ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
INICIO

3/4/13

EL TRATADO DE UTRECH, GIBRALTAR Y CATALUÑA





Remitido, desde USA, por el Coronel Candil (Imágenes de mi cosecha)



HACE 300 AÑOS, en abril de 1713, se acordaba la Paz de Utrecht. Hubo alegría en la mayor parte de Europa, después de diez años de guerra y decenas de miles de muertos. Para celebrar la ocasión, en Londres, el compositor británico Handel compuso un resonanteUtrecht Te Deum. Entre los españoles fue uno de los tratados más odiados de todos los tiempos, porque desmanteló su imperio y condenó al país a ser un jugador menor entre las potencias europeas. Se sigue recordando el Tratado por una razón principal: porque privó a España de Gibraltar. Hoy, vale la pena mirar otro aspecto del tratado, el así llamado caso de los catalanes. Gibraltar tal vez siempre sea británico, pero ¿será Cataluña siempre española? Fue una de las cuestiones que los diplomáticos en Utrecht pensaban que habían resuelto, pero lamentablemente todavía es un tema vivo hoy, 300 años más tarde. 


La conmemoración de Utrecht este año ya ha dado lugar a una distorsión sistemática de la Historia por aquéllos que tienen motivos para distorsionarla. Decenas de páginas web se han dedicado a reescribir los hechos con el fin de engañar a un público que no sabe Historia. ¿Cuál es el propósito de toda esta actividad? El presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, propuso en 2002: «Si España reclama la recuperación de Gibraltar, Cataluña reclama la recuperación de la cosoberanía o soberanía compartida» que se daba antes del Tratado de Utrecht: «Si se dice que hay que revisar lo de Gibraltar, nosotros también podemos pedir que se revise lo de Cataluña». 
Por supuesto, no podemos jugar el juego absurdo de abrogar antiguos tratados internacionales. En 1713, los británicos intentaban proteger a sus aliados catalanes exigiendo que el rey de España respetara la soberanía de la Cataluña rebelde. Recordemos que no hubo ninguna teoría de absolutismo inspirando al rey. En 1707, Berwick ya había criticado la imprudencia de abolir los fueros, y siempre se oponía (lo dice en sus Memorias). También Luis XIV aconsejó al rey que tratara a los catalanes con clemencia, que consiguiera términos razonables de capitulación, y conservara las leyes municipales y las instituciones de Cataluña. «Creo es de vuestro interés», escribía, «moderar la severidad que queréis usar con sus habitantes, pues aun cuando sean vuestros súbditos debéis tratarlos como a padre y corregirlos sin perderlos». 

Pero el rey y algunos de sus consejeros creyeron que la rebelión tenía un precio. Aragón y Valencia ya habían pagado el precio de la rebelión, y a los catalanes no les podía sorprender que serían castigados por incumplir su juramento de lealtad a Felipe V. Los británicos sabían cómo iban las intenciones de España, pero el nuevo gobierno en Londres no vio más alternativa que abandonar a los catalanes, ya que quería poner fin a la sangrienta guerra. Los catalanes continúan viendo tal decisión como una traición. Eso es cierto. Pero la traición no la cometió el nuevo gobierno británico, que no había hecho ninguna promesa de apoyar la rebelión. El desaparecido Ernest Lluch me recordaba, poco antes de su asesinato, que Gran Bretaña «tiene todavía una deuda pendiente con Cataluña». Pero la deuda, de hecho, era únicamente del Partido Whig, cuyos banqueros eran los más beneficiados por la guerra y apoyaban la causa catalana como excusa para continuarla. El argumento lo esgrimió con fuerza el escritor Jonathan Swift en su famosa publicación La conducta de los aliados (1711), en la que denunciaba a los aprovechados que salían ganando con la guerra: «Adinerados hombres cuya cosecha perpetua es la guerra, y cuyo negocio verán descender en mucho con una paz». También exponía la carga intolerable que representaba apoyar a los rebeldes en Cataluña, donde el reclutamiento y costos navales eran sufragados exclusivamente por los británicos.

Lord Bolingbroke, uno de los líderes del nuevo gobierno Tory, declaró específicamente al ministro francés de la guerra que la paz debería haber sido posible ya en 1706 y que desde 1711 «nosotros [en Gran Bretaña] queremos una paz, y el sentir de la nación es por ello, cualquiera que sea el ruido que hagan aquellos que encuentran su ganancia privada en la calamidad universal». La búsqueda de la paz, en otras palabras, no tenía nada que ver con la «causa de los catalanes» y había sido decidida años antes del asedio de Barcelona. Los británicos no tenían ninguna «deuda pendiente».

DE HECHO, el artículo 13 del Tratado de Utrecht dejaba claro que al rey de España se le pedía tratar a los rebeldes con clemencia. Era lo mínimo que podían pedir los negociadores británicos. Obviamente, no había manera de imponer tal demanda al hostil gobierno español, que mediante el mismo tratado se le acababa de privar de una buena parte de su territorio imperial. Había la posibilidad de una rendición negociada, como Berwick esperaba; pero Rafael Casanova y el grupo en Barcelona que le apoyaba se había negado a negociar, lo que obligó al general Villarroel a dimitir de su mando militar. La decisión de Casanova fue un acto deliberado de suicidio.

Los catalanes, libre y felizmente, aceptaron a Felipe V como rey. En octubre de 1701, las Cortes de Cataluña, presididas por el rey, se reunieron en el monasterio de San Francisco. En una atmósfera de exquisita moderación, el rey accedió a buena parte de las peticiones de las Cortes y concedió varios privilegios de nobleza para miembros de la élite catalana. En agradecimiento, las Cortes le obsequiaron con una bonita suma de dinero para las necesidades reales. Fue, con seguridad, una de las reuniones de Cortes en Barcelona con más éxito. El brazo real informaba que el rey les había otorgado «tan singulars gràcias i prerrogativas quals en pocas Corts se hauran concedit», y un posterior oponente del régimen de Felipe V, Feliu de la Penya, admitía que la sesión había resultado en «las constituciones más favorables que había conseguido la provincia».

Cataluña, en suma, era un territorio libre y semisoberano de España. Esa soberanía sólo fue perturbada cuando un grupo de catalanes hizo una alianza con el gobierno británico y maquinó entregar Barcelona a la marina británica. Cataluña, en 1701 y 1713, era ya una parte de España, como los catalanes reconocieron en diversas publicaciones que divulgaron durante la guerra, de modo que resulta claramente ingenuo que cualquiera, hoy en día, sugiera que no fue así y que si el Tratado de Utrecht fuese rescindido, ahora Cataluña automáticamente sería libre. Eso no es sólo una fantasía, también es mala historia. El Tratado de Utrecht fue muy malo para la España imperial, pero de ninguna manera afectó el estatus jurídico de Cataluña. 
                                                                            Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda



5 comentarios:

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Anthony J. Candil (Remitido)
International Business Development (IBD)
2051 Gattis School Road, Suite 540#109
Round Rock, Texas 78665
USA
Para analizar 1713 y el tratado de Utrecht, hay que analizar primero que ocurre cuando muere sin descendencia Carlos II, último de los Austrias españoles, y descendiente directo de Carlos I. Falleció en 1700, y su manifiesta incapacidad puso el ejercicio del poder en manos de su esposa, la reina Mariana, aconsejada por el arzobispo de Toledo, el cardenal Portocarrero, y entonces comenzó una compleja red de intrigas palaciegas en torno de la sucesión. Este asunto, convertido en cuestión de estado, consumió los esfuerzos de la diplomacia europea, porque ni Inglaterra ni Francia querían que España volviese a ser una gran potencia. Tras la muerte repentina del heredero pactado, José Fernando de Baviera, perteneciente a la familia real y nieto del hermano de Carlos I, Fernando, en 1699, el rey Carlos II hizo testamento, ya casi moribundo, en octubre de 1700, en favor de Philippe d'Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, el "Rey Sol" y de su hermana, la infanta María Teresa, la mayor de las hijas de Felipe IV, lo que apoyaba el cardenal Portocarrero, aunque estaba claro que era un candidato que no tenia ningún derecho a la corona de España.....Hoy parece que, incluso, el citado testamento era falso y Carlos II, si llego a firmarlo, nunca supo lo que firmaba.......Todo era un complot del rey de Francia que quería evitar a toda costa que España y Austria, el imperio alemán, llegasen a estar unidas otra vez, como en los tiempos del emperador Carlos I,....O sea que la entronización de la Casa de Borbón, en la figura de Philippe d'Anjou -finalmente Felipe V-, fue una trama propiciada desde Francia, con la colaboración de traidores españoles y yo, por ello, sostengo que la monarquía borbónica es ilegitima e ilegal.
Naturalmente, la esposa de Carlos II, la reina Mariana, apoyaba las pretensiones de su sobrino, el archiduque Carlos de Austria, hijo del emperador de Austria, Leopoldo I, y familiar directo de Carlos II . La candidatura del archiduque austríaco fue respaldada por Inglaterra y Holanda, que aunque tradicionales enemigas de España durante el siglo XVI, además rivalizaban con la Francia hegemónica de Luis XIV, y bajo ningún concepto querían que Francia controlase España. Como mal menor preferían una España unida a Austria que una Francia preponderante en Europa… (Continúa)

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

….Todo indica, como recientemente se ha pretendido demostrar, que el testamento de Carlos II fue falso, y en todo caso, manipulado por su entorno, comprado por Luis XIV, para apuntalar la candidatura del Borbón, y ello provocaría una guerra tremenda, una prueba clara de lo poco que le importaba la suerte de España, a los Borbones.

Cuando la noticia del fallecimiento del rey Carlos II llegó a Francia, Luis XIV anunció que aceptaba -por supuesto!!- lo estipulado en el testamento del rey español. El ya nombrado Felipe V partió hacia Madrid, a donde llegó en enero de 1701. La tensión entre Francia y España y el resto de potencias europeas, que ya desde un principio desconfiaban del poder que iban a acumular los Borbones, aumentó debido a una serie de errores políticos cometidos en las cortes de Versalles y Madrid. Austria, que no reconocía a Felipe V como rey envió un ejército hacia los territorios españoles en Italia, sin previa declaración de guerra. En septiembre, Inglaterra, las Provincias Unidas -que era como se autodenominaba Holanda-, y Austria se unían, y en mayo de 1702, todos declaraban la guerra a Francia y España. La guerra -"la guerra de Sucesión"-, duraría casi 11 años, y que dejó como principal consecuencia la instauración de la Casa de Borbón en el trono de España. En el interior de España la guerra evolucionó hasta convertirse en una verdadera guerra civil, y cuyos últimos rescoldos no se extinguieron hasta 1714 con la capitulación de Barcelona, y con la capitulación de Mallorca en 1715.
En 1702, media España no acepto a Felipe V, y preferían al archiduque de Austria, como legitimo heredero,.....Cataluña, parte de Andalucía, Navarra, las Vascongadas y Castellón y Valencia, se unieron a Inglaterra, esperando restaurar a la Casa de Austria, que era a quien verdaderamente correspondía la corona española. Fueron voluntarios catalanes los que conquistaron Gibraltar, con apoyo naval británico, claro,......De hecho, en Gibraltar, en la cara Este de la roca, hay una playa denominada "Playa de los Catalanes" (Catalans' Beach), donde desembarcaron los voluntarios,.....reclamando el Peñón para el archiduque Carlos....
Así que podríamos hasta debatir quienes fueron mejores españoles, si los Catalanes apoyando al legítimo heredero, o los Castellanos, ayudando a los franceses…
En resumen, tras 11 años de guerra, las potencias europeas hicieron la paz, y España, firmó lo que le pusieron, ....total el Borbón Felipe V lo que quería era ser rey a cualquier precio, e Inglaterra, como compensación, pidió Gibraltar. a perpetuidad,....y Menorca por CIEN años....lo que se le dio, sin vacilar.

Geppetto dijo...

para entender el problema de Gibraltar es imprescindible leer el libro del escritor Georges Hills "el Peñon de la discordia" y para entender los problemas que crea el nacionalismo nada mejor que un buen libro sobre historia de España
La gente no sabe, por ejemplo, que los britanicos estuvieron dispuestos a devolvernos Gibraltar en al menos dos ocasiones y que fue Francia la que lo impidió para de esta forma mantener tensada la cuerda y no permitir posibles alianzas Anglo-españolas.
http://lapoliticadegeppetto.blogspot.com.es/

Anónimo dijo...

¡ Gibrartá españó !