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13/11/13

LA COLINA DE LAS CRUCES












La colina de las cruces: el lugar que humilló una y otra vez a la URSS y al KGB


Colina de las Cruces. Curiosa expresión de fe del pueblo lituano

Hace poco tiempo la Iglesia celebraba la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz y si algún lugar en el mundo puede reflejar de manera gráfica su poder no es otro que un recóndito rincón en el norte de Lituania, que sin embargo, tiene un gran símbolo visible: la colina de las cruces. Un lugar que muestra de manera impresionante el poder de la fe y la esperanza sobre la opresión y el sufrimiento.

La colina de las cruces está situada a doce kilómetros al norte de la ciudad industrial de Siauliai y se ha convertido en el gran lugar de peregrinación del pueblo lituano. De hecho, en este importante enclave se ha manifestado la Cruz como gloriosa y ha servido como un espaldarazo para el pueblo lituano en sus momentos de mayor dificultad.

La resistencia pacífica de los católicos

Y ha sido precisamente siempre en los momentos más convulsos cuando la colina de las cruces se ha erigido como el gran faro de los creyentes. La Cruz ha guiado y dirigido al pueblo hacia Cristo y su madre la Virgen.

Desde hace siglos, la colocación de cruces en esta colina ha representado la resistencia pacífica de los católicos hacia la opresión. Experimentó un auge en el siglo XIX cuando en una rebelión campesina contra el Zar, éste no permitió a las familias honrar a sus muertos. Colocaron cruces en su honor pese a la oposición de las autoridades. Poco a poco el número de cruces y el tamaño de éstas iban creciendo paulatinamente.

Sin embargo, este ejemplo de resistencia se mostró de manera más clara durante la ocupación soviética y la represión del régimen comunista hacia los cristianos. Cuando Lituania fue anexionada a la URSS la colina de las cruces ya era un lugar sagrado para los lituanos. Miles de cruces llenaban la pequeña montaña.

El odio del comunismo a la cruz

Evidentemente la Unión Soviética no podía permitir que la Cruz brillase por lo que se empeñó en destruir cualquier atisbo de cristianismo. Y esta colina representaba un desafío a su poder y un problema de orden público.

En aquel momento, la URSS deportó a una quinta parte de los lituanos a Siberia e instauró un férreo sistema ateísta que pretendía arrancar la fe del alma de este pueblo. Por ello, los lituanos se agarraron a la fe y convirtieron esta colina como un signo de su lucha por conservar lo más profundo de su ser.

Pese a la ocupación soviética y la prohibición de colocar cruces, poco a poco la colina iba teniendo cada vez más. De noche y de manera sigilosa conseguían colocarlas en aquel lugar sacro.

La KGB, irritada ante esta manifestación de fe decidió el 5 de abril de 1.961 arrasar con el lugar. Aquel día bulldozers soviéticos destruyeron todas las cruces. Las de madera fueron quemadas, las de metal se utilizaron como chatarra y las de piedra fueron troceadas y enterradas. Con esto creían que habían vencido pero se equivocaron y mucho.


Colina de las Cruces


Siempre aparecían más cruces

Para gran sorpresa de la inteligencia soviética a la mañana siguiente una especie de milagro había ocurrido. La colina volvía a amanecer repleta de cruces. Los lituanos volvieron de noche y de manera cuidadosa y sigilosa plantaron de cruces la colina.

Ni las amenazas ni las detenciones pudieron parar esta motivación de los católicos lituanos. Sin embargo, la URSS no se dio por vencida y volvió a arrasar varias veces el lugar. Pese a estar custodiado por el Ejército y agentes de KGB, la colina amanecía de nuevo repleta de cruces.

Ante estos inesperados fracasos, las autoridades soviéticas probaron con otras estratagemas. En una ocasión las destruyeron alegando la falta de valor artístico, en otras alertaron de varias epidemias en la zona que impedían acercarse a las colinas e incluso llegaron a bloquear las carreteras.

En vano. No pudieron apagar la manifestación de fe del pueblo lituano. Cada vez que las cruces eran destruidas, aparecían más; cuando el Ejército bloqueaba los accesos inexplicablemente los vecinos se las ingeniaban para introducir enormes cruces en el lugar. Incluso, la URSS en 1.978 trató de anegar de agua el lugar y hundirlo acabando así con la colina. Tampoco lo consiguieron.

La KGB se da por vencida

El culmen de esta expresión de fe se produjo en 1.979 cuando un Sacerdote se atrevió a desafiar al régimen comunista y fue en procesión hasta allí junto a toda la parroquia.

Finalmente, la KGB se dio por vencida y dejó en paz la colina de las cruces pues su odio a la fe alimentaba aún más el amor a Cristo de los lituanos. Así, el lugar descansó tranquilo hasta la caída de la URSS, lo que supuso el fin de la tiranía convirtiendo este lugar en el gran santuario de Lituania.

Miles de cruces de todos los tamaños y tipos permanecen allí. Por los mártires, por familiares, por intenciones o simplemente como agradecimiento a Dios. Las hay de todos los tipos y tamaños. Las que van de varios metros de altura a las que apenas suponen un par de centímetros.

La visita de Juan Pablo II



En 1.993 el Papa Juan Pablo II visitó este lugar y lo dio a conocer al mundo entero. Quedó impresionado por esta enorme manifestación de fe y conmovido al hallar una gran cruz clavada en 1.981, en plena dictadura, tras sufrir el atentado y que tenía inscrito: “Cristo ten piedad del Papa, Lituania te lo suplica de rodillas”.

Tras volver a Roma de este viaje dijo en la Audiencia pública que “el encuentro en la colina de las cruces fue una experiencia conmovedora. Ese lugar nos recuerda que continuamente el hombre ‘completa lo que falta a las tribulaciones de Cristo’, según las palabras de San Pablo. Después de esa visita, a todos nosotros nos parecía más clara la verdad que expresó el Concilio Vaticano II, a saber, que el hombre no puede comprenderse profundamente a sí mismo sin Cristo y sin su cruz".

Tan impresionado quedó Juan Pablo II con esta visita que un año después durante una visita a un monasterio franciscano en Italia, el Papa alentó a los hermanos a construir un monasterio en la colina de las cruces. En 2.000 quedó consagrado y allí hay ahora un Noviciado y una Casa de retiro. Además, se está preparando la instalación de un Convento de Clarisas cerca de aquel Santuario.


Javier Lozano.-





Francisco Javier de la Uz Jiménez

3 comentarios:

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Perdonarme la simpleza, pero me da que el Papa Juan Pablo II, ni era de izquierdas ni dijo nunca no ser de derechas. Ni venía al caso ni le hacía falta ninguna justificación a modo de no se sabe que.
Esperemos acontecimientos con el actual Pontífice.Espero equivocarme, pero nuestro actual Papa tiene muy contenta a nuestra progre izquierda. Al menos expectante que no es poco.Veremos.

José Antonio dijo...

La verdad es que apenas puedo contenerme por instalar aquí un comentario constructivo con el que hacer complementaria escolta a Gran Jefe Francisco Javier –presentador del artículo– y a Gran Jefe Gonzalo –comentarista que antecede–; pero resulta que, como ya he dicho en algunas veces anteriores, tengo por norma inquebrantable (en lo posible) el no comentar asuntos de pequeña política (la política de los políticos marioneta) y tampoco comentar los asuntos de teologías u opiniones religiosas que conlleven consideraciones fuera de la Auténtica Teología, la teología de inspiración sentimental divina en cada una de todas las almas creadas por Dios.

Sé que esos dos compañeros han hecho dichas aportaciones impulsados por su natural afán constructivo, tan necesario en el ámbito público en estos tiempos en los que las civilizaciones que han venido guiando los principales grupos humanos mundiales, a lo largo de muchos siglos; pues, ahora, están tales civilizaciones agotando su trágica agonía propiciada por la locura imperialista atea que se ha adueñado del, inane, poder mundial globalizador. Pero, esos dos compañeros lo han hecho con el necesario tacto para no ofender a nadie no implicado en los desmanes que se contemplan; en cambio, yo no podría comentarlos sin herir firmes y muy respetables creencias de los posibles lectores, Así, que he de abstenerme de dar mi opinión aquí.

Pero sí he de decir, que cualquier persona, sea Papa o sea cualquiera otra cosa, incluso la persona más humilde que pueda haber, cada una, “cada alma va grabando en sí misma, imborrable, su currículum vitae. Y así es como será vista ella por toda la eternidad, en presencia de Dios y de todas las demás almas”. Lo dice la Auténtica Teología.
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José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

José Antonio dijo...

Con respecto a la colina lituana de las cruces, encuentro que el relato adolece de ingenuidad. En una época en la que se deportaba a millones de personas y se arruinaban e incineraban grandes ciudades –por parte de la democrática URSS y de algunas de las demás grandes potencias ganadoras de la II Guerra Mundial, y también por parte de las democracias socialistas perdedoras de la misma guerra mundial–, me parece un imposible el que la referida colina, arrasada por orden de la KGB, fuera repoblada con otras cruces de manera humillante para la URSS y la KGB. Aunque sí considero casi seguro el que hubiera individualidades heroicas que de cuando en cuando repusieran alguna cruz, pero que ello podría costar muy caro a los autores y, en caso de no ser habidos, a simples vecinos del contorno.

En España, tenemos un impresionante campo de cruces, en Paracuellos del Jarama, que velan el reposo final de unos 16.000 asesinados en masa por los sicarios de la llamada II República. Y tenemos una impresionante cruz –quizá la cruz más impresionante del mundo–, en el Valle de los Caídos, que vela el reposo final de un alto porcentaje de los centenares de miles de caídos, de ambos bandos, en la Guerra Civil 1936-39. Y no me consta que ninguno de los Papas que han visitado zonas inmediatas haya visitado esos lugares de cruces españolas.

En la última visita efectuada por un Papa a España, éste pasó por la carretera que da acceso al monumental Valle; y, según informaciones periodísticas, su comitiva ni siquiera reduzco la alta velocidad que llevaba, con el fin de saludar caritativa o por mera cortesía a la comunidad religiosa y otros fieles católicos que respetuosos y afectivos junto a la carretera aguardaban su paso y le expresaban emocionados su filial afecto.
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