ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
INICIO

19/3/13

La Guardia Suiza: así son los hombres del Papa











Rosa C M    www.intereconomia.com

Es el ejército más pequeño del mundo, pero también uno de los más antiguos y valorados. La Guardia Suiza, los protectores del Papa, mezclan con singular equilibrio vida espiritual y castrense.
Con la mano diestra alzada y la izquierda en la bandera, juran defender con su vida al sucesor de Pedro.

           Seis de mayo de 1527, saqueo de Roma. Un millar de soldados alemanes y españoles a las órdenes de Carlos V se dirige a la plaza de San Pedro. El Papa está en peligro. De la sede de la Iglesia surgen 189 hombres que han jurado defender con su vida al representante de Cristo en la tierra. Luchan cuerpo a cuerpo contra el poderoso ejército; siguen combatiendo mientras retroceden, uno a uno, los escalones del altar mayor y forman un círculo que protege a Clemente VII hasta que llega, sano y salvo, al castillo de Sant’Angelo. Solo 42 hombre sobrevivieron a la gesta firmada por el ejército del vaticano, la Guardia Suiza.
          Aquel 6 de mayo heroico se rememora cada año con la entrada de nuevos soldado vaticanos que, con su mano izquierda en la Bandera y la diestra alzada al cielo con tres dedos extendidos (Padre, Hijo y Espíritu Santo), juran defender con su vida y en nombre de la Santísima Trinidad al Papa y a sus legítimos sucesores, así como al Sacro Colegio Cardenalicio en caso de que la sede papal esté vacante. Por testigos, “Dios Todopoderoso y sus santos”.
           Vestidos de azul y dorado –un diseño que, atribuido a Miguel Ángel, se considera el uniforme militar más antiguo del mundo- y con su casco en la cabeza, los nuevos soldados escuchan del capellán las palabras que los comprometerán en los dos próximos años y, en realidad, toda la vida, porque la condición de guardia suizo no se pierde nunca. “Juro servir con fidelidad, lealtad y honor al Supremo Pontífice (…) dedicarme a ello con todas mis fuerzas, sacrificando incluso, si es necesario, mi propia vida. (…) Prometo además respeto, fidelidad y obediencia al capitán comandante y a mis superiores. ¡Lo juro! ¡Que Dios y nuestros santos patronos me ayuden!”
MERCENARIOS
          Ya forman parte del ejército más pequeño del mundo, aquel que nació en 1506 por deseo de Julio II. Fue este un papa que representó a la perfección la decadencia espiritual y que dedicó casi todos sus esfuerzos al fortalecimiento de la Iglesia de Roma, entonces uno de los actores políticos con mayor poder.
          Corría el año 1505 cuando Julio II hizo de la independencia del papado su objetivo principal y pidió, para ello, la protección de los soldados más valorados de la época: los mercenarios suizos. Eran estos soldados destacados por su enorme valor –ya el historiador Tácito había asegurado que el helvético era un pueblo guerrero famoso por la valentía de sus soldados que, debido a la pobreza que asolaba su tierra, dedicaban los veranos a batallar en las guerras vecinas y reunir así dinero para pasar el invierno en casa.

En la batalla de Lepanto, a la que fueron enviados por Pío V, arrebataron dos banderas enemigas.

Soldados de la Guardia Suiza
         

      A mediados de septiembre de 1505, Julio II solicitó a los cantones suizos de Lucerna y Zúrich el envío de soldados. Los días 25 y 26 del mismo mes los nobles feudales pusieron a disposición de la Iglesia a sus hombres más valorados y, el 22 de enero de 1506, 150 guerreros comandados por Kaspar von Silenen, del cantón Uri, cruzaban la Puerta del Pueblo y entraban por vez primera en el Vaticano, donde eran bendecidos por el Papa.


 

Guardia de entrada al Vaticano





           Durante dos décadas cumplieron con su misión defensiva y protectora hasta que, en 1527, fueron casi aniquilados por las fuerzas del emperador Carlos V, solo 42 guardias suizos sobrevivieron. Defendieron el castillo de Sant’Angelo y al Papa Clemente hasta que este aceptó la rendición y las duras condiciones impuestas por el ejército ganador el 5 de junio. Después de entregar ostia, Módena y Parma, entre otros territorios, al emperador Carlos V, Clemente solicitó la inclusión de los guardias suizos supervivientes en la nueva fuerza creada para protegerle, tras la supresión forzosa de la Cohors Helvética. Solo 12 aceptaron unirse a los doscientos lansquenetes que tanto dolor habían provocado entre sus filas.

 

MUJERES NO
         Habrían de pasar 21 años para que Pablo III resucitara la Guardia con 225 hombres –parte de ellos serían enviados por Pío V a combatir en Lepanto contra los turcos, donde se hicieron con dos banderas enemigas-, aunque tampoco fue un retorno definitivo. En 1798, forzador por Napoleón, el papa Pío VI disolvió su Guardia antes de partir al exilio. La última reorganización de los soldados del papa –que fueron resucitados definitivamente por Pío VII en 1801 corrió a cargo de Juan Pablo II en 1979.
        Como curiosidad la Guardia Suiza, tiene una vinculación especial con cada Papa, ya que cambia su Bandera con cada nuevo Pontífice. Compuesta en la actualidad, por poco más de un centenar de militares y dirigida por un Comandante con empleo de Coronel, está integrada por un Vicecomandante, un Capellán, ambos Teniente Coronel, un Comandante, dos Capitanes, 23 Suboficiales, 70 alabarderos y 2 Tamborileros.

Combinan fe y vida castrense y de entre sus soldados surgen, cada año, una o dos vocaciones religiosas.
      

           Desde entonces, cada 6 de mayo nuevos soldados se incorporan a un cuerpo que mezcla, con singular equilibrio, la vida castrense y la espiritual. Los guardias suizos asumen su trabajo como un servicio de la Iglesia y aceptan de buen grado las condiciones sine qua non que deben observar para formar parte de la Guardia. Solo pueden presentarse candidatos hombres nacidos en Suiza –se recomienda además que sean conocedores de la cultura y la tradición nacional-, solteros, católicos y con una edad comprendida entre los 19 y los 30 años. Deben, además, medir al menos 1,74 metros, poseer algún título académico y haber pasado por el ejército suizo, ya que los ejercicios de entrenamiento y su rutina diaria serán las propias de la vida castrense, aunque, eso sí, provistas de una delicadeza no común en los cuarteles.
          El actual capellán de la Guardia, el Arzobispo Alain de Raemy, explicaba cómo, aunque no todos los reclutas son practicantes –pero si católicos-, al entrar en el cuerpo, todos están obligados a asistir a la misa dominical y a los retiros espirituales que, con frecuencia, se organizan en la Guardia. “Somos el mejor proveedor de vidas consagradas de Suiza, ya que el promedio es de una o dos vocaciones al año. Muchas veces personas que nunca lo hubieran imaginado se hacen sacerdotes religiosos o diocesanos al salir”, aseguraba de Raemy.
         Los nuevos soldados, que entran a formar parte de la Guardia por dos años y pueden prolongar la experiencia –algunos han servido más de una década-, viven en las dependencias vaticanas en habitaciones compartidas – motivo por el que no se admiten mujeres- y deben comportarse observando las normas de la moral católica.
FUSILES SIG
         Si alguno decide, durante su servicio en la Guardia, contraer matrimonio, podrá ocupar alguno de los apartamentos individuales destinados a tal fin, pero la ocupada vida de los soldados hace muy difícil –y así lo advierte el cuerpo- destinar tiempo a entablar una relación amorosa.
         Instruidos en técnicas de combate y defensa, manejan armas antiguas como la espada y la alabarda, pro también portan maquinaria moderna como el fusil suizo SIG 550 y las pistolas SIG Sauer. Dedicados en exclusiva a la protección del papa y las dependencias papales, así como a la presencia protocolaria en días señalados, los soldados suizos son la envidia de muchos jóvenes que –así se lo han hecho saber en su nuevo perfil de la red social Facebook- darían su vida por poder defender a la cabeza visible de la Iglesia.
CRIMEN EN EL VATICANO
         Además de aquél terrible 1527, hay un año negro en la historia del ejército del Papa, que no ha podido escapar a rumores. El 13 de mayo de 1981 Alí Agca disparó contra el Santo Padre. Segundos después se podía ver a Alois Estermann, entonces vicecomandante de la Guardia Suiza, protegiendo con su cuerpo a Juan Pablo II, pero el ataque de Agca había puesto de manifiesto que la seguridad del Vaticano era mejorable, hundiendo el dedo en una de las llagas que hacen sufrir al ejército del Papa, que carga con la etiqueta de antiguo e ineficaz.


La Guardia Suiza en la sala Clementina del Palacio Apostólico del Vaticano, con Su Santidad el Papa Juan Pablo II

La Guardia Suiza en la misma sala, con Su Santidad el Papa Benedicto XVI


Francisco Javier de la Uz Jiménez

No hay comentarios: