ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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6/6/13

Diez historias heroicas del día D













 El 6 de junio de 1944 se producía la mayor operación de invasión por mar de todos los tiempos, que cambió el signo de la Segunda Guerra Mundial
Debido al éxito del primer desembarco aeronaval de toda la historia que fue el de Alhucemas en 1.925. El General estadounidense Dwight Eisenhower y los Estados Mayores aliados,  estudiaron profundamente la táctica empleada por los españoles en dicho desembarco, para planificar el de Normandía en 1.944.
El libro de Antony Beevor sobre el Desembarco está plagado de anécdotas relatadas por los soldados que sobrevivieron al Día Más Largo


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El día D empieza con el desayuno más largo


Las lanchas del Desembarco, tal y como las vieron los soldados
        
            Una de las cosas más nocivas del desembarco en Normandía fue la poca previsión dietética que realizaron los Aliados aquel día D, el 6 de junio de 1.944. Los cocineros de los buques nodriza americanos desde los que las lanchas se desplegaron quisieron tener un detalle con los 130.000 hombres que se iban a jugar la vida y muchos prepararon opíparos desayunos.

            En el “Samuel Chase” les dieron “tantos filetes de cerdo y de pollo y tantos helados y dulces como pudieron comer”, según relata Antony Beevor en su libro “El día D”. Otros barcos ofrecieron judías, salchichas, café y donuts. La Marina Real Británica fue más frugal e incluía una copita de ron, que hizo recordar a más de uno los tiempos de Nelson.
            Por si esto fuera poco, las tripulaciones a veces cedieron generosamente sus raciones a los hombres que iban a desembarcar. Tales ingestas previas a la batalla se aliaron con los nazis, llenaron de mareos y vómitos las barcazas en el mar picado, e hicieron que los hombres llegaran agotados a Omaha, Utah, Gold, Juno y Sword, las playas del día D. Claro que muchos vomitaron también por la protección antigás con la que untaron los trajes de faena. ¡Cómo olería, puesto que los llamaron “trajes mofeta”.

Vivos y muertos en la hora H


Los vivos y los muertos compartían la playa aquella mañana

              No todos los equipos desplegados tuvieron puntería. Las operaciones comenzaron de noche. Para desembarcar a la hora H: las 06:30, media hora después de amanecer, las barcas de la primera oleada partieron de las naves nodrizas a las 05:20. Cuando estaban a poca distancia de la playa de Omaha, la más infernal, observaron que las bombas lanzadas por los aviones caían muy lejos de la cima del acantilado, así que ni deshicieron los campos minados ni siquiera golpearon los nidos de ametralladoras o las fortificaciones: “¡Lo único que han hecho ha sido despertarlos!” se quejó amargamente el Comandante Scot.Bowden.
            Se había fijado la hora H en la parte por la confianza en la precisión de los bombarderos americanos, abandonando la idea británica de arribar a la playa en mitad de la noche. Los jóvenes marinos británicos, tripulantes de las lanchas, en ocasiones se asustaron tanto al llegar a la playa que quisieron bajar la rampa antes de tiempo y solo aguantaron a punta de pistola hasta el lugar convenido. Los guardacostas americanos, con más experiencia apagaban los motores para sortear bancos de arena y llegaron hasta la misma playa.
 

El sufrimiento infinito de la población civil


Los Soldados avanzan desde las playas por suelo francés

             El Día D recibió muchos nombres. No sólo Rommel lo bautizó como “El día más largo”. Mientras que los aliados hablaban de invasión, fue imposible que esa expresión triunfara en Francia. Para los franceses, la invasión era lo que ya sufrían, es decir, la ocupación nazi. Así que encontraron una manera de espantar el fantasma de esa opresiva experiencia bautizando la llegada de los ejércitos liberadores como desembarco, debarquement.
            Pero, pese a ser uno de las más grandes operaciones militares de la historia, el desembarco era sólo parte del principio. Por duro o sangriento que fuera, después quedaba la mayor parte del trabajo, de la toma del terreno ocupado por el Ejército alemán. La población civil francesa sufrió miles y miles de bajas durante la operación Sólo en el bombardeo de los dos primeros días murieron 800 personas en Caen. De los 60.000 habitantes de esa población, pronto sólo quedaron 17.000 entre las bajas y los refugiados.

Paracaidistas que no llegaron vivos al suelo



Un equipo sincroniza sus relojes

              No todos los hombres llegaron en lanchas a las playas aquel 6 de junio. Antes del desembarco, una gran operación de tropas aerotransportadas fue lanzada detrás de las líneas enemigas. 1.200 aviones con tres Divisiones. Algunas compañías tomaron tierra en planeadores Horsa de madera, remolcados por los bombarderos Halifax. El aterrizaje de estos frágiles aparatos, cargados con hombres, vehículos y pertrechos varios, fue trágico en algunas ocasiones. Otros se deslizaron hasta el punto correcto, como el Horsa cuyo objetivo era el puente del canal de Caen, que tomaron tras un breve combate.
            Los Horsa de madera contrachapada fueron llamados “hearses” (coche fúnebre). Poco después, empezaron a caer paracaidistas por toda la región, en los campos y sobre las poblaciones; algunos tuvieron la mala fortuna de caer junto a cuarteles alemanes o sobre posiciones fuertemente defendidas. Muchos murieron antes de tocar el suelo. Las campanas de sus paracaídas fueron acribilladas a balazos por el fuego de las metralletas.

Desde el avión que no frenaba

Posición controlada en las playas del día D

            El relato del viaje de los soldados aerotransportados que llegaron la noche del día D a su destino en suelo francés resulta estremecedor. Los aviones cargados de paracaidistas iban tan solo a 300 metros de altura, al alcance de las baterías antiaéreas. El zigzag de los aparatos para esquivar el fuego lanzaba a los hombres y los equipos de un lado a otro en el interior. Los proyectiles que llegaban a golpear el fuselaje resonaban “como grandes piedras de granizo contra un tejado de hojalata”. Un paracaidista que fue herido en las nalgas fue obligado a ponerse de pie para la cura. Puesto que se ordenó que nadie quedase a bordo.
           Todos iban a saltar, y la orden se cumplió. El problema es que los pilotos no redujeron la velocidad por miedo a aparecer mejores blancos, así que, en el momento de saltar, los paracaidistas sufrieron un tirón mucho más fuerte de lo normal. Un paracaidista que consiguió aterrizar vio un avión a tan poca altura que no dio tiempo a que ninguno de los hombres que de él saltaron pudiera abrir el paracaídas. Comparó el sonido de los cuerpos al estrellarse ”con el que hace una sandía cuando cae de un camión en marcha”.

Los obuses resuenan en los cuerpos
   

Nueva hornada de Soldados llega a las playas de Normandía

             Un espectáculo insólito sorprendió a las tropas embarcadas en las lanchas que se dirigían a las playas en mitad del mar picado. Con la primera andanada del fuego de cobertura de la Armada, pegaron un brinco en las barcazas. El acorazado americano Texas y sus dos compañeros el Arkansas y el Nevada, disparaban todos sus cañones al unísono, mientras que los británicos lo hacían de manera secuencial.
           
            La onda expansiva era de tal magnitud que algunos pensaron que el barco había saltado por los aires. En las barcas la sentían, como dijo Ludovic Kennedy, “te producen en el pecho la sensación de que alguien te ha abrazado y te ha dado un buen achuchón. Sobre las barcazas comenzaron a volar los pesados obuses en dirección a tierra que sonaban como “vagones de mercancías”.

            Desde cualquier punto se veía a las barcazas desaparecer detrás de las olas y volver a aparecer entre la fuerte marejada. A las explosiones de los cañonazos les seguía otro espectáculo. El vacío creado por los pesados proyectiles de 14 pulgadas, según lo describe un Sargento de la I División, produjo una visión extraña: “Ver como el agua se levantaba y seguir el rastro de las bombas y comprobar cómo volvían a caer en el mar”.

 

La escena real que pudo inspirar a Spielberg



Una de las primeras barcas en llegar a su destino


       Testimonio directo, nada más tocar la playa, que recuerda la magnífica reconstrucción de aquella terrible mañana realizada por Spielberg en “Salvar al soldado Ryan”. “Cuando bajó la rampa vimos que el tiroteo alcanzaba directamente a nuestra lancha”, escribió un Soldado del 116º, que desembarcó en el sector occidental de Omaha. “Mis tres jefes de pelotón, que iban delante, y algunos otros hombres fueron alcanzados. Algunos saltaron por el costado. A dos marineros les dieron de lleno. Cuando salí, el agua me llegaba sólo a los tobillos. Intenté echar a correr, pero de pronto el agua me llegaba a la cintura. Nadé para ocultarme detrás del obstáculo de acero colocado en la playa. Las balas rebotaban en él y atravesaban mi mochila sin darme. Otras alcanzaron a muchos compañeros”.

        “Muchos fueron alcanzados en el agua, al margen de que fueran o no buenos nadadores”, escribía el mismo Soldado. “Se oían gritos de socorro de los heridos que se ahogaban agobiados por el peso de la carga…. Había cadáveres flotando en el agua y hombres vivos que se hacían los muertos para que la marea los arrastrara a tierra”.

            
            

Ametralladoras “como mazorcas”

Imagen de un cadáver tras el desembarco



         Desde los hombres que saltaron por los aires de una lancha bombardeada a los heridos que el mar arrastraba, ahogándose a medida que subía la marea, la manera en que morían quienes acudían a ayudar a los heridos…. Los primeros ingenieros de combate que llegaron tuvieron que actuar como si fueran soldados de infantería. Habían perdido casi la mitad de sus pertrechos de demolición durante el desembarco.

         El fuego enemigo era demasiado intenso par que pudieran hacer nada hasta que llegaran los bulldozers blindados. “Algunos hombres lloraban, otros lanzaban maldiciones”, recordaba un joven oficial del 116º de Infantería. “Yo me sentía más un espectador que un participante real en la operación”. Cuando fueron bajadas las rampas y las ametralladoras abrieron fuego, escribió un sargento originario de Wisconsin, “los hombres caían abatidos como caen las mazorcas de maíz de una cinta transportadora”.

            
La hora de los héroes insospechados


Equipos médicos atienden a Soldados heridos

              Después del primer fragor de la batalla, algunos soldados tuvieron unos minutos para pensar. Herido, en medio aún de los terribles tiroteos y un combate feroz, el capitán Hall, un auxiliar de cirujano asignado a la 1ª División, que resultó herido cuando llegó al banco de guijarros, escribió que los hombres “estaban tumbados en las piedras húmedas, temblando de frío y de miedo”. Lleno de admiración y asombro, observó a uno de sus asistentes médicos”.

            “El cabo A.E. Jones, que siempre fue un canijo -58 Kg de peso y 1.65 m de estatura-, era el último del que habría podido esperarme que hiciera algo espectacular. En medio de aquel tiroteo, cuando prácticamente nadie habría tenido la menor oportunidad de bajar a la playa y volver con vida, él lo hizo seis veces y trajo a varios hombres”. En una ocasión, fue a examinar a uno de los heridos y volvió donde estaba el capitán Hall para describir la lesión y preguntarle lo que debía hacer.

Un garfio como arma ultrasecreta de Armada Aliada


Náufragos del día D, algunos Soldados son ayudados a salir del agua, agotados

        Algunos Rangerse tenían como misión tomar un promontorio, donde había una batería. Pero parecía que iban a tener mala suerte. El timonel de la Marina Real Británica los conducía demasiado al este, casi el centro de la propia playa Omaha. Perdieron media hora luchando contra la corriente en torno a la Pointe du Hoc. Una vez que las embarcaciones estuvieron en posición al pie del acantilado, fueron utilizados garfios impulsados por cohetes, recurso intentado por los comandos británicos. Muchos de ellos se quedaron cortos, en parte porque las cuerdas pesaban demasiado a causa del agua, pero varios lograron agarrar y los primeros hombres empezaron a trepar por el acantilado. Los alemanes no podían creer que lo garfios procedieran de las lanchas de desembarco situada al pie del acantilado. El Cuartel General de la 352 ª División de Infantería fue informado de que “desde los buques de guerra en alta mar el enemigo dispara contra los acantilados bombas especiales de las que salen escalas de cuerda”. Los Rangers acabaron pronto el trabajo y tomaron las baterías.
            
 


Cementerio norteamericano cerca de la playa de Omaha. Fue uno de los lugares donde el Desembarco y la batalla fueron más encarnizados. Tantos años después, aquellas escenas siguen partiendo el alma.





Francisco Javier de la Uz Jiménez

4 comentarios:

Geppetto dijo...

La planificacion asi como el desarrollo de la invasioon fueron un desastre
Montgomery nunca fue un buen general pero en la planificación del desembarco se lucio, la acción se salvo porque el ejercito invasor tenia mas material que nadie.
Desde la eleccion de las playas hasta el desembarco en si fue un desastre que no termino en tragedia para los aliados gracias a su ingente material de combate y sus inmensos recursos humanos.
http://lapoliticadegeppetto.blogspot.com.es/

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Totalmente de acuerdo, Geppetto. De la A a la Z. Si no... de que.

Javier de la Uz dijo...

Arqueología del Día D: ¿Qué quedó bajo el mar de Normandía del campo de batalla?

Un campo de batalla, como las playas de Normandía, puede y debe ser considerado como un tipo de yacimiento arqueológico, susceptible de ser localizado, prospectado y eventualmente excavado e interpretado como cualquier otro yacimiento. Brett Phaneuf y Robert Neyland del Instituto de Arqueología Náutica de la Universidad A & M de Texas (INA) comenzaron a preguntarse, si era posible investigar desde el punto de vista arqueológico una batalla crucial para su historia. Entendieron que sí y por eso regresaron a las playas de Omaha, Sword, Juno y Utah, para reconocer bajo agua todo lo que allí aconteció. Ocurrió en el verano del 2000. Concretaron inicialmente el estudio completo de un tramo de 20 millas de la costa de Normanda que incluia expresamente dichas zonas. ¿Qué queda de la batalla bajo el mar?

ABCdesevilla.es

José Antonio dijo...

¡Qué narración más fabulosa, para comentarla si uno fuese un buen comentarista y tuviese tiempo ilimitado para ello…!

En mi caso y ante mi carencia de esos requerimientos expuestos, improvisaré conforme a lo más llamativo que se me vaya ocurriendo:

Generalmente, la instrucción de combate que recibe el soldado resulta apropiada para unas supuestas circunstancias que luego estarán muy alejadas de las circunstancias reales, sorprendentes y aun inimaginables, que vayan apareciendo sobre el campo de batalla. Una operación bélica como la narrada, no admite calificativos más apropiados que los de “dantesca, apocalíptica, genocida, locura, etc.” Considero que muy pocos soldados hayan sido instruidos y entrenados nunca para poder prever las mayores dificultades contra las que deberán estar capacitados para hacerlas frente en el escenario real. Así que, buen soldado será aquel que sea capaz de improvisar aceptablemente sus procedimientos de actuación en cualesquiera circunstancias, sin dejarse atemorizar por nada de lo que vea u oiga, adaptándolos al cumplimiento de la misión recibida y a la propia protección individual y la de sus compañeros. El soldado realista ya cuenta con que “la vida es un azar”; hay a quien la muerte le encuentra tratando de esconderse en algún rincón, y hay a quien la muerte no es capaz de encontrarlo por mucho que se mueva a descubierto y erguido por los sitios más batidos. Para los observadores lejanos, como nosotros ahora, las decenas de miles de bajas habidas nos resultan sobrecogedoras. Aunque si tan solo se hubiese producido una baja en las mismas circunstancias, no le daríamos la menor importancia. Otra cosa a considerar, será la de “si racionalmente era necesario emprender esa operación de desembarco” que previsiblemente resultaría genocida para los soldados y para la población civil de la zona.
(continuará)

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M