ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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8/11/13

LOS NIÑOS DE KONJIC












VIVA EL EJÉRCITO ESPAÑOL



Una historia real:

Bosnia, hace 20 años, por Antonio Villegas González

Estos actos para algunos no interesa publicarlos, pero muchos españoles, como yo, están muy orgullosos de nuestro Ejército y de nuestros militares, “nuestros porque son nuestra gente”

Hoy les contaré la hazaña de unos hombres que estuvieron dispuestos a morir por defender al débil y al desamparado.

Una historia de héroes españoles que, como casi todas, permanece arrinconada en el olvido que no sucedió hace siglos, ni la protagonizaron los rudos arcabuceros y piqueros del Rey… Bueno, en definitiva, son los mismos hombres, la vieja y fiel Infantería.

La ciudad de Konjic está a unos cuarenta kilómetros de Sarajevo. Allí los musulmanes bosnios que no eran unos santos, puesto que allí ninguno lo eran, pues allí nadie respetaba al contrario y todos cometían salvajadas inenarrables, seres humanos al fin y al cabo con una metralleta entre sus manos.

En la zona la limpieza étnica la perpetraban los seguidores de Alá, los muyahidines de pañuelo verde en la cabeza y barbas cerradas como las del profeta que degollaban a los infieles y crucificaban a los curas ortodoxos o católicos mientras metían fuego a las Iglesias… Igualito que otros pero con mucha menos propaganda.

Era abril y apenas había puesto la Agrupación los pies en la zona de Operaciones, y ya desde el primer momento supimos que allí no habíamos ido a rascarnos la barriga y que las bombas y los tiros no sonaban igual que en las películas.

La situación en los Balcanes para que les cuento, aquellas gentes se desjarretaban a base de bien todos contra todos, serbios, croatas y musulmanes, todos bosnios y odiándose a muerte. Todos tratando de exterminar al otro con saña y esa mala leche tan espantosa que sacamos los seres humanos en tales situaciones. Menos mal que también afloran otros sentimientos.

La columna de Cascos Azules españoles avanza hacia la ciudad de  de Konjic y ya se ven las primeras casas derruidas y se oyen muy cercanas las detonaciones de las granadas y los rafagazos de fusil, se oyen también gritos desgarradores y llanto de niños.

De pronto saliendo de entre el polvo y el humo aparecen las figuras de ciento y pico civiles aterrorizados que son en su mayoría mujeres y niños croatas habitantes de la ciudad que huyen despavoridos, detrás de ellos una docena de Soldados de las Milicias croatas protegen la retirada de los civiles, y los bombazos y los disparos empiezan a llover alrededor de unos y de otros.

Los civiles entonces se refugiaron en los costados de los blindados españoles, los famosos BMR,s y se arrojaron bajo ellos implorando la protección de los Soldados de la UNPROFOR.

Después de disparar sus últimos cartuchos defendiendo a su gente los Soldados supervivientes llegan hasta los blindados, arrojan sus armas y se entregan manos en alto a los Cascos Azules.

Asoman entonces rematando fríamente a los Soldados croatas que hay en el suelo, aparecen los combatientes de Alá, son los llamados “Cisnes Negros” que han jurado morir defendiendo el Islam. Tienen fama en toda Bosnia de ser sanguinarios y crueles.

Son unos trescientos hombres armados con fusiles de asalto AK, ametralladoras y los terribles RPG-7 que son capaces de abrir un BMR como una lata de sardinas.

Exigen de inmediato a los españoles de muy malas maneras que entreguen a los civiles y a los Soldados croatas y que se vayan y miren a otro lado o de lo contrario abrirán fuego y los matarán a todos, que para el caso también son infieles.

El Jefe de la Columna española que forman cuatro BMR y un VCZ, que es lo mismo pero con una pala y que usan los Zapadores, es un joven Teniente de la Legión. Y de inmediato ordena a sus hombres desplegarse y a los tiradores de las “máquinas”, las terribles Browning de 12,70 mm. de calibre que apunten a los lanzagranadas y que al más mínimo gesto hostil abran fuego.

Pero son muchos los que les apuntan con ellos. La tensión crece y las mujeres y los niños croatas lloran aterrorizados, los muyahidines gritan y enseñan los dientes y se pasan los dedos por el gaznate los hideputas. Todo el Convoy español tiene un solo pensamiento: ¡No os los llevaréis, antes tendréis que matarnos a todos!

Desde el Cuartel General al conocerse la delicada situación de la Columna, se le ordena al Teniente que regrese y que abandone a los civiles y que sin mirar atrás se repliegue…


¡De aquí no se va ni Dios! – es la respuesta del Teniente Monterde, una respuesta para enmarcar en la Academia de Infantería. Y se pasa por el forro las órdenes y se queda allí plantando cara a los “Cisnes Negros”

A estos al menos no los vais a degollar – piensa Monterde.

Los bosnios impresionados y convencidos de que los españoles aquellos están dispuestos a morir y a matar por aquella gente, se arrugan y envían emisarios…

No es lo mismo perseguir mujeres y niños que liarse a tiros con aquellos tíos de los blindados y la cara de pocos amigos, que les regalaban a los niños sus raciones y sus chucherías.

Había algo noble y valiente en la actitud de aquellos Soldados.

¡Moriremos matando! – parecían decir. Y lo habrían hecho.

Estoy seguro de que aquel día de abril del año noventa y tres, si los de los pañuelos verdes se hubiesen echado adelante ante ellos se habrían encontrado con las viejas picas y los viejos arcabuces y con los viejos redaños de la leal y feroz Infantería española.

Porque hubiese sido un deshonor y una vergüenza abandonar a aquellas madres y a sus hijos. Y así lo entendió el joven Teniente Monterde y los hombres que salieron con él aquel día de patrulla.

No somos héroes, dijeron después, sólo cumplimos nuestro deber, nuestra obligación.

Para las doscientas personas que salvaron y para mi, si son héroes… Por supuesto olvidados. Y como tal les rindo el tributo que se merecen. Por valientes, por humanos, por Soldados.



Este artículo, me lo enviaron a mi correo particular, lo publiqué y más tarde, brujuleando en Internet, me encontré con lo siguiente:

Respuesta al artículo Los niños de Konjic

Enrique Alonso Marcili
Coronel de Infantería (R) 

Con enorme sorpresa y cierta incomprensión leo en la página WEB de la Fundación un artículo titulado“Los niños de Konjik” escrito por  Antonio Villegas González y publicado en un medio de internet cuya URL es  http://amviglez.wordpress.com/2013/04/02/los-ninos-de-konjic/

En el año 1993 yo mandaba la Bandera expedicionaria de la legión encuadrada en el GT“Canarias” y el Tte. Monterde  pertenecía a mi Unidad.

Es absolutamente falso que este Oficial recibiera orden de abandonar a los civiles que le pidieron protección. Todo lo contrario, no solo se esperaba de él esa protección, sino que las órdenes que se cursaron fueron dirigidas a darle protección. Yo mismo me traslade urgentemente con una Unidad de refuerzo desde Dracebo a Jablanica. Tras entrevistarme con el mando Bosnio musulmán en esta ciudad, se resolvió el asunto garantizando la protección de estos bosnio croatas que huían de dos pueblos de la zona llamados Ostrozac y Celevici.

El mando de UMPROFOR  felicitó al Tte. Monterde por su firme actuación que sin duda actuó correctamente en una situación muy tensa, larga en el tiempo y de gran incertidumbre. La Zona de responsabilidad desde Dracebo a Konjik sobrepasaba los 130 Km de longitud y esta sección se encontró ciertamente aislada casi en el extremo norte de la misma.

Desconozco la intención del Sr. Villegas cuando manifiesta que desde el Cuartel General se le ordeno al Tte. Abandonar a esos civiles, tampoco si es suya o no esa manifestación, pero les aseguro que es absolutamente falsa. El Cuartel General del GT transmitió sus órdenes a través del PC de la Bandera y yo no recibí en ningún momento instrucción alguna en ese sentido. Todo lo contrario.


Ni mucho menos, esto desmerece la actuación del Teniente Monterde, pero en honor a la verdad, me veo obligado a publicarlo. Y dicho sea de paso: ¡Tus hechos, te honran mi Teniente!




Francisco Javier de la Uz Jiménez

4 comentarios:

Jose V. Ruiz De Eguílaz y Mondría dijo...

¿Donde andará el Teniente Monterde? Debe de ser fácil localizarlo, porque esos cojones no se pueden esconder.

Chevi Jr. dijo...

Es fácil. Fue proto mío en Zaragoza y jefe directo durante la instrucción de los nuevos siendo yo Alférez de la sección que el mandaba.
Una noche le pregunté directamente por el asunto puesto que corrían varios bulos por la academia al respecto.
Ahora es Tcol.

Carlos Argüelles Puig dijo...

El Teniente Monterde fue mi Comandante en el año 2005 durante mi fase de formación específica como Reservista Voluntario en la Inspección General del Ejército.

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Es evidente que el Teniente se merece la mayor de las felicitaciones por su ejemplar y honrosa actuación. El artículo en cuestión lo leí en su día, así como la contestación que da el Cor Alonso Marcili. Y rompo una lanza por éste al que me honro en conocer desde 1998 cuando mandaba Regulares de Melilla. Jefe de innegables virtudes morales y militares. Impensable, bajo ningún concepto, que pudiera consentir, y mucho menos dar, tal orden.