ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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18/7/13

Significado del 18 de julio











Significado del 18 de julio: Conversación con Juan Progre

Pío Moa.-


En gran medida, el antifranquismo retrospectivo hoy tan extendido es cuestión de ignorancia de la historia, por falta de lecturas o de lecturas sesgadas

Significado del 18 de julio

Uno puede argumentar:

--Franco derrotó a un proceso revolucionario, salvó a España de la Guerra Mundial, derrotó al maquis, que intentaba revivir la Guerra Civil, y al injusto aislamiento internacional. Con él desaparecieron –con pocas excepciones-- los odios que aniquilaron la república y dejó un país próspero y reconciliado, apto para una democracia no convulsa.

Pero Juan Progre, que no sabe de historia más que algunos clichés propagandísticos, está en desacuerdo. 

--Todo eso son mentiras fascistas. Y además, aunque fuera así, el franquismo no fue una democracia.

A Juan Progre, el argumento de la democracia le parece esencial e irrebatible. Frente a él palidecen cualesquiera otros logros que España hubiera conseguido con Franco. Claro que uno no está seguro de qué entiende él por democracia, o por fascismo.

--No obstante –replica uno-- el franquismo no tuvo oposición democrática. La oposición fue comunista o terrorista, o las dos cosas. Y el comunismo es la doctrina más totalitaria del siglo XX. Parece que los demócratas, de los que había pocos al parecer y no sé si ahora hay muchos, se encontraron bastante cómodos en el franquismo: no molestaron a este ni este los molestó demasiado. Ya lo decían el liberal Marañón o el socialista moderado Besteiro: Franco había librado a España de una pesadilla, así que no había muchos peros que oponerle.

Juan Progre sigue sin dar su brazo a torcer.

--Seguro que eso que me dice es mentira. Y en todo caso, Franco se sublevó contra un gobierno legítimo, salido de unas elecciones democráticas.


--¿Ha leído usted lo que dicen Azaña o Alcalá-Zamora, por ejemplo, de aquellas elecciones? Las masas izquierdistas tomaron las calles, las autoridades responsables de la pureza del escrutinio huyeron, y los recuentos se hicieron en un clima de coacciones. ¿Llama usted a eso elecciones democráticas? Pero hay más: la huida del gobierno ante los motines y violencias callejeras hizo que la segunda vuelta electoral se hiciera ya bajo el propio Frente Popular, y Azaña aseguró que el poder seguiría para siempre en manos de la izquierda. Y no contentas con eso, las izquierdas dominantes en las Cortes aprovecharon para declararse juez y parte y despojar a las derechas de muchos escaños más. Y podría citarle otras irregularidades. Repito: ¿llama usted democráticas a esas elecciones y legítimo al gobierno salido de ellas? Porque si es así, yo no puedo considerarle a usted demócrata. Y no voy a seguir con los cinco meses infernales que siguieron al “triunfo” del Frente Popular

Juan Progre no se da por vencido. Tiene otro as en la manga y, haciendo como que no ha oído lo anterior declara:

--Además, el golpe fascista fue de una crueldad infinita, exterminadora, genocida. Los fascistas asesinaron a decenas o cientos de miles de enemigos por el mero hecho de ser demócratas u obreros izquierdistas que defendían la legalidad republicana. El propio Mola especificó que había que actuar con la máxima violencia. Fue un terror organizado desde arriba y sistemático. Eso descalifica totalmente a Franco y su golpe.

De nuevo la propaganda.


--Ante todo, en el Frente Popular y el bando antifranquista no había demócratas: eran stalinistas, marxistas del PSOE aun más radicales que los comunistas, y anarquistas, que habían asaltado la república en octubre del 34 y en otras ocasiones (los anarquistas). Estaban también Azaña y los separatistas catalanes, tan demócratas que a la victoria electoral de la derecha en 1933 replicaron con intentos de golpes de estado y colaboración con la insurrección del PSOE en el 34. Luego entraron los ultrarracistas del PNV. ¿Eran todos demócratas o cualquiera de ellos por separado?

Juan Progre no está muy seguro, vacila, pero insiste en su argumento: 

--En todo caso, un régimen tan cruel no tiene excusa ni defensa.

--Mire, en todo golpe y guerra hay violencia. El PSOE, en 1934, daba instrucciones de actuar con la máxima violencia, había hecho listas de personas a las que eliminar, y allí donde tuvo algún éxito antes de ser vencido, sobre todo en Asturias durante dos semanas, asesinó a bastantes de los que llamaba “fascistas”, clérigos etc. Luego, después de las elecciones que usted llama democráticas, las izquierdas se dedicaron a asesinar a sus enemigos, a quemar cientos de iglesias, así como centros y periódicos derechistas, registros de la propiedad, a invadir fincas y otros muchos actos pacíficos y democráticos, como quizá usted los llamaría. Hasta que el líder de la oposición Calvo Sotelo fue asesinado por una combinación de policías y milicianos socialistas. En la guerra hubo terror por las dos partes, con un número de víctimas similar, aunque con un plus de sadismo en la izquierda nunca alcanzado en la derecha. Aparte de los numerosos asesinatos entre las mismas izquierdas. Y sobre todo es esencial saber quién empezó, porque cuando alguien agrede sin contemplaciones, no se puede pedir al agredido una conducta exquisitamente educada. Y no cabe la menor duda de que las agresiones partieron de la izquierda, ya apenas comenzada la república con la quema de iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza.

Juan Progre no sabe bien qué responder, entre otras cosas porque conoce la historia solo muy superficialmente. Pero le queda otra bala en la recámara.

--Bueno, bien, en las guerras pasan esas cosas, pero ¿qué me dice de la represión de posguerra, cuando los antifranquistas estaban ya vencidos e indefensos? Oí una vez decir a Jorge Semprún que en Francia, no se había fusilado a más de unos 300 colaboracionistas después de la guerra. ¿Por qué esos 150.00 o 200.000 fusilados en España?

-- Esas cifras son falsas. Por extraño que suene, aun no han sido investigadas a fondo, pero los datos más aproximados hasta ahora son estos: unas 50.000 penas de muerte, de las que se habrían ejecutado la mitad. La otra mitad fueron conmutadas por una cadena perpetua que en la mayoría de los casos duró solo entre cuatro y seis años. ´Tenga usted en cuenta que al terminar la guerra los jefes del Frente Popular huyeron con enormes tesoros expoliados a todo el mundo ¿Ha oído usted hablar del yate Vita? Sobre esas cosas he escrito en Los mitos de la Guerra Civil, no le haría ningún mal leerlo, pues sus exposiciones y tesis no han sido rebatidas. Pues bien escaparon todos, como dije, menos Besteiro, dejando atrás para que se las arreglaran como pudieran, a miles de chekistas y complicados en asesinatos, violaciones y robos. A estos, como es natural, iban a ajustarles cuentas los vencedores. La despreciable ley de memoria histórica los presenta a todos ellos como víctimas inocentes. Naturalmente, en las circunstancias pasionales de la época, caerían más o menos inocentes junto con los culpables, pero esa ley exalta a los culpables al equipararlos con los inocentes, y denigra a estos al identificarlos con los asesinos. Y Semprún se refería a los ejecutados en Francia en virtud de sentencias judiciales, pero no a los asesinados fríamente y sin juicio legal, que fueron como mínimo 10.000 y probablemente muchos más. En España fue al revés: hubo pocos asesinatos en posguerra, debiéndose casi todas las muertes a sentencias judiciales

--Sentencias sin garantías que la ley de memoria histórica ha declarado nulas. 

--Esa misma ley que iguala a asesinos sádicos con más o menos inocentes y que pretende imponer una versión de la historia, como en los regímenes totalitarios. Los juicios eran menos garantistas que los de ahora, cosa lógica, pero mucho más que los de los “tribunales populares” de la izquierda, cuya arbitrariedad era total. 

--No me ha convencido usted. 

--No pretendo convencerle, solo aclarar los hechos frente a una propaganda que con sus embustes está resucitando los odios que destruyeron a la república. En suma, repito, Franco no derrotó a una democracia sino a un proceso revolucionario, derrotó otros muchos peligros para España y dejó un país unido, próspero y reconciliado. Por eso fue fácil el paso a la democracia. Y fíjese usted: todos los peligros para la democracia han venido de los que se proclaman antifranquistas y se identifican con los del Frente Popular: el terrorismo y la colaboración política con él, la corrupción masiva, el ataque a Montesquieu, es decir, a la independencia judicial, los separatismos… Esto no puede ser casual. En suma, el 18 de julio inauguró el período de paz y prosperidad más prolongado que haya vivido España en al menos dos siglos, y que dura todavía, aunque amenazado. Por lo que bien merece una conmemoración, y no el festival de distorsiones y embustes que hoy por hoy viene acompañado a su recuerdo. 

Francisco Javier de la Uz Jiménez

9 comentarios:

José Antonio dijo...

¡A Dios, gracias! Por el amable transcurso de estas nuestras vacaciones veraniegas. Y también ¡A Franco, gracias!, porque si en España, y en gran parte de Europa, las vacaciones (y el resto del año) pueden transcurrir en todavía relativa amabilidad se debe en buena medida a que estamos inmersos en el Siglo de Franco. Si Franco no hubiese guiado al pueblo español para conseguir la supervivencia de España y luego no se hubiese constituido él en el Centinela de Occidente (de la civilización cristiana occidental) – no me lo invento yo, lo decía entre otros Winston Churchill. Además, éste, ciertamente contrariado decía: ¿Por qué no dejarán vivir a Inglaterra tan tranquila tras el Canal, como a España con Franco tras los Pirineos?−; pues, (digo yo) de no haber sido porque Franco (el pueblo español) ganó la guerra y ganó la paz, eso de las vacaciones sería cosa ya olvidada.

Esas breves palabras que anteceden me han hecho entrar suavemente en faena sobre ese oportuno artículo que nos presenta nuestro Teniente Coronel, Francisco Javier de la Uz. Voy a ello:

El que haya sedicentes demócratas que se ven obligados a proclamar su malestar interno haciendo alardes absurdos sobre sus desconocimientos de la historia, me obliga caritativamente a mí a decir lo que yo sé, por haberlo vivido. Pero, antes, −a ver, cualquier sedicente demócrata que voluntariamente quiera colaborar conmigo: Escriba usted su definición de democracia. Y ahora vamos a compararla con el sistema de gobierno del país que usted desee o de todos los del resto del mundo.

Yo ya he hecho la comparación, y en la pura realidad no existe ni un solo país (por no decir nación) cuyo sistema de gobierno se parezca en nada a lo que usted ha definido como democracia. Mire, lo más parecido a esa su definición de democracia, era el Régimen nacional que presidió Francisco Franco. En España, todos éramos clase media; la justicia era independiente del poder ejecutivo; los domicilios particulares no necesitaban verjas ni alarmas; la tele y los políticos no estaban al servicio de la degeneración de las personas, excepto los funcionarios del Estado y los empresarios importantes, casi nadie hacía declaración de la renta; el pago de las multas de tráfico en la práctica era voluntario, así como el pago del impuesto municipal de tenencia de vehículos de motor; a España venían los principales mandatarios extranjeros, a visitar a nuestro Jefe del Estado, Francisco Franco, etc., etc.
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José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción AGM

José Antonio dijo...

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No me ofrece la menor duda ello, el mensaje del aserto más universal que acude a mi mente en este momento: ”el tiempo es oro”. Y yo, en mi afán de poner mi huella dactilar, como muestra de mi firme aceptación de esa idea, añado: “y si es tiempo de vacaciones, el tiempo vale aún más que pájaro en mano –como lo oí decir a una notoria sedicente sosialista con fama de pragmática y de no andarse con remilgos burgueses–. Consecuente con lo primero, haré en forma telegráfica unas precisiones mías para los partidarios de las estadísticas “de oído”, algo más fiables las mías que las que encontramos en el artículo que comentamos:

- Las primeras cifras que en mi temprana juventud oí de enterramientos en Paracuellos del Jarama, 1936-39, tras sus correspondientes asesinatos cometidos por los rojos republicanos, fueron las de más de 16.000. Y las primeras cifras que oí de asesinatos cometidos por los rojos republicanos, 1931-39, por toda España, fueron las de más de 300.000.

- En 1943, contaba yo mis primeros cinco años de edad, y siempre he tenido la memoria de haber acompañado a mi abuela materna a dar el pésame a una familiar de un recién fusilado por orden de la Justicia. Fue encausado por haber sido denunciado por familiares de cinco convecinos que, acusados por él de tener fama de fascistas, fueron fusilados por milicianos rojos republicanos en 1936. El Juzgado iba aplazando los trámites, con intención de que paso del tiempo aplacase a los denunciantes; pero estos exigían justicia y, al final, fue condenatoria la sentencia. Ese fue el único ajusticiamiento de posguerra que conocí.

- En 1947, contaba yo ya siete años de edad, y para siempre me quedó la memoria de haber acompañado a mi abuela materna a dar el pésame al padre y la madre de dos de aquellos fusilados por rojos republicanos en 1936. En el colegio, conocí a varios niños que no tenían papá, por haber muerto en la guerra o por haber sido asesinados revolucionariamente.

José Antonio dijo...

–Para mí y desde que tuve uso de razón, el 18 de julio significaba PAZ y VIDA HONRADA….

Pero ahora voy a tratar un tema concreto que se me ha cruzado en el camino: El tema de la Marina española; que no es de mi especialidad y sé que no debiera decir yo nada sobre ello. El problema es que los auténticos especialistas tampoco dirán nada para informar verazmente a la opinión pública. Con eso, la pobre opinión pública queda a merced de los hombres-masa –descritos por Ortega y Gasset y a los que hoy en día los vemos corrompiendo, con su soberana ignorancia y su maldad antinacional a sueldo de la masonería globalizadora–, los vemos corrompiendo todos los debates periodísticos, televisivos, etc. Así es que me veo obligado a exponer mi sincera opinión, pero con todas las cautelas posibles:

Ni España, ni Inglaterra, ni nadie, a excepción de USA y quizá China y Japón, nadie está capacitado para, mediante el empleo de los más adelantados y potentes medios, terrestre, marítimos o aéreos, y contra un enemigo de fuerza similar, sostener de modo autónomo una guerra de más de dos semanas de duración. Luego, esa supuesta guerra entraría en una fase de golpes y contragolpes muy limitados y sin efectos decisorios, hasta que la masonería supranacional globalizadora diese la orden de –¡Alto el fuego! Ya se vio claro que, en 1982, los barcos ingleses, para poder llegar a las Islas Malvinas con capacidad combativa, hubieron de necesitar de toda la ayuda técnica y logística de USA –además de contar con la decisiva ayuda saboteadora de la masonería argentina infiltrada en el Gobierno argentino y en los altos Mandos de las Fuerzas Armadas argentinas.

Lo dicho viene al caso, porque me ha surgido una inquietud testaruda; ésta, un gran buque como el Príncipe de Asturias (anunciado para desguace), ¿para qué habría de servirle él ahora a España?, teniendo en cuenta, además, que ésta ya dispone de un buque más eficiente y potente, el Juan Carlos I. –Pues habría de servirle (opino yo), para cumplir sumisa y obedientemente más misiones que en beneficio de la política globalizadora imperialista totalitaria le fueran asignadas por la OTAN. Del mismo modo que aviones españoles hubieron de ir a bombardear o misilear al pueblo libio, después de haber sufrido éste, durante largo tiempo, a su presidente Gaddafi (notorio marioneta de la masonería globalizadora).

Por otra parte, esos grandes buques convierten a sus países propietarios en rehenes de los poderes supranacionales masónicos, ya que corren el peligro de que se los destruyan, si no son países obedientes. Tal y como le ocurrió a Rusia en agosto del año 2000, cuando hábil y traidoramente saboteado le destruyeron el macrosubmarino K-141 KURSK.

Esto de las guerras habidas desde la Revolución Francesa, tiene unas reglas inquebrantables; las guerras las programa y organiza la masonería globalizadora y las gana quien diga la masonería globalizadora (excepto la guerra civil española de 1931-39, que la ganó el pueblo español cuando a Franco se le asignó la Jefatura de los Ejércitos nacionales y la Jefatura del Estado). Véase, si no, la guerra de Vietnam; el despampanante ejército de USA fue derrotado y humillado por los famélicos guerrilleros del Viet Cong. Pero es que la masonería globalizadora se había dispuesto el desprestigiar al ejército de USA, que era de recluta en servicio nacional, para que USA se dotase de un ejército profesional voluntario con el que llevar la guerra al mundo entero por cuenta del imperialismo totalitario globalizador masónico, sin que las madres y los padres ciudadanos USA pudiesen protestar cuando viesen a los soldados USA metidos en guerras incomprensibles.

–Y para mí, insisto, y desde que tuve uso de razón, el 18 de julio significaba PAZ y VIDA HONRADA….

José Antonio dijo...

…Lamentablemente, la iglesia parroquial y las cinco ermitas situadas en parajes campestres del contorno, y que durante siglos habían recibido los piadosos cuidados necesarios para su mejor ornato y conservación por parte del vecindario y de la municipalidad, aparecían ahora (en el final de la década de los años treinta y el comienzo de la de los años cuarenta, del mil novecientos) como recientes víctimas de la furia aniquiladora en la que algunos vecinos del pueblo y algunos forasteros añadidos se habían visto sumidos durante el revolucionario y bélico trance comprendido entre 1.936 y 1.939 (durante el trágico trance de la última de las guerras civiles planificadas y promovidas contra España por los superpoderes imperialistas supranacionales de ámbito mundial), ya que todas esas referidas edificaciones religiosas se mostraban concienzudamente profanadas, saqueadas y hasta casi arrasadas algunas de ellas. La primitiva construcción de una de aquellas ermitas locales era atribuida a la generosidad costeadora de Juan Ruiz, célebre escritor de la primera mitad del siglo XIV, conocido con el sobrenombre de “el Arcipreste de Hita”; y quizá fuera ella la ermita que menos maltrato revolucionario había recibido (aunque recibió mucho); posiblemente se debiera la algo menos acentuada atención arrasadora tenida para con tal ermita al hecho de estar anexa ella al, instintivamente inquietante aun para los descreídos, cementerio local, en donde yacían los restos mortales de los antepasados de algunos de los, en los referidos revolucionarios momentos, enfurecidos arrasadores actuantes.

-Incautos arrasadores, aquéllos, de sus propios fundamentos culturales y sociales, y eficazmente cumplidores (sin tan siquiera sospecharlo esos mismos arrasadores) de los criminosos planes del engañoso y anónimo máximo poder imperialista supranacional que, proponiéndose el dominio mundial, ya llevaba muy avanzado su dominio sobre Europa; tras venir ese superpoder, desde hacía dos siglos, inundando los distintos pueblos europeos con las disolventes ideologías del desfondamiento espiritual y del “divide y vencerás”, así como con permanentes crisis económicas y sociales, con sistemática obstaculización al progreso conducente al bienestar social generalizado y con injusticias, corrupción y desgobierno público; preparatorio todo ello de las revoluciones populares falsas y de las guerras que estaban llevando a todos los pueblos de Europa y a su común milenaria civilización a catastrófico envilecimiento.

José Antonio dijo...

…El trato habitual entre los adultos se manifestaba muy dispar; aparte de las fuertemente condicionantes normas formalistas de interrelación que por tradición las pequeñas y aún por entonces introvertidas sociedades locales de aquella comarca, predominantemente agrícola, habían venido imponiendo a sus integrantes, existía muy viva la problemática derivada de una preguerra civil y de una guerra civil (1931-1939, aniquiladoramente revolucionarias y tan recientes) que, como a la generalidad de los españoles de las diversas regiones, cultural y sentimentalmente había arrastrado a una considerable porción de los vecinos de aquí hacia antagónicas disposiciones personales, más o menos extremas, de incomprensión, de resentimiento y de intransigencia. En principio y según mi infantil parecer, la mayoría de las personas adultas podían ser consideradas razonables y bienintencionadas, aunque en la práctica esas encomiables predisposiciones personales sufriesen cada poco repentinos cambios hacia sus opuestas: hacia la crítica inmisericorde y el juicio temerario o calumnioso contra los ausentes, hacia la discusión violenta con los presentes y aún hacia el abuso egoísta de la razón de la fuerza o la amenaza de irracional pelea.

-Más tarde, bien entrado en mi mocedad ya, hube de reconocer que, en la sociedad española (única sociedad que, en alguna medida, yo conocía por entonces) y hasta algunos años después de terminada la referida guerra civil, en un no-pequeño porcentaje de los integrantes de esa sociedad (en especial entre los pertenecientes a la juventud y a la mediana edad) se había seguido poniendo de manifiesto la nociva y embrutecedora educación pro-revolucionaria antinacional partidista: educación antisocial, contracultural-nihilista, inmoral-ateísta e irracionalmente materialista, que de manera sistemática les había sido inculcada en la anteguerra; una educación con propensión al egoísmo, al partidismo insultante, calumniador y agresivo, a la dañina intención, a la grosería, a la delincuencia…,y sólo refrenadas las conductas derivadas de tal nociva educación por el temor a algún posible castigo penal o algún otro perjuicio consiguiente para sí; es decir, en un significativo porcentaje de la sociedad española y durante un considerable espacio inicial de la época de posguerra, se había continuado poniendo de manifiesto un antiguo, e intensamente inculcado, disgregador comportamiento público inmoral-insociable.

José Antonio dijo...

…Pero lo que hizo inolvidable para mi aquella escena fue lo que siempre he creído haber oído seguidamente:
-Ya me he enterado, …y sabes lo mucho que lo siento…
•Nada, hija, …lo hemos intentado todo …pero no ha sido posible…
-¿Cuándo ha ocurrido…?
•Anteayer, …le fusilaron por la mañana, y ayer le enterramos, en la capital (de la provincia)…
No hubo lágrimas en el rostro de ninguna de ambas mujeres; sus semblantes permanecieron inmutablemente serios y apesadumbrados, se despidieron ellas con un afectivo ademán y yo tardaría años en conocer las causas de aquella tragedia y en comprender su magnitud. Tardaría yo años en conocer y comprender que aquel recién fusilado a quien se referían ellas (un yerno de aquella interlocutora de Abuela) era una víctima más de entre las innumerables que la punitiva espiral de violencia consecuente a la gran tragedia fratricida que, originada por los poderes imperialistas supranacionales, ciegamente y en etapas más o menos virulentas, había venido padeciendo el pueblo español desde hacía ya más de un siglo.

Según quedó recogido en la memoria popular, aquel recién fusilado había sido alcalde del pueblo en el año 1.936; en los últimos días del mes de julio de ese mismo año, poco después de haberse dado comienzo a las operaciones bélicas de la guerra civil, firmó él una denuncia redactada por el secretario del Ayuntamiento contra dos convecinos, un padre y su hijo sacerdote, acusándolos de coaccionar a mujeres para que asistiesen a misa; denuncia que, para darle justificación a la misma y hacer notar la conveniencia de que fuese tomada en consideración por la autoridad gubernativa, concluía con el parecer del denunciante de que tales hechos podrían dar lugar a graves disturbios públicos. Por causa de tal denuncia, ambos acusados fueron apresados en el primer día del inmediato agosto, por milicianos irregulares al servicio del comité revolucionario frentepopulista provincial, el cual actuaba bajo el control de organismos dependientes del gobierno del antinacional Frente Popular que había liquidado la II República y que desde entonces detentaba el poder gubernamental en España con la finalidad de provocar una guerra civil aniquiladora de la nación española; y ambos detenidos, padre e hijo, fueron encarcelados sin que mediase intervención judicial alguna. Tras pasar algunos meses en dicha situación y en atención al grave deterioro de su salud, y también con el apoyo de alguna influencia política poderosa, el padre fue excarcelado, pero el hijo permaneció interno en la prisión provincial hasta el día 6 de diciembre del mismo año; en cuya fecha y como reacción a que unos aviones supuestamente pertenecientes al bando nacional habían efectuado un cruento bombardeo provocativo dentro de la capital, en cuyas afueras radicaba la prisión provincial, manipuladas turbas enfurecidas se hicieron dueñas de dicha prisión y, con anuencia de la autoridad gubernativa provincial, en una revolucionaria sesión que duró diez horas nocturnas asesinaron a los tres centenares de presos allí internos bajo informal acusación de ser "de derechas" o “fascistas”, o internos bajo acusación de ser religiosos o militares no afectos al bando frentepopulista. Uno de los presos asesinados en aquella fecha, resultó ser el referido sacerdote. (Durante aquel genocidio nocturno, algún alma piadosa cortó el fluido eléctrico en la zona; pero el gobernador civil urgió amenazadoramente para que fuese restablecido y se pudiese continuar el genocidio).

José Antonio dijo...

Aquel mismo alcalde acompañó, en uno de los siguientes primeros días de agosto del mismo año, 1.936, al grupo de milicianos que unos días antes habían apresado a los citados padre e hijo, a la busca y captura de otro hijo de la misma familia y a la de tres vecinos más del pueblo (un sargento, ya retirado, de la Guardia Civil, un obrero y un labrador), también informalmente acusados ellos, por el mismo alcalde, de ser de derechas. Tres de esos cuatro apresados (uno se salvó fortuitamente) fueron seguidamente trasladados a otro pueblo, próximo, y entregados a un improvisado tribunal acusador-condenador designado por el comité revolucionario frentepopulista comarcal; tribunal que de inmediato les sometió a brevísimo simulacro de juicio sumarísimo, sin intervención de defensa ni aceptación de presentación de pruebas, y que les condenó a pena de muerte sin apelación posible; los tres condenados, junto a vecinos de otros pueblos cercanos y similarmente acusados y condenados, fueron revolucionariamente fusilados en la madrugada del siguiente día, después de haber cavado su fosa de enterramiento.

Al concluir la guerra civil, familiares de aquellos apresados y luego fusilados denunciaron ante la autoridad judicial al referido alcalde, por su decisiva implicación inicial en tales hechos; durante más de tres años se le siguió causa criminal al denunciado y fuera de familiares suyos nadie presentó testimonio en su descargo (en contraste ello con la facilidad con la que se fueron acumulando las pruebas y los testimonios condenatorios en su contra). El resultado de tales denuncias fue que el tribunal de Justicia que juzgó a aquel ya exalcalde le condenó a pena de muerte y, no habiendo sido estimadas las peticiones de gracia formuladas a su favor, en ejecución de esa condena se le fusiló, de acuerdo con lo que doloridamente nos confirmó aquella familiar suya.

José Antonio dijo...

Los principales responsables directos de los crímenes por los que se condenó a aquel exalcalde habían huido al extranjero al finalizar la guerra civil, en busca del amparo de los imperialistas poderes supranacionales que habían decidido, planificado y sostenido el previo proceso revolucionario (de carácter similar al soviético ruso) y la subsiguiente guerra civil, en España;…

-Fueron los principales responsables directos de tales crímenes el gobernador civil de la provincia y los dirigentes regionales de algunos partidos políticos frentepopulistas, que habían sido quienes prepotentemente conminaron a aquel entonces alcalde y a los alcaldes de los demás pueblos a denunciar con carácter informal a los vecinos que ellos considerasen más significativamente de derechas, a efectos de cumplir así las exigencias que dichos principales responsables recibían de los referidos imperialistas poderes supranacionales decisorios de la preparación y del desencadenamiento de la guerra civil; poderes imperialistas ésos que también habían dispuesto ya el subsiguiente asesinato (al estilo soviético) de quienes resultasen denunciados, a fin de producir así –mediante crímenes provocativos– ánimos de venganza y hacer inacabable la trágica espiral de violencia fratricida que tan largamente –al menos, durante el transcurso de un siglo y medio– venía sufriendo el pueblo español bajo la tutela opresiva de dichos poderes imperialistas supranacionales-

…y aquí dejaron, esos principales responsables directos de tantos crímenes fratricidas, a los personajes menores, a sus cómplices quizá a la fuerza o por medio de engaño, con toda clase de pruebas sobre sus responsabilidades delictivas, a fin de poder montar luego campañas de desprestigio contra las nuevas autoridades del Estado, cuando éstas hubieran de imponer o confirmar las graves penas judiciales correspondientes, y así poder alimentar el odio y el enfrentamiento futuros entre los españoles de las generaciones venideras.

José Antonio dijo...

Una vez apresados los cuatro vecinos del pueblo señalados por el alcalde, los milicianos rojos captores los llevaron hasta los automóviles de que disponían, para trasladarlos al otro pueblo en el que habían de ser fusilados en revolucionario acto de fusilamiento colectivo; pero entonces se advirtió que no cabrían normalmente acomodados en los vehículos disponibles todos los capturados y todos los milicianos que los conducían; así que el jefe de los milicianos captores, hombre práctico, buscó una alternativa a su gusto:

Se encaró él con Estanislao (el obrero encargado del mantenimiento rutinario del tendido eléctrico urbano) y le dijo: «Si me entregas quinientas pesetas, te dejo aquí y no tienes que venir ya con nosotros».

Pero el requerido para la entrega monetaria también era un hombre práctico, obligadamente práctico, y con espontánea franqueza le contestó al pícaro recaudador: «Yo soy un obrero de poca categoría y de salario aún más pequeño, y en los muchos años que me llevo trabajando nunca he conseguido ver juntas tantas pesetas en mis manos».

Al miliciano le pareció sincero el requerido, así que condescendiente probó una rebaja: «Bueno, ¡que sean cuatrocientas!».

«Ni cuatrocientas, ni cien; si yo no tengo más que deudas; ...no te puedo dar más que los pocos reales (monedas de 25 céntimos de peseta) que tenga mi mujer para el avío diario de la casa», contestó, con sonriente resignación, el bueno de Estanislao.

Ante aquella imposibilidad confiscatoria, el jefe miliciano señaló el interior de uno de los coches y le dijo a Estanislao: «Al fin y al cabo, el viaje no va a ser muy largo, es un paseo, así que podrás hacerlo, tú, sentado sobre las rodillas de ese paisano tuyo que está ahí dentro», al tiempo que le empujaba hacia el interior de un vehículo.

Pero esa acción quedó interrumpida, cuando uno de los desocupados abuelos que angustiadamente presenciaban la escena se acercó decidido y sujetó por un brazo al miliciano, al que dijo: «Ése no tiene cuatrocientas pesetas para dártelas, pero yo sí las tengo; ¡espera un momento, que voy por ellas!».

Lo más ligero que podía, el abuelo fue a su casa, cogió el dinero y volvió; le entregó cuatro billetes de banco, doblados, al miliciano y le dijo: «Éste ya ha pagado, ¡así que él se queda aquí!».

El miliciano desdobló los billetes ...y con mal contenida ira le dijo al caritativo abuelo redentor: «¡He dicho que cuatrocientas pesetas, y aquí sólo hay cien!; estos cuatro, son billetes de veinticinco pesetas».

El abuelo golpeó con toda su fuerza el suelo, con su garrota, a la vez que soltaba unas palabras gruesas, y respondía tajante: «¡Esas cien pesetas valen por cuatrocientas y más!, que me las gané yo trabajando muchos años la tierra, y me las guardaba para poder comer ahora que ya no valgo para trabajar…».

El miliciano miró de reojo la robusta garrota del a cada momento más peligrosamente indignado abuelo; …miró también hacia las esquinas próximas, en donde ya se había agolpado un buen número de expectantes vecinos; …y, a pesar de saberse bien protegido por los fusiles de sus compañeros milicianos, disimulando su enojo y tras haberse guardado el dinero en un bolsillo y olvidarse de Estanislao (quien ya se había apartado prudentemente del lugar, con la excusa de remojar su garganta en la cercana fuente), se introdujo en su coche y ordenó la rápida puesta en marcha de aquella caravana de la muerte.