ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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7/5/13

Historia aérea de una guerra











      





        Comienza diciendo el General Kindelán: definiremos Estrategia como “La enseñanza del uso de las batallas para el fin de la guerra”, que da Clausewitz, y Táctica, como “La enseñanza del empleo de las tropas en los combates”. Su medio son los Ejércitos; su fin la Victoria; aunque haciendo constar que los modernos tratadistas militares emplean cada vez menos la palabra Estrategia, tan prodigada por cronistas de guerra y aficionados.

                                     General Alfredo Kindelán          


LA ESTRATEGIA AÉREA
        La Estrategia aérea roja no cuenta en su haber con grandes aciertos. Brunete quizá. Allí se concentró en un momento dado, la casi totalidad de la Aviación roja, dominando parcialmente el aire durante tres o cuatro días; pero excesiva impaciencia o sobreestimación del propio poder aéreo, la hizo entrar en liza prematuramente, cuando sólo tenía armados y montados doscientos cincuenta de los cuatrocientos aviones recién recibidos de Rusia; es posible que tal precipitación no sea imputable al Mando de Aviación, sino al del Ejército o al Gobierno.
       De lo que le cabe, en cambio, plena responsabilidad, es del mal empleo del gran bombardeo, respetable en cantidad y calidad de que dispuso a lo largo de la guerra. Falta absoluta de sistematización y método; despilfarro de la potencia de bombardeo y diseminación de efectos entre diversos objetivos pocas veces bien elegidos, forman con su falta de persistencia en la acción y con el complemento de una técnica mediocre en los lanzamientos, las causas del contraste violento de que dos aviaciones que se enfrentan con igualdad aproximada de elementos, la una no pesa nada en la guerra, mientras que la otra constituye elemento decisivo en la Victoria. No se vea en esto deliberado propósito de rebajar al adversario, sino el reflejo de una convicción, fruto de un examen objetivo de los hechos y desapasionado en la medida de lo posible.
       En general, se ha notado en los mandos extranjeros exceso de teoricismo y poca ductilidad para adaptar sus prejuicios a las peculiaridades de la lucha. Podría citar numerosos errores en los despliegues estratégicos y en las concepciones de la lucha, pero basta con hacer notar un hecho que constituye argumento indiscutible de la inferioridad estratégica roja: la Aviación enemiga ha recibido en total y ha tenido casi siempre mayor número de aviones que la nuestra, de calidad comparable y, sin embargo, jamás nos hemos encontrado por más de una semana en condiciones de inferioridad o agobio. Y esta falta de capacidad directora, que ha perdurado a través de toda la guerra, no es imputable sólo a los técnicos extranjeros, que han tomado en sus manos sucesivamente el mando de la Aviación roja. Nuestros compatriotas, entre los que había alguno inteligente y bien preparado, no supieron impedir el transporte aéreo de 20.000 hombres y 400 toneladas de material de guerra a través del Estrecho, con lo fácil que era el remedio: situar en Málaga dos escuadrillas de caza.

LA TÁCTICA AÉREA
      La Táctica aérea roja ha adolecido generalmente de exceso de dogmatismo. Varias veces hemos pensado que el Arma aérea roja la regían teóricos dogmáticos. También adoleció de exceso de prudencia en conjunto, sin que esto signifique que no haya habido algunas individualidades y aún algunas unidades dotadas de gran audacia y combatividad que en algunos casos llegó a bordear los límites de lo temerario. De modo genérico puede decirse que sus cazadores y sus aviadores de vuelo rasante, han realizado acciones más audaces y mejor concebidas que los bombarderos; del fracaso táctico de éstos apenas se salva alguna tripulación en algún caso y como en el combate técnico allá se van unos y otros, resulta que los cazadores y los rasantes pueden apuntarse algunos éxitos: Navalperal, Talavera, Zaragoza, Ávila, mientras es nulo el haber de los bombarderos, voladores catastróficos poco temibles.
       Esta relativa superioridad de los primeros, no se sostiene en relación con nuestra Aviación
Avión Mosca o Rata 1933 (Polikarpov I -16)

          Es un hecho incontrovertible de experiencia de la guerra que una formación de caza de veinticuatro aviones nuestra, pudo atacar confiada a cualquier formación enemiga de doble o triple número de aviones, en la seguridad de causar al enemigo número de bajas importante y de hacerlo abandonar disperso y perseguido el teatro de la lucha. Descontando la parte importante que en ello cabe atribuir a la pericia y elevada moral de nuestros pilotos y la correspondiente, en muchos casos, a inferioridad técnica de los rojos, es evidente que algo y aún algos, debe corresponder a errores tácticos y que desde luego no acredita su formación táctica inmutable -teóricamente indiscutible- de sus dos capas de aviones equivalentes en número, «Ratas» arriba y «Curtis» abajo. Los nuestros atacaban primero a los «Ratas» y huidos éstos, caían sobre los «Curtis».

Avión Polikarpov I -15 (Chato o Curtis)

        Puedo aducir al ejemplo del combate aéreo del 31 de mayo de 1938 en los cielos de Puebla de Valverde, en que catorce «Fiats», bastante viejos, se enfrentaron con veintiséis «Curtis» y doce «Ratas» en su clásica formación de dos pisos. El resultado fue el siguiente: siete «Curtis» y dos «Ratas» cayeron en llamas, próximos a nuestras líneas, otros cinco «Curtis» cayeron malheridos y, mientras tanto, nuestros catorce «Fiats» regresaban sin una baja a sus aeródromo contentos y triunfales, con sólo dos aviones tocados fuertemente por balas enemigas.
         
El avión Fiat CR-32 -Chirri-
       Mucho he meditado sobre las causas de que pudiera derivarse tal superioridad que, por desproporcionada parece increíble, pero que es auténtica y no más acentuada en este último día del mes de la Virgen, que lo fue en el de la Patrona de la Aviación -10 de diciembre de 1937- y en tantos otros combates.
       El factor moral es importantísimo. Declaraciones de evadidos prisioneros y testigos presenciales, coinciden en señalar una moral deprimida en los pilotos rojos que reconocen nuestra superioridad y miran con temeroso disgusto y como contingencia altamente desagradable la probabilidad de encontrar a nuestras unidades en el aire; mientras que para los nuestros la contingencia recíproca constituye una verdadera fiesta y una gran ilusión. Pero aparte de lo que haya de puramente individual y derivado de la diferencia de espiritualidad entre los cruzados de nuestra causa y los rojos en esta diferencia de calor combativo, hay otra parte no despreciable de ésta, debida a un error de concepción táctica.
        Desde Brunete, puede decirse que todos los combates aéreos se verifican sobre la zona roja y, desde entonces, también los aviadores rojos se presentan siempre en grandes masas, las mayores que les es dado concentrar, mientras parejas o patrullas nuestras se internan bravamente muchos kilómetros en zona enemiga. Ambos hechos aparentemente dispares tienen igual causalidad: un espíritu defensivo a ultranza, impuesto por los mandos y acogido con agrado por los subordinados. Y una Aviación de caza inculcada o impregnada de espíritu defensivo táctico pierde toda eficacia; está muerta.
        La aviación de caza es aviación estratégicamente defensiva, pero tácticamente ofensiva en sus principales misiones de combate, persecución y aun en las de interdicción y defensa antiaérea; la defensiva conceptual no excluye los modos de actuar ofensivos en el más alto grado y de agresividad fundamental. Este sencillo punto de vista no lo sintieron en general los mandos rojos.
        La persistencia en el error de los Mandos rojos de Aviación, ha rayado en la contumacia. Han experimentado en su propia carne los efectos de nuestros bombardeos en grandes masas y no han sabido imitados; han visto los excelentes resultados que la audacia agresiva de nuestros cazadores nos han proporcionado y siguen aferrados a la defensiva y han podido estimar en todo su rendimiento el papel de nuestras «cadenas» en la batalla y les ha faltado valor para copiar esta nueva modalidad de empleo táctico de la Aviación de colaboración, que hemos enseñado al mundo y que copiarán en el porvenir todas las aviaciones, a pesar de sus riesgos y del gran desgaste que origina, como copiarán el bombardeo en picado, nueva forma de cadena.

Bombardero Junkers Ju-52
        Conviene dejar a salvo el valor individual de los pilotos rojos. Notábase la llegada al frente de una nueva promoción de jóvenes rojos hechos pilotos en Rusia, en que había mayor acometividad en las escuadrillas enemigas y se observaban actos de bravura individual, pero a poco esta mejoría cesaba entre la acción coactiva deprimente del Mando.

EN LAS FILAS NACIONALES
        En el aspecto estratégico de la guerra, se han cometido quizá por nuestra parte algunos desaciertos compensados por glandes aciertos. No es buen juez para dictaminar, tanto acerca de los unos como de los otros, quien por su cargo desempeñó papel destacado de protagonista en el drama cruento de la contienda civil.
        Sólo cabe señalar algunos casos esbozando sobre ellos un modesto comentario. Puedo citar entre otros, que en el momento inicial de la guerra hubo aciertos estratégicos: la marcha de Mola hacia los pasos de la Sierra de Guadarrama es clásica y está dentro de los cánones de la más pura ortodoxia. Simultáneamente, la solución elegante y original que Franco dio al difícil problema del paso del Estrecho, interceptado por la Flota republicana, no puede reducirse a la categoría de acierto logístico, pues se trata en realidad de un verdadero acierto estratégico, seguido de algunos aciertos tácticos, como el del paso de convoyes marítimos bajo la protección de nuestras fuerzas aéreas.

Mis cuadernos de guerra, por Alfredo Kindelán


Francisco Javier de la Uz Jiménez


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