ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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18/4/13

Historia real de una guerra












Batalla de Alfambra. Última carga de la Caballería española.

Relato del Capitán del “Regimiento de Numancia”
        De la "Batalla del Alfambra", le diré que en Rubielos, base de partida de la Caballería, rompió mi Escuadrón en líneas de a cuatro, mandado por mí. Ocupé sin un tiro e hice centenares de prisioneros en Camañas. Visiedo lo tomó la 2ª Brigada, igual. Allí hubo muy poco jaleo, ésta es la verdad. Se hizo una cosa muy bonita, que creo fui yo el motivo. Se trata de que yendo en líneas de a cuatro veo por delante de mí unas fuerzas. No disparaban ni hacían nada. Me acerco y... eran de Infantería de la División de Sánchez Bautista. Hablé con él, me preguntó quién mandaba la Unidad (Regimiento) y le dije Velasco... Informé a Velasco, éste fue a verle y de ahí salió la operación más bonita y barata de la Caballería en la guerra y fue la toma del campo atrincherado de la Sierra Palomera. El Regimiento de Velasco progresa por Aguatón, nos metemos por el túnel y al desembocar, con mucho sigilo, adoptamos la formación de línea de a cuatro, los cuatro Escuadrones en línea con las filas abiertas. Galope, asalto a las trincheras y el campo rojo, perfectamente organizado, es tomado de revés. Cuando los rojos quieren reaccionar, una Bandera del Tercio y un magnífico Batallón de la División de Bautista, lanzados por el General personalmente, en la hora oportuna, se descuelgan por unas vaguadas de la Palomera. Los rojos, doblemente sorprendidos, se entregan sin resistencia, y ahí, son más de mil quinientos prisioneros.

Intervención de la 1ª División de Caballería

Relato del Teniente de Caballería del “4º Escuadrón de Calatrava”
          No llegó a la Oficialidad comentario alguno acerca de los propósitos del Mando, así que casi nos cogió de sorpresa el comienzo de las operaciones. Y llegó el día.
         Nos acercamos a Sierra Palomera. Esta vez no para permanecer, como cuando íbamos al caer la tarde frente aquel mudo e inhóspito murallón siempre propicio a damos el susto. Aquella fría mañana llegamos a Bueña, nos desvelaba su secreto con otro horizonte. Ese horizonte, ese más allá, que tanto pica nuestra curiosidad, y que siempre que se guarnece por algún tiempo un frente de guerra nos atrae con una especie de misterio. Y no hablemos cuando se vive en la trinchera. Ahora caminábamos para seguir adelante. Pero íbamos en paseo militar. ¿Qué pasaba? ¿Y el enemigo? ¿Cuáles eran los objetivos de la Brigada? Acostumbrado ya a hacer la guerra sin explicaciones ni un mal plano, dejamos la curiosidad y debimos pensar en nuestros pies fritos. Ya veríamos en qué terminaba aquello.
        EI 4° Escuadrón de Calatrava marchaba aquel día en cola. Cerrábamos la marcha de la 1ª Brigada. Más tarde los últimos seríamos los primeros, y no porque en esta ocasión lo dijese San Mateo en el Capítulo 20 de su Evangelio.
        Poco antes de Argente hubo detención, y estando a caballo, se presentaron los "Junkers". Sin prestarles gran atención, continuaba descansando sobre el borrén delantero, cuando en una vaguada inmediata soltaron carga; tan cerca y de improviso fue aquello que sentí el vacío en el estómago, y el sustazo en todo el cuerpo. Aquella humareda tan próxima me dejó bastante perplejo. Más tarde oí que a una Unidad nuestra, creo que del Tercio, le habían hecho bastantes bajas por error. Mero accidente. Es posible que así fuese. Cosas de la guerra.
        Y continuó el paseo militar. Pasando el pueblo de Argente notamos cambiado el panorama. Vimos movimiento, algo de material, y que rebasábamos a la Infantería. Pero no había tiros. Abría la mañana, y teníamos ya otro horizonte. Aquello se presentaba superior. Paramos, era un buen sitio para ello. Estaba a cubierto, pero no era la clásica vaguada, sino una amplia y suave hondonada verde donde nos encontrábamos muy a gusto. Y llegó la perdiz. Agotada. El animalito traía un buen vuelo, y no sería el primero. Fue tan inmediato su aterrizaje junto al grupo de Oficiales, que alguien, sin andar más de dos pasos, la recogió. Y era hermosa. Naturalmente hubo su comentario, porque no sé por qué yo había dicho que aquello iba a ser un "rallye", y lo de la perdiz era presagio de que lo iba a parecer bastante. Pero el comentario fue breve, pues pronto se precipitaron los acontecimientos.
        Se presentó un Comandante que yo no había visto antes, ni conocía (de Caballería), al parecer de la P.M. del General Monasterio. Y ya no recuerdo bien si fue entonces donde leí unas instrucciones de enlace con la aviación.
General de Caballería José Monasterio Ituarte Jefe de la 1ª División de Caballería
        Montamos, y nada más salir de la hondonada, dimos vista a un gran llano en el que con gran sorpresa aparecía, allá, casi al fondo, una formación de Caballería como si estuviese en línea de parada. Me sorprendió. Ello indicaba además que seguíamos sin tiros, lo que no dejaba de causarme extrañeza en un frente tan endurecido como el de Teruel. Y continuó el paseo, llegando nosotros también adonde estaba aquella formación (Brigada Gavilán), yendo a colocamos formando casi un ángulo recto a su derecha. Y aquí viene lo de los últimos serán los primeros, pues se organizó una media vuelta en que la cola (4º Escuadrón de Calatrava) quedó en cabeza.
        Y seguía la parada. Aunque los años han pasado, aún recuerdo unos galopecitos de Monasterio y Merlo, un poco separados de nosotros que permanecíamos algo expectantes, viendo aquello, que ya iba a durar muy poco.
Galope de Merlo:
- ¡Millana! -y se fue para allá Millana.
        Tardó un poco, próximo al cuarto de hora. Y volvió, no muy de prisa, como él solía hacerlo en circunstancias por el estilo.
        Cuando llegó y le vi la cara no necesité nada para comprender que una vez más le habían largado el hueso. Le pregunté al acercarse:
        - ¿Qué pasa?
       Habíamos estado contemplando un cerro, el de Visiedo, que se destacaba mucho, y que polarizaba la atención de todos en aquel momento, pues por allí mariposeaba la aviación, y el "oto con oto" le esperaba sacudiendo. Le veíamos fortificado.
       -¿Qué pasa?- como dije, le pregunté.
       - Venga; de frente -me contestó con cara seria-; tenemos que ir a tomar el cerro.
       - ¿Pero sólo el Escuadrón? Y eso que nos tocaba hoy en cola.
        Nada, ¡allá va el cuarto! ¡Como siempre! ¡Y los dé siempre! ¡Trote! y aupados en los estribos Millana y yo con la cara vuelta viendo aquella gran formación.
        Creo que en aquel momento debió cruzar por su frente el galope, que justamente hacía un año, había dado, solo también, al Vértice Pajares por los llanos del Jarama.
       - ¡Abrirse bien! Vicho, tú desborda por la izquierda. Barragán, por la derecha, aquella paridera, desbórdala. Pizarro, tú ¡a la posición! ¡Por el centro! ¡Galope!
       - Veinte bajas nos van a costar - se oyó al Capitán o a mí.
       ¿Qué es esto? Los caballos se hunden hasta el pecho. Terreno pantanoso.
        Estamos listos. Pero pasa. Millana se sitúa solo en cabeza en el centro.
       - ¡Eso no, Millana! -le grito y, dando dos patadas al caballo, me pongo a su lado.
       Vamos ya lanzados. La aviación está haciendo la cadena sobre el cerro y el "oto con oto" le bate con gran precisión. Pero nosotros, que esperamos empezar a recibir fuego, nos estamos echando encima. Creo que si llegamos a impresionamos con las trincheras y lo que teníamos enfrente y entablamos combate pie a tierra, la cosa hubiese resultado de muy distinta manera. Pero íbamos en aquella cuesta arriba, a todo meter. Vicho desbordaba, tirándose a la izquierda. Barragán ya aparecía por detrás de aquella paridera, y soltando tiros desde el caballo llegamos a la posición, saltando los primeros trincherones, justo al suspender el tiro la artillería que estuvo formidable, metiendo los pepinos en las trincheras y tirando hasta el último momento divinamente y sin hacemos una baja.
         Al llegar a saltar las trincheras, estaba el enemigo aplastado en ellas, y fuera, en los ribazos, con buenos fusiles checos ametralladores. No le habíamos dado tiempo a reaccionar o tenía perdida la moral. O las dos cosas.
        La verdad, no esperábamos una cosa así, aunque atacábamos con una enorme decisión, pero creyendo que lo haríamos bajo el fuego enemigo, por lo menos los últimos 200 ó 300 metros. Sin parar más que un momento en la posición le grité a Millana, al que recuerdo ya alcanzando la posición por la izquierda, si seguía.
        Todo fue rapidísimo. Dejé 3 ó 4 soldados cogiendo armamento y haciéndose cargo de los prisioneros y me descolgué a todo meter saltando aquellos buenos bancales en una de las galopadas más bonitas de mi vida, pues veía correr al enemigo metiéndose en Visiedo, donde en las eras había visto una Batería de Artillería, con gente, que empezaba a abandonarla, apreciando de cerca sus carreras a las casas del pueblo, tirar las gorras, etc.
       Me planté con la Sección allí, contemplando unos momentos la Batería de 105 Vicker, creo recordar, de tres piezas como eran las rojas y, mandando esconder el anteojo de Batería, y dejando algún soldado con más prisioneros continué, cruzando el pueblo, la persecución, en dirección a Perales de Alfambra, hasta que recibí orden de parar. La aviación nos indicaba con su vuelo sinuoso que el enemigo huía y al no tirar botes de humos es que no había que temer persecución de carros.
      Después, la euforia de una jornada brillante en la que sin bajas creo fueron 600 kilómetros cuadrados, si mal no recuerdo, los que se ocuparon aquel día al enemigo.
     Valladolid, 30 de enero de 1969

HOJA DE PROPAGANDA REPUBLICANA CON MOTIVO DE LA CARGA DE CABALLERÍA NACIONAL

¡SOLDADO!
El que desmoraliza, el cobarde, grita: ¡Que viene la caballería!
Al que desmoraliza porque el enemigo emplee la caballería, llámale ¡Cobarde!
Tú sabes que frente a una ametralladora nada puede ni un escuadrón de caballería.
Deja que se acerque la caballería de los traidores. Cuando la tengas a tiro, ¡dispara!
¡Mejor blanco no lo tendrás nunca!
El soldado enemigo viene a luchar a la fuerza y por dinero. Si ve que tú aguantas, él correrá despavorido.
El defiende a sus verdugos.
Tú defiendes la libertad y la vida de los españoles.
 ¡Viva el Ejército Popular! ¡Viva la República!

Alfambra. La reconquista de Teruel, por Rafael Casas de la Vega


Francisco Javier de la Uz Jiménez

4 comentarios:

Geppetto dijo...

Porque sera que los militares de caballeria tienen cara de militares de caballeria?
Es un misterio, pero es bien cierto
Monasterio tiene el porte de un benemerito general...de caballeria
http://lapoliticadegeppetto.blogspot.com.es

Anónimo dijo...

El caballo hace al Caballero,en el Arma sin mecanizar los Mandos de la
Caballería eran autenticos jinetes y
expertos tecnicos del noble bruto, la
extensa suerte de vivencias que se
atesoraba en la dilatada vida militar
de un General o de cualquiera de sus
Jefes le daba ese porte inconfundible

José Antonio dijo...

D. O. núm. 219 28 de septiembre 1913 pág. 793

Estado Mayor Central del Ejército
AVIACION MILITAR Circular.

Excmo. Sr.: En vista de las instancias presentadas para la convocatoria de prácticas previas de aviaci6n anunciada en real orden circular de 27 de agosto pr6ximo pasado (D. O. núm. 194), el Rey (q. D. g.) se ha servido disponer asistan á dichas prácticas los oficiales de Ejército y Marina comprendidos en la siguiente relaci6n, que empieza con el capitán de Infantería D. Enrique Ventas Presas y termina con el alférez de navío D. Félix Cheriguini Buitrago, debiendo encontrarse dichos oficiales en Guadalajara el día 1º de octubre próximo; y conforme con la base novena de dicha real orden circular disfrutarán de la indemnizaci6n reglamentaria los días que estén separados de su habitual residencia, llevando sus asistentes y caballos los que sean plazas montadas, y siendo por cuenta del Estado el transporte del personal, ganado y material.
De real orden lo digo á V. E. para su conocimiento y demás efectos. Dios guarde á V. E. muchos años.
Madrid 26 de septiembre de 1912.

LUQUE

Relaci6n, que se cita.

Armas ó cuerpos Clases NOMBRES Cuerpos á que pertenecen
Infantería Capitán D. Enrique Nentos Presas En comisión en la Academia de Inf.
Idem Primer teniente D. Felipe Matanzas Vázquez Isabel II núm. 32.
Idem Otro Julio Ríos Angüeso Otumba núm. 49.
Caballería Otro José Monasterio Ituarte Cazadores de Taxdir.
(Y once oficiales más)
Madrid 26 de septiembre de 1912.

Javier de la Uz dijo...

En un comentario en JINETES DE TODOS LOS TIEMPOS, que dejó un Anónimo dice:
El Teniente Pizarro participó en las cargas de la batalla de la Alfambra. El relato de la carga, hecho por él, puede leerse en el libro de Casas de la Vega sobre la Alfambra. Antes, como Teniente con Mando de tropa, defendió el Alcázar, siempre en primera línea. Se retiró de Coronel, mandando el Regimiento Numancia, pero, por sus méritos el Consejo Superior del Ejército le ascendió a General Honorífico. Siempre tuvo el espíritu jinete. Fue concursista hípico hasta luxarse un brazo en una "banqueta"; después juez de pista en la Hípica de Valladolid.
Mandó la Yeguada Militar de Jerez.

En la entrada se puede leer:
Relato del Teniente de Caballería del “4º Escuadrón de Calatrava” (Este es del Teniente Pizarro, según el Anónimo)