ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
INICIO

18/1/14

LA LECCIÓN DEL LEÓN
















El título habla de un león, pero en realidad hablamos de dos.
Especialmente dedicado al los simpatizantes de la figura del Jinete y del Legionario.




Sus prendas son escasas pero elegidas con acierto; un sombrero de sol, una camisa de franela marrón abierta en el pecho y con la manga hasta el codo, un par de finos bombachos caqui cortados a cinco dedos, como mínimo, por encima de la rodilla, botas y un par de polainas componen todo su atavío. No llevan nada más. Su piel, constantemente expuesta al sol, los arbustos espinosos y los insectos, acaba volviéndose casi tan oscura como la de los nativos y tan curtida que le permite pasar un dí entero cabalgando sin molestias con las rodillas desnudas contra la silla, una disciplina verdaderamente espartana de la que el visitante, al menos, queda eximido.
También tiene su propia forma de cazar. Primero hay que encontrar al león, ya sea tentándolo con despojos de una presa, haciéndolo salir de un cañaveral o armando un desaforado alboroto a lo largo del camino. Una vez localizado, no se le debe perder de vista ni por un instante. Montados en ponis de una fidelidad más o menos probada, tres o cuatro valientes britanos o somalíes lo persiguen a galope, al estilo indio de acoso al javalí -es decir, el cuello o nada-, sobre rocas, hoyos, montículos y riachuelos, a través de la exuberante hierba, arbustos espinosos y maleza, azuzándolo sin tregua o permitiéndole pastar mientras lo conducen de un lado a otro hasta conseguir acorralarlo. El león, por su parte, no es camorrista sino que incluso se lo acostumbra describir con tintes de desprecio. Su único objetivo, en todo momento, consiste en salvar el pellejo. Si te tropiezas de repente con seis o siete leones y vas desarmado, todo lo que debes hacer -según mis conocimientos- consiste en hablarles con firmeza, a la vez que los aguijoneas arrojándoles unas piedras, y desaparecerán enseguida. Eso es lo que recomiendan las sumas autoridades en el tema.
Pero al sentirse perseguido de un lado a otro, acosado desde múltiples ángulos por jinetes que giran a su alrededor, el carácter del león, dócil por naturaleza, se vuelve agrio. Comienza por rugir y bramar a sus enemigos, con la intención de aterrorizarlos y lograr que lo dejen en paz. A continuación, les lanza cortas embestidas. Finalmente cuando todos esos pacíficos intentos de persuasión fracasan, se detiene de pronto para presentar batalla. Una vez hecho esto ya no volverá a huir. Está dispuesto a luchar, y a luchar a muerte. Va a jugarse el todo por el todo. Y cuando un león agoniza enloquecido por una herida de bala, trastornado tras la larga y dura persecución, y más aún una hembra en defensa de sus crías, se siente tan comprometido en su lucha que la muerte es el único desenlace posible. Las patas rotas, las mandíbulas quebradas, el cuerpo lacerado de extremo a extremo, los pulmones perforados una y otra vez o las entrañas desgarradas asomándole, nada de eso lo detiene. Para él solo existe la muerte, inmediata y absoluta; pero si consigue derribar al hombre, lo descuartizará con sus ponzoñosas garras y fétidos colmillos hasta hacerlo pedazos. masticándolo luego para infectarlo y cerciorarse así de su aniquilamiento. Tales son las costumbres de ese animal.
Es en el momento en que el león ha sido definitivamente "acorralado" cuando se introduce en escena el aficionado. Es de suponer que ha seguido a los jinetes a la máxima velocidad que le hayan permitido los desniveles del terreno, su propia falta de entrenamiento y el lastre de un pesado rifle. Llega al lugar donde está acorralada la presa con el ademán de un torero entrando en la plaza, mientras los demás permanecen a un lado en actitud respetuosa, preparados para espantar a la fiera o ayudarle. Si con una bala abate al animal, sentirá sin duda un merecido orgullo. Si sólo lo hiere, el felino embestirá contra el jinete más cercano. Hasta un alcance de unas cuarenta yardas, y el ataque de un león es más veloz que el galope de un caballo de carreras. Así pues, los jinetes no suelen apostarse dentro de ese radio.


Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema.

El fallo de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes.





Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores.


Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; Pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.

Personalmente siempre estoy dispuesto a aprender, aunque no siempre me gusta que me den lecciones.



Cuando Churchil cumplió 80 años un  periodista menor de 30 fue a fotografiarlo y le dijo: "Sir Winston, espero fotografiarlo nuevamente cuando usted cumpla 90 años".
A lo que Churchil respondió.
"¿Por qué no?, ¡usted parece un joven bastante saludable!"


Churchill. 4º Regimiento de Húsares de la Reina.


Chevi Sr.
Aprendiz de león.

2 comentarios:

José Antonio dijo...

Palabras pronunciadas por el Primer Ministro británico Winston Churchill:

¡Por qué no dejarán vivir a Inglaterra tan tranquila tras el Canal, como a España con Franco tras los Pirineos!

(Palabras recogidas en la biografía de Winston Churchill, escrita por Roy Jenkins, exministro del partido Laborista inglés, afiliado a la Internacional Socialista)

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción AGM

Jose V. Ruiz De Eguílaz y Mondría dijo...

Churchill representa la cultura, la seguridad en sí mismo, la honradez, la firmeza, la libertad, y el espíritu aventurero. Fue un gran "buscador", entre otras cosas de la Verdad;con humildad. Es decir todo lo contrario de lo que representa un "antifranquista sistemático".