ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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8/10/13

A letrinas













Alfonso Ussía


El diputado de CiU Jordi Xuclá, que tiene apellido de marca de turrones, quiere que se castigue de forma ejemplar a los militares que opinen de política. He intentado encontrar en los medios de días pasados alguna opinión política de un militar cualquiera, y no he podido hallarla.

Además, eso está perfectamente reglamentado. Es más, a los militares, que conforman una de las instituciones más decentes y queridas por los españoles de bien no sólo les prohíben que opinen de política, sino también que lean artículos de la Constitución, como le sucedió al General Mena Aguado cuando Bono era ministro de Defensa del Gobierno de Zapatero.

Todo son provocaciones y grosería para distraer la atención. El sancionado Xuclá, que es diputado español, desconfía y pide en nombre de su partido castigos ejemplares para quienes se comportan y se han comportado siempre ejemplarmente, y olvida que sean sancionados los traidores y sediciosos, como él y muchos de su partido, con Mas a la cabeza, que es el representante de España y del Rey en su atribulada comunidad autónoma.

El de los turrones Xuclá –«Si quiere ir al más allá, compre turrones Xuclá»–, no ha visto a un militar ni en pintura, a pesar de que el gran pintor de la estética militar de nuestros días es un artista catalán, barcelonés, Augusto Ferrer-Dalmau, que ha superado a su antecesor, el también formidable pintor catalán Josep Cusachs. No ha visto a un militar ni en pintura ni ha cruzado dos palabras con ninguno de ellos, porque de haberlo hecho no humillaría su condición de representante del pueblo español con semejantes gilipolleces.

Mucho me temo que Xuclá es de los que se tiran al suelo cuando los aviones de las Fuerzas Aéreas sobrevuelan en maniobras alguna zona de Cataluña. O de los que le dicen a su mujer, si en el horizonte marino de Barcelona se aprecia el dibujo de un buque de guerra de nuestra Armada que no lleve a la nena a pasear por Montjuich porque los marinos españoles se disponen a atacar. O de los que al pasar por la puerta de un Regimiento le preguntan al soldado de guardia si lleva el arma cargada o ayuna de munición. El diputado Xuclá, que lleva un buen tiempo amparado por la prudencia del sistema a pesar de sus políticas traidoras a España –Cataluña incluida, claro–, quiere que los militares sean duramente sancionados por cumplir son su deber y sus limitaciones de expresión públicas. Es sabido que a los traidores en España se les trata con enorme cortesía, pero a este diputado sedicioso, dulcemente aforado, habría que soltarle, como poco, un pequeño chorreo y posteriormente, con la autorización del Tribunal Supremo, siguiendo los pasos y las pautas que rodean a los intocables, mandarlo a limpiar letrinas. «Xuclá, por grosero, por injusto y por sedicioso, a letrinas». Y por cursi.

Los Militares y la Guardia Civil se dedican, entre otras cosas, a proteger a gente como Xuclá, y a dar su vida por España y por personajes como Xuclá. Lo hacen callada y discretamente, con la naturalidad de los grandes, sin aspavientos, sin exigir gratitudes ni reclamar contraprestación alguna. Lo hacen porque esa es su vocación y los deberes están inmersos en ella. Los militares son los únicos españoles siendo los más españoles que no son libres. Y no lo son porque ellos mismos han establecido los límites de su libertad. Que venga a estas alturas del polvo de la mona el diputado Xuclá con semejantes sandeces resulta excesivamente grosero. No se preocupe. España no ataca a España. Seguirán callados. Pero Xuclá merece un arresto de letrinas, un reencuentro con su elemento natural.


Francisco Javier de la Uz Jiménez

2 comentarios:

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

A propuesta del jefe del Gobierno, presidente del Directorio militar, y de acuerdo con éste, vengo en decretar lo siguiente:
Artículo 1º. Serán juzgados por los tribunales militares, a partir de la fecha de este decreto, los delitos contra la seguridad y unidad de la patria, cuando tiendan a disgregarla, restarle fortaleza, y rebajar su concepto, ya sea por la palabra, por escrito, por la imprenta o por otro medio mecánico o gráfico de publicidad y difusión, o por cualquier clase de actos o manifestaciones.

No se podrá izar ni ostentar otra bandera que la nacional en buques o edificios, sean del Estado, de la provincia o del municipio, ni en lugar alguno, sin más excepción que las embajadas, consulados, hospitales y escuelas u otros centros pertenecientes a naciones extranjeras.
Artículo 2º. Las infracciones que contra lo dispuesto en este decreto-ley se cometan se castigarán del modo siguiente: ostentación de bandera que no sea la nacional, seis meses de arresto y una multa de 500 a 5.000 pesetas para el portador de ella, o para el dueño de la finca, barco, etc.
Delitos por la palabra, oral o escrita: prisión correccional de seis meses y un día hasta un año, y una multa de 500 a 5.000 pesetas.
La difusión de ideas separatistas por medio de la enseñanza o la predicación de doctrinas de las expresadas en el artículo primero: prisión correccional de uno a dos años.
Pandillaje, manifestaciones públicas o privadas referentes a estos delitos: tres años de prisión correccional y una multa de 1.000 a 10.000 pesetas.
Alzamiento de partidas armadas: prisión mayor de seis años y un día a 12 años al jefe, y de tres a seis años de prisión correccional a los que le sigan formando partida o partidas, si el hecho no constituyera otro delito más grave.

Resistencia a la fuerza pública en concepto de partida: pena de muerte al jefe y de seis años y un día a 12 años de prisión mayor para todos los que formen la partida o partidas. Con las mismas penas señaladas anteriormente se castigarán los delitos frustrados, la tentativa y las conspiraciones para cometerlos.

Las señeras, pendones o banderas tradicionales e históricas de abolengo patriótico, en cualquiera de sus periodos, que son guardados con amoroso orgullo por ayuntamientos u otras corporaciones, las del Instituto de Somatenes, gremios, asociaciones y otras que no tengan ni se les dé significación antipatriótica, podrás ser ostentadas en ocasiones y lugares adecuados, sin incurrir en penalidad alguna.
El expresarse o escribir en idiomas o dialectos, las canciones, bailes, costumbres y trajes regionales no son objeto de prohibición alguna. Pero en los actos oficiales de carácter nacional o internacional no sé podrá usar, por las personas investidas de autoridad, otro idioma que el castellano, que es el oficial del Estado español, sin que esta prohibición alcance a la vida interna de las corporaciones de carácter local o regional, obligadas, no obstante, a llevar en castellano los libros oficiales de registros y actas, aún en los casos que los avisos y comunicaciones no dirigidas a autoridades se hayan redactado en lengua regional.
Dado en Palacio, a 18 de Septiembre de 1923
– Alfonso –

El presidente del Directorio militar,
- Miguel Primo de Rivera -

Javier de la Uz dijo...

Pío Moa:
"La hispanofobia está muy acentuada en la izquierda, pero también de manera pasiva en el PP"

Hago una adaptación de la antigua revista de la Codorniz:

Xuclá es a turrón
como cojín es a X
y me importa tres X
lo que diga este mamón