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18/11/13

La batalla de Kursk, combates “carro a carro”












Kursk, la mayor batalla de carros de combate de la historia


Carros de combate en la batalla de Kursk


Si desde la batalla de Moscú, y aún más a partir de Stalingrado, los alemanes ya no podían ganar la guerra, después de la Batalla de Kursk estaban condenados a perderla.

Tras la batalla de Stalingrado, y consecuencia de las operaciones que habían tenido lugar al final del invierno de 1.942-43, se había formado un saliente en el frente central ruso, constituyendo una bisagra entre los sectores central y meridional del inmenso frente del Este. El ataque alemán había de convertirse en una pinza cuyos brazos partirían de Orel en el norte y de Belgorod en el sur, para cerrarse en torno a Kursk, desde donde los soviéticos podrían contraatacar a los ejércitos alemanes desplegados en la zona  y profundizar aún más.

Desarrollada entre julio y agosto de 1.943 en el frente ruso, en una zona demarcada por una línea que se extendió entre el norte de Kursk y el lago Ladoga, la batalla de Kursk –denominada por los alemanes como la operación Citadelle- fue una de las más grandes de medios acorazados de la  historia militar (participaron más de 6.000 carros de combate y blindados), y constituyó el último esfuerzo de las desgastadas tropas de la Wehrmacht en su denominada guerra relámpago (Biltzkrieg), un concepto de empleo ofensivo de medios acorazados.


Mapa de guerra al iniciarse la batalla de Kursk


FUERZAS ALEMANAS

50 Divisiones.
900.000 efectivos.
Hasta 10.000 piezas de artillería y morteros.
Cerca de 2.700 carros de combate.
Más de 2.000 aviones

FUERZAS SOVIÉTICAS

1.300.000 efectivos.
Hasta 20.000 piezas de artillería.
Más de 3.500 carros de combate y cañones autopropulsados.
2.650 aviones.


Entre nubes de polvo que se alzaban hasta el cielo, la calurosa mañana del 11 de julio de 1.943 el poderoso II Cuerpo Panzer de las SS-que contaba con las dos Divisiones más temibles de la Wehrmacht, la Leibstandarte y la Das Reich- se puso de nuevo en marcha. El ataque era conducido ferozmente, como punta de lanza, por dos Divisiones de las Waffen-SS y cubriendo los flancos las dos más temibles de la Wehrmacht. Olas tras olas de aviones Stukas atacaban a los blindados soviéticos atrincherados, mientras los aviones rusos también atacaban en forma continua a los Panzer alemanes.

 La Luftwaffe y la Fuerza Aérea Roja se enfrentaron, bombardeando además las formaciones de carros de combate enemigas, cuando podían identificarlas. En el momento en que los vehículos rusos y alemanes se mezclaron de tal forma que ya no constituían blancos fijos se interrumpieron los ataques aéreos.


En esta batalla, el Ejército Rojo desplegó tal cantidad de carros de combate T-34, que los alemanes se vieron obligados a recurrir desesperadamente a la Luftwaffe. Los nuevos aviones Stuka adaptados ex profeso para la lucha anticarro, cosecharon el mayor éxito.

Un destacado piloto de Stuka, desarrolló un método casi infalible para atacar los carros enemigos, aproximándose en picado por su retaguardia y apuntando a la trasera del T-34, donde estaba el motor y el blindaje  era más fino. Los pilotos no debían “dejarse caer” hasta muy cerca del objetivo, pues corrían el riesgo de ser derribados por los fragmentos metálicos que se producían  al estallar el carro.


Avión caza alemán (Junkers Ju 87 Stuka), equipado con dos poderosos cañones  de 37 mm montados bajo cada una de sus alas.

      Enfrente los rusos planificaron en detalle su defensiva, construyendo las más poderosas defensas que jamás se han construido: conocedores por su servicio de inteligencia de las intenciones alemanas, los soviéticos habían desplegado una increíble cantidad de efectivos en un dispositivo  que alcanzaba los 300 Kms de profundidad, compuesto por nidos de ametralladoras, búnkeres, zanjas, trincheras, alambradas, artillería camuflada y lanzallamas dispuestos en ocho cinturones sucesivos. Por si esto fuera poco, los soviéticos disfrutaban de una superioridad de 3 a 1 en hombres, la misma que en medios acorazados, más del doble en artillería y disponía de muchos más aviones.

    Aquella mañana del 11 de julio los alemanes se mostraron insultantemente superiores; los Tiger destruían a más de 2 kilómetros de distancia uno tras otro a los T-34 soviéticos, y los Panzer que se recuperaban de las numerosas averías que sufrían por haber sido enviados prematuramente al combate resultaban letales. Sin embargo, cuando se encontraron al día siguiente en Prokhorovka con la mayor Unidad soviética disponible, el 5º Ejército de la Guardia de Rodmistrov, el cual se encontraba íntegro, fresco y bien pertrechado, ya que no había participado en la batalla aún, estaban en una situación de inferioridad muy marcada: 117 carros, más unos sesenta autopropulsados, contra más de seiscientos blindados soviéticos.


La táctica en “hacha” de los Panzer

Las fuerzas alemanas estaban acostumbradas a atacar las líneas enemigas con éxito, empleando carros de combate en formación estrecha y en punta, lo que les permitía desplegarse en abanico en sus famosas maniobras de cerco.

En Kursk, sin embargo, los germanos tuvieron que renunciar a esta táctica, pues los soviéticos habían reforzado la capacidad de fuego de sus blindados. Los Panzer pasaron entonces a desarrollar una nueva formación a modo de “hacha”Panzerkeile- con los Tiger estrechamente agrupados en vanguardia y los nuevos Panzer en retaguardia desplegados en abanico. El objetivo era abrir una brecha lo suficientemente ancha en las defensas enemigas para resistir los contraataques desde los flancos.






















Carro de combate alemán (Tiger I, cañones de 88 mm)


















Carro de combate alemán (Panzer III, cañones de 75 mm)


Pieza de artillería autopropulsada alemana Sd. Kfz. 124 Wespe (cañón 105 mm) daba apoyo  a las Divisiones Panzer

        Debido a una mala visibilidad por la niebla, al humo y al polvo, los carros de combate de ambos bandos se pasaron de largo sin haberse visualizado, rodeándose los unos a los otros. Las fauces del infierno parecían haberse desatado cuando unos 1.600 carros se enfrentaron en encarnizada lucha. Los combates fueron muy duros: los participantes los recordaban como “un infierno” y aseguraban que fueron unos de los peores de toda la guerra.

      Pero los carristas soviéticos, sabiendo sus Comandantes que la fuerza de penetración de largo alcance del armamento de los Panzer alemanes no suponía ventaja alguna en los combates “caro a carro” a corta distancia, se lanzaron a toda velocidad contra ellos para acortar las distancias y de esta manera poder igualar así las fuerzas. Muchos se precipitaron a una zanja anticarro de cuatro metros que ellos mismos habían abierto antes de la batalla y que, debido a las malas condiciones de visibilidad anteriormente expuestas y según algún historiador aturdidos por el vodka que consumían para entrar en combate, habían olvidado.


Carro de combate soviético (T-34)

        Los que no cayeron en la trampa y lo advirtieron giraron sobre sí mismos, causando una gran confusión en sus propias filas, estallando al chocar unos contra otros y convirtiéndose en presa fácil del enemigo. Para cuando el sol estaba en lo más alto habían perdido doscientos carros de combate a manos de los alemanes, a cambio de apenas tres Panzer. Sin embargo los soviéticos contaban con la superioridad numérica y tenían muchas unidades de reserva. Este combate en las inmediaciones de Prokhorovka duró ocho horas.

      En Moscú, Stalín estalló de rabia y solo pudo ser calmado cuando entre Rodmistrov y su Comisario político, Kruschev, se conjuraron para hacerle creer que las bajas alemanas ascendían a 400 carros. A un terrible coste, sin embargo, la resistencia soviética fue causando  mella en el atacante. Aunque el enfrentamiento blindado había sido abrumadoramente favorable a los alemanes desde el punto de vista de daños infringidos, en el conjunto del frente las defensas soviéticas habían logrado detenerlos.


Imagen nocturna de la batalla de Kursk. Foto MHR

         El día 12 de julio los Comandantes alemanes recibieron la información del desembarco angloamericano ocurrido en Sicilia, de la capitulación de los italianos y de la necesidad de movilizar las fuerzas del frente ruso para obstaculizar el avance aliado en Italia. Todo ello ocasionó que la ofensiva hacia Kursk tuviera que ser interrumpida para regresar a las posiciones de partida. El Ejército soviético lanzó a continuación una abrumadora ofensiva contra los germanos, obligándoles a retroceder hasta el Dniéper. 

En Kursk, Stalin tomó la iniciativa estratégica y completó lo iniciado en Stalingrado. Quedaba invalidado el mito propagandístico alemán acerca de la naturaleza “estacional” de la táctica soviética, según la cual, el Ejército Rojo sólo estaba capacitado para atacar en invierno.

       Las bajas de la Wehrmacht eran muy inferiores a las soviéticas. Entre el 5 de julio y el 31 de agosto de 1.943, Moscú lamentaba una gigantesca hemorragia de casi un millón de hombres mientras que los alemanes habían perdido diez veces menos; parecida proporción en cuanto a carros de combate, cerca de 3.000 frente a 750 germanos; 2.000 aviones por 524 de los alemanes, y ocho veces más piezas de artillería. (Según que fuentes históricas se revisen, en algunas no coinciden exactamente estas cifras).

       Pero mientras los soviéticos podían reemplazarlas, los alemanes no. Lo que sucedió en la batalla de Kursk marcó un cambio definitivo en el curso de la guerra. Tuvo más repercusión que las batallas de Moscú y Stalingrado, significando la pérdida total de la iniciativa, por parte de Alemania, debiendo iniciar una retirada, que terminó finalmente en Berlín. La Wehrmacht nunca más emprendería una ofensiva de envergadura en el frente del Este. Militarmente hablando, los días del Tercer Reich estaban contados.

Al concluir la lucha, las gravísimas pérdidas de los alemanes eran el fruto amargo de la “última batalla por la victoria”, como fue calificada por sus Generales.




Francisco Javier de la Uz Jiménez



Fuentes consultadas.-

La Gaceta.- Fernando Paz 

La II Guerra Mundial.- Fascículos ABC


La II Guerra Mundial. Editorial planeta S.A.- Raymond Cartier.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Javier,

dos precisiones sin gran importancia,...
El PZ III, en aquella epoca, montaba un canon de 50 mm. Solo alguno llego a montar un canon de 75, en algun momento. El canon de 75 era el armamento esencial del Pz IV, algunos de los cuales los tuvimos en Espana.
El O. ATP que has fotografiado es el WESPE, con un obus de 105, no de 150
Y aunque no lo dices, el T-34 lo habia en dos versiones, una, la de tu foto, es con canon de 76 mm y la de la foto en combate nocturno, son T-34 con canon de 85 mm
Pero, como digo, eso son detalles sin gran importancia.
Muy buen articulo, un abrazo

Antonio J. Candil

Javier de la Uz dijo...

Mi Coronel, muchas gracias por las precisiones aportadas al artículo sobre los carros alemanes, rusos y autopropulsados. Nos sirven a los que estamos menos puestos en estos temas, para aprender un poco más de lo poco que se puede descubrir leyendo sobre ello, y que es difícil que los diversos autores se pongan de acuerdo, no sólo en el tipo de armamento, sino también en el número.

Según he leído, el Panzer III en el año 1.941, tenía un cañón de 50 mm y en el año 1.943, ya disponía del de 75 mm, aunque como muy bien dices, ese sería el Panzer IV.

El O. ATP Wespe, efectivamente es del 105 y no del 150 como equivocadamente he descrito, pero te repito, las inexactitudes de los diversos autores que he leído, me llevaron a ese error.

Un fuerte abrazo y a la orden
Javier de la Uz

José Antonio dijo...

De nuevo, Gran Jefe Teniente Coronel Francisco Javier de la Uz Jiménez nos presenta una magistral monografía que ha elaborado él, con las características de conveniente brevedad, claridad y fiabilidad objetiva que caracterizan todas sus aportaciones a este nuestro blog; características que tanto son de agradecer en estos tiempos en los que, los múltiples requerimientos de hasta la más simple supervivencia en medio de la complejidad de esta abigarrada convivencia ciudadana moderna, nos consienten escasos minutos para nuestra libre disposición. Con ese trabajo dedicado a la que fue una de las grandes batallas de la II G. M., la batalla de Kursk, Francisco Javier nos proporciona una idea recordatoria general de aquel penoso acontecimiento que no deja indiferente a nadie. Así, los aficionados a la estrategia bélica, harán nuevas conjeturas de lo que hubiera podido hacerse por unos y por otros; los interesados en temas armamentísticos industriales, se volverán a maravillar de la inmensa cantidad producida y acumulada previamente, y, luego, destruida durante tan sólo dos meses; los atentos a los derechos humanos volverán a sobrecogerse al repasar la enormidad de las cifras de bajas irrecuperables habidas en ese tan corto espacio de tiempo; los interesados en obtener consecuencias de aplicación militar, analizarán la moral y la instrucción de las tropas, y las características de los medios y recursos empleados; etc., etc. Y los interesados en los temas de la alta política que llevaron a la preparación y el desarrollo de aquella guerra mundial que había de dejar inerme, en manos del encubierto imperialismo globalizador, a toda la población mundial; pues tales interesados (como es mi caso), seguiremos haciendo nuestras permanentes conjeturas, conscientes de su inutilidad, porque es imposible que alguien ajeno nos crea.

Y como a mí me has proporcionado un buen rato e lustración, te lo agradezco y te felicito por tan excelente trabajo, Francisco Javier; veré qué pueda añadir. Un fuerte abrazo legionario y a tus órdenes, mi Tte. Col.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

Anónimo dijo...

Gracias a ti, Javier,

Y sobre todo por considerar mis sugerencias.
Ya que precisamos, te preciso aun mas, tras consultar mis propios archivos.
Fue en 1944 cuando un determinado numero de Panzer III fueron dotados con canon de 75 mm pero se les doto con el canon 75 L 24 corto, el mismo que armaba al Pz IV en 1939. La torre del Pz III con el jefe de carro en posicion central no admitia el retroceso del canon largo de 75 del Panzer IV de 1943.
El canon largo de 50 mm del Pz III era excelente y podia perforar al T-34 en determinados puntos, y por supuesto al Sherman norteamericano, pero el blindaje del Pz III ya habia quedado superado. Inicialmente en 1939-1940 los Pz III montaban un canon de 37 mm que pronto resulto obsoleto.
Las piezas ATP Wespe iban sobre el chasis del carro ligero Pz II.

Un abrazo

Antonio J. Candil