ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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21/5/13

Historia real de la guerra de Ifni – Sáhara













LOS PRISIONEROS

         El 5 de mayo de 1959, después de dieciocho meses de cautiverio, fueron entregados a representantes del Gobierno español cuarenta prisioneros de guerra, entre los que se encontraban tres mujeres y dos niños de corta edad.
         El acto tuvo lugar en Casablanca, en presencia del Sultán de Marruecos, Mohammed V, quien recibió de manos de Ben Hammú a los detenidos y los entregó, con gran despliegue publicitario, a las autoridades españolas.
        Los prisioneros fueron trasladados en autobús a Ceuta y, seguidamente, a la Península. (Todo ello según declaraciones hechas al autor por el Coronel de Infantería Felipe Sotos Fernández el día 23 de septiembre de 1984).
       Terminaba con ello un largo y doloroso período de cautiverio de personas, militares y civiles, injustamente retenidas contra su voluntad en el reino de Marruecos, por una fuerza, el Ejército de Liberación, que, por lo que vamos a ver, estaba en buenas relaciones con el Gobierno marroquí. Parece claro que si el Gobierno marroquí hubiera querido, estas cuarenta personas hubieran podido ser liberadas mucho antes. Y no tiene ninguna duda que el secuestro de personas civiles y, en especial de mujeres y niños, va en contra de todo derecho y constituye una lamentable injusticia.
       El grupo de prisioneros lo componían las siguientes personas. Un Teniente de Infantería, Felipe Sotos Fernández, Jefe que fue del puesto de Tabelcut. Un Cabo Primero de la Guardia Civil, casado y con dos hijos de tres y cuatro años. Un Cabo Primero, un Cabo y cuatro Policías del Grupo de Policía de Ifni núm. 1, más un Soldado de Transmisiones, todos ellos de guarnición en Tabelcut. Siete personas procedentes de Cabo Bojador, entre las que se encontraban dos soldados de Transmisiones, dos técnicos del faro y un mecánico. Uno de los técnicos y el mecánico con sus esposas. Nueve militares procedentes del puesto de Tamucha y otros doce del puesto de Hameiduch.
       En total, cuarenta personas, treinta y dos de ellas militares y ocho civiles. Entre los civiles había tres mujeres y dos niños.
       (Los datos que me da el Coronel Sotos Fernández acerca de estos números coinciden exactamente con la Relación Nominal de Bajas, tan citada anteriormente, así como con las relaciones también nominales del Grupo de Policía Indígena núm. 1 y del Regimiento de la Red Permanente de Transmisiones para lo relativo a Tabelcut y Cabo Bojador. En lo que respecta a Tamucha y a Hameiduch, el número de desaparecidos encontrados en la Relación Nominal es de diecisiete para el primero y trece para el segundo. Lo que parece indicar que ocho de los hombres de Tamucha y uno de Hameiduch debieron perecer con anterioridad, sin que yo pueda determinar ante la lista completa sus nombres. Leídas las listas al Coronel Sotos tampoco pudo señalar los nombres de los que estuvieron con él).

Croquis del territorio de Ifni

EL ATAQUE AL PUESTO DE POLICÍA DE TABELCUT
      El puesto de Tabelcut fue asaltado, según el Coronel Sotos, al amanecer del día 23 de noviembre de 1957. Se había recibido noticia de Sidi Ifni, en la tarde anterior, de un posible ataque. El Oficial Comandante del puesto, acompañado del Cabo Primero de la Guardia Civil, había permanecido levantado y alerta. Cuando empezaba a clarear pensaron que había sido una de tantas falsas alarmas, tan frecuentes por entonces, y decidieron recogerse a descansar.
     En aquel momento una ráfaga de arma automática fue disparada, sin previo aviso, por un enemigo oculto todavía en las sombras. Dio el Teniente la voz de alarma y el personal se levantó y trató de acudir a los puestos asignados para la defensa. La acción enemiga fue tan rápida que no dio tiempo para ello. Habían cortado la alambrada y tenían rodeado el puesto, haciendo fuego muy de cerca.
     Ante esta situación el Teniente dio orden de retirarse al interior y contener al enemigo haciendo fuego a través de las ventanas.
      El número de atacantes, calculado por los orígenes de tiro de sus armas, era del orden de cien o ciento cincuenta hombres. El tenía a sus órdenes nueve europeos y cuatro indígenas, estos últimos incorporados pocos días antes, a los que no había habido ocasión de conocer a fondo y, por tanto, de los que no cabía fiarse.
      El enemigo, envalentonado con la retirada al interior, se lanzó al asalto del puesto, logrando algunos introducirse por las ventanas y siendo, finalmente, rechazados con bombas de mano y el fuego de las armas de los defensores.
       En vista de la escasez de efectivos fiables para la defensa de la planta baja, decidió el Teniente la subida al piso superior, dando las órdenes pertinentes. Se logró subir algo de comida - "pan, un jamón y un cubo de agua”- y tres cajas de munición, una de fusil, otra de subfusil y otra de granadas de mano.
       La radio se estaba intentando trasladar al piso superior cuando se produjo la irrupción del enemigo por las ventanas, por lo que no pudo subirse y se perdió.
       En el desorden que se produjo entre el asalto y la subida -no olvidemos que había una mujer y unos niños a los que había que proteger a cualquier precio-, los cuatro Policías Indígenas se quedaron en la planta baja, circunstancia que no preocupó demasiado al Teniente Sotos, porque no se fiaba de ellos y menos aún cuando les había oído poco antes hablar en árabe con los sitiadores durante algún momento del ataque.
       En la parte superior del edificio había una torreta dominando la terraza que formaba la cubierta. Desde allí, al menos, era posible vigilar con menos gente a los que cercaban el recinto y mantenerlos a raya, especialmente con él empleo de las granadas de mano.


Soldados del Ejército español de patrulla
        Se izó la Bandera de España en el mástil de la torreta y se economizó la munición por si el asedio se prolongaba. El enemigo, a lo largo del día 23, disparó incansablemente, llegándose a precisar la existencia en fuego de unos veinte subfusiles y de ciento veinte a ciento treinta fusiles. No emplearon, afortunadamente, granadas de mano.
       En la noche del 23 al 24 no fueron atacados, sino tiroteados esporádicamente. Observaron que frecuentemente pasaban, con aparatos de luces, comunicaciones a los que les cercaban desde la población marroquí de Mirleft. También pudieron contar hasta doce camiones con los faros encendidos que, desde más allá de la frontera, llegaron a las inmediaciones de Tabelcut, quedando ocultos en un repliegue del terreno. Supusieron que serian refuerzos para el enemigo, de hombres y armas.
       El día 24 los que les cercaban habían asentado dos morteros, uno de los cuales estaba en territorio marroquí. Con estas armas hicieron fuego unas cuantas veces, pero sin resultado positivo. Los proyectiles quedaban cortos o largos, sin precisión. Quizá el fuego de los morteros obligó a alejarse a los fusileros, lo que se tradujo en menor cantidad de disparos de armas portátiles recibidos.
       Lo peor fue la escasez de alimentos y, sobre todo, de agua. Allí, acurrucados, en el lugar más seguro, estaban los niños y la mujer del Cabo Primero de la Guardia Civil, que necesitaban ser atendidos cuanto antes.
      En un momento en el que el fuego había decrecido notablemente, el Teniente intentó ganar el patio donde tenían provisión de agua; pero, tan pronto fue observado el movimiento, se recrudeció el tiroteo, con lo que fue imposible la bajada.

LA PERFIDIA DE LAS AUTORIDADES MARROQUÍES
       El día 25 se presentó ante el edificio del puesto, con bandera blanca, un parlamentario que dijo ser el Caíd de Tiznit, enviado por el Gobernador de Agadir.
       El objeto de su presencia era “hacerse cargo del puesto, en nombre y representación del Gobierno marroquí, que, estando en buenas relaciones con el de España, deseaba terminar con aquel estado de cosas y poner la guarnición a salvo del Ejército de Liberación”. (Tomado literalmente de la conversación mantenida por el autor con el Coronel Sotos).
       La situación era extrema. El agua y la comida, escasas ambas, estaban fuera del alcance de la guarnición. En el piso de abajo estaban los Policías indígenas, posiblemente pasados al enemigo. El patio, donde se encontraba el agua, resultaba batido desde todas las direcciones por el fuego enemigo. No era de esperar apoyo de ninguna clase en el breve tiempo que podría durar la resistencia, sin agua, muy especialmente si se tenía en cuenta la embarazosa presencia de aquella madre y los dos niños. Por otro lado, se proponía una entrega razonable a un Gobierno legal con el que España mantenía buenas relaciones, y que sólo pretendía que no se consumara una matanza inútil.
      Exigió el Teniente alguna garantía cierta acerca de la autoridad del parlamentario, como podía ser que fuera acompañado de un representante, conocido por él, de la Administración marroquí. Así se hizo.
      Durante las negociaciones se pudo ver que los indígenas de la Policía se habían declarado «neutrales» y se encontraban en la planta baja.
     Salieron por la tarde de Tabelcut y el traslado a Mideft se hizo con normalidad. En el puesto marroquí fueron bien tratados, se les dio de cenar y alojamiento para pasar la noche hasta que llegaran los medios de transporte necesarios para llevarlos a Agadir.
      A 02.30 horas del día 26 fueron despertados, porque se les dijo que ya estaba preparado el autobús que había de llevarlos. A fin  de ir tomando con calma los datos de cada uno, a efectos de documentación, se les rogó que salieran de uno en uno. Así lo hicieron, saliendo el último el Teniente, el cual, al llegar al garaje, donde estaba el vehículo, fue encañonado por cuatro individuos del Ejército de Liberación, maniatado y unido a los demás, que habían sufrido igual tratamiento antes que él.
     El engaño había sido evidente y evidente también la connivencia con el Ejército de Liberación de autoridades oficiales marroquíes. La entrega se había hecho a un Gobierno legal y el Gobierno legal les entregaba a unas fuerzas ilegales. Todo ello indecente e impropio de un Estado de derecho.


Lo que quedaba en 1.958 de la mezquita de las “Piedras Negras”, que edificó el Sultán Azul, Ma el Ainín, en Smara.

HACIA UN LARGO CAUTIVERIO
        El mismo día 26 fueron trasladados todos a Egleimín, Cuartel General del Ejército de Liberación, y desde esta localidad a Acca, donde se les unieron otros veintiún prisioneros, procedentes de Hameiduch y Tamucha.
        El trato en los primeros treinta días que permanecieron en este punto fue malo. El jefecillo al mando del puesto, un desertor de nuestras fuerzas indígenas, llamado Hossain, se complacía en molestar y dañar en lo que le era posible a los prisioneros, con el pretexto de aclarar las circunstancias de un intento de fuga que no había existido sino en su retorcida mente.
        Fueron días amargos, de angustias y sobresaltos. Encerrados en los alojamientos que se les había designado, escasamente alimentados y frecuentemente sometidos a malos tratos y continuas amenazas, los pobres prisioneros, sucios, flacos, tristes, sin noticia alguna fuera de su mundo, creyeron perecer. Los niños y la madre estaban por allí, pero cada alojamiento estaba incomunicado con los demás.
       El 17 de enero fueron cambiados de prisión. Fue un largo viaje con escala en Tali para pasar la noche. Unein era su destino, otro de los campamentos del Ejército de Liberación. Corrían los días del mes de enero y febrero de 1958. La comida en febrero empezó a escasear… se mantenía la ración de pan, aunque hecho de harina de maíz, amarillo y endurecido.

La causa era el grave revés sufrido por el Ejército de Liberación en la Saguia, primero, y, después, en toda la extensión del Sahara. Poca cosa, pero no podía haber queja. Era, con toda seguridad, un momento de penuria, de escasez. Los niños y la madre recibían un trato especial, había para ellos sardinas, huevos, queso americano, leche, naranjas y tomates. Quizá en pequeña cantidad, pero los había.


Prisionero saharaui cogido en la zona de Tennuaca, sur del Sahara 23-02-58, último combate de Campaña




        El 12 de mayo fueron trasladados a Asarag. La comida mejoró, pero la voracidad de los jefecillos de turno era insaciable. La causa del pan de maíz en Unein no era otra que los turbios manejos del responsable de la prisión, que cambiaba, con buenos resultados para su bolsillo, la harina de trigo que recibía por harina de maíz. En Asarag el problema fue con la carne; estaba en estado de putrefacción. El Teniente aconsejó que no se comiera y todos secundaron el “plante”.
       Quizá lo peor, a todo lo largo del cautiverio, fuera la ausencia de cuidados médicos. Pese a los ruegos formulados a los responsables y a las autoridades visitantes, nunca se logró que un médico, ni siquiera un practicante, visitara a los heridos -leves afortunadamente- ni a los enfermos. Al final del cautiverio le hicieron entrega al Teniente de un paquete de medicinas, que él trataba de dispensar a los suyos con prudencia.
     
      Y quizá lo más hermoso, y lo más triste, fue que esperaba tener un hijo la mujer del Cabo Primero de la Guardia Civil y que el niño nació muerto. Todos esperaban el acontecimiento. Nadie lo decía, pero todos estaban pendientes de la llegada de aquel nuevo españolito que iba a nacer en aquel ambiente de penuria, de encierro y de sobresaltos. Cuando llegó el momento, la señora fue trasladada a un hospital de Agadir, donde parece que fue debidamente atendida, aunque el pobre niño nació muerto. No sé si antes o después, pidió la madre que sus dos hijos fueran llevados con ella y así se hizo. Fue una historia ilusionada y triste.


A los caídos en Ifni-Sahara África Occidental Española, AOE  Sáhara Español, Base “General Alemán Ramírez”, en Las Palmas de Gran Canaria.


 
        En cuanto a quién ejercía el mando sobre el Ejército de Liberación, sin que pueda asegurarlo rotundamente, cree el Coronel Sotos que «debe haber un cierto acuerdo, pues en los desplazamientos pasaron por muchos controles de las Fuerzas Armadas Reales con toda naturalidad". En el último campamento recuerda que «hubo una visita de la Policía marroquí, que comió con la guarnición del Ejército de Liberación y estaban como en su casa".
       Tiene también noticia de intercambio de Oficiales entre uno y otro Ejército y otros detalles que le hacen creer que “la pretendida independencia y autonomía del Ejército de Liberación es probablemente un mito".
       Estas palabras, entrecomilladas, fueron las últimas de nuestra charla. El Coronel Sotos ha hecho conmigo una excepción. A nadie ha querido hablar de aquellos días tan tristes, tan dolorosos. Los sufrimientos de los niños, de las mujeres, de los hombres, que compartieron con él el cautiverio han desfilado por su mente como viejos fantasmas. Ha procurado, sobre todo, no cargar su relato de tintes sombríos. Hubo a veces, y él me lo ha contado y yo lo he escrito, momentos de cierta serenidad, de cierta comprensión, pero...
      El Coronel Sotos, un hombre bueno que quiere mirar de frente, prefiere olvidar aquello.
      Vaya desde aquí mi más profundo agradecimiento por el buen testimonio.

 La última guerra de África (Campaña de Ifni –Sáhara), por Rafael Casas de la Vega


Francisco Javier de la Uz Jiménez

3 comentarios:

José Antonio dijo...

Muy interesante y realista relato, para mi gusto. Los hechos tuvieron lugar cuando yo era cadete de primer curso en la AGM; las únicas noticias que tuve entonces de ellos, eran las periodísticas, más algún breve comentario de algún profesor y los también muy breves que llegaban en las cartas que algunos cadetes recibían de hermanos ya tenientes que participaban en aquella campaña. Aún faltaban cuatro años para que llegase yo a aquellos escenarios saharianos.

Después, a lo largo de los años, fui haciéndome composiciones explicativas sobre las causas de aquella confrontación bélica; como ellas eran explicaciones exclusivas para mí, pues iban quedando encomendadas a mi memoria y con el paso del tiempo fueron siendo olvidadas. Pero, ahora, esa creencia del Coronel Sotos, de que “la pretendida independencia y autonomía del Ejército de Liberación es probablemente un mito", me ha movido a intentar recuperar aquellas olvidadas explicaciones. Y así, haciendo advertencia al lector de que no voy a aportar ninguna prueba que las pudiera hacer creíbles, con toda brevedad digo:

- Nuestro Jefe del Estado a la sazón –Francisco Franco– era considerado como absolutamente libre e independiente del poder imperialista globalizador y de sus tentáculos masónicos; por ello, mantenía una muy respetuosa y leal relación con los mandatarios del mundo árabe, en especial con el Sultán de Marruecos –Mohamed V–. Por su propia iniciativa, éste no habría acometido ninguna acción bélica contra España; teniendo en cuenta, además, que el Gobierno español le acababa de entregar sin ningún problema la que había sido su zona de protectorado con capital en Tetuán (impuesto éste a comienzos del siglo por las potencias occidentales).

- Pero el imperialismo globalizador seguía su planificada marcha; había de crearle problemas internos a Marruecos, para demostrarle al Sultán que para solventarlos le interesaba contar con su apoyo (gestionado por su agente marioneta principal, el Gobierno de EE UU). Luego vendría la sugerencia-orden de crear en secreto el Ejército de Liberación (bandas armadas) y apoderarse por la fuerza de los territorios de Ifni-Sahara. Luego lo repetirían con la llamada “Marcha Verde”.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción AGM

Geppetto dijo...

Recomiendo el Libro del general Casas de la Vega titulado LA ULTIMA GUERRA DE ÁFRICA ( Campaña de Ifni-Sahara)
Es de los pocos que existen sobre esta silenciada guerra
http://lapoliticadegeppetto.blogspot.com.es/

Geppetto dijo...

Chamorro, una precision
Franco deberia haber hecho caso a Mariano Gomez Zamalloa, si lo hubiera hecho España habría vencido sin problemas.
http://lapoliticadegeppetto.blogspot.com.es/