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Poetas Muertos
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28/4/13

300 años a vueltas con el Peñón











Gibraltar todavía trata de imponer su soberanía en unas aguas que la Corona española no cedió según el Tratado de Utrecht firmado en 1713

 
Macarena Gutiérrez. La Razón -12 de abril de 2013

       MADRID- La efeméride llega en uno de los momentos más agrios del centenario contencioso y la jornada de ayer fue un ejemplo perfecto del tira y afloja de los últimos meses. A una protesta de Reino Unido por la «intromisión» española en sus «aguas», siguió la respuesta española: Gibraltar no tiene «aguas» y la soberanía de todo el perímetro que rodea a la Roca es española.

        España sostiene que según el Tratado de Utrecht de 1713, la Corona cedió a la Reina de Inglaterra «la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar juntamente con su puerto, defensa y fortalezas que le pertenecen».


Peñón de Gibraltar en la actualidad

       Pero nada de aguas, salvo las que bañan al puerto. Tres siglos después, el punto de fricción sigue intacto. A finales del mes de marzo de 2012, el recién estrenado Gobierno de Fabián Picardo puso en marcha una campaña sistemática de acoso a los pescadores de La Línea de la Concepción y Algeciras que faenan allí desde hace décadas. El motivo esgrimido por Picardo, la ilegalidad de las artes españolas, aún no se ha resuelto, pero bajo este argumento subyace la eterna disputa marítima. En el fuego cruzado han estado las cofradías, que estiman las pérdidas en más de un millón y medio de euros.

       A la dificultad de echar las redes en la bocana del puerto gibraltareño se han añadido meses de mal tiempo y una regulación, en este caso española, de horarios que los pescadores no aciertan a comprender. Según Leoncio Fernández, patrón mayor de la cofradía de La Línea, «este año ha sido horrible, no hemos conocido nada igual. Yo ya debo cerca de 6.000 euros sólo de cuotas a la Seguridad Social. El acoso de las patrulleras llanitas nos ha quitado mucho, cerca de un 50%.Luego el mal tiempo y la veda nos han matado».

      Lo cierto es que ni él ni ninguno de los miembros del sector consultados por este periódico espera mucho del Gobierno del otro lado de la Verja. El mismo Picardo ha dicho que este mes de abril dará a conocer la nueva legislación que determinará con qué se puede pescar, pero lo más probable es que el asunto acabe en una prohibición expresa que exija la solicitud de licencias para faenar.

      Por el momento, el Ministerio de Agricultura se ha comprometido a «estudiar» la concesión de ayudas directas a las embarcaciones que se queden paradas a causa del hostigamiento gibraltareño.

      Esta misma semana, el presidente del Gobierno ha recibido a su homólogo británico, David Cameron, por primera vez en La Moncloa. Según fuentes diplomáticas, el asunto gibraltareño estuvo muy lejos de marcar la agenda. El caldo gordo lo dejan en manos de los Ministros de Exteriores de ambos países porque, 300 años después, el contencioso sigue escociendo y nadie desea que contamine las relaciones bilaterales en pleno siglo XXI.

LA GUARDIA CIVIL ha escoltado estos meses a los pescadores


El acuerdo impedía «a judíos y moros habitar en la ciudad»

        El artículo X del Tratado de Utrecht, que Luis XIV firmó en nombre de su nieto Felipe V, hace referencia a la cesión del Peñón los británicos, pero sobre todo, puso fin a la Guerra de Secesión y supuso la llegada a la Corona española del primer Borbón. Francia e Inglaterra firmaron su paz y España perdió, además de la estratégica Roca, la isla de Menorca, que no recuperaríamos hasta principios del siglo XIX. Aquel tratado obligaba a la Reina inglesa, entre otras cosas, a «no permitir por motivo alguno que judíos ni moros habiten ni tengan domicilio en la ciudad». Felipe V perdió la oportunidad de recuperar el Peñón dos años después a cambio de entregar su parte de La Española, lo que hoy es República Dominicana.


Tratado de Utrecht


Erik Martel
Embajador de España

Ante nuestras propias narices

         Ayer se cumplió el tricentenario de la firma del Tratado de Utrecht por el que la Corona de España cede Gibraltar a la inglesa. Esta cesión se hace bajo determinadas condiciones. Se cede la ciudad y castillo, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, sin jurisdicción territorial y sin comunicación alguna por tierra. Se prohíbe el comercio entre España y lo cedido salvo en casos excepcionales. Finalmente, se proscribe la posibilidad de que Gibraltar pase a  otras manos que no sean las inglesas salvo con el consentimiento de España. Lo cedido tenía una superficie terrestre de cuatro kilómetros y medio. Merced a una política reiterada de introducir la patita de lobo enharinada en el quicio de la puerta, han ido los británicos ocupando terrenos que casi duplican los cedidos. Y hay planes de triplicar la ocupación a través de «rellenos». De la apropiación de las aguas españolas tenemos noticia semanalmente. En cuanto a las comunicaciones, ahí está la apertura unilateral de la Verja y el floreciente comercio consentido merced al cual existe una próspera economía gibraltareña y no un fardo insoportable para el fisco británico, como se ha demostrado históricamente cuando se ha aplicado el Tratado. Por último, ante nuestras propias narices y con el «paso a paso» que tan buenos rendimientos ha brindado a los británicos, se ha iniciado, con el consentimiento de España, un proceso de independencia soterrado.

      Se trata de que Gibraltar, sin dejar de formar parte de los dominios de su graciosa majestad como Canadá o Australia, adquiera una independencia de facto sin que España pueda alegar que ha pasado a otras manos pues continúa estando en las de la Corona a la que fue cedido. Muchos se preguntan si no ha llegado el momento de que España, en lugar de consentir, cumpla con lo acordado y aplique imaginativamente las cláusulas del Tratado.

     En otro caso, ¿qué sentido tiene mantenerlo vigente? ¿No sería más razonable denunciarlo y plantear ante las Naciones Unidas el conflicto creado por la ocupación no consentida de nuestra soberanía, sometiéndose a la normativa y protocolo reservados para las controversias internacionales?




Francisco Javier de la Uz Jiménez

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Es una espina clavada en todo Español
biennacido, Si ademas eres natural de
la muy noble y muy leal ciudad donde
reside la de Gibraltar la espina es
doble .

Geppetto dijo...

La única manera de poner en su sitio a los llanis y al Gobierno británico es aplicar la ley con todas sus consecuencias
Aislar de nuevo la roca por tierra, mar y aire, rescindir los vuelos de Gibraltar con la península, con Madrid exactamente, cerrar el paso fronterizo de la verja, cortar las lineas de comunicación, indispensables para los chanchullos de los traficantes, trapisondistas y evasores fiscales, obligarles a pagar la electricidad y el agua a precios astronómicos, clausurar todos los negocios y empresas que radiquen su fiscalidad en Gibraltar, obligar a los bancos españoles a cerrar sus sedes en el peñón, impedir que los barcos cisterna fondeen en la Bahía, en una palabra cumplir el Tratado de Utrech a rajatabla.
Que los British vuelvan a sentir el peso de mantener una ilegal colonia en territorio español, que les cueste un dineral, que sea un dolor de cabeza permanente.
Y si así no se consigue que devuelvan la roca al menos podremos tratarlos como a los monos de la cima y a través de una enrome verja, como debe ser.
La vejación de los gibraltareños contra los españoles de la Linea, de Sotogrande o de Sabinillas debe cesar .
Los llanis no son ciudadanos británicos de pleno derecho, no son comunitarios, no son, a nivel legal nada y por tanto no deben tener posesiones en España.
Los llanis jamas querrán ser españoles, obliguemos a los Británicos a aceptar que ellos no los quieren ingleses y encontremos una salida digna para España y la Gran Bretaña.
PD/ Aconsejo leer el libro "El peñón de la discordia" de George Hills
http://lapoliticadegeppetto.blogspot.com.es/

Anónimo dijo...

Solo deciros una cosa, que hay que tenerla presente,...

Gibraltar es lo que es porque un desgraciado e infame Borbon, el primero de toda esta lacra que sufrimos -hasta el actual-, y al que Espana le importaba un comino, se lo cedio a Inglaterra, junto con Menorca, porque su ambicion era ponerse la corona. A cualquier precio, y hubiera cedido hasta Andalucia, si se lo hubieran pedido los ingleses,...
Contra esos hay que dirigir nuestra ira,..Inglaterra manteniendolo, de acuerdo con el Tratado, da gala de lo que ni la Corona ni el Gobierno hacen,...mostrarse orgullosos de su soberania y capacidad,...
Nosotros solo pataleamos y lloriqueamos....

Antonio J. Candil
Coronel de Infanteria (Reserva)