ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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22/1/14

CALDERÓN DE LA BARCA


PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA

Poeta, Soldado y Dramaturgo
(1600-1681)
 

INTRODUCCIÓN.-  Al Soldado de Infantería, desde que “se le sienta su plaza”, así como a todos los que desde nuestro ingreso en el Ejército, nos colocamos en el cuello de nuestros uniformes la cornetilla del cazador, enmarcada entre el arcabuz y la espada en aspa, desde las primera teóricas se nos enseña el famoso verso de Calderón de la Barca, en el que un soldado veterano de los Tercios de Infantería Española, y en una estrofas de patriótica composición, le va diciendo a un compañero de nuevo ingreso, lo que es y lo que significa el ser soldado del Ejército Español. Indicándonos, nuestros profesores e instructores a renglón seguido, que  Calderón fue un brillante soldado de la Infantería española. Y eso lo hemos venido sintiendo hasta hoy mismo. Pero he aquí, que un detallado estudio de la vida militar (no muy larga por cierto, pero sí bastante intensa) del insigne dramaturgo, poeta ensayista, etc. nos aclara, que si bien es cierto que Don Pedro Calderón en sus inicios fue Soldado de Infantería, no lo es menos que después, prácticamente sus principales hazañas en el campo de batalla las llevó a efecto “montado a caballo”, siendo promovido a Cabo de Escuadra de Caballería, y con esta modesta graduación, encuadrado en uno de los escuadrones del Maestre de Campo Don Rodrigo de Herrera, en la amanecida del 7 de Octubre de 1642, (durante la Guerra de Secesión de Cataluña) cargó con brío contra las baterías enemigas, consiguiendo los valerosos jinetes del Rey Don Felipe IV arrebatarle  los cañones y conducirlos al campo español. En su virtud, y demostrado fehacientemente que  las  “más principales hazañas” del ínclito Calderón las llevó a cabo montado a caballo, cabe colegir, que a partir de ahora, los infantes tendremos que compartir con nuestros hermanos de Caballería la honra y el honor de que siglos atrás, sirviese en nuestras filas un Soldado ( luego Cabo) tan ilustre como Don Pedro Calderón de la Barca. Al intento de trazar la semblanza biográfica de tan distinguido “compañero” van dedicadas las presentes líneas, con una dedicación especial a su vida militar y en consecuencia, haciendo abstracción de su prolífica producción literaria, ensayística y poética.  
 
 

BREVE SEMBLANZA BIOGRÁFICA DE DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA

Nació Calderón en Madrid el 17 de Enero de 1600, de familia de alguna nobleza – el poeta habla en una ocasión de su “mediana sangre en que Dios fue servido que naciese”-oriunda de la Montaña donde tenía casa solariega y escudo de armas. Su padre Don Diego Calderón de la Barca, que desempeñaba una Secretaría de Hacienda heredada de su abuelo, casó con Ana María de Henao, con la que tuvo seis hijos, de los cuales Pedro, el dramaturgo, y en una época de su vida soldado, fue el tercero, y su hermano menor José que le seguía, abrazó la carrera de las armas, llegando a alcanzar el grado de “Teniente de Maestre de Campo”, y murió a los 43 años de edad, defendiendo con tan solo unos centenares de hombres, el paso del Segre  a la altura de Camarasa, contra todo un ejército francés. ( Junio de 1645) durante la Guerra de Secesión de Cataluña. El niño Pedro Calderón empezó a ir al colegio a los cinco años en Valladolid (1605) donde se encontraba la Corte, y como quiera que resultó ser un alumno aventajado, en 1609 ingresa en el Colegio Imperial de los Jesuitas, donde estudia cinco curso de Humanidades y se familiariza con los poetas clásicos latinos. En 1610 muere su madre, y su  padre, andando el tiempo, contrajo nuevas nupcias con Doña Juana Freyre, pero falleció a la vez al cabo de un año.  Doña Juana pleiteó con sus hijastros por creerse perjudicada en la herencia, y como se fallara a su favor, tuvieron aquellos que vender el cargo de la Secretaría de Hacienda para pagarle a su madrastra. El abuelo materno de Calderón había fundado una capellanía con la esperanza de que la ocupara algunos de sus nietos. Con este fin Pedro se matriculó en la Universidad de Alcalá en 1614, y al morir su padre al año siguiente se traslado a Salamanca, en cuya Universidad cursó estudios de Retórica, Cánones y Derecho, hasta 1620 en que abandonó la carrera eclesiástica y se volvió a Madrid.  Allí vivió por algún tiempo una vida alegre, y no poco agitada. Junto con sus dos hermanos, Diego-el primogénito- y José, el futuro militar.  Una noche, Pedro se vio envuelto en un lance de honor del que resultó muerto un hijo de Don Diego de Velasco, del servicio del Duque de Frías; reclamaron los padres del muerto, y los Calderón llegaron a una avenencia mediante el pago de seiscientos ducados. En 1621 participa en un Certamen Poético con motivo de la beatificación de San Isidro y posteriormente en el de su canonización en 1622, donde obtiene el tercer premio. 

PASAJES DE LA VIDA MILITAR DE DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA 

A finales del año 1622, Pedro Calderón decide abandonar los estudios religiosos por la Carrera Militar. A tal fin, decide “sentar su plaza” en las banderas del Duque de Frías, a cuyas órdenes, y entre 1623 y 1625 participa en varias campañas bélicas en Flandes y Norte de Italia. A finales de 1625, se incorpora como soldado de Infantería al servicio del Condestable de Castilla, y escribe su primera comedia “ Amor, Honor y Poder”, que fue estrenada en Madrid con motivo de la visita del Príncipe de Gales. En 1638, participa como soldado en el sitio de Fuenterrabía, bajo las banderas del Duque del Infantado. Al producirse en 1640 el levantamiento de Cataluña, Calderón, y pese a su para entonces avanzada edad de 40 años y su prestigio en la Corte, se alista enseguida en el aristocrático Regimiento de Caballería de las “ÓRDENES MILITARES”, al que podía incorporarse por su rango de Caballero de Santiago. Y de eta guisa, cuando no pocos eludían cumplir con sus obligaciones militares, se le vio desfilar por Madrid a caballo  en silla de borrenes con pistola y coraza” 

El 24 de Septiembre de 1640, parte Calderón para Cataluña en la Compañía de Coraceros o Caballería pesada ( los “carros” de la época), incorporándose al frente de combate en el sector de Tortosa, el 25 de Octubre. Actuó en docenas de acciones y en los importantes combates de Perelló, Coll de Balaguer, Hospitalets, Cambrils, Vilaseca, Constantí, etc.  resultando herido en una mano sin que abandonase su puesto hasta el término de la acción. Tras trece durísimos meses de campaña regresó a Madrid e informó personal y extensamente al Conde-Duque de Olivares y al Rey Felipe IV de la situación bélica y política del Principado.  En 1642, tornó Calderón a la campaña catalana, ahora en el sector de Lérida, y por los meritos acreditados  y  atendiendo a su condición de soldado benemérito y que “ha servido con toda puntualidad, como muy honrado y valiente caballero”, el Rey lo nombra “Cabo de Escuadra”, modesta graduación pero muy entrañable en el seno de la Milicia, por ser el cabo “El jefe más inmediato del soldado, de quien se debe hacer querer y respetar”.

A principios de Octubre de 1642, el General Marqués de Leganés, movió su poderoso ejército de 18.000 infantes y 7.000 caballeros, hacia la capital leridana.  En la noche del 6 al 7 de Octubre, las reales tropas de Felipe IV, emprendieron desde Fraga, con toda su voluminosa impedimenta, una marcha forzada, y al salir el sol llegaron a Lérida, en la zona de la Colina de los Cuatro Pilares, donde aguardaba el ejército francés del Mariscal La Mothe, aliados con Cataluña. Sin descanso alguno, dio Leganés la orden de atacar las posiciones enemigas. La artillería gala batía con sus fuegos el campo con eficacia, y es en esos momentos de apuro de las tropas reales cuando Leganés mandó cargar a los trescientos jinetes de la caballería pesada del Maestre de Campo Don Rodrigo de Herrera, en cuyos escuadrones formaba el cabo Calderón de la Barca; los cuales, bajo una lluvia de fuego y un derroche de heroísmo, tomaron la batería enemiga y condujeron sus cañones al campo español. Sería, seguramente, la última hazaña guerrera de Don Pedro. El ala derecha francesa estaba rota, pero la lucha se prolongaba y las tropas españolas se hallaban exhaustas. Entraron en acción las reservas galas y al crepúsculo, el ejército de Felipe IV hubo de emprender la retirada, dejando varios miles de muertos tras de sí. El disgusto de Calderón debió de ser enorme. Pidió licencia al Rey por motivos de salud para dejar las filas y se la concedió el 26 de Noviembre de ese mismo año (1642). En cuanto a la plaza de Lérida se recuperó definitivamente en 1644 con la presencia y apoyo decidido del Rey Don Felipe IV. 


DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA, DIRIGE UN MEMORIAL AL REY, EN SOLICITUD DE UN DESTINO EN LA CORTE.- 

Ya instalado en  una plaza castellana próxima a Madrid, dirige Don Pedro Calderón de la Barca un “MEMORIAL” al Rey Don Felipe IV, por el que pretende el nombramiento de un cargo parecido al de “Ayuda de Cámara” del Rey, alegando sus servicios militares prestados a la corona, así como por los de su hermano José,  muerto por el enemigo en la acción del “Puente de Camarasa” (Lérida) en Junio de 1645 como he indicado al principio,  y con una renta de treinta escudos al mes. El Memorial que se conserva en la Biblioteca Nacional, copiado en su extracto dice así:  

“SEÑOR:  Don Pedro Calderón de la Barca, Caballero del Orden de Santiago dice: Que en 28 de Mayo de 1640 se presentó montado para el servicio de V.M. en la Caballería de las “Órdenes”, y en 29 de Septiembre siguiente se agregó y comenzó a servir en la Compañía de caballos- corazas del Conde Duque de San Lúcar, Capitán General de la Caballería de España, donde continuó al servicio de V.M. desde que la dicha caballería entró en el Principado de Cataluña, por el Coll de Balaguer, hallándose en todas las ocasiones que se ofrecieron y particularmente el día que Don Álvaro de Quiñonez, Teniente General de dicha caballería, fue a tomar los puestos de Cambrils, y rompió tres mil hombres que el enemigo tenía emboscados fuera de la plaza; y en la toma de Salou y Vilaseca, y cuando dicha compañía y treinta arcabuceros a caballo de la del Comisario general Don Rodrigo de Herrera fueron a reconocer Constantín, y a la retirada rompieron quinientos hombres que salían de Villaseca para socorro de Tarragona, donde se degollaron la mayor parte de ellos, y de cuya acción el dicho Don Pedro ( O sea él mismo) salió herido en una mano, y sin retirarse a curar se halló en la entrega de Tarragona, cuando Monseñor de Espenán la rindió al marqués de  los Vélez. Y el día que el ejército de V.M. llegó a Barcelona y peleó con la caballería francesa hasta meterla debajo de su rastrillo; se halló en esta acción hasta que su Caballería tornó la vuelta a Tarragona, donde se halló en el sitio y necesidades dél.(…) Se halló en el puesto de Las Horcas, que ocupaba Don Álvaro de Quiñonez con el resto de su Caballería, haciendo en esta ocasión algunos particulares servicios y obedeciendo las órdenes que se le dieron, poniendo en ellas muy a riesgo y peligro su vida (…)  Y después cuando se formaron las Compañías de la Guardia de Vuestra Majestad por el año de 1642, para la jornada de Zaragoza, sentó su plaza en la del Conde de Oropesa, y con ella gobernando una escuadra, y asistió a las cosas que se le ordenaron con toda firmeza y puntualidad, hasta que por hallarse muy enfermo y imposibilitado del manejo de las armas, y reconociéndolo así V.M., por su Real Cédula de 26 de Noviembre de 1642, le dio licencia para retirarse a curar a donde mas comodidad tuviese y pasaporte para los puestos de Castilla”.

Curioso Memorial, que en extracto he querido reflejar en esta su semblanza biográfica. Sin embargo, parece ser, que como tantos otros Memoriales que a diario llegaban a la Secretaría de Estado y de Despacho del  Rey Felipe IV,  Don Pedro Calderón de la Barca  no obtuvo al parecer el destino deseado, aunque si al menos pudo conseguir que el Rey le otorgase la renta de los treinta escudos mensuales. 

BREVE RESUMEN DE LAS VICISITUDES DE DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA TRAS ABANDONAR LAS FILAS MILITARES, HASTA SU FALLECIMIENTO EN MADRID  EL AÑO 1681. 

 Instalado Calderón en las cercanías de la Villa y Corte madrileña, en 1646  nace un hijo natural, llamado Pedro José. Nada sabemos de este niño, que al parecer murió muy joven, ni de los amores que Don Pedro tuvo con su madre. En 1650 , ingresa  en la Venerable Orden Tercera como hermano terciario, y en 1651 se ordena sacerdote. Ese mismo año de 1651 obtuvo la capellanía de Reyes Nuevos de Toledo y aunque siguió escribiendo comedias y entremeses, dio prioridad a la composición de autos sacramentales, género teatral que perfeccionó y llevó a su plenitud, pues se avenía muy bien con su talento natural, junto a sus sutilezas y complejidades teológicas. En 1663 el Rey le nombró “Capellán de Honor”, hecho que le obligó a trasladar definitivamente  su residencia a Madrid. La muerte del monarca en 1665 marcó un cierto declive en el ritmo de su producción dramática. En 1666, el nuevo monarca Carlos II le  nombró “Capellán Mayor”. En 1680 compondría su última comedia “Hado y Divisa de Leónido y Marfisa”. Don Pedro Calderón de la Barca falleció en Madrid, el 25 de Mayo de 1681.  Presintiendo su muerte, el 20 de Mayo de ese año redactó su testamento en el que en su inicio manifiesta “ Hallándome aún más cercano de la vida, y en mi entero y cabal juicio”.  A continuación pide ser enterrado con la mayor sencillez y que lo llevasen descubierto Por si mereciese satisfacer en parte las públicas vanidades de mi mal gastada vida con públicos desengaños de mi muerte”. Cinco días después de redactar su testamento falleció Calderón, cerrando el período de nuestra mayor grandeza literaria. Su cuerpo es llevado a hombros por los Congregantes de la Congregación de Presbíteros Naturales de Madrid, de la que era Capellán Mayor, y acompañado por la música de la Real Capilla, fue sepultado bajo la bóveda de la Iglesia de San Salvador. En 1841, sus restos fueron trasladados y depositados en un mausoleo del cementerio de San Nicolás, y al ser clausurado este, la Congregación Universal de Presbíteros, heredera de sus bienes, reclamó y obtuvo el honor de guardar sus cenizas en el Hospitalillo de la Torrecilla del Leal. Trasladados en 1902 a la iglesia de su Hospital General, construido de nueva planta en la calle de San Bernardo, de donde desaparecieron en el asalto e incendio del 21 de Julio de 1936. Tan largo y laborioso peregrinar de los restos del ínclito Don Pedro, para al final desaparecer en los trágicos sucesos del inicio de nuestra Guerra Civil.
 



EPILOGO LÍRICO-CASTRENSE, EN EL QUE DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA DEJA CONSTANCIA DE SU AMOR A LA CARRERA DE LAS ARMAS

En magistrales octavas poéticas, exaltó Calderón la psicología de aquellos soldados de nuestros Tercios, que asombraron a Europa y enarbolaron los pendones de Castilla por los amplios solares y tierras de la España Imperial. Soldados, tantas y tantas veces mal pagados, pero que constituían el alma, el nervio y el corazón de los ejércitos de Felipe IV, y a los que Calderón define como:
 

 “ Estos son españoles, ahora puedo

hablar encareciendo estos soldados

Y sin temor pues sufren a pie quedo

con un semblante bien o mal pagados.

Nunca la sombra vil vieron del miedo

Y aunque soberbios son, son reportados

todo lo sufren en cualquier asalto

sólo no sufren que les hablen alto”

Sin embargo, si hay unos versos en los que Calderón de la Barca, refleja en su forma más  encendida su amor por nuestros Ejércitos, así como su admiración por aquellos  soldados que “ Todo lo sufrían en cualquier asalto”, y lo único que no toleraban es “que les hablasen alto”, son los que a continuación transcribo.  Basados en sus propias vivencias de soldado, le sirvieron a Calderón para enaltecer la profesión militar y la honra , el orgullo y la servidumbre que lleva en su seno la siempre honrosa  y abnegada Carrera de las Armas. Mil veces publicados y repetidos en textos de enseñanza militar, artículos, conferencias, etc. Expuestos en lápidas de mármol en muchos de nuestros Regimientos y Dependencias Militares, los versos de Calderón, son todo un bellísimo tratado de lírica, épica y por supuesto de psicología; hasta el punto, que al día de hoy, y transcurridos más de tres siglos en que Calderón los escribió, no han perdido un ápice de su vivencia y frescura. Y aunque  doy por sentado que mis compañeros los conocen de sobra, no podían faltar en un artículo dedicado  a narrar diversos pasajes de la vida militar de tan insigne soldado, poeta y dramaturgo. Helos aquí:
 

OYE, Y SABRÁS DONDE ESTÁS
 

Ese ejército que ves

Vago al yelo y al calor

La república mejor

Y más política es.

Del mundo que nadie espere

Que ser preferido pueda

Por la nobleza que hereda

Sino por la que él adquiere.

Porque aquí a la sangre excede

El lugar que uno se hace

Y sin mirar como nace

Se mira como procede.

Aquí la necesidad no es infamia

Y si es honrado, pobre y desnudo un soldado

Tiene mayor calidad

Que el más galán y lucido

Porque aquí a lo que sospecho

No adorna el vestido al pecho

Que el pecho adorna el vestido.

Y así de modestia llenos

A los más viejos verás

Tratando de ser lo más

 Y de parecer lo menos.

 

Aquí la más principal

 hazaña es obedecer

Y el modo como ha de ser

Es ni pedir ni rehusar.

Aquí en fin la cortesía

El buen trato, la verdad

La firmeza, la lealtad

El honor, la bizarría

El crédito, la opinión

La constancia, la paciencia,

La humildad y la obediencia

Fama, honor y vida son.

Caudal de pobres soldados

Que en buena o mala fortuna

La Milicia no es más que una

Religión de hombres honrados.

 

                                 Pedro Calderón de la Barca

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   Sevilla, Enero de 2014

 

Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ
Licenciado en Ciencias Económicas
Comandante de infantería
Profesor Mercantil

13 comentarios:

Juan Garrido dijo...

Mi querido amigo y Respetado Comandante, fantástica la narrativa que ha hecho sobre la biografía del célebre poeta, soldado y dramaturgo, Don Pedro Calderón de la Barca, es un trabajo excepcional que hace que disfrutemos de un estilo literario digno de todo elogio. Magnífica manera de transmitir la historia del aventurero y genial Don Pedro, que hace al lector ser cómplice de su bello relato. El ilustre soldado fue un ejemplo a seguir pues destacó como un gran poeta y dramaturgo, y como soldado, pese a estar un período corto de tiempo dejó huella en el glorioso ejército en cuantas acciones de guerra participó. Llama poderosamente la atención que en sus inicios fue soldado de Infantería, sus principales hazañas las llevó a efecto montado a caballo siendo promovido posteriormente a Cabo de Escuadra de Caballería. Desde que abandonó los estudios religiosos por la carrera militar intervino en varias campañas bélicas en Flandes, Norte de Italia y la Guerra de Secesión de Cataluña donde resultaría herido. Cabe subrayar su primera comedia “Amor, Honor y Poder” llegando a escribir más de un centenar de ellas. La experiencia adquirida durante su carrera militar le sirvió para escribir esa gran poesía “Para vencer a amor, querer vencerle” donde queda de manifiesto el consejo de un soldado veterano a un compañero recién llegado. Las vivencias como soldado le sirvieron para engrandecer mucho más la profesión militar y plasmar con sus versos el orgullo y el honor que lleva implícita la carrera de las armas. Mi querido amigo, muy agradecido por su elocuencia en la biografía de tan insigne poeta. Un Abrazo, su antiguo subordinado. Juan Garrido.

jabu.59 dijo...

Mi estimado y respetado Cte, amigo: Nos encontramos ante otro histórico, biográfico y cronológico articulo, ante vez de un personaje entrañable como es poeta, dramaturgo y Soldado (en Infantería) porque lo que fié en Caballería fué Cabo de Escuadra,Don Pedro Calderon de la Barca, como bien nos narra magnificamente el autor del mismo. La cita de hoy como no podia ser de otra manera es del propio Don Pedro, inmortal él "La Milicia no es mas que una religión de hombres honrados"Fin de la cita. No me queda Maestro nada mas que darte mi mas sincera enhorabuena porque de nuevo nos has deleitado a tus incondicionales seguidores, con otro magnifico e irrepetible articulo. Un fuerte abrazo,en estos momentos tan difíciles para ti y tus familiares. Te desea, Jose Antonio.

Santos Martínez Valledor dijo...

Querido amigo,una vez más nos vuelves a deleitar con este nuevo artículo sobre. Don Pedro Caderón de la Barca , un gran soldado y poeta ,mi más sincera felicitació y siempre a la espera de nuevos artículos con esa gran pluma que manejas mejor que un maestro de esgrima su florete. De mi consideración más distinguida. Santos

Jose V. Ruiz De Eguílaz y Mondría dijo...

El verso de Calderón es una de las cosas que aprendí en la AGM y no olvidé.

Anónimo dijo...

En esta ocasión nuestro común amigo (pues lo es de tantos) el Comandante Paco Cañete no solo nos ofrece una de sus brillantes páginas literarias sino que, además, nos sorprende con un hallazgo histórico del mayor interés para los profesionales de las armas y de significativa importancia para historiadores e investigadores:
Calderón no solo infante sino también caballero. Y a juzgar por lo que nos narra el autor y por lo que refleja el escrito del propio Calderón al Rey, ¡menudo caballero!.
Mi felicitación más sincera y un fuerte abrazo,
Luis Gª-Mauriño
Col Artillería, DEM.

Javier de la Uz dijo...

Muchas gracias por esta entrada, que a mí particularmente, también me ha servido para enterarme de que Calderón de la Barca, además, fue Cabo de Escuadra de Caballería. Perdona mi ignorancia histórica, pero eso viene a demostrar “que sólo sé, que no sé nada” (Sócrates), de historia en general y militar en particular.
Un abrazo

Jose V. Ruiz De Eguílaz y Mondría dijo...

Cabo de Caballería, al cambio Coronel de Infantería...Armas y Cuerpos funden nuestro emblema.

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Gracias Javier, por tu amable comentario sobre el "Cabo" Pedro Calderón de la Barca, cuyo 414º Aniversario de su nacimiento, lo acabamos de conmemorar en este pasado 17 de enero. Gracias de nuevo, y no hagas mucho caso a la frase de "Sócrates". Escribes muy bien y de Historia Militar me das cien vueltas. Fuerte abrazo. Paco Ángel.

Anónimo dijo...

Mi querido amigo, mi Comandante:

Elogiar tu artículo, es abundar en una obviedad.

Todo lo que en él expresas, refleja una vez más, el esfuerzo y el trabajo bien hecho.

"Armis no obstan litterae, neque litteris obstan armas". Las letras no van en contra de las armas, ni con las letras se pone obstáculo a las armas.

Desde Ignacio de Loyola, siglo XV-XVI; Garcilaso de la Vega, siglo XVI; Miguel de Cervantes, siglo XVI-XVII; Calderón de la Barca, siglo XVII, conforman una pléyade de personajes de nuestra historia que han dejando páginas imborrables y escritas, ahora, indeleble recuerdo.

Desgraciadamente, estas páginas de nuestra historia, se tienen poco presentes en los programas de enseñanza pública para nuestros más jóvenes estudiantes.

Dicho lo cual, no voy a insistir más en las obviedades antes citadas, y sí, por el contrario, quiero expresar en este comentario, el valor humano y profesional de mi querido amigo, el Comandante Francisco Ángel Cañete Páez.

El pasado día 22 estuvimos en la despedida del recién hoy ascendido a Coronel, el que fuera Tte. Coronel, Jefe de La Plana Mayor del 4º Tercio Alejandro Farnesio, en Ronda.

La Oficialidad de Complemento de Málaga, representada por su Junta Directiva, celebramos comida con el mando del Acuartelamiento Legionario, y, en un momento de la conversación fue nombrada la figura del Comandante Cañete:

Mi Comandante fue profesor del Coronel Jefe del 4ºTercio, y del Tte. Coronel de los Servicios Operativos, en aquellos años docentes, en la Academia de Toledo...(comentaron estos antiguos alumnos, hoy jefes en el Tercio, acerca del semblante carismático del que por aquel entonces fuera Capitán Cañete Páez).

Elogios del que fuera y es un hombre ejemplar, el cual, así fuera definido, y que como buen amigo que eres, aquí te transmito con el abrazo legionario, del Ilmo. Coronel Sr. D. Luis Lanchares Dávila, así como del Tte. Coronel, Sr.D. Juan Salvat.

Reiterando pues mi enhorabuena por tu artículo, en este momento y el sincero y manifestado aplauso de los que aquí te recuerdan, al cual igualmente me uno.

Un fuerte abrazo.
Salvador Soria.
Alférez Infantería (IPS).
Legionario de Honor.

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Querido Salvador: Mi Alférez: Me siento abrumado por tus elogios a mi modesta persona. Quiero pensar que obras en el recuerdo de -, cuántos años há,¡ Dios mío!- coincidimos en las nobles tropas de Cazadores de Montaña de Huesca. Gracias , una vez más Salvador , y por supuesto que recuerdo al hoy Coronel del IV Tercio Luis Lanchares Ávila, (creo que era de la 40ª promoción) e igualmente al TCOL. Juan Salvat Castellanos, para ambos un fuerte abrazo de su antiguo Capitán de la Academia de Infantería. En mis ochos años de Profesor en tan prestigioso Centro Militar ( para mi , como Oficial procedente de la Milicia Universitaria, fue mi mayor honor), coincidí con las Promociones de Caballeros Alféreces Cadetes, desde la 35ª a la 42 y de las que guardo el mayor y mas grato recuerdo. Gracias de nuevo Salva, y un fuerte abrazo de tu antiguo teniente, Paco Ángel.

Anónimo dijo...

Después del tiempo transcurrido -más de un mes- de la publicación de este brillante artículo del Comandante Cañete, que como de costumbre ha recibido comentarios tan elogiosos, veo con sorpresa que sus hallazgos históricos no han tenido el eco que creo se merecían.
Las vicisitudes por que atravesaron los restos mortales del personaje y que detalla Cañete, jamás los vi reflejadas en ningún escrito de los que sobre el mismo cayeron en mis manos.
Y al descubrirnos en su artículo que la mayor parte de las acciones militares de tan ilustre escritor/soldado las realizase en Caballería, pensé que este foro, y el Arma en él representada, haría suyo el personaje que el Comandante Cañete bajo esta faceta nos presentaba. Y por ahora no ha sido así, y lo lamento.
Luis Gª-Mauriño
Col Artillería DEM

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Querido Luis: ¡Mi Coronel! Muchas gracias por tu cariñoso comentario. En efecto, Don Pedro Calderón de la Barca, además de eximio escritor, prosista, poeta y ensayista, en un cierto período de su ajetreada vida, fue también un esforzado soldado de Infantería, y un no menos esforzado y valeroso Cabo de Escuadra de Caballería, empleo que le fue concedido nada menos que por el Rey Don Felipe IV. En cuanto a sus restos mortales, es cierto que tras una larga peregrinación a través de los años, fueron a desaparecer en Julio de 1936 al inicio de nuestra Guerra Civil, en el incendio pavoroso de la iglesia que los custodiaba. Gracias de nuevo, mi coronel, y quedo a tus órdenes con un fuerte abrazo, Paco Ángel.

Jose V. Ruiz De Eguílaz y Mondría dijo...

Mi Coronel Mauriño, después del descubrimiento de "Paco Angel", Calderón ya está en el corazón de la Caballería,y aunque ya lo estaba antes, ahora con más orgullo, pero siempre con permiso de "la mejor infantería del mundo".