les era concedido un empleo superior al que ostentaban, debían renunciar al mismo, siendo compensados con la Cruz de María Cristina, y antes de la creación de esta Orden, con la concesión de uno o varios “grados” superiores pero manteniendo su empleo efectivo en el Cuerpo.  
 
 
Primera Disolución del Cuerpo de Artillería (Año de 1.823)
 
            Liberado el Rey Fernando VII de su “cautiverio gaditano” por las bayonetas de los soldados del Duque de Angulema, puso fin de inmediato al llamado “Trienio Constitucional” y dando paso a diez años de gobierno absoluto por parte del monarca, conocidos en nuestra Historia como la “Década Ominosa”.  Abolida la Constitución de 1.812, el  falaz monarca emprende una feroz represión contra todo elemento liberal (sobre todo contra los que le habían retenido aduciendo que no estaba en pleno uso de su razón), decretando nulas y sin valor alguno, todas las Disposiciones promulgadas desde Marzo de 1.820 hasta el 12 de Octubre de 1.823; bajo el supuesto de que si las había sancionado era por haber carecido de libertad y haber sido obligado a ello.  Dispuesto en suma a demostrar su absolutismo, parece ser que no encontró Fernando VII mejor forma que la de prescindir del Ejército y, con él, el Cuerpo de Artillería; pues según su parecer, se había mostrado con talante liberal en el trienio 1.820-23,  cometiendo la iniquidad de confiar la custodia de su Real Persona a las tropas francesas de Angulema, junto a un Regimiento de Infantería que  se mantuvo leal al Rey en 1.820 y algunos restos de la Guardia.  En consecuencia, en 1.823 quedó prácticamente disuelto el Ejército,( y con él el Cuerpo de Artillería) lo que hizo que unos diez mil  oficiales quedaran en situación de licenciados (luego se les denominó “indefinidos”) sin goce de haber alguno.  Otros, como el valeroso general Don Pablo Morillo, se vieron obligados a expatriarse voluntariamente, y no regresaron a España hasta que las aguas de la comprensión no fueron volviendo a su cauce.  Comenzaron a funcionar de inmediato unos Tribunales de Purificación, donde debían comparecer los generales, Jefes y oficiales que desearan reingresar en el Ejército y donde debían probar “Su amor por mi Real Persona (Léase Fernando VII), Derechos y Gobierno”. 
 

Por lo que respecta al Real Colegio de Artillería, una Real Orden de 27 de Septiembre de 1823 dispone en su Artículo “Queda extinguido el Colegio de Caballeros de Cadetes de Artillería (también el resto de los Colegios) establecido en Segovia (…) Los efectos pertenecientes al Colegio de Artillería permanecerán en el Alcázar ( de Segovia), a cargo de un Oficial de confianza, y para su custodia nombrará el Director General del Cuerpo una salvaguarda”. En cumplimiento de la citada Real Orden, otra del mismo rango normativo de fecha 31 de Octubre de 1823, comunicada por conducto del General Jefe del Tercer Ejército, dispone: “Que los Caballeros Cadetes de Artillería pertenecientes al Colegio de Segovia que se hallen en esa ciudad, regresen a sus casas por ahora”.  Restablecido el Colegio, por escrito de 17 de Febrero de 1829, dirigido al Ministro de la Guerra, por el entonces Director del Cuerpo Don Carlos O`Donnell, pide su aprobación para un nuevo Reglamento de Régimen Interior para la restablecida Compañía de Caballeros Cadetes del Real Cuerpo de Artillería, y lo hace en los siguientes términos “ A fin de que, proporcionándoles a los Caballeros Cadetes una completa instrucción religiosa, civil y científica, puedan formarse militares y cristianos fieles vasallos al Rey Nuestro Señor, que sean capaces de perder su vida en defensa de nuestra Sacrosanta Religión, de la Augusta Persona de Nuestro Soberano y de su Real familia”.  Ante tan laudable escrito, el “magnánimo”  Fernando VII  no puso ninguna pega importante ni objeción al mismo y autorizó el  Reglamento cadetil Artillero, pero eso sí, exigiendo a los Sres. Profesores así como a los cadetes. nuevos compromisos de lealtad y adhesión a Su Real Persona.
            Poco a poco, y con el reingreso de los “purificados”, el Ejército va recobrando la normalidad y el Cuerpo de Artillería vuelve de nuevo a contar con sus plantillas, aún incompletas, de Jefes y Oficiales; recuperando por Real Decreto de 2 de Agosto de 1.831 la confianza perdida y reiterándose en el mismo que, como Cuerpo Facultativo, los ascensos tendrían lugar por rigurosa antigüedad.  El 29 de Septiembre de 1.833 moría Fernando VII, dejando a España la triste herencia de tres Guerras Civiles, Carlistas o Dinásticas, con el consiguiente derramamiento de sangre de miles de soldados españoles de uno y otro bando.
 
 
 
Segunda Disolución (8 de Febrero de 1.873)
 

ANTECEDENTES LEJANOS.-  

             Las consecuencias lejanas de la 2ª Disolución del Cuerpo de Artillería, decretada mediante Real Decreto de 8 de Febrero de 1.873, hay que buscarlas remontándonos, nada menos, que seis años atrás y situarlas en el entorno de unos gravísimos sucesos revolucionarios que culminaron con la sublevación de los sargentos de Artillería del madrileño Cuartel de San Gil el 22 de Junio de 1.866. La mecha revolucionaria, atizada desde el exilio por el general Prim, había prendido con fuerza entre las Clases de Tropa (cabos y sargentos) que guarnecían la Villa y Corte madrileña, con especial virulencia entre los destinados en el Acuartelamiento de San Gil, los cuales hábilmente “trabajados” por el Capitán del Cuerpo Don Baltasar Hidalgo de la Quintana, estaban dispuestos a seguirle en sus afanes y ardides revolucionarios.   Faltaban pues, pocos minutos para que el toque de diana se dejase sentir en el Cuartel de San Gil, en el amanecer madrileño del día 22 de Junio de 1.866, cuando un grupo de sargentos penetraron en el Cuarto de Estandartes de los Regimientos allí ubicados y al grito de ¡Viva Prim! encañonaron a sus oficiales que, dormitando unos en los sillones y entretenidos otros jugando una partida de tresillo, esperaban dicho toque para incorporarse a sus respectivos servicios. Reaccionaron estos de inmediato, entablándose un violento tiroteo, resultando muertos el teniente Don Juan Martorell y Fivaller (Oficial de Guardia), junto a los capitanes de Artillería Torreblanca y Fernández de Henestrosa, quedando algunos más heridos de gravedad.  De igual forma perdieron la vida al enfrentarse a los sublevados los Comandantes Valcárcel, Escario y Cadaval, junto a los Coroneles: Don Federico Puig Romero, y su compañero de empleo y Cuerpo Don José Balanzat y Baranda, que haciendo honor al dispensado por S.M. La Reina al concederles el mando de sus respectivos Regimientos, salieron del Cuarto de Estandartes dispuesto a reconvenir y hacer frente a los asaltantes siendo abatidos a tiros por los mismos.  Dos de los oficiales, uno de ellos herido, pudieron escapar y llegar hasta el Ministerio de la Guerra, dando aviso al ministro, General O´Donnell.  Dueños del acuartelamiento, los sargentos de San Gil sacaron las piezas a la calle y con la tropa sublevada (unos mil hombres) se dirigieron hacia la Puerta del Sol, tomando posiciones en las calles de Preciados y Fuencarral, donde esperaron que se les unieran sus compañeros del Cuartel de la Montaña y del Retiro, así como otras tropas sublevadas de la guarnición. Ya había amanecido sobre Madrid en este 22 de Junio de 1866, que ya se vislumbraba trágico, cuando Don Leopoldo O´Donnell, ministro de la Guerra y presidente del Consejo de Ministros, avisado por los dos oficiales evadidos de San Gil, tocó llamada entre los generales que se encontraban residiendo en la Corte, quienes rápidamente acudieron a ponerse al frente de las tropas leales al Gobierno, prestos a combatir a los revolucionarios allí donde se habían hecho fuertes.  Durante esa aciaga jornada  sucedió un caso inédito (por la altísima categoría militar de los generales que lucharon en ella) y excepcional en nuestra historia militar,º y es ello, que nada menos que cinco Capitanes Generales (O´Donnell, Narváez, Serrano, Gutiérrez de la Concha y Pavía) y tres Tenientes Generales (Zabala, Ros de Olano y Echagüe), se batieron por la Reina Doña Isabel II, al mando de pequeñas unidades, con un brío y un ardor (Narváez resultó herido en la acción)  mas propio de jóvenes tenientes, que de los muchos años de todos ellos y del muy alto grado que ostentaban en la milicia. Ese día, el generalato español brilló a la altura que corresponde el refulgir de sus entorchados.  
            La lucha en las calles de Madrid y en las barricadas duró todo el día. Los sargentos de San Gil faltos del apoyo que debían prestarle sus compañeros del Retiro y la Montaña, al ser neutralizados estos por sus oficiales, se replegaron hacia su acuartelamiento donde se hicieron fuertes, teniendo que ser tomado el mismo al asalto por las tropas leales al mando del general Serrano tras una dura lucha que dejó el patio sembrado de cadáveres.  A la caída de la noche, la Revolución había fracasado; Prim tendría que esperar aún dos años mas para su triunfo definitivo. Un Consejo de Guerra Sumarísimo, condenó a muerte a 66 sargentos que fueron fusilados. Los generales Contreras y Pierrad, a quien Prim había designado en su ausencia  para hacerse cargo de la sublevación se escondieron en distintos domicilios y el capitán Hidalgo de Quintana, consiguió huir exiliándose en Francia.

 

ANTECEDENTES  PRÓXIMOS.- 

El Cuerpo de Artillería, consideró culpable de la muerte de sus compañeros en el Cuartel de San Gil  al capitán Hidalgo de la Quintana, al que pese a su participación acreditada en la intentona fallida de Junio de 1.866, nos lo volvemos a encontrar (está claro que tenía poderosos e influyentes protectores) en la Batalla de Alcolea (28 de Septiembre de 1.868) ya rehabilitado y combatiendo obviamente en las filas sublevadas que manda un Capitán General que tan sólo dos años antes  se había jugado la vida por su Reina: Don Francisco Serrano y Domínguez.  En Alcolea se bate Hidalgo, siendo promovido a teniente coronel, y triunfante la Revolución Septembrina pasa a ocupar la Secretaría del General Prim de coronel “graduado”. Prendida en Cuba la llama independentista, Hidalgo de Quintana pide destino al ejército de la Isla (hay quien dice que por quitarse de en medio de España, donde las cosas no le iban demasiado bien) dispuesto a combatir contra los mambises insurrectos; y es el caso que debió hacerlo con arrojo y valor pues a su regreso en 1.870 ya viene luciendo los entorchados de Brigadier.  Promovido a Mariscal de Campo (General de División) en 1.872, es nombrado Capitán General de Navarra y Vascongadas, con residencia en Vitoria, donde el día de su toma de posesión no se le presenta ningún Jefe u Oficial del Cuerpo de Artillería.  Los convoca Hidalgo a la mañana siguiente en su despacho y no aparece ninguno, pues todos se han dado de baja por enfermos, ordenándoles entonces que pasen a una sala del Hospital Militar de la Plaza, pero al no haber sitio para todos, los manda a sus respectivos domicilios en calidad de arrestados y presentando éste a su vez, su dimisión al ministro de la Guerra.  Una vez Hidalgo en Madrid, el teniente general Fernández de Córdova (Ministro de la Guerra) y el Presidente del Consejo de Ministros Don Manuel Ruiz Zorrilla, deciden zanjar, de una vez por todas, las graves disensiones entre el general Hidalgo de la Quintana y el Cuerpo de Artillería. A tal fin, propusieron ambos, la formación de una especie de Tribunal de Honor compuesto por artilleros (enemigos de Hidalgo) y también por defensores del mismo, y que al final no llegó a formarse.  Aceptaron, sin embargo, los artilleros que el general Hidalgo declarase “bajo palabra de honor” su inocencia en los hechos de San Gil, a lo que al parecer éste se niega, por entender que se le presiona en su espíritu y honor.  Finalmente –dice José Luis Vila San Juan- Ruiz Zorrilla hizo revisar el proceso de los sucesos de 1.866, en relación con el entonces capitán Hidalgo de la Quintana, encontrándosele exento de culpa.
 
 

Y llegamos ya a los días previos a la 2ª Disolución del Cuerpo de Artillería.  Al encontrar a Hidalgo exento de culpa (según Vila San Juan), por un Real Decreto de 3 de Febrero de 1.873, se le destina a Cataluña, a combatir a los carlistas, con su empleo de Mariscal de Campo, y a las órdenes del teniente general Mas de Gaminde.  Enterarse los artilleros de este nuevo mando del general Hidalgo y empezar a pedir la baja en el Ejército, fue todo uno. En los días siguientes 4, 5 y 6 de Febrero, empezaron a llegar al Ministerio de la Guerra estas peticiones de baja, pues no consienten en servir a las órdenes de su antiguo compañero, al que pese al tiempo transcurrido,  siguen considerando culpable de la muerte de sus compañeros en el Cuartel de San Gil.  Estimando el Presidente Ruiz Zorrilla que la situación es muy grave y que el Estado y el Ejército no pueden tolerar estos graves actos de los artilleros contrarios a la disciplina y al buen orden que deben presidir cualquier Institución jerarquizada, de conformidad con el Ministro de la Guerra, y a su propuesta, el día 7 de Febrero de 1.873 presenta en el Congreso de los Diputados un Real Decreto por el que se dividía el Cuerpo de Artillería en dos Agrupaciones: una puramente facultativa y la otra táctica, integrada por las secciones armadas del Cuerpo; lo cual significaba volver a la desacreditada organización del tiempo de Felipe V.  Contemplaba también el Decreto el ascenso a Alférez de los sargentos primeros de Artillería; así como que el mando de las Maestranzas, Parques y demás Dependencias del Cuerpo, pasase a ser  ostentado por coroneles y Jefes de Infantería y Caballería.  En suma: poner en la calle a todos los Generales, Jefes y Oficiales procedentes del Real Colegio o de la Academia de Artillería de Segovia, que formaban la Escala Activa (Facultativa) del Cuerpo. Y la disolución se precipita.  Aprobado por la Cámara el Decreto referenciado (que además le reitera su confianza), al día siguiente, 8 de Febrero, Ruiz Zorrilla le presenta al Rey Don Amadeo el “Decreto de Reorganización (Disolución) del Cuerpo de Artillería” con el ruego de que tenga a bien estampar en él su firma.  El Rey, en un principio se niega (no concibe, en buena lógica castrense, un ejército sin Artillería mandada por sus propios Jefes y oficiales), pero ante la amenaza de dimisión que le formula el Presidente, lo firma, si bien anunciándole acto seguido, que en muy breves días renunciará a la Corona y se marchará de España.  En efecto, tres días más tarde, el 11 de Febrero de 1.873, Ruiz Zorrilla leyó en el Congreso el “Escrito de Renuncia de S.M. El Rey de España Don Amadeo de Saboya”, y en la noche de ese mismo día quedó proclamada en España la  Primera República.
 


 

CONCLUSIÓN. 

La publicación del Decreto de Reorganización (Disolución encubierta) del Cuerpo de Artillería en la “Gaceta”, motivado por el mando concedido al general Hidalgo de la Quintana en Cataluña, fue el detonante para que los Jefes y Oficiales de la Escala Activa de Artillería pidieran la licencia absoluta. (Salvo los que se encontraban sirviendo en Ultramar, por motivo de la primera Guerra de Cuba y los destinados en las Filipinas, por las circunstancias especiales que concurrían en ellos, que hicieron obligación ineludible y de honor permanecer en sus puestos).  El Cuerpo de Artillería quedaba disuelto por segunda vez.  La Academia del Cuerpo en Segovia, solidaria con sus compañeros, cerró también sus puertas el mismo día 8 de Febrero de 1.873, trasladándose sus alumnos a una casa particular, cedida por el Conde de los Villares, donde continuaron las clases vestidos de paisano, bajo la dirección del Coronel Don Luis Bustamante y Campaner. 
                        Sin embargo, en esta ocasión, la disolución del Cuerpo duró tan solo unos pocos meses. Por Decreto de 21 de Septiembre de ese mismo año 1.873, el Presidente de la República Don Emilio Castelar, restablece el Cuerpo de Artillería tal y como estaba organizado el 7 de Febrero último (anterior al famoso Decreto de Disolución). El Cuerpo, guardó por este Decreto eterna gratitud a Castelar, regalándole en 1.876, restablecida ya la monarquía, un artístico medallón.  A su muerte, ocurrida el 29 de Mayo de 1.899, los artilleros de la guarnición de Madrid, acudieron a su entierro y acompañaron su cadáver hasta el cementerio;  y cuando en 1.908, se le levantó un monumento en el madrileño Paseo de la Castellana, le encargaron a Benlliure que esculpiese un cañón pequeñito en el mismo, como homenaje  del Cuerpo de Artillería al ilustre tribuno. En cuanto a Don Baltasar Hidalgo de la Quintana, artífice indirecto de esta segunda disolución del Cuerpo, he de decir que llegó a Teniente General (está claro que seguía teniendo poderosos e influyentes amigos) y fue Presidente del Consejo Supremo de Guerra y Marina, falleciendo en Madrid a principios del Siglo XX, totalmente olvidado por sus antiguos compañeros de Artillería, quienes seguían considerándolo culpable de los trágicos sucesos del Cuartel de San Gil, del 22 de Junio de1866.

 

Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ
Profesor Mercantil, Economista y
Comandante de Infantería

8 comentarios:

BELLA dijo...

AUNQUE HE SEGUDO LEYENDO HABITUALMENTE LOS MAGNIFICOS ARTICULOS DEL SR.CAÑETE ,DECIDÍ HACE TIEMPO NO ESCRIBIR MÁS COMENTARIOS, SIENDO ,PUES, ESTE EL ÚLTIMO QUE LE ENVIO.
ESTO ES DEBIDO ,EN PARTE, A QUE UN ANTEPASADO FAMILIAR ESTUDIÓ EN LA ACADEMIA DE ARTILLERIA DE SU ESTUPENDO Y BIEN DOCUMENTADO ARTICULO.
EN TODO CASO LE ENVIO UN CORDIAL SALUDO Y, COMO SIEMPRE, MIS FELICITACIONES A SUS ARTICULOS E INVESTIGACIONES.
BELLA DEL RIO.

jabu.59 dijo...
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José Antonio dijo...

Francisco Ángel, mi Teniente Coronel Gran Jefe: Recién descabalgado tras unos días de ajetreado viajar, y pensando en auto proporcionarme un placentero descanso mediante una rutinaria apertura de los asuntillos llegados por vía email, me encuentro con este magnífico trabajo tuyo. Con la primera lectura, ya te puedo decir que es, éste, uno de los más importantes trabajos que he leído de los elaborados por ti –y mira que son meritorios todos los que ya conocemos–. Has tenido el heroico valor necesario para adentrarte minuciosamente en una de las épocas más tristes (por denigrante) de la Historia militar de España; no debiera extrañarnos, pues, el que sea tan desconocida ella, para la inmensa mayoría de los militares contemporáneos. ¡Es que duele tanta incalificable entrega a la destrucción de los fundamentos nacionales, por parte de las élites políticas antinacionales sobradamente asistidas por buen número de “militares trepadores”!

El imperialismo globalizador nos trajo la invasión napoleónica y la Guerra de la Independencia; los españoles pusieron un millón de muertos y se quedaron con la ruina generalizada. A los españoles se les hizo creer que habían ganado esa guerra y habían salvado la Patria; pero la realidad era que aquí se habían creado los partidos políticos antinacionales y se les había dado todo el poder totalitario para servir al imperialismo; bien asegurado todo ello mediante las sectas secretas masónicas, que criminalmente lo dominaron todo hasta 1931.

Tan sólo, la tradicional filosofía de vida del pueblo español –¡Por Dios y por España–, proporcionó los héroes (civiles y militares) que impidieron la aniquilación total de España, pretendida por el imperialismo.

Por ahora, tan sólo decirte que tu artículo es lo más esclarecedor y respetuoso con la verdad y con las Instituciones –con el añadido de tu atractivo estilo literario tan cuidado, claro y (lo que también es muy de agradecer) breve en lo posible– que he tenido nunca a mi alcance sobre ese tema histórico. Te lo agradezco y te felicito; un f. a. l. y a tus órdenes (en espera de la segunda parte).

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

Rafael Areales Areales dijo...

Mi querido y admirado amigo, compañero y paisano. Otra lección Magistral, que de forma gratuita, acabas de darme y que recibo con alegría sin ocultarte que de su lectura, conforme he ido avanzando he ido sintiendo, unas veces pena, otras alegría y otras reacciones de verdadero patriotismo, que me han llenado de orgullo al sentirme español y amante de nuestro Ejército. El presente articulo me ha enterado con toda la claridad sobre las vicisitudes que en el transcurso de los tiempos los soldados que llevan en su pecho la " flagrante bomba " han pasado, y el indestructible material de que están hechos.
Muchas gracias Paco Ángel, espero tu segunda edición y todo lo que " su sabia pluma " quiera escribir. Un fuerte abrazo. Rafael Areales

jabu.59 dijo...

De nuevo nos encontramos ante otro magnifico, histórico, cronológico y esmerado articulo de Don Francisco Ángel Cañete Paez, militar ilustre por otra parte. No quisiera cerrar este modesto comentario con una cita de Don Felix Lope de Vega y Carpio dedicado a Don Alvaro Bazan , Marques de Santa Cruz, que dice textualmente:
"El fiero turco en Lepanto,
en la Tercera el francés,
y en todo mar el inglés,
tuvieron de verme espanto.
Rey servido y patria honrada
dirán mejor quién he sido
por la cruz de mi apellido
y con la cruz de mi espada".
Fin de la cita. Mi mas sincera enhorabuena por este magnifico articulo. Un fuerte abrazo. Jose Antonio.

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Mi respetado Coronel y querido amigo: Una vez más quiero expresarte mi agradecimiento por tu atento y cariñoso Comentario. Sabes de sobra, mi coronel, que mis modestos artículos se ennoblecen, amplían y documentan con los apuntes históricos que nos proporcionas y que, los que amamos nuestra historia, te agradecemos sobremanera. Reiterándote mi agradecimiento, quedo a tus órdenes con un fuerte abrazo legionario.

Jesús G. Olmos. dijo...

Mi querido Comandante y amigo Paco, impecable artículo, tan bien documentado, que como siempre, nos enseña la Historia de nuestros Ejércitos y arraigadas tradiciones castrenses. Este articulo, en particular, me ha hecho rememorar, una vieja foto datada en Burgos 1937, donde mi querido padre, viste uniforme de Artillería, y las historias, que él me contaba, de los avatares diarios, de un artillero en tan difíciles años, -una en particular, me decía que mordían ramas de árbol, cuando pegaban los pepinazos, para así aliviar un poco, las molestias que se sufrían en los oídos-. Espero impaciente la 2ª parte, de este memorable e interesantísimo artículo, de nuestra Historia. Como siempre, a las ordenes de Usía,-no me riñas-, y ya sabes donde tienes un leal amigo y servidor de esta nuestra patria llamada España.

Anónimo dijo...

Mi querido y respetado amigo. Mi Comandante:
En el 250 aniversario de la fundación del Glorioso Cuerpo de Artillería, no podía faltar el oportuno artículo publicado en estas páginas, del prestigioso libro abierto...Cajón de Sastre.

Has desarrollado un impresionante relato detallado y exhaustivo del devenir de la Academia de Artillería, con sus luces y sus sombras, que como toda obra humana, ha tenido a lo largo de su historia.
Con la intervención política,al ,uso, el resultado será como siempre,de catástrofe anunciada.
Desde su fundación, por el TTe General Conde de Gazola, en 1764, pasando posteriormente, por sus distintas etapas disolutivas, (1823; 1873; 1926; y 1929), relatas los periodos de la Academia, donde aparece la primera disolución ejecutada por el nefasto Fernando VII hasta la segunda disolución, firma por el Rey Amadeo de Saboya,obligado y forzando en el año 1873.
Se pone el vello erizado, en el relato de la sublevación de los suboficiales, en el Cuartel San Gil, en junio de 1866, a la voz de viva Prim...
la actuación del Ministro de la Guerra, D. Leopoldo O´Donell, con el posterior fusilamiento de 66 de estos Sargentos, en su insurrección...(al parecer inculpado, el Capitán, Hidalgo de la Quintana.)
Años convulsos, que no han cejado de convivir, en años sucesivos en los aconteceres de nuestra historia...¡¡al parecer no aprendemos nunca de nuestros errores !!...
Querido Paco. Tus incursiones investigativas, son la enseñanza permanente, de los que te seguimos, en tus quehaceres permanentes, escudriñando libro a libro y legajo tras legajo, los pasajes de nuestro pasado, en este caso sobre la Academia de la Bomba Flamígera...(Arma de Artillería).

Con el mismo interés leeremos, lo concerniente a las dos últimas disoluciones, años 1926 y 1929.-

Con un fuerte abrazo y mi enhorabuena más sincera.
Salvador Soria Soria. Alférez IPS.
Legionario de Honor.