ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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31/10/13

ACADEMIA MILITAR. UNIVERSIDAD. CUESTIÓN DE VALORES.




 
 

 



ACADEMIA DE ARTILLERÍA 

ACTO DE FIN DE CURSO, 2013

Palabras de General de Brigada Director de la ACART Alfredo Sanz y Calabria.
 

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades, señoras, señores, Artilleros: 
Hace 32 años, me encontraba en formación donde hoy se sitúa la quinta Batería. Hacía un calor similar al de hoy y me abrumaban múltiples sensaciones.
Por una parte la alegría de finalizar mis estudios y la expectación propia de un nuevo destino; por otra, el profundo dolor por el fallecimiento reciente, en acto de servicio, de dos compañeros muy queridos, que también deberían haber recibido sus estrellas de teniente ese mismo verano.
Pero entre medias de aquellos sentimientos encontrados se abría paso una pregunta:
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¿Cómo he llegado yo aquí?
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No, la pregunta no hacía referencia a lo obvio: para finalizar la carrera tuve que hacer acopio – como todos los que han estudiado en esta casa, antes, entonces y ahora – de dedicación y esfuerzo; sino a algo más íntimo, mucho más profundo. 
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¿Cómo he llegado yo aquí?
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Es cierto que procedo de una familia de militares, pero no mi padre ni mis abuelos me impulsaron de manera explícita a abrazar la carrera de las armas, más bien todo lo contrario; y, sin embargo, un día del año 1976 – también hacía mucho calor – me presentaba en el Acuartelamiento de los Leones Zaragozano a hacer las pruebas de ingreso.
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¿Vocación?
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No sé bien lo que es eso. Cuando pienso sobre ello y me pregunto por qué he dedicado mi vida a la defensa de España, me vienen a la mente múltiples razones.
Algunas son de carácter idealista: supongo que estar dispuesto  a dar tu vida por valores como la libertad, la justicia o la paz pueden ser una justificación.
Otras son de carácter material: a fin de cuentas el oficio de militar tiene sus riesgos, pero no deja de ser un trabajo seguro en los tiempos que corren, aun cuando el salario no siempre es equivalente al esfuerzo que se nos exige, si lo comparamos con otros ámbitos.
Finalmente, hay razones que no lo son: simplemente se es militar porque un día se inició este camino y la costumbre te mantiene en el mismo, sin necesidad de planteamientos más profundos.
Sin embargo, y siguiendo a Pascal cuando decía “el corazón tiene razones que la razón no entiende”, creo que lo que aquí importa no es lo que diga la cabeza, sino lo que sale de lo más profundo de cada uno de nosotros.
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¿Qué hago yo aquí?
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Mis tenientes, mis sargentos: espero que todos ustedes se hayan hecho esta pregunta alguna vez en su vida; y si así no ha sido, nuca es tarde para empezar. A lo largo del tiempo que han pasado en esta Academia hemos procurado fomentar en ustedes el espíritu crítico y la búsqueda del rigor intelectual. Si quieren ser buenos jefes comiencen por ser críticos y rigurosos con ustedes mismos.
No se…, supongo que cada uno encontrará una respuesta diferente y , con toda seguridad, si se hacen esa misma pregunta más de una vez en su vida, todas las respuestas serán distintas pero, muy posiblemente, tendrán todas un nexo común, algo que las unifica y las iguala, algo que les proporciona sentido; y ese algo es el amor.
Amor al oficio; amor a las tropas; amor, por encima de todo, a España.
Si, puede haber quien se sorprenda al escuchar la palabra España en un discurso oficial, pero es que nosotros, los militares, si perdemos el referente de la comunidad a la que servimos y cuyos valores defendemos, nos convertimos en mercenarios.
España, siempre tan cuestionada. No les preocupe. España no es lo que dicen los medios de comunicación; ni los políticos, tampoco lo que dicen las encuestas. España es lo que cada uno de los españoles llevamos en el corazón. Una vez más, España no se puede entender desde la razón – por más que ha habido quien lo ha intentado -, sino desde el conocimiento profundo de sus gentes, de su realidad social, de sus intereses, sus virtudes y sus defectos.
Conozcan España, porque no se puede amar lo que no se conoce. Sufran con ella y alégrense con ella, porque de ese roce nacerá la pasión suficiente para llenar sus vidas; y les aseguro que, en los años que tienen por delante, tendrán crisis y habrán de preguntarse más de una vez ¿qué hago yo aquí? O ¿cómo he llegado hasta aquí? 
Cuando eso ocurra, miren en su corazón, y si allí no encuentran amor, váyanse, cuelguen el uniforme y dedíquense a otra cosa, porque los sacrificios y penalidades, y el rigor de la vida castrense solo pueden abordarse desde el amor.
Apasiónense con su profesión. Pocas hay tan bellas como la de ser militar. El trato continuo con la gente, el arte del bien mandar y del mejor obedecer, la lealtad por encima de todo, la disposición permanente a entregar la vida por los demás…hacen de nuestro trabajo una experiencia única; de manera que disfruten y diviértanse.
Como diría San Agustín, trabajen cada día como si lo que hacen fuera a durar para siempre, pero disfruten cada día como si fuera el último de su vida. O, si quieren una versión un poco más moderna, recuerden al maestro Yoda diciéndole a Luke Skywalker: hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes. 
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Y sean agradecidos.
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Agradezcan a sus compañeros el valor de su amistad. Tengan en cuenta que la vida es muy larga y tiene muchos recovecos. En los próximos años tendrán momentos espléndidos, pero también algunos duros. Prepárense para cuando eso suceda manteniendo la red que han tejido en estos años de Academia y háganla crecer. Su promoción será vital en su futuro. Recuerden que nuestro oficio, al final, supone matar o morir. Y en líneas generales, no se mata o se muere por las grandes ideas. Se mata o se muere por cosas mucho más cercanas y que se resumen en eso que llamamos cohesión.
Sean agradecidos. Agradezcan a sus profesores sus esfuerzos y desvelos; atrévanse a llamarles “maestros” cuando así lo consideren. En el fondo, son ustedes unos afortunados, porque tienen un magnífico cuadro de profesores. En la reciente evaluación externa, la Academia en su conjunto ha obtenido un resultado “destacable” en todas las áreas; y camina con paso firme hacia su certificación de calidad ¿creen que eso hubiera sido posible sin el compromiso y la dedicación de sus profesores?
Pero no solo de ellos: todos los miembros de esta Academia han estado a su servicio: investigando, generando doctrina, sirviendo los simuladores, atendiendo sus necesidades más básicas: dormir, comer, etc. Y las más elevadas: ahí están los museos y la biblioteca. O su formación moral, que no se puede entender sin el concurso decidido de la secretaría del Arma.
Agradezcan a sus subordinados la oportunidad que les dan para que les guíen, porque cuando se es un buen jefe se aprende más de los subordinados que de los superiores, así escúchenles.
Pero, sobre todo, aprendan a decir gracias.
Den las gracias a esta ciudad de Segovia, que hoy les hace hijos de ella. Tal vez ustedes no se den cuenta todavía, pero llevan en su sangre una semilla que les hará volver de cuando en cuando por esta Academia y esta ciudad, a veces tan fría y, sin embargo, tan profundamente querida por todos los hijos del Real Colegio.
Porque eso es lo que son todos ustedes: los hijos del Real Colegio, los herederos de 250 años de historia, los dueños de un presente fascinante y los artífices de un futuro que queda en sus manos.
Esa es su responsabilidad, y están sobradamente preparados para ella. Solo falta que la aborden desde el amor y la ilusión, y que corran los riesgos que se esperan de su edad.
Háganlo y diviértanse al hacerlo. Y, de vez en cuando, pregúntense… ¿Cómo he llegado hasta aquí? 
Gracias a todos por su atención. 
 
 UNIVERSIDAD
 
ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO
Catedrático de Opinión Pública de la Universidad Complutense y de la Universidad San Pablo CEU


Llevo medio siglo cumplido como profesor y catedrático de Universidad. En la pública y en la privada. Por mis aulas han pasado algunos miles de alumnos de todo tipo: algunos muy buenos, muchos buenos, demasiados malos y una excesiva minoría de muy malos. Algunos procedían de las clases más acomodadas de la sociedad, pero la inmensa mayoría venían de la amplia y baqueteada clase media, incluidos sus más humildes sectores. He tenido como alumnos a futuros ministros de la izquierda y de la derecha, futuros grandes empresarios, abogados, escritores, directores de periódico. Algunos de ellos han merecido después una bien ganada notoriedad. Un completo mosaico, en suma, de la heterogénea sociedad española.
He mantenido con muchos de ellos una relación perdurable y muchos me han mostrado su confianza para contarme sus problemas, profesionales o incluso personales. En estos tiempos y en tantos casos esas confidencias versaban, muy a menudo, en torno al paro, esa tragedia que ha atenazado a tantos y les ha mantenido en un insoportable dique seco. En ningún caso —y lo escribo con la máxima rotundidad- en ningún caso, repito, me he encontrado con algún alumno que no haya podido estudiar o que haya tenido que abandonar sus estudios por razones económicas. En España, y desde hace muchos años, quien haya querido cursar estudios universitarios y haya estado capacitado para ello ha podido entrar en la Universidad.
Lo que sí recuerdo muy bien es a alumnos que hace algunos años me iban a ver para preguntarme si en vez del 6 o 6’5 con que les había calificado, no podía subirle la nota a un 7…porque si no, perdía la beca. Porque las becas había que ganárselas y nadie entendía que pudiera merecerlas un 5 pelado, en tantos casos muestra de pura misericordia. Sobre todo en estos tiempos en que ha bajado tanto el nivel de exigencia de modo que —los profesores lo sabemos- muchos de los 5 de ahora muy posiblemente habrían sido suspensos con los baremos de otrora.
La universitaria, no forma parte de la enseñanza obligatoria y exigible. Es un plus que debe conseguirse sobre la base de la vocación, de la capacidad y del esfuerzo. En mis tiempos universitarios leíamos Misión de la Universidad de Ortega y Gasset y otros libros del mismo estilo y teníamos conciencia de que acceder a la Universidad imponía una responsabilidad a la que había que hacer frente con la búsqueda de la excelencia y preparándose lo mejor posible para, una vez obtenida la licenciatura o el doctorado, servir a la sociedad con el máximo de eficacia y dedicación. La Universidad no era para cualquiera sino para el que mostraba voluntad y se imponía la exigencia del estudio.
Pero todo aquello se ha venido abajo por un mal entendido sentido de la “democratización” de la Universidad, olvidando que el saber y en el conocimiento no progresan si se aplican los criterios del voto y de las mayorías, válidos para tomar decisiones políticas. Lo he hablado con muchos colegas y todos coinciden: La media de los alumnos que acceden a la Universidad va de mal en peor por el desastre y el abandono de la enseñanza secundaria. Cada día ignoran más cosas. Alumnos de los últimos cursos de la carrera no saben situar en el mapa a Ucrania, creen que Kazajstán en un pequeña república (2.7000.000 Kms. cuadrados), no saben quién es Baltasar Gracián o ignoran el siglo en que vivió y reinó Felipe II.
 La cotidiana lista de anécdotas sería interminable. Lo que sucede es que en cada curso hay una minoría excelente, aunque muy reducida, que lee libros (la inmensa mayoría no lo hace), ha podido viajar, sabe inglés u otro idioma y, sobre todo, practica el estudio, aquello de “hincar los codos” que nos decían hace décadas. Esa ínfima minoría es la que justificaría esa solemne estupidez, que tantos repiten, según la cual la presente generación joven es la mejor preparada de la historia de España. Pero debe quedar claro que los culpables no son los jóvenes, que no son más que las víctimas de un sistema que, sencillamente, les ha estafado. La leyes socialistas —hasta ahora no ha habido otras- han sido nefastas y han hecho creer a los jóvenes que tener un título es “un derecho” que, más o menos, hay que regalárselo.
Pasar una asignatura sin ver un solo libro, ni de texto ni de consulta, con solo unos apuntes mal tomados que circulan como “los del profesor” es una práctica habitual. Y no les pidas un trabajo porque recurrirán a Internet y lo entregarán sin saber de qué va la cosa. Y puestos a “ampliar derechos”, eso que gustaba tanto a Zapatero, también se impuso el “derecho” de pasar de curso con un montón de asignaturas del anterior, en un insigne homenaje a la vagancia y a la desidia, que ha sido política oficial hasta hace poco. Todo ello, por mor de la igualdad y de una mal entendida democracia. Además no hay que traumatizar a ningún alumno con esa cosa tan fea que es un suspenso.
La guerra al elitismo, propia de la izquierda, ha sido en realidad una guerra a la excelencia. Y nos ha conducido a una mediocridad aterradora. Así nos ha ido y así nos hemos quedado. Y no hablemos de la enseñanza nacionalista porque ahí la estafa alcanza niveles de escándalo. He visto libros de historia de Cataluña donde no aparecen los Reyes Católicos y en los que no hay ni una página que no tenga su correspondiente dosis de patrañas, incompatibles con los mínimos exigibles, tanto desde el punto de vista educativo como desde el histórico y, sobre todo, desde el ético.
 Lo que no logro entender es la actitud de los rectores —no sé si todos o solo algunos- con su posición ante la cuestión de la becas y, en general, ante el propósito del ministro Wert de reformar el sistema, al menos en los aspectos más inquietantes. ¿Es que queda alguien todavía que crea que el sistema educativo español no exige perentoriamente una reforma a fondo? Ni una sola de las universidades españolas está entre las primeras doscientas del mundo. ¿No es bochornoso? ¿No sería mejor que esos rectores se preocuparan más por aumentar la calidad de nuestra enseñanza universitaria en vez de dar la lata con la nota exigible para las becas? ¿De qué están orgullosos?
Hay que decirlo de una vez. En España sobran universidades y sobran universitarios, alumnos y profesores. En oposiciones a profesor o en tesis doctorales he visto bibliografías donde no aparece ni un solo libro en inglés o en otro idioma extranjero. Pero en ciertas universidades, sí he visto trabajos en la lengua co-oficial… ¡Gran afán de divulgar el saber!. Seguro que en Harvard o en Oxford se despepitan por traducir esas notables aportaciones. En Holanda o en los países escandinavos todos, o casi todos, los trabajos universitarios se hacen en inglés. Y como me han dicho muchos colegas de por allí, sus lenguas nacionales son puramente domésticas. Hace años unos diputados franceses, con los que visitaba un excelente centro de investigación en Barcelona, se sorprendían de que todo, carteles y publicaciones, estaba en catalán… “¿Es que es sólo para ellos?”, preguntaban.
En general y de nuevo, la cantidad se ha impuesto sobre la calidad, los estrictamente “nacional” sobre la universalidad, que es la razón de ser de la Universidad. Y, lógicamente, los resultados han sido deletéreos. La falsa democratización no es más que una brutal masificación que ha degradado a la institución universitaria y ha convertido los títulos en papeles inútiles, de los que las empresas ya ni se fían a la hora de contratar. Y eso que ahora ya a nadie se le ocurre decir que las universidades sean el alma mater, el templo del saber o algo por el estilo. Ahora se las concibe casi exclusivamente como escuelas de preparación profesional. Pero ni por esas. Aunque hay en todo ello, seguramente, un fondo de verdad, porque muchos de los alumnos universitarios deberían estar en una digna formación profesional, que en España nunca ha existido de verdad, en buena medida por el mercadeo ideológico de los sindicatos y, a veces, también de las patronales. La idea, desde luego, ha cuajado y los alumnos la han interiorizado y si les pides que lean a Tocqueville (casi ninguno lo sabe escribir bien), siempre habrá algún listo que pregunte: “¿Pero eso me va servir para encontrar trabajo?”. A lo mejor era un becario al que solo le había hecho falta un 5 para conseguir su “derecho a beca”.
 
 
 
CUESTIÓN DE VALORES 

LUIS ALEJANDRE
 
 
Una promoción de veteranos soldados –la XVIII en términos castrenses salida de las Academias Militares con el grado de teniente hace 50 años, se ha reagrupado estos días, primero en Madrid en la antigua Escuela de Estado Mayor y después en cada uno de sus centros de formación específicos: Toledo, Segovia, Valladolid, Hoyo de Manzanares...
Habían jurado bandera en la Academia General Militar de Zaragoza, allá por 1959, el mismo día en que el entonces Príncipe Juan Carlos recibía el despacho de Teniente de Infantería. Desde entonces han seguido unidos a su persona y a su trayectoria de servicio a España. Añadiría incluso que muchos de ellos emulan al Monarca en su pasión por pasar de vez en cuando por el «taller». Son las consecuencias de los muchos años en unidades paracaidistas y de montaña, en misiones en el exterior o residuales de accidentes y heridas.
Una promoción que ha convivido y sufrido los zarpazos de este terrorismo que nos ha desgastado vilmente desde la Transición.  Promoción que tiene entre sus filas al único oficial vivo condecorado con la Medalla del Ejército y al primero que mandó una Misión de la ONU en Angola en 1989, meses antes de desplegar contingentes nacionales en Namibia y Mozambique. Que tiene a quien mandó la primera Agrupación Táctica en Bosnia, o quien en plena Guerra de los Balcanes fue nombrado Hijo Adoptivo de Mostar reconociendo sus enormes méritos en acercar a dos comunidades separadas físicamente por el rio Neretva, pero sobre todo por un soterrado nacionalismo –lección que olvidamos– cainita e irracional, renacido entre dos comunidades.
Todos nos fundimos en emocionante formación, con los alféreces alumnos que pronto van a recibir sus despachos de Teniente. Cincuenta años entre generaciones nos contemplaban, lo que nos obligó a no pensar solo en el pasado, sino en el futuro. Los setentones que aguantábamos el tipo, cara al duro sol de una mañana toledana, no podíamos prever el horizonte profesional que aguardaba a aquellos jóvenes oficiales. Si nosotros en 1963 pensábamos que nuestros destinos se limitaban a las buenas unidades del Pirineo, a las Compañías de Operaciones Especiales, a las unidades desplegadas en el Sahara, en Ceuta o en Melilla o en una de las Banderas Paracaidistas y terminamos en el África meridional portuguesa, en Centroamérica ,en Bosnia, en Irak y en Afganistán, ¿qué horizontes les esperaban a estos jóvenes oficiales? ¿Qué balance presentarían dentro de cincuenta años? ¡Imprevisible!
Todo bullía en nuestras cabezas, cuando el «pater», nombre cariñoso y respetuoso con que señalamos a nuestros capellanes castrenses, nos recordó la clave para alcanzar horizontes seguros: ser honestos; ser sobrios; ser leales; hacer de la vocación un servicio a la sociedad, y serlo para siempre sin fecha de caducidad. Sea cual sea la situación administrativa, una vocación sirve mientras tiene vida. Porque la sociedad necesita el ímpetu del joven pero también la experiencia y el prestigio del veterano. Nuestros capellanes, que pueden pasar muchas veces desapercibidos, y saben estar cerca en los momentos de separación y dolor, por supuesto, también en los de reencuentro y alegría- en los que se convierten en amigos, confidentes, enfermeros o psicólogos. Pues bien, este capellán sólo hablaba de valores, como única forma de afrontar con dignidad una vocación de servicio, porque todo lo demás –satisfacción por el deber cumplido, amor a la familia, compañerismo, honrada ambición– «se os dará por añadidura».
Pensaba en todo esto mientras percibía un ambiente sano entre uniformados y familiares, con hijos, orgullosos de sus padres, educados en la sobriedad, roto sólo el silencio por el bullicio de una legión de nietos.
Cuando en esta España a la que juramos servir soplan vientos de deslealtades y promesas falsas e incluso tribunales extranjeros rompen nuestro propio orden jurídico sin que se haya producido el más elemental gesto que ratifica un proceso de paz, la entrega incondicional de las armas. Lo vivimos bajo bandera de la ONU con la «contra» nicaragüense, con el Frente Farabundo Martí salvadoreño, con la URNG guatemalteca, o con la «unitá» angoleña, y no lo vivimos en nuestro propio suelo patrio. No sólo rompen nuestro sistema jurídico. Intentan romper el alma de quienes más han sufrido el dolor provocado por una organización criminal chantajista y extorsionadora.
Todo estaba presente. Sólo nos reconfortaba en aquellos momentos, sentir cómo vibraban, fundidas voces jóvenes con otras veteranas, aquellas últimas estrofas del himno de Infantería:
«De los que amor y vida te consagran»
«canción que brota de almas que son tuyas, de labios que han besado tu Bandera»,
«y por verte temida y honrada, de nuevo tus hijos irán a la muerte».
Son los que: «te prometen ser fieles a tu Historia. Y dignos de tu honor y de tu glo- ria».
¡Cuestión de valores!
 

  José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de Caballería

5 comentarios:

Javier de la Uz dijo...

¿Habrá algún político, profesor universitario o militar despistado, que lea las entradas de este Blog?

De no ser así, les recomiendo que lean ésta que nos cuentan tan prestigiosas personalidades, como el General de Brigada ALFREDO SANZ Y CALABRIA. Director de la ACART. El Catedrático de Opinión Pública de la Universidad Complutense y de la Universidad San Pablo CEU ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO. Y el General de Ejército LUIS ALEJANDRE.

Chevi Jr. dijo...

El del General DIRACART es un discurso bonito, pero está dentro de lo que se puede esperar.
El que me llama la atención es el del Catedrático. ¿Será la misma situación que a veces gente atribuye a nuestros antigüos diciendo aquello de "Claro, esto lo dice porque ya se va (o se ha ido) y no tiene nada que perder? ¿O realmente hay gente que aún piensa así?

Hoy en día es muy difícil encontrar a alguien que hable así y que diga lo que este señor ha dicho, pues se somete a un linchamiento popular y a veces incluso mediático que es difícil de digerir.

Suscribo sus palabras Sr. Muñoz-Alonso. Tengo 34 años y sólo espero que haya gente de mi edad que también lo haga y tenga el valor de defenderlo, porque si no que Dios se apiade de nosotros.

José Antonio dijo...

¡Es muy cierto ello! Es muy cierto el hecho de la importancia y conveniencia de leer y reflexionar sobre el contenido de los tres escritos que nos propone Gran Jefe Chevi en la entrada que comentamos, y que Gran Jefe Javier de la Uz y nuestro, ya conocido y muy estimado, prometedor relevo, Chevi Jr., han acudido con presteza e incuestionable fundamento a ponderarlos. El tratamiento del tema es denso y profundo –como para otros fines específicos, el correspondiente manual reglamentario prescribe que han de serlo los campos de minas–; y, para muchos lectores, pudiera ocurrir que dada la escasez del tiempo necesario y disponible para sí no les permitiera dedicarse al análisis de aquellos dichos escritos, hasta llegar al punto concluyente que dé a luz una enseñanza útil, necesaria y convincente. Que es mi caso y por ello, he de deducir de manera simple y escueta unas enseñanzas que estimo pudieran coincidir con las respectivas intenciones de los tres autores.

Así, entiendo que los tres autores, en el fondo lo que han querido decir es algo muy parecido a lo que, en lo que concernía a su negocio particular y con toda brevedad, decía aquel avispado hostelero, Butarelli, que regentaba “la Hostería del Laurel”, en el drama famoso “Don Juan Tenorio”, publicado por D. José Zorrilla, en 1844: – “Corre ahora por Sevilla poco gusto y mucho mosto”. Siendo lo que me parece que quieren decir ahora los tres referidos autores: – “Corre ahora por España poca categoría creativa y mucha demagogia destructiva”. O, lo que, en breve también y en la misma línea ideológica, decían aquellos estudiantes universitarios en 1936: – “Esta Universidad no es la de antes, que me la han cambiao; la de antes tenía dos y a ésta la han capao”. Y aquellos estudiantes, a efectos de limpiar y sanear aquella Universidad y el conjunto de España, se hicieron soldados y “costase lo que costase” contribuyeron decisivamente a limpiar y sanear de criminalidad política todos ámbitos nacionales.
..//..
José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

En los muchos actos militares a los que he tenido el honor de asistir desde que me fui a la reserva en una guarnición tan tradicionalmente militar como la de Melilla, siempre he prestado una muy especial atención a las palabras del Jefe correspondiente a sus formados subordinados. Me parece fundamental transmitir lo esencial, alejarse de retóricas. Hablar de valores, de los de siempre. No hay otros que los de siempre. Por mucho que se empeñen muchos de los militares hoy en la cúpula, no hay un nuevo estilo de Mando. Es el mismo de siempre basado en el sacrificio, la entrega, el compañerismo, el valor, la lealtad y el amor a la Patria.
No me gustan los “discursos” dentro de lo que cabe esperar. Me dejan frío.

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

PATRIA.
«(...) el patriotismo es un sublime egoísmo colectivo que supone el sacrificio de los individuales y ,en ocasiones , el de la vida. ¿Y cómo va a exigirlo el que tiene que profesar como un dogma el sacrificarlo todo a lo presente?: ¡Soldado , ve a morir por la patria!... en vano se dirá . ¡Soldado, ve a morir por la patria! Si la Patria es una unidad religiosa y moral que junta en íntima hermandad las almas, y ata con la divina lazada de la creencia y tradición común la serie de las generaciones, y cubre con amor de madre bajo los pliegues de su manto a un pueblo que teje como una guirnalda su historia para coronarla , entonces una voz agusta y solemne como el clamor de una raza saldrá de los templos y de los hogares y de los sepulcros de los antepasados gritando con el acento imperioso del deber y el dulce de un sentimiento maternal: ¡Ven a morir por la patria!... ¡Dios lo quiere! pro aris et focis. Y el soldado, estrechando a los suyos murmurando una plegaria y lanzando una última mirada a la Cruz del santuario, se marchará resuelto y enardecido al combate, y, al ver brillar ante sus ojos y ondear al viento el emblema de la patria, podrá decir con más gallardía que los gladiadores de Roma : Los que van a morir te saludan.(...)»

Juan Vázquez de Mella -Estudio sobre la patria- (Obras Completas t.3 "Ideario")