ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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10/10/13

THE LAST DAYS OF EUROPE






 
 
 
Fermín Aguirre, Coronel de Caballería y Jinete del aire, me manda esto. 
 
 
 
Walter Laqueur
 
 

¿Los últimos días de España?
Joseph Stove



"En 2007, el prestigioso escritor de la posguerra europea Walter Laqueur publicó "The Last Days of Europe", un lúcido estudio sobre las causas de la decadencia europea. El libro no ha sido publicado todavía en España, donde la corrección política se impone.

 
Laqueur trata de dar respuesta a la cuestión de qué ocurre en una sociedad cuando bajos índices de natalidad sostenidos, envejecimiento, se juntan con una inmigración incontrolada. 

El autor cree que Europa, dada su debilidad, jugará, en el futuro, un modesto papel en los asuntos mundiales, a la vez que muestra su certeza de que será algo más que un museo de pasadas gestas culturales, para el solaz de turistas asiáticos.
 
Por supuesto que España no se escapa de su agudo análisis y deja constancia de su rol en el "landslide" europeo.
El contexto sociocultural que expone Laqueur, es motivo para reflexionar sobre las singularidades que aquejan a España y que no comparte con ningún otro país de Europa, lo que hace de su situación algo particularmente grave: 

- En España, a los 30 años de aprobarse una constitución democrática, el modelo de estado sigue sin cerrarse, lo que se ha traducido en una dinámica de descomposición. 

En un arrebato de originalidad se puso en práctica un modelo excepcional en el constitucionalismo comparado: se inventó el "estado de las autonomías". 

Su materialización ha consistido en ir desposeyendo, paulatinamente y sin pausa al Estado de sus competencias, creando a la vez fronteras interiores basadas en exclusivismos artificiales y en diferentes niveles de bienestar.
 
- España es el único país de Europa con un terrorismo propio, de carácter secesionista, donde sus miembros y simpatizantes están en las instituciones del estado y reciben ayuda de los presupuestos públicos. 

- En España, se relativiza, o se niega el concepto de nación, impulsado por un "status" de idiosincrasia política que permite la puesta en manos de exiguas minorías independentistas, resortes políticos que cualquier estado con un m=3 mínimo sentido de la supervivencia no osaría considerar, ni tan siquiera en tono de broma, su transferencia a las regiones. Ejemplo: la educación. 

- Y, sobre todo, existe un hecho de enorme importancia social: el pueblo español cree que vive en una democracia consolidada. 

Las "élites" políticas españolas trasmitieron al pueblo que se había terminado con éxito la "transición política" y que todos se habían convertido en "demócratas de toda la vida". 

Se había conseguido un hecho espectacular, lo que otras naciones habían tardado siglos en alcanzar, España lo había conseguido en una década prodigiosa.
 
Se instaló en la opinión pública la certeza que era madura y estaba bien informada, que había una clase política experta y con sentido de estado, que funcionaba la separación de poderes y actuaba como la fortaleza de la democracia, dado el vigor y prestigio de sus instituciones. Todo era una falacia. 

Un largo periodo de crecimiento económico y bienestar material enmascaró durante años la metástasis que corroía el cuerpo nacional. 

El fin de los sueños se produjo el 11 de marzo de 2004. Un ataque, posiblemente por parte de un actor no estatal, en forma de acción terrorista, iba a poner de manifiesto la enfermedad terminal que aquejaba a España. 

La sociedad lo encajó como un "atentado", un hecho al que estaba acostumbrada por las innumerables acciones de ETA y que tenía su liturgia particular.

Empieza con el estupor e indignación, sigue con las condenas, las manos blancas a continuación y, después, el olvido, hasta el siguiente golpe.
 
Pero esta vez, el ataque era de carácter "apocalíptico", no era "selectivo" como los anteriores. 

Tenía un objetivo claro, destruir España como actor estratégico. 

Los casi doscientos muertos y los cientos de heridos, efecto material del ataque, sólo eran el catalizador para alcanzar los efectos estratégicos, los terroristas habían finalizado su trabajo. 

Los creadores de opinión pública y la puesta en práctica de una política diferente se encargarían de materializar esos efectos. El pueblo español se encogió. 

No había sido casual que España fuese elegida como blanco. La debilidad de sus instituciones y la vulnerabilidad de su opinión pública, la hacían pieza adecuada para asestar un duro golpe al mundo occidental, suprimiendo a uno de sus peones. 

A partir del 11 de marzo de 2004, España desapareció como actor estratégico y se volvió hacia si misma, como había hecho en los dos siglos anteriores. 

Una ola de "catetismo" invadió el país. La fabricación de "diferencias" entre regiones se acentuó, "la España plural", a la vez que la Constitución se adaptaba convenientemente a las circunstancias. 

Se apeló a la "memoria histórica", como si de la Guerra Civil al posmodernismo de principios del siglo XXI no hubiese ocurrido nada, y se articuló una política de "ampliación de derechos" que no era más que ingeniería social, al más puro estilo orwelliano.

El 11 de marzo de 2004 se convirtió en fecha incómoda. La sociedad española no consideró la acción terrorista un ataque a su integridad, sólo una retribución por una errónea política exterior. 

Cualquier estado moderno que sufriese una agresión semejante habría empleado los resortes adecuados para conocer quien promovió el ataque y a quien beneficiaba, en el ámbito internacional, para actuar en consecuencia. 

Pero a una sociedad que se le había inoculado el "no a la guerra", no podía concebir que alguien emplease la violencia organizada para alcanzar fines políticos. La solución fue aplicar el procedimiento penal, aunque era, a todas luces, insuficiente. 

La "verdad judicial" aclararía el hecho. Hoy se conoce dicha verdad, pero poco se sabe de quién ordenó el ataque y a quien benefició en el ámbito internacional. La opinión pública, dirigida por su clase política y por los medios de comunicación, olvida. 

Como señala Laqueur, Europa está enferma. El bajo nivel de natalidad y una inmigración descontrolada, es un cóctel letal para el ser europeo y para cualquier sociedad. España sufre esa enfermedad y, además, su propia deriva centrífuga, que puede acelerarse al ampliarse las desigualdades sociales por la crisis económica. 

Su sociedad está enferma y su mediocre clase política es incapaz de encontrar el tratamiento adecuado ya que, sin excepciones, se embarca en una huida hacia delante, alabando el "estado de las autonomías" y evitando las referencias éticas.

Si no se reacciona, todo hace indicar que "The last days of Spain" precederán a los del resto de Europa."

 
 
José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de caballería

4 comentarios:

Ricardo Pardo Zancada dijo...

Me ha parecido un análisis profético, por muy duro que resulte y a pesar del poso de tristeza que le deja a cualquiera que ame a España. La realidad es la que refleja el estudio. Enhorabuena por su publicación. Quizá reaccionemos algún dia. Que no resulte demasiado tarde.

José Antonio dijo...

INFORME CLÍNICO FACULTATIVO RELATIVO AL ENFERMO LLAMADO MUNDO OCCIDENTAL.

Elaborado en función del cuadro sintomático expuesto por Mr. Walter Laqueur y Mr. Joseph Stove:

• Calificación del estado actual del referido enfermo: Muy grave.

• Diagnóstico facultativo: Enfermo víctima de agotamiento ideológico, de naturaleza pandémica (global) en el ámbito de la civilización occidental.

• Historial de la enfermedad: Con carácter aproximativo, pudiera establecerse, para los primeros síntomas aparecidos de tal enfermedad, una antigüedad de diecinueve siglos; aunque no fue hasta hace ya tres siglos, cuando la enfermedad alcanzó el estado crítico que ha progresado de modo más acelerado hasta la situación actual.

• Evolución cercana de la enfermedad: Las monarquías soberanas de las naciones europeas consolidadas a lo largo de la Edad Moderna –el Viejo Régimen, en denominación posterior– sucumbieron por efecto de su propio agotamiento ideológico; hacia el año 1.700, los pueblos europeos acusaban con perplejidad la carencia de las necesarias élites dirigentes que les pudiesen guiar o apoyar, eficientes, en sus tareas naturales personales y en la planificación y elaboración de las actividades tendentes a perfeccionar la sociedad civilizada a la cual pertenecían ellos.

La incapacidad funcional alcanzada por aquellas monarquías, rivales entre sí en ruinosas e inacabables luchas de interpredominio, produjo lo que era natural: la aparición de un nuevo poder rector imperioso que ocupase el lugar que aquéllas habían dejado vacío. La cosa empezó sin muchas pretensiones: las jóvenes colonias norteamericanas sujetas a la caduca metrópoli inglesa trataban de sacudirse el angosto y explotador yugo soberano que ésta les imponía, y para lograr su propósito habrían de luchar ellas a vida o muerte. La organización secreta, la corrupción, el soborno y el chantaje fueron las, ancestrales, armas estratégicas empleadas, y ya para siempre, por los al principio débiles luchadores por su emancipación; por otra parte, la carcomida estructura ideológica y orgánica de la metrópoli resistió poco y el resultado fue que la antes potencia colonial, la Gran Bretaña (entonces, el pueblo más pobre de Europa), pasó a ser colonia (en forma encubierta) de la triunfante oligarquía dueña del poder en los incipientes EE UU de Norteamérica.

Luego, todo siguió los pasos lógicos; el nuevo poder era cada día más fuerte y quiso prevenirse de cualquier peligro procedente de las otras, también ya carcomidas, potencias europeas. Amparándose en su anonimato personal, desde su punto de apoyo en las Islas Británicas y mediante sus instrumentales organizaciones secretas infiltradas, los surgentes imperialistas planificaron, organizaron y dirigieron la antifrancesa Revolución Francesa (modelo de falsa revolución popular, que sirve para dar el poder totalitario a élites serviles al imperialismo); así pasó Francia (entonces, el pueblo más rico de Europa) a ser la segunda nación europea convertida en disimulada colonia. Aquellos éxitos desataron las utópicas mayores ambiciones de los nuevos imperialistas; intuyeron estos que el mundo entero podría ser suyo: ellos eran los mejor organizados, los más ricos y los menos refrenables en el aspecto moral (ignoraban la universalidad de Dios y no tenían patria).

• Tratamiento psicológico prescriptible: Conforme a lo que, con mundialmente reconocida autoridad facultativa, prescriben como medicina los grandes pensadores humanistas y que dice: “Lo único que podrá salvar de una gran catástrofe social a la Humanidad” será: “Una auténtica filosofía ideológica”; aunque, para mayor precisión, añaden: “Lo único que podrá salvar de una gran catástrofe, social o existencial, a la Humanidad” será: “La auténtica teología, aplicada a las ideologías”.

Conforme a ello, al enfermo considerado (Mundo Occidental), deberán administrársele en adecuadas dosis dichas medicinas: Auténtica Filosofía Ideológica y Auténtica Teología (de inspiración universal divina, en cada una de todas las almas).

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción AGM

José Antonio dijo...

Ocurre que hoy, Doce de octubre, es el día de la anual Fiesta Nacional de España. Éste es uno de los pocos días del año en los que me intereso por las emisiones televisivas –y sólo en lo referente a los temas de exaltación patriótica popular e institucional–; y hoy, debo de estar muy agradecido a tantos “españoles de a pie” que, a título personal o institucional y con sencilla orgullosa naturalidad, me han proporcionado su fiel testimonio de inquebrantable patriotismo tradicional español. ¡Que Dios se lo premie!, por cuanto de contribución a la debida convivencia y sociabilidad conformes a los designios de Él constituyen esas acciones. Y, como yo también estoy naturalmente orgulloso de ser español, al amparo de lo que de reconocible y respetable autoridad me puedan proporcionar mi edad y mi experiencia, digo:

La razón existencial de ser de los españoles en el marco general de la sociabilidad humana, es España. Cada persona sociable tiene o debiera tener su propia nación y patria. Para los españoles, España es o debiera ser considerada por cada uno de ellos su propia patria (lo espiritual) y nación (lo físico, lo tangible). España (el pueblo español) es un ser viviente orgánico constituido por un alma (filosofía de vida, historia, usos, costumbres, ciencia y arte, proyectos de futuro, etc.) y por un cuerpo (personas, flora, fauna, territorio, obras funcionales o artísticas, etc.). Esas fundamentales y breves consideraciones de trascendencia eterna, podrán ser aceptadas o rechazadas, pero no podrán ser consideradas falsas ni partidistas. Y ¿qué es lo que le ocurre a España, para ser amada por unos hasta estar dispuestos a derramar por ella hasta la última gota de su propia sangre, y para ser combatida por otros hasta estar dispuestos a derramar por ella hasta la última gota de la sangre ajena? Pues ocurre que España (el pueblo español) es la única nación que tiene una filosofía de vida trascendente, conforme a los designios de Dios; y, por ello, España es la única nación del mundo que ha alcanzado la condición sublime de Madre Patria. El mundo Hispánico se extiende por un buen número de naciones, cuyos pueblos tienen un alma común, aunque con peculiaridades respectivas; un alma con propósitos existenciales conformes a la paterna inspiración universal de Dios.

Y, como dicen los castizos (en tono bromista), “al que no crea en Dios y no se sienta hispano, que le….”. Así que,

¡VIVA ESPAÑA!
¡ESPAÑA: UNA, GRANDE Y LIBRE!
¡POR DIOS Y POR ESPAÑA!
¡TODO POR LA PATRIA!
¡CAÍDOS POR DIOS Y POR ESPAÑA: PRESENTES!

Jorporsan dijo...




CARTA DIRIGIDA A QUIEN CORREPONDA

EN ESPERA DE INSTRUCCIONES
Ante los acontecimientos que han sucedido y los que se están preparando en la región catalana, a tenor del breve contenido “conciso y muy concreto” del texto que en su momento se nos exigió jurar en público con efectos legales y documentado oficialmente, frente a la bandera de nuestra Patria, es del todo necesario que debo saber a qué atenerme.
El día diecinueve de diciembre de mil novecientos setenta y uno, en el campamento que en la época era el Centro de Instrucción de Reclutas nº 9 en San Clemente de Sasébas en la provincia de la entonces llamada Gerona, a mí juntamente con unos miles de reclutas recién instruidos para el ejercicio del manejo de armas y otras tácticas militares, nos obligaron a:
“jurar por nuestra conciencia y honor, ante Dios y ante la Patria, defender a España en cualquier circunstancia hasta derramar, si fuera necesario, la última gota de nuestra sangre”.
Llegado el momento de la licencia, al entregarnos la documentación pertinente, nos recordaron que aquel juramento de lealtad a España no terminaba con el servicio militar, también en la vida civil quedábamos comprometidos de por vida con la Patria.
Este hecho se repitió con millones de españoles de mi generación, de generaciones anteriores y también de las posteriores, hasta que el político de turno de hace unos cuantos años, en 1996, tristemente recordado, consiguió acabar con aquel añorado servicio militar obligatorio.
Ha ido pasando el tiempo, evidentemente no se ha recibido noticia alguna de la Patria ni tampoco se ha aparecido Dios para eximirme ni a mí ni a los demás que prestamos el juramento que en su día nos obligaron a prestar.
Aquel compromiso juramentado consistente en defender a España hasta derramar, si fuera necesario, la última gota de nuestras respectivas sangres, ni tampoco se ha dictado ningún decreto ley en virtud del cual el gobierno de España nos exonera de cumplir con aquello que un día juramos tantos millones de españoles.
Siguiendo con el orden mencionado, llegamos a la cuestión que da motivo a la presente misiva, cuales son las instrucciones que debo tener en cuenta para saber:
1 - ¿qué debo hacer cuando se está poniendo en peligro la unidad de nuestra Patria?
2 - ¿puede explicarme de qué modo debo ser fiel a mi juramento en un momento en el que el secesionismo ataca de manera contundente a la unidad y permanencia de España y los gobernantes son incapaces de repeler de modo eficaz esta amenaza?
El Estado (que es el eufemismo usado actualmente para evitar la palabra Nación, Patria e incluso España) ya no puede quitarnos los conocimientos militares y armamentísticos que en su día aprendimos con las enseñanzas e instrucción recibida. Y todavía menos puede impedir que algunos, acaso muchos, de quienes en su día fuimos obligados a prestar ese juramento, seamos hombres de palabra, gentes de bien que cuando establecen un compromiso lo cumplen hasta las últimas consecuencias.
Porque cientos, miles, acaso cientos de miles de españoles podrían ser sus enemigos potenciales, enemigos obligados por el juramento a defender a España hasta la última gota de su sangre.
Hay una culpabilidad revoloteando en el ambiente, por este motivo el presente escrito va dirigido “a quien corresponda” para que experimente la responsabilidad de la culpa de haber engendrado españoles, millones de nosotros, que en el caso de que ocurriese algo lamentable como podría ocurrir en este nuestro país antes llamado España, deberían responder también ante quien corresponda, por habernos enseñado que la Patria es lo primero y por haber conseguido que nos lo creyéramos.