ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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5/11/13

EN SOCORRO DE MELILLA







Dejamos el campamento de Robba-Gozal antes de amanecer y emprendimos la marcha, con incertidumbre. Algo se susurraba. "Vais a Melilla... ", decían, sin saber de dónde salía la noticia. A unos cuantos kilómetros de marcha nos alcanzó nuestro General Manzano, quien nos invitó a seguir en su automóvil. Dejamos a Franco con su Bandera. El General, veterano soldado de admirable corazón, iba preocupado; nada nos dijo, nada le dijimos. El automóvil corría, y así llegamos a Ceuta.
Apenas habíamos andado unos pasos, encontramos al heroico General Sanjurjo que nos dice: "Salimos con una columna de socorro a Melilla; venís: Santiago y los legionarios con dos Banderas, una batería, ingenieros y transportes de Intendencia... Silvestre se ha suicidado". 
¡En socorro de Melilla! ¡En socorro! Era el fundamento de nuestro credo legionario. ¡El espíritu de compañerismo, el espíritu de amistad, el espíritu de unión y socorro, el espíritu de acudir al fuego, el espíritu de combate! ¡Había sonado la hora de la prueba! Franco llegó a Ceuta con su Bandera, después de dos jornadas inenarrables por su resistencia. Nada les detuvo. En Tetuán, a su paso, supieron la verdad de la catástrofe .Aquella noticia fue el estimulante para llegar; nadie miró los kilómetros, ni pensó en el descanso. Había que llegar a Ceuta para embarcar... ¡Llamaban a la Legión! Fontanés acudió igualmente con su 2ª bandera desde el Zoko de Beni-Arós, sin dar respiro a los legionarios. El día 23 las dos Banderas se reunieron ante el cuartel del Rey. Formaron el cuadro, y el Teniente Coronel les dijo: "¡Legionarios! De Melilla nos llaman en su socorro. Ha llegado la hora de los legionarios. La situación allá es grave; quizá en esta empresa tengamos todos que morir. ¡Legionarios!, si hay alguno que no quiera venir con nosotros, que salga de la fila, que se marche; queda licenciado ahora mismo... Legionarios, ahora, jurad: ¿Juráis todos morir, si es preciso, en socorro de Melilla? ..." "Sí, juramos" -contestaron estoicamente-. "¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!" -gritaron, levantando los chambergos en el aire. Y emprendimos la marcha hacia el muelle, desfilando a los alegres sones de La Madelón. Recorrido un extenso itinerario, dando el adiós a Ceuta, llegamos al muelle, en donde aguardaba, impaciente, el Ciudad de Cádiz, el trasatlántico vetusto, pero gallardo, que nos había de conducir. El General Manzano subió a bordo, acompañando a nuestro invicto Sanjurjo, y desde el puente dirigió una cálida arenga, dándonos a conocer la importancia de nuestra expedición. Sonó la Marcha Real, que escuchamos solemnemente; después la de infantes, como honor del General, y el barco zarpó para Melilla. Eran las ocho de la tarde del día 23 de julio de 1921. En aquel vapor no iba más que la Legión; al día siguiente vendrían los restantes de nuestra columna. Dejamos muy atrás a Ceuta; llegó la noche; dormimos. El viaje se deslizaba tranquilo. A la mañana siguiente, a las once, el General Sanjurjo nos dice: "Acabo de recibir un radio en el que el Alto Comisario ordena que forcemos la marcha". Hicimos el natural comentario en aquellos momentos, dando la importancia que tenía. El "forzad la marcha" era señal cierta de grave peligro. Pasado algún tiempo, el General nos muestra otros radios, en los que se insistía en el apremio. No había duda: la situación se había empeorado considerablemente.

El vapor forzó sus máquinas. Todos empujábamos a la hélice mentalmente. Teníamos ansiedad por llegar. Ya se divisa Melilla; los prismáticos la acercan, las figuras se van destacando; el muelle se ve ocupado por la muchedumbre. El vapor acorta su marcha. Arría una escala y por ella sube el Comandante del Cañonero Bonifaz, Don Juan Cervera, que era nuestro compañero de las operaciones de Gomara, y a quien los legionarios queríamos fraternalmente. Le acompañaban unos Oficiales. Nos saludan, les preguntamos y nos cuentan toda la realidad. Detrás de él sube a bordo el Ayudante de campo del Alto Comisario, el Comandante de Infantería, nuestro compañero Juan Sánchez Delgado. Habla con el General Sanjurjo y después se dirige a nosotros, y nos dice: "Acabo de hablar con el General Sanjurjo y tengo su venia para trasmitirte esta orden: El General, Alto Comisario, me encarga que te diga que la población de Melilla atraviesa un momento de pánico. Es preciso elevar su espíritu y para ello harás cuanto te sugiera tu patriotismo". Luego supimos que estaban en un estado de enorme depresión los melillenses, que habían perdido por completo la tranquilidad y que las turbas corrían alocadas y hasta habían pretendido asesinar a un Oficial de la Compañía de mar, dándole una puñalada, sin poder precisar la razón... Era el pánico, que cundía rápidamente. El Ciudad de Cádiz se había empavesado con los legionarios subidos a los palos hasta en los topes. Con los sombreros en alto y agitando las Banderas, que flameaban juntamente con los banderines de las compañías, saludaban a Melilla, dando vivas a la Legión y cantaron los Himnos, acompañados por nuestra banda de música. El barco maniobraba lentamente para atracar. En el muelle estaba todo Melilla, todo el que se había atrevido a salir de su casa, todo el que esperaba su salvación en el mar. Con la angustia pintada en los rostros y la ansiedad en los ademanes. Ya estamos a la voz.


Pedimos permiso a nuestro General. Hacemos cesar la música y los vivas, trepamos a una borda, y de pie sobre ella, decimos: "Melillenses: os saludamos. Es la Legión, que viene a salvaros; nada temáis; nuestras vidas os lo garantizan. Manda la expedición el más bravo y heroico General del Ejército español: el General Sanjurjo. Vienen detrás de nosotros los Regulares de Ceuta, con el laureado Teniente Coronel González Tablas y Artillería de montaña, ingenieros y fuerzas de Intendencia.¡¡Melillenses!!: los legionarios, y todos, venimos dispuestos a morir por vosotros. Ya no hay peligro. ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva Melilla!" Los vivas atronaron el espacio; los aplausos estallaron arrebatados, sonoros, repiqueteantes; los pañuelos y los sombreros los agitaron en el aire... El barco se unía a tierra... Melilla aplaudía y aplaudía cada vez que nos movíamos... Aplaudían sin cesar y sin cansarse. El General nos manda saltar a tierra. Los legionarios se lanzan a la carrera a las planchas de desembarco. Bajan, forman en silencio y ordenadamente. Las Banderas ocupan sus puestos, y antes de desfilar se ejecutan varios movimientos a la voz de mando, en orden cerrado, con los fusiles sobre el hombro. Todos nos abrazan emocionados; todos quieren apretarnos la mano; todos nos cuentan atropelladamente lo que les ocurre. Nos desasimos y con las Banderas de la Legión en cabeza; la música, entonando los himnos, coreados por los legionarios, atravesamos las calles de Melilla para desfilar por delante de la Comandancia al grito de ¡Viva el General Silvestre! Honor póstumo que hacían los legionarios a su Comandante General y grito de guerra y de venganza.

José Millán-Astray Terreros
Fundador y Primer Jefe del Tercio
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NOTA ampliatoria:

– El último telegrama que remitió el Comandante General de Melilla, Fernández Silvestre, desde Annual, a las 05 horas del día 22-07-1921, dirigido al Ministro de la Guerra, decía: “Por lectura de su telegrama relativo a requisa de barcos en Cádiz para envío fuerzas de Tetuán, me hace suponer no he acertado a dar a V. E., idea exacta situación en que se hallan mis fuerzas en Annual, constantemente hostilizadas aguadas que habrán de ser sangrientas, cortada por el enemigo mi línea de abastecimientos y de evacuación de bajas, no disponiendo de municiones más que para un combate, y comprometer mis soldados con todas consecuencias, procede determinaciones urgentísimas que tomaré aceptando toda responsabilidad, teniendo, en principio, idea de retirarme a las líneas de Ben Tieb-Beni Said, recogiendo antes posiciones que me sea posible, en donde esperaré los refuerzos que V. E., me envíe, siendo punto de desembarque de ellos Melilla.”




– En telegrama transmitido las 17,50 horas de aquel mismo día, 22-07-1921, dirigido al Alto Comisario, por el Jefe del Estado Mayor de la Comandancia General de Melilla, se informaba así: “Tengo el sentimiento de participar a V. E., que, según me comunica hijo del Comandante General, acaba su padre General Silvestre de suicidarse al evacuar campamento de Annual. Juzgo del todo indispensable y urgentísima su presencia en esta plaza por situación dificilísima.

                                                                           José Antonio Chamorro Manzano

                                                                                  XVI Promoción A G M

7 comentarios:

José Antonio dijo...

No sé si es procedente o no, el que yo lo recuerde ahora como modelo para ocasional contraste que en algún momento pudiera hacerse necesario; mas, es justo sea siempre al universo notorio, que los poetas de Cajón de Sastre, en buena o mala fortuna y en todo posible estado, permanente o transitorio, constituimos un ejemplar equipo de caballeros que, de manera altruista y conscientes de que todo que perder y nada que ganar tenemos –al menos, desde que a la venerable situación de reserva o de retiro militar accedemos–; constituimos (repito) un equipo que defender la verdad de la Historia militar de España con toda fidelidad nos proponemos y que a ello de igual modo nos atenemos.

Ese improvisado preámbulo viene al caso actual porque, en justicia, estoy en deuda con Gran Jefe Coronel Gonzalo, en relación con el artículo que comentamos; no sólo porque su conocida condición de notable melillense de pro haya suscitado en mí la publicación de ese tema, sino también porque la ilustración fotográfica es obra suya y la corrección de mis involuntarias erratas también es debida a él. Pero, como además, su caballerosa modestia le impide acceder a que su nombre figure junto al mío, en la firma, pues yo pago en alguna medida mi deuda para con él, haciendo constar aquí todo ello.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

Jose V. Ruiz De Eguílaz y Mondría dijo...

En la situación del General Silvestre queda bien plasmada, en mi opinión, la tantas veces nombrada y nunca bien ponderada, soledad del mando.

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Mi querido coronel y amigo José Antonio: Para los amantes de La Legión y de su gloriosa historia, reviste un verdadero placer la lectura de tus documentados artículos, en los respiras tu profundo amor a España y a nuestra querida Legión. Las Reales Ordenes que transcribes con la relación del personal destinado al recién constituido Tercio de Extranjeros, vienen a configurar una primera y primordial "Lista de Revista" del Tercio. En cuanto la contribución de La Legión en la defensa de Melilla, en aquellos días difíciles de Julio de 1921, fue importantísima según ha quedado sobradamente demostrado. Gracias mi Coronel, por tus muy documentados y emotivos artículos, de cuyas fuentes bebemos todos los que amamos a nuestra gloriosa Legión. Quedo a tus órdenes con un fuerte abrazo. Francisco Ángel.

José Antonio dijo...

Nuestro General (Gran Jefe Chevi Sr.) Jefe de esta inexpugnable fortaleza (Cajón de Sastre) defensora de la verdad de España, entiende mejor que cualquiera de nosotros subordinados poetas (en general) el sentimiento de soledad que afecta al mando independiente, en proporción a la gravedad de cada situación. El caso de Fernández Silvestre es de los más dramáticos que pueden darse en el Ejército español; un ejército rebosante de casos similares (Coronel Moscardó, Alcázar de Toledo; Coronel Aranda, Oviedo; Capitán Cortés, Santuario de la V. de la Cabeza; etc., etc.) Y es que creo yo que desde que él se hizo cargo de la Comandancia G. de Melilla, 16 meses antes del desastre, estuvo percatándose de la trampa en que estaba metido y estuvo temiéndose un fracaso como el que acabó ocurriendo. A ver si no:

- El Coronel Gregorio Morales, jefe de la Oficina de Asuntos Indígenas, le informaba puntualmente de los manejos de los agentes subversivos al servicio del Gobierno de Francia, para ir creando el ejército que había de encabezar Abd el Krim. Sus correspondientes informes eran ignorados por el Gobierno de España (infiltrado por la masonería y coaccionado por gobiernos extranjeros y por los partidos políticos antinacionales de casa).

- El Estado Mayor de la Capitanía G., le informaba puntualmente de las determinantes carencias de hombres para completar las plantillas de las insuficientes unidades disponibles, y de las determinantes carencias de armamento y medios de todo tipo. Carencias que el Gobierno y el alto mando militar no remediaban. Por ejemplo, recién tomada posesión de la Capitanía, informó él de, entre otras, las siguientes carencias de ganado: 646 caballos y 302 mulos.

- Sin embargo, desde las instancias superiores se le incitaba a ampliar el terreno ocupado, incluyendo la cabila de Beni Urriaguel.

Luego, después de una paz paradisiaca de muchos meses en los que no se oyó ni un solo tiro en todo el territorio, y cuando más indefensas estaban las unidades por haberse licenciado un reemplazo de veteranos y estar recién incorporados los soldados que acababan de salir de los campamentos de instrucción de reclutas, y también por tener un turno en permisos de verano, el Gobierno de Francia ordenó la concentración del ejército que encabezaría Abd el Krim auxiliado por un estado mayor mercenario de militares europeos, y ordenó el ataque que sería imparable.

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Cuatro años después del desastre, los franceses tuvieron su propio Annual. En terreno mucho menos abrupto, con un numerosísimo, moderno y bien armado Ejército recibieron una paliza por los rifeños de Abd el Krim. Eso sí, los franceses, tan chauvinistas ellos, se las ingeniaron para que no trascendiera a la prensa mundial.
A partir de ahí colaboraron y se unieron al Desembarco de Alhucemas acción modelo de estrategia conjunto-combinada cuyo peso, en cuanto a planificación y ejecución, lo llevaron las fuerzas españolas.

José Antonio dijo...

Francisco Ángel, mi querido Tte. Coronel y amigo compañero: Como siempre, el equipo de poetas de la plantilla de nuestra inexpugnable fortaleza Cajón de Sastre funciona a la perfección –“como un reloj suizo”, que se decía en los tiempos heroicos de la posguerra– o mejor dicho –“como el Estado nacional que presidió Francisco Franco, 1936-1975”, que en mi opinión funcionaba mejor que un reloj suizo, incluido el que me trajeron los Reyes Magos cuando iba yo a cumplir los trece años–. La primera prueba de que nuestro equipo funciona, es que cuando un poeta inicia una obra –en mi caso actual, poniendo “un granito de arena”– seguidamente llegan otros poetas que incorporáis desde necesarios “granitos” hasta verdaderos “bloques modulares” y vuestro más animoso apoyo. Muchas gracias, por la compañía que me haces; que no la aprovecho para envanecerme, sino que me sirve de estímulo para contribuir lo mejor que pueda yo a la difusión histórica que pretendemos todos. Los conocimientos históricos que publicamos, no pretendemos que sean tomados como modelos para futuras situaciones similares que pudieran producirse; al contrario, nuestro propósito –además de rendir justo homenaje a los protagonistas de entonces– es que el verdadero conocimiento de las causas de aquellos sucesos sirva para que, todos en general y en especial quienes disponen del poder decisorio, estén atentos para que no vuelvan a repetirse. Veremos si tienen razón quienes alertan de que “lo único que podrá salvar la Humanidad de la catástrofe aniquiladora que se ve venir, es una auténtica filosofía de vida, una auténtica ideología, fundamentada en la Auténtica Teología”.

Un fuerte abrazo legionario y a tus órdenes,

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

La historia escrita, una vez más, creo que ha sido injusta. En este caso con el Gral Sivestre, que entre otras cosas a partir del 21 de Julio de 1921 no pudo hablar. Pero quedan testimonios documentados de cómo el Gobierno, a través de su jefe inmediato el Gral Berenguer, a partir de la caída de Abarrán (1 de Junio)le dejaron, perdonarme la expresión, con el culo al aire.