ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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25/11/13

UN BAÑO DE ESPAÑA. ES NAVIDAD.


 
 
Javier Mendizábal
 
PATER





El sacerdote de las víctimas
Como homenaje y recuerdo
                                  

 

Corrían los años 80, los asesinados por ETA se contaban por decenas al mes y la mayor parte de la sociedad vasca no se inmutaba al ver el cuerpo de un policía con un tiro en nuca.
Los obispos de entonces no hicieron mucho por aliviar el sufrimiento de las víctimas. Mujeres, padres e hijos tenían que enterrar a sus seres queridos de forma clandestina. En las misas jamás se nombraba la causa de la muerte y solo se pronunciaban las iniciales del fallecido. Para muchos, el asesinato iba incluido en el sueldo.
En medio de esta situación vivió Javier Mendizábal. Era sacerdote en la iglesia de San Nicolás, en Bilbao. Fue el único párroco que dio a las víctimas lo que hasta entonces se les había negado: dignidad.
Celebró los funerales de todos a los que los terroristas arrebataron su vida. Pronunció sus nombres completos y afirmó sin miedo que eran héroes. Y como tales los trató.
Esto fue más de lo que el obispo de Bilbao pudo soportar. Le apartó de su parroquia y le recluyó en su casa. Las víctimas reaccionaron pronto. La Policía, la Guardia Civil y el Ejército le acogieron y se convirtió así en el Páter. En el que oficiaba todas las misas para estos Cuerpos.
Se le veía por los pasillos de las comisarías, con sotana, txapela y las condecoraciones al valor que se había ganado a pulso, siempre con una palabra de aliento y consuelo para los que no se atrevían a tender su uniforme por miedo a una muerte por la espalda.
Javier Mendizábal murió el viernes en Bilbao. La parroquia de San José se llenó hasta los topes de gente que no ha olvidado que él fue el sacerdote de las víctimas. El que alzó la voz para denunciar lo que estaba pasando, para despreciar a los que asesinaban a inocentes, para ofrecer su hombro al que sufría por culpa del terrorismo. Un hombre generoso y valiente que dejó un recuerdo imborrable entre los que luchaban por España en el País Vasco.
ETA se ha acabado. Pero no debe hacerlo a cualquier precio. Muchos están intentando pervertir la palabra “víctima”. Igualar al que muere asesinado al que lo hace porque la bomba que iba a poner debajo del coche de un inocente estalla antes de tiempo.
Quizá la historia de este sacerdote sirva para no olvidar que no todos los muertos son iguales, nunca lo fueron.  Para recordar a cada hombre que dio la vida por defender la libertad. Para entregar a las víctimas lo que nunca les debió ser arrebatado: dignidad y justicia.
 

 
 
 

El asesinato de Primo de Rivera 



 
En marzo de 1936 el Gobierno del Frente Popular encarceló a José Antonio Primo de Rivera con la excusa de una posesión ilegal de armas de fuego. La misma izquierda que había montado la Revolución de Octubre (casi 1.400 muertos) y desperdigado patrullas que cortaban las carreteras se escandalizaba de que el fundador de la Falange Española de las JONS tuviera dos pistolas en su casa. Al no haber salido elegido diputado en las elecciones de febrero, José Antonio carecía de la inmunidad que daba un acta parlamentaria, aunque a José Calvo Sotelo ésta no le salvó cuando un comando terrorista socialista le sacó de su domicilio para matarle. El Gobierno de izquierdas también impidió que se pudiera presentar como candidato de las derechas a las elecciones repetidas en Cuenca en mayo.
El Gobierno ordenó su traslado a la cárcel de Alicante a comienzos de junio, un mes antes del alzamiento del 18 de julio. Allí se le sometió a un juicio farsa, en el que los partidos del Frente Popular se volcaron para conseguir la condena del caudillo falangista, hasta el punto de coaccionar al jurado. La sentencia fue de pena capital porque se le consideró culpable del delito de rebelión militar. ¡Una persona que estaba encarcelada cuatro meses antes de que esa rebelión se produjese!
El 19 de noviembre de 1936 el Consejo de Ministros, presidido por el socialista Francisco Largo Caballero, el Lenin Español, recibió una petición de conmutación. Indalecio Prieto, ministro de Marina y Aire, y los cuatro ministros anarquistas (Juan García Oliver, Federica Montseny, Juan Peiró y Juan López Sánchez) votaron en contra. Sólo defendieron la conmutación los ministros de Izquierda Republicana, Carlos Esplá y Julio Just. El Gobierno dio colegiadamente el enterado y Largo Caballero lo firmó como presidente. La pena se cumplió el 20 en el patio de la cárcel de Alicante.
De todos los testimonios y relatos sobre la ejecución, el escritor José María Zavala ha recuperado en un libro reciente y de gran éxito (La pasión de José Antonio) el de un testigo presencial. Se trata del ciudadano uruguayo Joaquín Martínez Arboleya (1900-1984), que se encontraba en España el 18 de julio porque trabajaba en una sociedad financiera con clientes españoles. En Alicante vivía en una pensión y otro huésped le invitó a asistir a la ejecución del señorito, porque ésta fue pública, como los guillotinamientos de la Revolución Francesa y los apaleamientos de la Camboya de los jemeres rojos. Arboleya acudió para no levantar sospechas.

Tiros a las piernas

En su autobiografía Nací en Montevideo, editada en 1970, Joaquín Martínez Arboleya cuenta cómo se desarrolló la ejecución. El fusilamiento lo realizó un piquete de ocho milicianos del sindicato anarquista CNT. Antes que José Antonio se fusiló a dos falangistas y dos carlistas a los que el tribunal popular había absuelto, pero a los que condenó el odio de los izquierdistas.
José Antonio se enfrentó a los fusiles con un mono azul raído y unas alpargatas, como un miliciano más, aunque con las manos atadas a la espalda con grilletes. Rechazó con firmeza la venda para los ojos y cuando se dio la orden de disparar gritó con fuerza "¡Arriba España!". Sin embargo, no concluyó ahí su sufrimiento, según el relato de Martínez Arboleya.
José Antonio recibió la descarga en las piernas. No le tiraron al corazón ni a la cabeza; lo querían primero en el suelo, revolcándose de dolor. No lo lograron. El héroe cayó en silencio, con los ojos serenamente abiertos. Desde su asombrado dolor, miraba a todos sin lanzar un quejido, pero cuando el miliciano que mandaba el pelotón avanzó lentamente, pistola (a)martillada en mano y encañonándolo en la sien izquierda, le ordenó que gritase "¡Viva la República!" –en cuyo nombre cometía el crimen–, recibió por respuesta otro "¡Arriba España!". Volvió entonces a rugir la chusma, azuzando a la muerte. Rodeó el miliciano el cuerpo del caído y apoyando el cañón de la pistola en la nuca de su indefensa víctima, disparó el tiro de gracia.
A punto estuvo de apoderarse del cuerpo del fundador de la Falange una chusma enfurecida que sin duda habría cometido las mismas mutilaciones con él que las que se cometieron con el del general López Ochoa en Madrid: decapitación y desmembramiento. El forense José Aznar Esterela, presidente del Colegio de Médicos de Alicante, no realizó la autopsia preceptiva. Tampoco se inscribió la muerte de José Antonio en el Registro Civil; el certificado de defunción se expidió en Alicante en julio de 1940, terminada la guerra.
Por último, los objetos personales de José Antonio no fueron entregados a su familia, sino que Prieto se los quedó: una maleta que contenía cartas a su amor, una novela inacabada, fotos, útiles de aseo… Como con tantas cosas que no eran suyas (el tesoro del yate Vita robado en España a sus propietarios), Prieto se quedó la maleta. Al menos no la gastó, a diferencia del oro, las joyas y el dinero. Prieto, a quien muchos falangistas siguen considerando un patriota y casi un aliado, guardó la maleta en la caja de seguridad de un banco mexicano. En enero de 1977 el albacea de Prieto, el socialista Víctor Salazar, entregó a Miguel Primo de Rivera, sobrino de José Antonio, las llaves de la caja. ¡Cuarenta años de apoderamiento ilegal!

El mito del 'Ausente'

En su nuevo libro (La pasión de Pilar Primo de Rivera), Zavala añade que Pilar Primo de Rivera y Martínez Arboleya, que se había incorporado a las tropas nacionales, coincidieron en la guerra en Salamanca, pero que el testigo de la ejecución de José Antonio no se atrevió a relatarle cómo había ocurrido.
Pilar pudo escapar de la zona roja bajo la protección de la embajada argentina. Embarcó en un crucero de guerra alemán, el Admiral Graaf Spee, en el puerto de Alicante, pero no pudo acudir a la cárcel para ver a sus dos hermanos encerrados en ella, José Antonio y Miguel. La futura jefa de la Sección Femenina conoció por boca de Franco la ejecución de su hermano, aunque se negó a aceptarla del todo. Hasta el 20 de noviembre de 1938, en que Franco confirmó por radio el asesinato, la zona nacional se habló de el Ausente para referirse a José Antonio.
Rafael García Serrano afirma que hubo falangistas que se hicieron matar en el frente cuando se enteraron de la noticia.
Así interpretó José Antonio Jiménez Arnau (El puente) la ejecución, como epítome del holocausto de una generación que llegó a la guerra llevada por sus mayores.
Con aquel hombre, sin que ellos lo supieran, habían caído todos aquellos que él pusiera en pie. (…) la generación que se había encontrado los días de la caída del Régimen, la generación que quemara o impidiera quemar las iglesias, la generación revolucionaria, la que tocara a rebato, despertando al país de su siesta, ésa había caído fusilada.
 




Circulan por la red unas reflexiones de "Un Castellano Leal" sobre España, el Escudo, y la Bandera.
Yo no he sabido ponerle un pero , quizás tu... 
 
¡¡¡ESPAÑA!!!
  UNA, GRANDE, LIBRE… Y SIN COMPLEJOS 

Se ha dicho hasta la saciedad, pero es necesario continuar repitiéndolo incansablemente, que el Escudo de la Bandera de España que representaba a la Nación durante el Régimen de Franco no es, ni puede ser declarado,inconstitucional” o  preconstitucional”
 No es “inconstitucional” porque precisamente, durante su vigencia y bajo la legalidad que representaba, tuvo lugar el proceso constituyente y la aprobación de la Constitución de 1978, transfiriéndose la legalidad institucional del Estado al nuevo Ordenamiento Jurídico. “De la ley a la ley”
Tampoco puede ser calificado de “preconstitucional” pues coexistió tres años con la Constitución y por ello preside -ennobleciendo su primera página- la edición oficial de la Carta Magna.

Primera página de la Constitución de 1978

Así pues, lo único que en puridad puede decirse del anterior Escudo de España con el Águila de San Juan, es que actualmente ya no es el ESCUDO OFICIAL de España.
Tal afirmación si es cierta: Y además hay que admitir que resulta coherente que tal escudo haya sido eliminado de la Bandera, puesto que España ya ha dejado de ser, Una, Grande y Libre.

Ya no es “Una” porque ha sido desmembrada en diecisiete taifas.
Ya no es “Grande” porque ha renegado de la grandeza de su historia.
Ya no es “Libre” porque ha hipotecado su soberanía, permitiendo que sus eternos enemigos -internos y externos- tracen su política.

En definitiva: porque ha dejado de seguir “sobre el azul del mar, el caminar del sol” marchando, precisamente, en dirección contraria. Y es por ello que hoy se encuentra más cerca de las Repúblicas Balcánicas, de Grecia y de Sodoma  
Pero una cosa es que el escudo con el águila de san Juan no figure como “Escudo Oficial” en la Bandera de España y otra muy distinta es que se persiga su misma existencia, procediendo a eliminarlo de todos los lugares donde permanecía como elemento ornamental de carácter histórico y artístico o se impida el mostrarlo en actos públicos.
 

 
         La bandera de la España Una, Grande y Libre 

Por el contrario, el Escudo de la Segunda República si es “inconstitucional” y “preconstitucional”.
 Es “inconstitucional” porque la Constitución de 1978 en su artículo 1-3 define que “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”
Y es “preconstitucional” porque fue adoptado por decreto de la Presidencia del Gobierno Provisional de la República de 27 de abril de 1931 y la actual Enseña Nacional lo es desde el 5 de octubre de 1981, es decir, que el escudo de la república es “preconstitucional” en cincuenta años.

Escudo de la 2ª República 27 de abril de 1931 

Por otro lado no existe más Bandera Constitucional que la definida en el artículo 4-1 la Constitución de 1978 donde se definen los colores, pero no el escudo.

Bandera de la Constitución española de 1978

Así pues, se repite, lo único que puede decirse de la Bandera con el escudo del águila de San Juan y su triple vocación de ser la enseña de una España grande y libre, es que actualmente no es la Enseña Oficial de España y por lo tanto no le corresponde los honores de “Himno Nacional y arma presentada” ni debe ondear en los edificios públicos o recibir el homenaje de las Fuerzas Armadas… pero una cosa es eso, y otra muy distinta es que se la persiga con saña, impidiendo mostrarla en público como si el hacerlo fuera un delito.
Pese a que tales hechos son evidentes e irrefutables desde un punto de vista legal, todos somos testigos de que las manifestaciones organizadas por “la izquierda” (el rojerío y la progresía) suelen acompañarse por verdaderas orgías de banderas republicanas, netamente inconstitucionales y preconstitucionales, mostradas sin recato y sin que nadie se escandalice por ello. Sin que los medios de comunicación hagan referencia a tal hecho como una anomalía.
Por el contrario, si a alguien se le ocurre mostrar una bandera de la España Una Grande y Libre -esa debe ser siempre su única denominación- los portadores son inmediatamente calificados de “fascistas” y agredidos, o incluso perseguidos por la Fuerza Pública, como si fueran delincuentes.
Es preciso acabar con tal estado de cosas. No se puede seguir tolerando que se califique a la bandera de la España Una Grande y Libre como inconstitucional o preconstitucional y se persiga: Hay que exigir libertad para mostrarla públicamente como un símbolo de carácter histórico digno del mayor respeto (aunque esté desprovisto actualmente de su carácter oficial como “Enseña Nacional”).
Y la mejor forma de lograrlo es encargar “en los chinos” diez mil, cien mil, un millón de Banderas Constitucionales como la de la figura adjunta, en las que sobre los colores de la bandera definida por la Constitución de 1978 se inserta el escudo que adorna y ennoblece la primera página de la Carta Magna y que por ello se le puede, y se le debe llamar con total propiedad, “Bandera Constitucional”


Bandera Constitucional de España desde el 6/12/1978 hasta el 5/10/1981

Nadie podrá decir que se trata de una “bandera inconstitucional o preconstitucional” y exigir su retirada prohibiendo mostrarla en público. Y por si alguien no se entera de la plena legalidad que supone su exhibición, junto a esos cientos de miles de españoles tremolando “banderas constitucionales” como la de la imagen, podrían ir algunas decenas de personas portando gallardetes donde se reprodujera la primera página de la Constitución (de donde se ha recortado el escudo con el águila de San Juan, para insertarlo en la Bandera Constitucional)

También podrían acompañarse esos gallardetes en los que figuraría la primera hoja de la Constitución, con otros en que estuvieran representadas a gran tamaño las “pesetas del Rey” con el escudo del águila de San Juan en el dorso. Es de suponer que, a la vista de tales banderas y gallardetes, nadie osaría volver a calificar la bandera rojigualda con el escudo del águila de San Juan como “inconstitucional” o “preconstitucional” admitiendo su libre utilización como vestigio histórico digno del mayor respeto.


Es evidente que el rojerío, la progresía y los medios de comunicación afines, con su acreditado sectarismo partidista y totalitario, se rasgarían las vestiduras, pero entonces sería llegado el momento de, asistidos por la razón y la justicia, plantarles cara, utilizando masivamente esas banderas en todos las actos públicos.
Decir finalmente que no fue un olvido casual  el que en la Constitución de 1978 se definiera la bandera de España pero no su escudo. Fue a propio intento, para cambiarlo en cuanto se pudiera, de igual forma que en el Artículo 2, tras proclamar que “la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española” se reconocían las “nacionalidades”.
Todo ello eran las argucias de auténticos trileros políticos, cuyo resultado histórico no podía ser otro que el que ahora nos disfrutamos los españoles, víctimas de la mayor estafa política de nuestra historia. Y que nadie se escandalice por tal afirmación. No es posible, por razón de espacio, detallar en este modesto trabajo el cúmulo de trapacerías que se utilizaron para aprobar la Ley de la Reforma Política y la Constitución. Por otro lado, quien tenga curiosidad de conocerlas, sólo tiene que leer el libro “Lo que el Rey me ha pedido” donde quedan detalladamente expuestas todas esas argucias diseñadas por Torcuato Fernández Miranda.
 Por citar solamente dos, podría hacerse referencia al torticero uso del “procedimiento de urgencia” como medio de soslayar los procedimientos legales establecidos y el rebajar la edad de los votantes de los veintiuno a los dieciocho años sabiendo que un criterio escasamente formado, unido al masivo empleo de canciones y “Jarchas” darían por resultado la captación del -entonces muy numeroso- “voto joven”.
Nada tiene pues de extraño que también ahora los independentistas quieran utilizar este procedimiento de la “estampita” o “el tocomocho” de cara a su consulta soberanista en la que pretenden bajar la edad de los votantes de los dieciocho a los dieciséis años.
Con tan astuto procedimiento -ensayado con éxito durante la Transición- y rebajando la edad del voto a los catorce y aún a los doce años y acompañado tal medida con canciones (“habla tronco habla”) y bolsitas de “gominolas” podrá sin duda aprobarse (de forma tan “limpiamente democrática” como fue el proceso de la Transición) que los habitantes de España dejen de llamarse españoles y pasen a llamarse selenitas. O que Cataluña se convierta en un nuevo planeta del sistema solar.
Nadie debe poner en duda que si al iniciarse la Transición se hubiera explicado lealmente al pueblo español lo que se pretendía,  cuál era el verdadero objetivo,  que no se trataba de una “reforma política” sino simple y llanamente de la demolición desde sus cimientos de la España Una, Grande y Libre. De que se iba a cambiar la bandera de España (lo que mantuvieron oculto y no se atrevieron a plantear ni siquiera en la Constitución) y que en definitiva, tras satanizar a Franco y a su ingente obra (infame ley 52/2007) se iba a llegar al umbral de descomposición política, ruina económica y degradación moral en que nos encontramos, el resultado de la consulta popular hubiera sido contrario: un “No” rotundo a la “Reforma Política” y a la Constitución”. Incluso a la Monarquía.
Se ha dicho ya en numerosas ocasiones, que el proceso constituyente no fue otra cosa que una partida de naipes entre “tahures del Mississippi” en la que unos se sentaron a la mesa faltando a lo que habían jurado, y otros con el designio de faltar a lo que iban a jurar.
Igualmente se puede afirmar ahora que la llamada “Ley de la Reforma Política” fue una auténtica violación del Estado de Derecho. Con engaño, vaselina y narcotizando a la víctima; pero violación en toda regla. No puede pues extrañar, que el fruto gestado de aquella violación fuera un aborto constitucional, convertido hoy en auténtico “muerto viviente”. 
 Por ello, a la vista de la situación de España treinta y ocho años después, no es exagerado decir que el pueblo español ha sido víctima de una de las más grandes estafas políticas de su historia. Comparable, y aún superior, a la que supuso el regreso del “Deseado”

Bandera oficial de España desde el 5 de octubre de 1981

Oficial y legal, también “Enseña Nacional”… Pero no “Constitucional”

Finalmente es oportuno recordar  que el actual “escudo oficial” de la bandera de España entró en vigor al aprobarse y sancionarse la Ley 33/1981 el 5 de octubre, estableciéndose su uso por Real Decreto 2964/1981 de 18 de diciembre. Ambas normas son de rango inferior a la Constitución y pueden ser modificadas fácilmente, en cualquier momento, con una nueva ley aprobada por algún Gobierno que decida restituir, sobre los colores de la bandera de España aprobada en la Constitución, el escudo vigente en el momento de entrar en vigor la Carta Magna y que además fue su propio escudo durante tres años.
El encargar a “los chinos” un millón de banderas constitucionales como las del modelo propuesto y el tremolarlas si desmayo por calles y plazas de España, puede ser un buen comienzo para que España vuelva a ser Una, Grande y Libre.
 Algo que resulta imprescindible si se quiere que comiencen a solucionarse sus letales problemas: Crisis económica, corrupción generalizada, descomposición política y degradación moral. Por ello se debería inundar España entera de “Banderas Constitucionales” que pueden y deben coexistir con la bandera actualmente oficial hasta que el buen sentido del pueblo español exija que se cambie la Ley 33/1981 restituyendo, mediante un nuevo Real Decreto, el carácter de “Oficial” o de “Enseña Nacional” a la bandera con águila de San Juan y la triple vocación de representar a Una España Grande y Libre.

Es preciso pues, sin demora, confeccionar ese millón de “Banderas Constitucionales” (y unas decenas de miles de “gallardetes constitucionales” con la primera página de la Constitución y las “pesetas del Rey”) para mostrarlas en todas y cada una de las manifestaciones ciudadanas -sea cual sea su motivo- como símbolo de afirmación nacional española y firme voluntad de regeneración.
El camino más largo se inicia con el primer paso.

    Un Castellano Leal
 
 
LA ESPAÑA HERÓICA 1938
 
 
 
 



                                                                                               

José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de Caballería

5 comentarios:

Javier de la Uz dijo...

En la sala de Oficiales de la antigua Comandancia Militar de Écija y PLM del Depósito de Recría y Doma, el fuego de la chimenea, era cubierto por una pantalla de metal con el escudo de la II República española. Todos lo sabíamos y jamás la quitamos, pues era historia, aunque no nos gustara y de hecho, todavía se guarda en el actual Centro Militar de C.C. de Écija.

Mientras que la “memoria histérica” de nuestro nefasto ex Presidente, ordenó quitar de la fachada del Acuartelamiento de “La Doma” (actual Centro Militar de C.C. de Écija), el escudo del Águila de San Juan. Por supuesto, con bastante más años de historia y antigüedad que el escudo de la II República.

¿Nunca debemos subestimar a los imbéciles…?

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Jose Antonio murió fusilado bajo el odio de las hordas marxistas, a cara descubierta, y al grito de ARRIBA ESPAÑA. Patriota y hombre de honor.Nadie lo puede discutir

Eduardo Gortázar dijo...

La integridad moral de Jose Antonio y sus profundas convicciones católicas, quedan reflejadas en el primer párrafo de su testamento. El que no lo haya leído entero que lo haga.

"Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía no me exime de llegar a ese trance, me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo preveo y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino la de su infinita misericordia."

Jose V. Ruiz De Eguílaz y Mondría dijo...

Impresionante la reflexión de Jose Antonio. Son personas con una talla humana inusitada, y por eso han dejado la huella que han dejado.
Es curioso, pero la reflexión de Jose Antonio me ha calado muy hondo, porque yo cuando inevitablemente pienso en el final que se nos asigna al nacer, siempre me aferro a la infinita misericordia de Dios, palabra de honor. No tengo otra salida, pero esa me vale.

José Antonio dijo...

Una cosa tiene mi España que deslumbra al forastero, el pueblo más caballero y de genio con más salero.

Es trasunto esta acuarela de un tiempo que ya pasó, cuando Franco gobernaba y encumbraba la nación:

La Gran Vía madrileña era por entonces la arteria más elegante, cosmopolita y transitada de la ciudad; en una navideña mañana y como de continuo ocurría, se estaba abriendo una zanja en una acera, para conducción de cableado, y en cierto momento dos de los obreros del tajo hicieron un breve descanso y pasaron a una de las grandes cafeterías de las inmediaciones:

- ¡Colega (a un camarero), pon dos Magnos (coñac)!
Encendieron ellos sendos cigarrillos. Fumaban, mientras charlaban y examinaban las siluetas más atractivas de entre la demás clientela. Terminaron de fumar, pidieron la cuenta, la pagaron con un billete, dieron un moderado sorbo a las copas y, sin esperar a recibir el cambio del billete, se fueron a continuar su trabajo.

Un camarero fue a retirar ambas copas, prácticamente llenas; incauto yo que estaba junto al lugar de los hechos, le dije a aquél –¡Que volverán a acabarlas!, ¿no? No, señor; si ellos no vienen por la bebida; lo que más les interesa es descansar un rato entre gente elegante…