ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
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24/4/13

Historia real de una guerra en alta mar











EL DRAMA SANGRIENTO DEL ACORAZADO “JAIME I”





Teniente de Navío Otero Goyanes, que sostuvo lucha con los Marineros del Acorazado “Jaime I” y que desembarcó herido en Tánger, fue condecorado el 4 de Noviembre en la Base Naval de Ferrol ante las Tropas en formación de Honor.




         El desarrollo de las primeras escenas del crimen de “los Cabos del Jaime I” lo relata el único superviviente de los Oficiales  del Acorazado. El Teniente de Navío D. José María Otero Goyanes,  a los pocos días de su liberación presentó el siguiente informe:
  
   
        Salimos  de Santander, por orden del Ministro de Marina, para Vigo, con objeto de rellenar de carbón  y esperar allí órdenes. Enseguida de fondear, se empezó con el carboneo, estando en faena, y a eso de las siete de la tarde del 17 de julio, vino a bordo un Oficial del Ejército, el cual pasó a hablar con el señor Comandante. Más tarde me enteré por el propio señor Comandante que dicho Oficial le había comunicado, de orden del Comandante  Militar de la Plaza, que a las dos de la madrugada se iba a declarar el estado de guerra en Vigo y quería saber con qué gente podía contar del barco para reforzar la Guarnición. El señor Comandante le contestó que no tiraría en su contra; que no podía  en modo alguno dar ayuda, por necesitar de toda la gente, por ser escasa, ya que había parte de permiso de verano.
    
     
      La conversación sostenida por el señor Comandante y el referido Oficial, fue oída por unos Cabos, que fueron luego los que componían el Comité.
       
      Mientras esto sucedía, y enterados Jefes y Oficiales de lo que estaba pasando en todos los barcos, por los radios sorprendidos, tratamos el tercer Comandante D. Carlos Aguilar Tablada y yo (ambos en representación de Jefes y Oficiales), de la conveniencia de obrar rápida y enérgicamente. Al no conocer bien al señor Comandante, por haber embarcado el día antes, decidimos plantearle toda la cuestión, cosa que el tercer Comandante Aguilar Tablada le comunicó. Más tarde dicho Jefe me dijo que le había hablado y que, aunque sin ver en él energía, notaba que sería fácil de convencer. Se recibió luego la orden de salida para Cádiz, orden que se cumplimentó a las tres de la mañana del día 18. A la mañana siguiente, y en vista del malestar que había entre los Oficiales por no haberse decidido nada, el tercer Comandante decidió ir conmigo a hablar claramente al Comandante. A eso de las once de la mañana, aprovechando que nos encontrábamos en el puente el tercer Comandante referido, el señor Comandante, el Alférez de Navío D. Carlos Falquina y yo, decidimos sacar la conversación en la caseta de derrota. He de hacer constar que con anterioridad habíamos decidido los Oficiales ir armados y montar una guardia permanente seis Oficiales. Allí empezamos a hablar con el Comandante, el cual, efectivamente, notamos fácil de convencer, pero sin darnos una contestación categórica a nuestras proposiciones, la más importante era llegar a Cabo San Vicente, hacer rumbo a Ceuta, en donde estaríamos de noche, y allí pedir una Sección del Tercio para que no fuese posible ninguna sublevación.

Acorazado Jaime I

       Aún sin darnos el señor Comandante una contestación categórica, nos pareció que estaba de acuerdo. Después de comentar entre nosotros esta conversación, decidimos que si al llegar a San Vicente, no decidía a hacer rumbo a Ceuta, entonces obrar por nuestra cuenta.

      Estando en la caseta de derrota, el Oficial de guardia, Teniente de Navío D. José Cañas, desde la puerta de dicha caseta le dijo al señor Comandante: “Mi Comandante, estoy observando una actitud especial entre los Cabos, los cuales se están reuniendo en cubierta, y he creído ver una pistola”. Al oír esto montamos nuestras pistolas y salimos de la caseta. Efectivamente, observamos que todos los Cabos se dirigían hacia el puente y sacaban sus pistolas  de debajo de las marineras.  Inmediatamente yo me quedé en la escala de estribor y el tercer Comandante se fue a la de babor. El Alférez de Navío Falquina (con la arrancada que lo caracterizaba), quiso ser el primero en dar la cara, y por la escala de babor, con la pistola en la mano, bajó a hacer frente a todos los Cabos; pero antes de llegar al puente bajo, el Cabo de Artillería Julián Fernández, que venía a la cabeza, le pegó un tiro en el vientre que le hizo caer. Yo, que observé esto, disparé mi pistola contra dicho Cabo, el que rodó a cubierta, y desde entonces se sostuvo un intenso tiroteo que durante unos veinte minutos impidió que nadie subiese al puente. De pronto me di cuenta que habían herido al tercer Comandante, el cual dejó libre la escala de babor, por donde subieron varios Cabos, que con la cobardía que les caracteriza , al pasar ante el tercero, herido, seguían disparándole a bocajarro hasta rematarlo.
        
      A todo esto, el señor Comandante y el Oficial de guardia se dedicaban a arengar a la Marinería (casi en su totalidad) respondió con vivas al señor Comandante  y a los Oficiales y salieron hacia popa para armarse y venir en nuestra ayuda. De pronto noté que me habían herido en un hombro e inmediatamente un golpe en un costado que me hizo caer sin sentido. Antes de esto observé que uno de los Cabos que habían subido por la escala de babor disparaba por detrás sobre el Teniente de Navío, Cañas, el cual cayó sobre el puente, muerto. Cuando volví en mí, me encontré con que me llevaban dos Marineros a la enfermería en medio de un fuego  espantoso de ametralladoras instaladas en las torres 2 y 3 sobre el puente. Los Marineros que me llevaban, secundados por otros que habían llegado ya al puente en nuestra ayuda, gritaban: “canallas, cobardes, alto el fuego que está D. José María Otero herido”. Al llegar a la enfermería me curó el médico Solana y me llevaron, en unión del Alférez de Navío, Falquina a la enfermería de infecciosos.  

Recreación del Motín de la Tripulación en el Jaime I, visto por la pluma de Sáenz de Tejada.

       Tengo la impresión de que si no hubiésemos caído tan pronto, otro hubiera sido el resultado de la sublevación, por la cantidad de marineros que venía en nuestra ayuda, pero que al llegar al puente y encontrarse sin Oficiales se iban entregando a los Cabos y también a las Clases, las cuales aparecieron, una vez dominada la situación, en cubierta con sus pistolas.

       Una vez en la enfermería, me vino a visitar el Comité de Cabos, presidido por el Cabo Souto, que, según él me dijo, era el jefe de dicho Comité. Por este Comité me enteré de que habían recibido orden de Madrid de tirarnos al agua, a muertos, heridos y prisioneros, pero que ellos no lo harían por el afecto que nos tenían y que solamente lo harían con los muertos, como así hicieron.

Tripulación  del Acorazado “Jaime I”

        También me comunicó el referido Comité que el señor Comandante debía de estar en un estado muy próximo a la locura, pues pedía a grandes voces (naturalmente que yo de esto me enteré por los mismísimos Cabos) que lo detuvieran, que no podía seguir de Comandante después de haberle asesinado a sus Oficiales, y también me enteré de que se negó a ocupar sus alojamientos, terminantemente, alojándose en una camareta a proa.

       También me dijo el Comité que desde la salida de Santander  estaban en comunicación con Madrid sin que nosotros nos enterásemos.

      Supe también que las Clases iban haciendo de Oficiales, aunque saqué la impresión de que quien mandaba verdaderamente el barco era el Comité, siendo, después el Capitán de Navío D. Joaquín García del Valle (yo creo que antes), el Comandante del barco el Oficial tercero Naval de Cargo y Oficial de puente un segundo Contramaestre llamado D. Juan Maniños.

       He de hacer constar, la inexplicable actitud de casi toda la dotación del barco que pasó por la enfermería de infecciosos, donde yo estaba, a ver cómo me encontraba, con respetuoso y verdadero afecto.

Entre los asesinados se encontraban los Oficiales pertenecientes a la Promoción 332 de 1.929, marcados con los números: 2.- D. FERNANDO CLAUDÍN MONCADA. 6.- D. LUIS TEJADA VICTORY. 8.- D. FRANCISCO JOSÉ “PANCHO” NUÑEZ, asesinado junto a su cuñado el Capitán de Corbeta D. JUAN GARAT RULL. 19.- D. JOSÉ MARÍA HURTADO MARTÍN. 20.- D. JOSÉ LUIS DE GUZMAN SUPERVIELLE.

        Al día siguiente, día 21, entrábamos en Tánger, en cuya entrada nos atacó un avión, dándose el caso de que la dotación se metió en la protectora y a su paso por delante de la enfermería  yo les gritaba: “Canallas, cobardes, no dejéis a los Oficiales sin proteger, ni a los heridos”, inexplicablemente tampoco me hicieron nada.

       Una vez en puerto, me desembarcaron en una camilla, en unión del Alférez de Navío Falquina, y de varios Marineros y Cabos, los cuales entramos en el Hospital español de dicho puerto. Los dos Oficiales, entramos conducidos por el Comité y con  un oficio en el que se decía que quedábamos detenidos y a disposición del Comandante del “Jaime I”. En esta situación estuvimos en dicho Hospital, en una sala, todos los heridos reunidos. Al día siguiente falleció el Cabo de Artillería, Julián Fernández, al que yo había herido, confesándose y arrepintiéndose en alta voz de su actuación, pidiéndole perdón al Alférez de Navío Falquina. El día 29 falleció el Alférez de Navío Falquina, al cual dejamos en depósito en el Cementerio en espera de poder trasladarlo a Tetuán, con objeto de hacerle un entierro con los honores que le corresponden, máxime después de haberse portado como un héroe.

      Quiero destacar, la infame conducta del Ministro de España, señor Prieto, y del administrador del Hospital, tanto conmigo como con el Teniente de Navío Gómez Ruíz, que desde el 21 se encontraba también en el Hospital por enfermo. Continuamente nos amenazaban con detenernos en el “Tofiño” o en cualquier barco de guerra. Nos prohibieron las visitas, etc., etc.

      Diariamente venían a vernos el médico del “Tofiño” acompañado del Comité del barco, armados con pistolas y de paisano, con el propósito de de llevarnos al “Tofiño” en cuanto yo pudiese moverme, cosa que se vitó debido a la conducta admirable de los médicos doctores Amiera y Sirven, así como los practicantes Alcalá y Álvarez, este último fue echado del Hospital sin duda por su actuación respecto a nosotros.

      El día 9 de agosto, el señor Director del Hospital, doctor Amiera, recibió un telegrama del Juez Instructor de la Flota (un tal Balboa, maestre telegrafista), diciendo que los dos Oficiales detenidos, fuesen entregados en el primer barco de guerra y conducidos a Málaga. Dicho señor entregó este telegrama al señor Ministro de ITALIA, el cual nos envió al Juez de Instrucción de Tánger (italiano), y viendo éste que estábamos detenidos, nos dijo que en una zona internacional nadie podía estar detenido sin orden suya y, por lo tanto, si queríamos salir tanto del Hospital como de Tánger, que él nos garantizaba la salida.


           “Oficial 3º Radio Benjamín Balboa López     

       Le dijimos que queríamos entrar en la zona española y eso hicimos el día 9, acompañados por la Policía. Ese día llegamos a Tetuán (el Teniente de Navío Gómez Ruíz y yo), presentándonos al General Orgaz y al Jefe de las Fuerzas Navales, quedando agregados a E.M.

       Después de haber tenido aquella lucha cruenta en el puente del Acorazado, he aquí como daban cuenta al Ministro de Marina, aquellos marineros cobardes y asesinos:

      (Mensajes entre el Jaime I y el Ministro Giral)

      “Marinería a ministro Marina. - Hemos teni­do seria resistencia con Jefes y Oficiales en Servi­cio, venciéndoles violentamente. Resultaron muertos un Capitán de Corbeta y un Teniente de Navío; heridos graves, ocho Cabos, un Teniente de Navío, un Alférez, un Cabo artillero y dos Marineros. Ro­gamos urgentes instrucciones sobre cadáveres”.

      El criminal boticario contesta con este otro que no hace falta comentar:

     “Ministro de Marina a tripulación Jaime I. - Con solemnidad respetuosa echen mar cadáveres. Díganme posición barco.” 

      Y la “tripulación”, cuando el barco está ya en plena orgía de sangre y de anarquía, sigue el diálogo con otro “radio”:

     “Tripulación “Jaime I” a Ministro de Marina. – Nos dirigimos a Tánger. Nos encontramos 9 grados siete minutos longitud (E), 38 grados veintiún latitud (N).”

      Pero aún hay más “radios”. Parece acallar la conciencia a gritos y lanzan el siguiente:

     “Escuadra operaciones republicana a Jefe Flota operaciones. – Dotación buques saluda a su nuevo Jefe y le asegura leal y entusiasta cooperación en bien de la patria y de la República”

      Más tarde, los “Cabos del Jaime I” habían de horrorizar por sus crímenes a las poblaciones en que el Acorazado tomase su puerto como fondeadero en sus desastrosas actuaciones como la principal Unidad de la “Escuadra Roja”.


Cuando el mar no era un camino, por el Dr. Julio Pardo Canalís
Oficial Médico de la Armada española.

     
  Francisco Javier de la Uz Jiménez  
 

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