ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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11/11/13

FIGURA DEL AUDITOR


CUATROCIENTOS AÑOS

 
DE LA FIGURA DEL AUDITOR EN EL ORDENAMIENTO JURÍDICO MILITAR DE ESPAÑA

 
(1587-1987)

IN MEMORIAM



A la memoria del Excmo. Sr. DON RAFAEL DIAZ-LLANOS Y LECUONA, Doctor en Derecho y en Ciencias Económicas; Coronel Auditor. Primer Presidente del Colegio Nacional de Economistas, Consejero de Economía Nacional y Procurador en Cortes. En reconocimiento sincero por la valiosa ayuda que me prestó en la Instrucción de Procedimientos Judiciales el contenido de su texto “COMENTARIOS AL CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR, DE 17 DE JULIO DE 1945”, junto a su importante y documentado ANEXO DE FORMULARIOS, para Jueces, Secretarios y Defensores Militares. Con el recuerdo y la gratitud más profunda del Autor. 









 


Cuatro siglos contemplan la figura del Auditor en el Ordenamiento Jurídico Militar de España. Su creación se remonta al año 1587 en las “Primeras Ordenanzas de Flandes”, dadas por Alejandro Farnesio el 13 de Mayo de ese año y su prestigio y la solera jurídica acumulada con el paso de los años se ha mantenido en el tiempo y ha llegado hasta nuestros mismos días.  



El Diccionario de Almirante define al Auditor como “Juez de letras, que conoce las causas  del Fuero Militar en primera instancia “; reflejando también que “Para decidir y determinar los casos civiles y criminales que se requieren en términos y decreto de ley, deben tener los Maestres de Campo asesores, como en España los Corregidores o Gobernadores que no son letrados, y con consulta de los tales asesores, que entre nosotros se dicen “Auditores”. A este mismo tenor, Don Sancho de Londoño, en su importante tratado “ Sobre la forma de reducir la disciplina militar a mejor y antiguo estado”nos dice: “Que los Maestres de Campo deben ser jueces de sus Tercios y en nombre de ellos se deben pronunciar las sentencias, refiriéndose en ellas que se dan con consulta de sus asesores que han de suscribir debajo, con autoridad de Notarios o Escribanos Públicos que los Auditores deben tener”.  El  tratadista militar Bart Scarión, en su “Doctrina Militar” (folio 106)  a este respecto afirma : “Los Auditores de Tercio deben ser muy buenos letrados , y para auxiliarles en su oficio, el Rey les paga un Alguacil y un Escribano, el cual puede hacer cualquier género de instrumentos, escrituras públicas y testamentos”. Finalmente concluye: “ El Auditor General debe andar siempre donde va la persona de su General”.



Queda pues patente que son los altos Jefes Militares, doctos en el Arte de la Guerra, pero legos en materias jurídico-procedimentales, los que reclaman la presencia del Auditor, tanto por la necesidad de verse asistidos en su gran responsabilidad de conciencia, como por la precisión de disponer de persona muy versada en la Ciencia Jurídica.



En las “Primeras de Flandes”se configura el oficio de Auditor General como “muy preeminente y de mucha importancia, porque es la persona sobre la que el Capitán General descarga todos los negocios de Justicia”, para, a continuación, subrayar su autoridad al decir “ que ninguna persona de cualquier condición o calidad que sea de este Exército, le contradiga –fuera del Maestre de Campo General-  sino que le presten asistencia y favor, so pena de caer en desgracia del Rey Nuestro Señor, por lo cual le hemos dado todo el poder y autoridad que tenemos de Su Majestad en las cosas de Justicia”.



Pero la elevada figura del Auditor, aún siendo muchas las expresadas atribuciones de auxiliar y completar la potestad jurídica de los Generales y Jefes Superiores del Ejército y la Armada, no se limitaban a eso sólo, sino que tenían también una función asesora de marcado carácter internacionalista, pues había que hacer frente al enemigo, no sólo con las fuerza de las armas, sino también con el derecho y la justicia.  No se trataba pues de imponer por la fuerza la voluntad de los Generales, en nombre de la Corona, sino que al tiempo de instalar nuestras banderas en la tierra conquistada, España, llevaba también impreso en esas banderas con caracteres indeleble, la racionalidad, la justicia y el derecho.



Esta duplicidad de funciones convierte al Auditor en algo esencial e insustituible para al mando Por eso no nos puede sorprender que el mando militar se sintiera “en gran soledad y viviera en gran preocupación”cuando no tenía junto a él a su Auditor, y que fuera el propio Duque de Alba quien, durante la campaña de Flandes, enviara una carta a Felipe II, suplicándole: “Señor, mandadme presto un Auditor, que estoy manquísimo sin él”.



En lo que respecta a las “Terceras Ordenanzas de Flandes”, dictadas por Felipe V el 18 de Diciembre de 1701, y por las que se creaba en el Ejército Español, el denominado “Consejo de Guerra”, surgió la duda razonable de que su creación pudiese llegar a eclipsar, de algún modo, una figura de tanto abolengo histórico como la del Auditor Militar. Sin embargo no fue así y tal cosa no aconteció, toda vez que ese entendido cambio tuvo un carácter mas nominal que efectivo, pues el Auditor no dejó nunca de tener un papel preponderante en la actividad jurisdiccional militar, aunque dejara de tener, eso sí,  algunas atribuciones, como las “internacionalistas”, ya imposible de desempeñar cuando el Auditor no residía fuera de nuestro suelo, y ya España había replegado sus banderas con honor, desde muchas ciudades europeas que conformaban el Imperio, a los lares del siempre noble y sagrado solar patrio.




 


En la regulación legal – incluso en el Código de Justicia Militar de 1945- se observa  que es en el Auditor en quien reside verdaderamente la “Jurisdicción” en “autoridad bicéfala” (como dice el tratadista Rojas) con la del Capitán General.  En efecto, la autoridad jurisdiccional no es propiamente del Consejo de Guerra; basta con examinar las amplísimas funciones que la Autoridad Judicial Militar tiene desde la iniciación del procedimiento hasta el cumplimiento de la sentencia.  Porque, si bien se mira, el Consejo de Guerra no tuvo nunca, en plenitud, la facultad de “juzgar y ejecutar lo juzgado”, esencia fundamental de la actividad judicial, que no correspondía al Consejo de Guerra, por muy Tribunal que fuera, y aunque la ley le diera ese nombre.





Salvo en el caso del Consejo Supremo de Justicia Militar, cuya sentencia – en los supuestos que le venían atribuidas en única instancia- era firme “per se”, sin necesidad de requisitos adicionales que completaran el pronunciamiento, la resolución del Consejo de Guerra pendía de la aprobación del Capitán General de conformidad con el Dictamen de su Auditor. Es decir, que la sentencia que pronunciaba ese “Consejo-Tribunal “, mas que una sentencia, en su propio significado, era mas bien “un proyecto de sentencia”, muy diferente de las que se dictaban en otros Órganos Jurisdiccionales, siempre bastantes y suficientes, per sé, para su ejecución, tan pronto como ganaran firmeza, bien por no ser recurridas, bien por ser confirmadas, luego de recurridas.

 


 

Desde la codificación militar hasta el año 1987, en que se promulgó la Ley Orgánica 4/87, de 15 de Julio , que abolió el Código de Justicia Militar de 1945,  las sentencias del Consejo de Guerra eran, podíamos decir, como una tercera parte de una sentencia, toda vez que tal documento –efectivamente básico y punto de partida- precisaba necesariamente, y como hemos venido significando, de otros dos documentos: El Dictamen del Auditor  y el Decreto de aprobación del Capitán General.   Hasta que no se cumplimentaran estas dos exigencias la sentencia del Consejo de Guerra no pasaba de ser una simple “propuesta de sentencia”, cuyo título, para ser efectivo y ejecutable precisaba de los dos superiores requisitos antedichos.  En el supuesto, de que el Capitán General se manifestase disconforme con el “Dictamen” de su Auditor, podría ordenar la devolución de la Sentencia al Consejo para nuevo estudio, o bien elevarla en superior instancia al Consejo Supremo de Justicia Militar, que resolvería en definitiva.



Por cuanto hemos dejado consignado en las líneas que anteceden, creemos poder estar en condiciones de afirmar, que desde que se crean los ejércitos permanentes en España, dando lugar con ello al nacimiento de   la Jurisdicción Militar, es el Auditor, sin ningún género de dudas, la figura central  y preeminente de ella. A este tenor, la Constitución Española de 1978 y las leyes que la siguieron, reestucturadoras del nuevo Derecho Militar en España, ponían fin a un sistema jurisdiccional castrense mantenido exactamente durante cuatro siglos.  Desaparecidas hoy las Capitanías Generales y las funciones de justicia que tenían encomendadas los Tenientes Generales que desempeñaban tan elevado cargo, las funciones del Auditor , que obviamente, aún siguen siendo importantes ,han perdido ,sin embargo, algo del rango y la preeminencia que la legislación anterior le otorgaba.



Dos fechas: 1587, con la aparición de “Las Primeras de Flandes”que crea su figura, y 1987, con la “Ley de Competencia y Organización de la Jurisdicción Militar Española” (La LOCOM), marcarán el cenit y el ocaso del Auditor, importante personaje, como ha quedado demostrado, de nuestra Organización Militar. En su virtud, y en justo homenaje a esos cuatro siglos de relevantes servicios al Ejército y a España, el autor , modesto Oficial de Complemento, que en tantas ocasiones, y durante su servicio militar activo,  se honró con el desempeño de cargos  relacionados con la Justicia Militar, quisiera hacer patente,  que siempre encontré abiertas de par en par las puertas del despacho de los  distintos Auditores Militares, cuando, mas de una vez,  acudí a pedirles consejo y asesoramiento, en la tramitación de algún procedimiento de especial complejidad. Por ello, a través de las presentes y emocionadas líneas, quiero rendirles el testimonio sincero de mi afecto, gratitud y respeto. 
 
 
Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ
Comandante de Infantería
Economista y Profesor Mercantil

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi querido Comandante:
En primer lugar, quisiera felicitarte por tu cumpleaños.
"No voy a citar tu edad", pero si diré que tu cuna fue Códoba, y tu nombre de raiz, abuelo y padre.
Francisco Ángel.

Como diría el poeta:

La cruz y la media luna, se funden en su alborada.
Naciste cara al cielo,
en ese hermoso lugar de España.

Tu artículo, dedicado a la profesión militar. (Auditor Juez Togado).
Haces una reseña amplia e histórica de esta especialidad dentro de los ejércitos.
Como es de suponer, para los empleos dentro esta profesión, les será de interés tu relato, para los no jurídicos, apreciamos tu labor exhaustiva que realizas en tus investigaciones...y no dejas de sorprendernos en tu cotidiana labor investigativa, sea cual sea el tema del que trates.

Cuatrocientos años de historia, dan buena cuenta de las raices de esta especialidad dentro de los ejércitos, y el paso de los años,
solera y prestigio...

Tengo el honor de conocer y honrarme con su amistad, el Tte Coronel,Juez Auditor Togado de Málaga.
Hombre pleno de virtudes, y por lo que aquí se dice de él, una gran persona.

Para conocimiento de tus lectores diré, que el Comandante, D.Francisco Ángel Cañete Páez, formó parte de tan honrosa profesión.

Con un fuerte abrazo.
Salvador Soria Soria.
Alférez de Infantería, (IPS).
Legionario de Honor.

José Antonio dijo...

Una muy interesante y aleccionadora recopilación histórica relativa a la figura del Auditor militar, esta que ha elaborado y nos presenta nuestro entrañable compañero, Tte. Col. F. Á. Cañete. Dentro de su habitual estilo magistral, tan conocido y estimado por los lectores asiduos, Francisco Ángel nos proporciona lo que podríamos decir “la definición del cargo de auditor militar”, y lo hace de manera clara, completa y breve. Lo cual es muy de agradecer por parte de quienes ambicionamos llegar a poseer una satisfactoria cultura general militar.

Por lo que a mí respecta, su lectura me ha traído muchos y ya muy antiguos recuerdos de mis intervenciones como juez instructor, como vocal en consejos de guerra o como defensor. Recuerdos que me hablan de mucha preocupación por desempeñar de modo idóneo esos cargos que nunca eran solicitados con especial interés por quienes nos autocalificábamos de “militares de campo”, dado el carácter especialista de aquellos y la trascendencia que un buen o un mal desempeño pudiera conllevar para la persona sujeto del procedimiento, y para la tranquilidad de conciencia y el prestigio personal del ejerciente. Mi estreno como juez instructor, tuvo lugar en Smara (Sahara O. E.), a comienzos de 1963, siendo muy moderno teniente. Se trataba de un presunto delito de sedición cometido por un grupo de soldados corrigendos del Batallón Disciplinario de Cabrerizas, después de que otro soldado causase la muerte al Capitán músico del III Tercio de la Legión y a su esposa (como ya hace unos meses relaté, en páginas anteriores). El asunto era demasiado complejo para mis posibilidades iniciales; creo que preguntaba a todos los compañeros y superiores de aquella aislada guarnición, “a ver cómo tenía que empezar”; y también recordé que mi padre tenía en casa un voluminoso ejemplar de un Mentor Judicial (Guía teórico práctica), compuesto por un capitán de la Guardia Civil, para la resolución de asuntos militares, me lo envió y fue mi salvación.

Francisco Ángel, te felicito entusiasta por lo meritorio de tu trabajo,

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Muchísimas gracias, mi Coronel, por tus siempre valiosos Comentarios a mis artículos, para esta "Fortaleza Inexpugnable de amor y servicio a España" cual es "Cajón de Sastre" de este prestigioso blog del Club de los Poetas Muertos, donde su Administrador me tiene acogido con su especial benevolencia. Gracias de nuevo, querido José Antonio, y siempre a tus órdenes. Fuerte abrazo de tu amigo y subordinado, Francisco Ángel.

jabu.59 dijo...

Mi querido y estimado Cte, amigo Paco:
En un principio felicitarte por tu reciente cumpleaños, aunque ya lo hice por teléfono, pero quiero desde este "Magnifico Blog" hacerlo de nuevo patente.
Nos encontramos con un nuevo articulo del Maestro, esta vez glosando la figura del antiquísimo "Auditor Militar" es un trabajo muy bien redactado, tanto en su cronológica histórica, como en parte de carácter gráfico. Ni que decir tiene que has estado soberbio como es tu fino estilo, al que siempre nos tienes acostumbrado. Solo me queda darte mi mas sincera enhorabuena por tu articulo, y no dejes nunca de deleitarnos con los mismos, lo dice un incondicional seguidor. Y no quisiera cerrar este modesto comentario con una cita."Si de tu oro el sol es garantía,el rojo de la dos franjas restantes lo garantiza tu fiel Infantería, mientras nos quede sangre“ Academia de Infantería de Toledo. Fin de la cita.
Un fuerte abrazo Maestro y reitero mi enhorabuena. Jose Antonio.
P.D. Recuerda una cosa que si al 73 le mandas media vuelta se puede quedar en 37, el cumplir años no te hace mayor, lo que le tiene que hacer joven a una persona es el espíritu y tu lo tienes ALTO y JOVEN. Un fuerte abrazo.

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Querido José Antonio: Muchas gracias por tu cariñoso Comentario y por la felicitación de mi cumpleaños. Sabes que siempre serás mi alumno preferido. Emotivo también, el cuarteto de la Fiel Infantería, pero, querido José Antonio, permíteme que te diga que has dejado inacabado el cuarto verso del cuarteto que dice: " Mientras le quede una gota de sangre a tus Infantes".

Juan Garrido dijo...

Mi querido Comandante, es todo un lujo poder disfrutar de sus distintos trabajos literarios y gozar de sus siempre esperados artículos que gentilmente nos ofrece a sus incondicionales seguidores. En este de hoy es un trabajo de tiralíneas, nos ha dibujado de una manera muy clara y documentada la figura indispensable del Auditor en el Ordenamiento Jurídico Militar, los que tenemos la gran suerte de encontrarnos en el entorno de amigos más cercanos sabemos de su trayectoria como Juez Militar y Defensor de Oficio, por eso sabemos de su buen hacer en los múltiples destinos que ha tenido y habiendo desarrollado su trabajo de una manera brillantísima. Mi querido amigo, no estaba enterado que la figura del Auditor databa desde hace cuatro siglos y las “Terceras Ordenanzas de Flandes” dictada por Felipe V en 1701, por lo que fue creado en nuestro Ejército el denominado “consejo de Guerra”. Muy significativos los documentos que ha adjuntado, la Heráldica del Cuerpo Jurídico Militar, Comentarios al Código Penal y el Boletín de Justicia Militar de 1896. Mi Comandante, muchas gracias por deleitarnos con este excelente trabajo. Reciba un fuerte Abrazo, su antiguo subordinado, Juan Garrido.