ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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16/2/13

DETENTE


El Tercio está recuperando la vieja tradición del Sagrado Corazón de Jesús protector en combate. Iván Castro lo recibió antes de partir.


(Religión en Libertad 17 FEB 2013)
El pasado 7 de marzo, el caballero legionario Iván Castro Canovaca, jiennense de 23 años y futuro padre de una niña, recibió un balazo durante un combate en Afganistán. La orden de 14 de marzo de la Brigada de Infantería Ligera Rey Alfonso XIII, II de la Legión, da cuenta de la acción y resalta y detalla el excelente comportamiento militar de todos los legionarios que participaron en él, destacando en particular el teniente Ramón Prieto Gordillo, el sargento José Moreno Ramos, los cabos primeros José Manuel Gómez Santana y José Miguel Gómez Ortega, el cabo Fernando Carrasco Ibriani y el caballero legionario Iván Castro Canovaca.

De este último, fusilero del tercer pelotón, dice la orden que, "herido en los primeros segundos del combate, mantiene la calma y pide a su Jefe de Pelotón que le deje solo y acuda a su puesto nuevamente. Cuando su Jefe de Sección le decía que estuviera tranquilo que se iría a España a ver nacer a su hija, respondió que eso no le importaba, que lo que quería era seguir allí, en su puesto. No perdió en ningún momento la compostura, evitando ser un problema más en aquella situación".

Castro Canovaca había recibido un impacto de bala enemigo que le había atravesado los dos pulmones, pasándole a milímetros del corazón, la aorta, la tráquea y el esófago. La trayectoria recorrida y las lesiones causadas eran tan complejas que no se le pudo extraer el proyectil hasta pasados varios días. Actualmente se recupera en el Hospital Gómez Ulla de Madrid y está fuera de peligro, pero según ha podido saber ReL, la opinión de los médicos de cirugía torácica que le atendieron es que su caso es "único" y "lo normal es que hubiera fallecido en los diez primeros minutos".

El Detente salvador
Pero además de sus armas y pertrechos, uno de los objetos con los que partió hace semanas camino de Afganistán este caballero legionario (como otros miembros de la VIII Bandera del Tercio Don Juan de Austria, III de la Legión, que así lo desearon) fue un Detente Bala que les obsequiaron, a quienes quisiesen llevarlo, la Hermandad del Cristo del Perdón de Elche y sus paisanos del Círculo de Amigos de las Fuerzas Armadas de Jaén.



Como publica la revista Armas y Cuerpos, de la Academia General Militar, en su número de febrero, el teniente coronel Carlos María Salgado Romero, jefe de dicha bandera, ha decidido recuperar la vieja tradición del Detente Bala, de uso habitual entre los militares españoles desde hace siglos como invocación protectora al Sagrado Corazón de Jesús.

Nació a raíz del florecer de esa devoción con Santa Margarita María Alacoque (1647-1690), cuya plasmación fue el bordado de la imagen del Sagrado Corazón en pequeños emblemas para llevar cosido a la ropa o colgado del cuello o en un bolsillo, y con la leyenda Detente, el Corazón de Jesús está conmigo, dirigida al demonio y contra la tentación.

Pero, explica la revista, "unos cuantos relatos de soldados quelograron esquivar a la muerte, de esa forma casi milagrosa en que, a veces, suceden las cosas, le dieron tanto prestigio al emblema, que viajó con los militares españoles por todas las guerras que vinieron después en la Península y también en aquellas por las que perdimos nuestras últimas posesiones en ultramar".

Una vieja y querida tradición militar
El popular Detente, sin perder su connotación espiritual, se transformó para los soldados españoles también en un Detente Bala, un último recurso para que, si era voluntad de Dios, la muerte pasase de largo en medio del fuego enemigo.

El páter de la VIII Bandera dejó claro a los legionarios, al entregárselo bendecido, que no se trata de amuleto: "Seguro que os ayudará en los buenos y en los malos momentos, pero no lo cojáis como el que lleva un amuleto, esto no es una pata de conejo. Cogedlo como algo espiritual entre cada uno de vosotros y Dios".

Para Iván Castro, y para la hija que pronto verá nacer, el Detente sí fue un Detente Bala, el último escudo para un caballero legionario cuando, según reza su himno legendario, "más rudo era el fuego y la pelea más fiera".



6 comentarios:

Chevi Sr. dijo...

No conocía esta historia, y me parece emocionante, muy emocionante.

Anónimo dijo...

Gonzalo,

muchas gracias por este relato, conforta a los que nos lo creemos y nos llena de argumentos. Me congratulo enormemente por la situación actual del Legionario herido deseándole el mejor futuro.

Un abrazo fuerte
SantiZ

Joaquin Serrano dijo...

Tuve ocasion de saludar personalmente al CL Ivan Castro el pasado dia 12 de enero asi como a su familia en una celebracion en Viator. La noticia me impacto cuando la conoci y asi se lo manifeste al TCol Salgado, entonces jefe de la VIII Bandera felicitandole por el espiritu de sus legionarios que solo reflejan lo que aprecian en sus superiores.

Javier de la Uz dijo...

La medalla del soldado español

Antonio Manzano

http://www.revistatenea.es/RevistaAtenea/REVISTA/articulos/GestionNoticias_12039_ESP.asp

Manuel Leguineche consiguió entrevistar, para su libro "Annual 1921. El desastre de España en el Rif", publicado en 1996, a varios ancianos que, realizando su servicio militar en diversas unidades, como los regimientos San Fernando o Melilla, vivieron el Desastre de Annual o lo tuvieron cerca.

De los varios testimonios, tomados de esa obra y recogidos en el libro “Regimiento Alcántara 1911 – 1921”, merece la pena resaltar el de Julián Sanz Magro, natural de Taragudo provincia de Guadalajara:
"Al marchar a África, mi madre me había pedido ´Me escribirás todos los días, no lo olvides, hijo, todos los días. Eso es lo único que te pido´. Le escribí todos los días desde aquel agosto de 1921, hasta mayo de 1923 en que volví a casa. Sor Teresa, bajó a ponernos a los africanos el escapulario de la Virgen del Carmen. ´Julián: este escapulario no lo olvides en la vida aunque se haga cachos, llévalo siempre contigo...´.

En 1921, era una mala la noticia saber que al hijo o al hermano le había correspondido realizar el Servicio Militar en uno de los regimientos de guarnición en África, o que habían mandado allí un batallón, grupo o escuadrón expedicionario. Entonces, el Servicio Militar duraba tres años en activo y, estar 36 meses en situación de pegar tiros o de que te los pegaran, era un trance bastante difícil de sobrellevar porque, al peligro de toda situación de guerra, se unían las condiciones precarias en las que casi siempre se estaba en campaña: estacionamientos provisionales, instalaciones rudimentarias, alimentación demasiado a menudo basada en las conservas, agua de escasa calidad, pequeñas o grandes infecciones, parásitos, heridas, y un sinfín de factores que multiplicaban los riesgos para la salud y la vida.

Por ello, en aquellos años de la guerra de Marruecos, igual que en la de Cuba y Filipinas y otras, la familia, la parroquia, las instituciones benéficas, e incluso particulares, trataban de hacer más llevadero el cumplimiento de los deberes militares a sus jóvenes mediante diversos obsequios, unos en el orden material y otros en el orden espiritual.

Una de las ayudas espirituales, como la relatada por el soldado Sanz, era el obsequio de un escapulario o medalla para que, colgando del cuello, el soldado tuviera la protección, según las diversas devociones, de la Virgen del Carmen, de la de Guadalupe, etc.

CONTINUA...

Javier de la Uz dijo...

SIGUE...

La medalla

El coronel Fernando Sánchez Fernández ha remitido a ATENEA una medalla que él había recibido de un amigo suyo, Ignacio de Ramón Martínez, quien a su vez la había tomado de un cajón lleno de ellas, de entre ciertos efectos de su padre, que había sido presidente de la Compañía Trasatlántica, cuyos buques transportaban tropas hacia la zona de operaciones. Sin duda, en uno de los frecuentes traslados de tropas, el cajón debió de quedar olvidado en uno de ellos.

La medalla es de pequeñas dimensiones, de metal plateado; tiene en uno de los lados la imagen de la Virgen María y su advocación alrededor: Nª Sª Sta MARÍA DE GUADALUPE. En el lado opuesto, una cruz con pequeñas llamas radiales y las inscripciones AL SOLDADO ESPAÑOL y, debajo, IN HOC SIGNO VINCES. Cuelga de un cordoncillo compuesto de hebras amarillas y rojas que, enroscándose, forman las proporciones de la bandera nacional.

Resulta evidente que el ámbito temporal de esta medalla era la guerra de Marruecos, pues fue la única de las de hace más de 100 años en que la religión de los contendientes era diferente y ello justificaba la invocación "Con este signo vencerás". Esta frase repite lo que la tradición relata sobre la aparición de la cruz antes de que se iniciara la batalla entre Constantino I y Majencio cerca del Puente Milvio, sobre el río Tíber, cerca de Roma, el 28 de octubre de 312.

Si bien no en forma de esta misma medalla, sino en la de 'detente', prevalece esta costumbre de ofrecer a las tropas que van al frente objetos en los que apoyar su fe cristiana y confiar en la protección divina en las ocasiones de peligro que la guerra depara. Así lo han hecho, con tropas de La Legión que iban a salir hacia Afganistán, la Hermandad del Cristo del Perdón de Elche y el Círculo de Amigos de las Fuerzas Armadas.

Quede este relato como punto de partida para otras iniciativas que puedan adoptarse en beneficio de nuestras tropas destacadas en las zonas de combate.

José Antonio dijo...

Yo empecé a tomar en consideración lo de los detente bala, cuando vi que mi querida madre descosió un trozo del forro de mi primera guerrera de uniforme, alojó allí una medallita religiosa y volvió a coser el forro, como si no hubiese pasado nada. A partir de ahí, me interesé por el tema y me fui enterando de muchas cosas al respecto; los más famosos detentes eran los de los soldados del Requeté, pero la costumbre de llevar protección divina individual los soldados venía de toda la vida –medallas, crucifijos, estampas, escapularios–. Milagros, más o menos creíbles, aparte, no puede caber duda alguna de que por lo que a la individualidad de cada quien atañe, siempre será de esperar el que llegado el caso pudiera producirse “el milagro salvador de mi vida”; lo dice la experiencia, no es lo mismo la predisposición y la tranquilidad de quien lleva la confianza en la compañía de Dios, que la predisposición de quien no puede confiar más que en lo que tiene a la vista.

Pero ahora me ha dado por pensar en el hecho de que mi madre escondiera aquella medallita entre las telas de mi guerrera; y así, improvisando, deduzco que aquello pudiera obedecer a una conducta aprendida por ella con lejana anterioridad. Mi madre vivió más de tres meses en zona roja, durante la guerra civil, y habría de tener conocimiento de que algunas madres de soldados que eran movilizados para incorporarse al ejército rojo les escondían alguna de tales representaciones religiosas entre sus ropas, pues no podían llevarlas visibles sin riesgos muy graves, hasta para su propia vida, puesto que los gerifaltes rojos eran deicidas y homicidas más o menos forzosos en dicha cuestión. De alguna manera que ahora no puedo precisar, llegué a saber que los comisarios políticos que sospechaban de que algún soldado rojo a su cargo pudiera ser fascista, trataban de confirmar sus sospechas descosiendo los forros de las prendas de vestir del sospechoso, y, si aparecía el objeto prohibido, la condena a muerte era inmediata.

De cualquier manera, me parece muy digna de elogio la actitud de quienes, como el Caballero Legionario Iván, hacen pública su adhesión a procurarse la protección de Dios, por si llegara a serles necesaria.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción AGM