ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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22/3/13

El devastador asalto a Montecasino












      
         La Batalla de Montecasino, también conocida como la Batalla por Roma y la Batalla por Casino, fue una serie de cuatro duras batallas durante la Segunda Guerra Mundial, peleadas por los Aliados con la intención de atravesar la “Línea Gustav” y tomar Roma.

         


Aniversario de Montecasino. Una muestra de la barbarie contra el cristianismo


     
        Este año se conmemora el 69 aniversario del salvaje ataque de las tropas de las potencias liberales a Montecasino. El primer ataque sobre el Monasterio, cuna de Europa, se inició el 4 de enero de 1.944.

        La célebre Abadía Benedictina se encuentra situada en una montaña sita al sur de Roma. Y en ella reposan los restos de Benito de Nursia, San Benito, Patrón de nuestro continente. 

San Benito, Patrón de Europa
        Montecasino es uno de los orígenes de nuestra cultura occidental donde renació la civilización tras la caída del Imperio Romano tras la invasión de los bárbaros.

Grabado de la Abadía antes de la destrucción por parte de los anglosajones

        En Montecasino se escribió "la Regola que durante el derrumbamiento de la civilización clásica contribuyó en gran medida a salvar lo mejor del mundo antiguo y a inaugurar el nuevo”.
        Allí "en los grandes scrptoria, los monjes habían copiado obras inmortales que de otro modo se habrían visto destinadas al olvido o a la destrucción". 
        Allí "se encontraba el corazón de un probo ejército que, desde Escocia a Sicilia, había trabajado durante más de mil años por la salvación eterna de los hombres pero también por una vida mejor en la tierra”.

   

     Tal como escribe con acierto, y valor, el gran periodista Vitorio Messori, la destrucción del Monasterio de Montecasino es fruto del odio anticatólico 
        El tema lo trata en el magnífico y recomendable libro "Leyendas negras de la Iglesia", manual insustituible para rebatir los típicos tópicos calumniosos del Discurso Cultural Dominante.

       

La prensa británica  y Leo Sulzberger II, miembro de la familia  Sulzberger, propietaria del New York Times fueron algunos de los principales impulsores de los bombardeos destructores

        En la Segunda Guerra Mundial, tras el desembarco aliado en la península itálica, los alemanes habían extendido una barrera defensiva denominada "Línea Gustav". Levantada en los montes Abruzos, sin embargo excluía la cumbre de Montecasino. El Monasterio, en un risco elevado en medio de la planicie, hubiera sido un lugar excepcional para apoyar la citada línea defensiva.
       
         Pero el Comandante en Jefe del ejército alemán en la zona era el Mariscal Kesserling, bávaro y católico, militar de honor, y no quiso exponer el histórico monasterio a los resultados del combate. A las afueras de la Abadía un piquete de policía militar protegía la entrada haciendo cumplir las órdenes de que ningún soldado alemán podía ingresar.
         El Ejército alemán era conocedor de lo que Montecasino representa para la civilización universal. Por ello, en contra de lo que marcaba cualquier norma táctica y estratégica de carácter militar, Kesserling no incluyó Montecasino en su línea de defensa.
        Allí, además del tesoro arquitectónico que representaba el edificio de la Abadía y de los inconmensurables valores artísticos y bibliográficos que albergaba, hallaron refugio multitud de prófugos, heridos, enfermos, viejos y mujeres, que fueron acogidos por la comunidad de monjes.
        Los aliados, principalmente los dirigentes del Ejército estadounidense, como está demostrado documentalmente, tenían conocimiento de que en la montaña y en el Monasterio no había tropas alemanas.
        Dio lo mismo. Entre el 17 de enero al 18 de mayo, la colina fue atacada cuatro veces por las tropas aliadas.

      
Churchill, Roosevelt, Stalin en YALT

También es probado que se decidió la destrucción por motivos no militares, "empujados por un deseo de destrucción que sólo puede explicarse por el deseo de hacer desaparecer de la faz de la tierra uno de los símbolos más significativos del detestado papismo católico”.
        Esto queda confirmado porque el vandálico bombardeo se anunció previamente de forma pública, indicando el día y la hora de la operación, lo que demuestra que no había interés militar estratégico.
      
 

       


Este anuncio permitió que los alemanes, a pesar de que la Wehrmacht sufría una dramática crisis de elementos de transporte y combustible, encontraran los camiones necesarios para poner a salvo de la destrucción aliada, en el Vaticano, parte de los tesoros artísticos y culturales de la Abadía, incluyendo el excepcional archivo, que, por ejemplo, contenía el primer escrito en lengua italiana.







Salvando tesoro Montecasino. Traslado de las obras de arte salvadas de la barbarie aliada al ser trasladadas al Vaticano gracias al Teniente Coronel Julius Schlegel
        También las monjas y monjes benedictinos de Monasterio fueron evacuados, quedando al comienzo de la batalla solamente el Abad Gregorio Diamare de 82 años y 5 monjes.
Abad Gregorio Diamare. Muerto en 1945, el Estado italiano le concedió, a título póstumo, en 1951,  LA MEDAGLIA D´ORO AL VALOR CIVILE.
        Tal como habían anunciado, el 15 de febrero de 1944, grandes cantidades de "fortalezas volantes" americanas, entre ellas 42 B-17 Flying Fortresses , junto con  47 B-25 Mitchell y  40 B-26 Marauder, combinadas con cañones de grueso calibre, bombardeaban el histórico monasterio (453 toneladas de bombas descargadas, en ocho oleadas). 







Vista aérea del sector Casino. Arriba el monasterio de Montecasino, abajo la ciudad de Casino








"Estuvieron bombardeando y disparando durante tres días hasta que tuvieron la seguridad de que de la abadía sólo quedaban ruinas insalvables (luego se descubrió que se había destruido todo menos la cripta, en la que se hallaron intactas las reliquias de Benito y Escolástica). Se había concebido la acción como un "espectáculo", de modo que un equipo de cineastas oficiales filmó el acontecimiento"


Tras el destructor bombardeo aéreo y artillero aliado, la Werhmacht ocupó el monte, aprovechando los escombros como magnífico punto defensivo. Desde el aspecto militar el vandalismo estadounidense fue muy útil para las tropas alemanas, que usando las ruinas como refugio seguro de sus posiciones pudieron resistir los asaltos de las fuerzas aliadas durante muchos meses. 









Ruinas de la Abadía tras el ataque de las potencias liberales










        Las decenas de miles de caídos aliados, muchos de ellos polacos, son resultado de la idea norteamericana de destruir el monasterio.

        La destrucción de la Abadía fue un desvarío desde la perspectiva militar y un crimen desde el plano cultural pero "probablemente una exigencia irreprimible y oscura, una necesidad liberadora para aquel cóctel de protestantismo radical e iluminismo masónico que, desde el principio, distingue a la clase dirigente americana. Incluyendo, por tanto, a los altos mandos militares".


Franklin Delano Roosevelt  con sus atributos masónicos junto a  Towsend Scudder y Robert Elliott Owens, Grandes Maestros de la G. L. de Nueva York, y a  Gran Maestre Jacob Charles Klinck y el Ministro de Comercio Her. Daniel C. Roper. (Foto  de 1935, en una Tenida de la Logia Architect Nº 519 de la ciudad de Nueva York, en que recibieron el grado de Maestro masón sus hijos, que se ven de pie, detrás de su  padre.

        Sin embargo este odio desatado da muestra de la importancia histórica y cultural del lugar, para dar lugar a tal furia destructiva contra una de las cunas de Occidente.

El Monasterio restaurado

        Previamente los liberales ya habían destruido la Abadía cuan de Europa en otras dos ocasiones. El lugar fue saqueado por las tropas de Napoleón en 1.799 y en disolución de los monasterios italianos en el año 1.866.


Francisco Javier de la Uz Jiménez

1 comentario:

José Antonio dijo...

Francisco Javier, mi Teniente Coronel Gran Jefe y querido amigo compañero: Como propia de tu siempre atenta y expertamente cumplida misión de centinela en una parte de la muralla defensiva de esta inexpugnable Fortaleza Cajón de Sastre, nos has traído este magnífico y aleccionador trabajo en el que pueden ser analizadas las condiciones morales y culturales de los protagonistas, de los políticos y de los militares, de aquella genocida y asoladora agresión aniquiladora contra la civilización cristiana que se llevó a cabo en el solar europeo, uno de cuyos muchos capítulos importantes lo fue el de Montecasino.

La agresión aniquiladora contra la civilización cristiana y la consiguiente colonización imperialista contra los pueblos de toda Europa, comenzó hace ya tres siglos, por parte de aquellas oligárquicas sectas masónicas anglosajonas que asentadas en las colonias inglesas en América del Norte trataban de emanciparse del dominio de la Corona Británica. Una vez logrado su propósito emancipador, la primera empresa de aquellas sectas fue apropiarse del poder –anónima y engañosamente– en la caduca e ideológicamente agotada metrópoli inglesa. Inglaterra pasó a ser su primera colonia en el solar europeo. Después, organizarían y dirigirían la Revolución Francesa, mediante la cual colonizaron Francia; y ya sin pausa alguna acometieron la colonización de todos los demás pueblos europeos –Guerras napoleónicas, revoluciones burguesas, guerras civiles, I y II guerras mundiales, proletarización masiva, politización irracional de las gentes, corrupción de los fundamentos religiosos, teológicos y filosóficos tradicionales de los pueblos, etc.–. Del estado actual de la cuestión, no diré nada, ya que para las mentes expertas basta con saber leer y bien entender lo que enmarañadamente dicen los medios informativos públicos y la televisión.

Por el momento, ello es cuanto puedo decir al respecto. Y me congratula que los italianos reconstruyeran el Monasterio que tan lucida y airosamente se ve en esa fotografía.

Sobre la fotografía en la que aparecen Churchill, Roosevelt y Stalin, digo que echo en falta a Hitler; pues ellos cuatro eran igualmente marionetas del poder masónico anticivilización.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción AGM