ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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14/2/13

CAPITANES GENERALES DEL EJÉRCITO ESPAÑOL (SIGLOS XIX y XX)



I.- INTRODUCCIÓN
 

Capitanes Generales, Príncipes de la  Milicia, Capitán de Capitanes; máximo empleo, grado o dignidad en el escalafón jerárquico de nuestro ejército y honda, añorada y sentida aspiración-junto a la Cruz de las Rojas Espadas orladas de laureles- de cuantos han vestido el honroso uniforme militar en los últimos siglos; ya fuese, desde los juveniles años de alumnos o cadetes en las aulas de los distintos Colegios o Academias Militares, o bien desde que dejaban "sentada su plaza" como soldados en cualquiera de nuestros gloriosos REGIMIENTOS.  Y sin embargo, como bella quimera inalcanzable, cuán pocos son los que han llegado a lucir los entorchados de tan alto empleo y a empuñar en la diestra mano la "bengala" o bastón de mando que caracteriza y distingue a nuestros Capitanes Generales. Y si bien es cierto, que el obtener hoy  día la Cruz Laureada -salvo que se otorgue por méritos muy distinguidos en misiones de paz y solidaridad, en escenarios de riesgo allende nuestras fronteras- aunque muy difícil, no es del todo imposible, sí lo es en lo que respecta al ascenso o promoción a Capitán General del Ejército, toda vez que la Ley 17/1.999, de Régimen de Personal de las FAS lo reserva "en exclusiva" para S.M. El Rey, como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas.


 
Clausurado en consecuencia -por ahora y mientras no se modifique la Ley- el acceso a tan alto empleo, he querido rendir mi particular homenaje a los distinguidos compañeros que, en los últimos siglos, y poseedores todos ellos de brillantísimas Hojas de Servicios, han accedido a tan alta dignidad, trayendo sus nombres a esta prestigiosa tribuna, relacionados por antigüedad en el empleo, como no podía ser de otra manera al tratarse de un Escalafón de militares, formado con los datos, notas y apuntes que he podido obtener en el detenido estudio de Anuarios  Militares, Hojas de Servicios, Memoriales de las Armas, Guía de Forasteros, Relaciones de Virreyes y Capitanes Generales de nuestros antiguos Virreinatos de Ultramar, etc,; resultado de muchas horas de estancia en archivos y bibliotecas militares de nuestra Patria.
 
En el "Escalafón" que he formado,( y que publico como ANEXO del presente artículo) sólo figuran aquellos capitanes generales que han sido "militares de carrera" en nuestro Ejército de Tierra en los Siglos XIX y XX. (En trabajos posteriores intentaré formar el escalafón de Capitanes Generales de la Armada). Es por ello obvio, que aunque no figuren expresamente en dicha excelsa nómina los Reyes de España, la misma  estaría encabezada por ellos, por su alta magistratura en la Jefatura del  Estado y Jefes Supremos de nuestras Fuerzas Armadas. Nuestros Reyes son  Capitanes Generales por derecho constitucional; incluido Don Amadeo de Saboya, Rey de España votado democráticamente en Cortes por una inmensa mayoría de parlamentarios, y excluyo expresamente a Don José I, impuesto en el Trono de San Fernando por la fuerza de las bayonetas de su hermano el Emperador Napoleón Bonaparte.
 
Incluyo también en esta egregia nómina ( sin asignarles número en el Escalafón) a dos capitanes generales "sui géneris", pues ni eran Reyes de verdad, ni verdaderos militares de carrera en puridad, pero que, sin embargo, venían escalafonados con tan alto empleo en los “Anuarios Militares” de la época. Me estoy refiriendo a S.M. el Rey (consorte) Don Francisco de Asís de Borbón y Borbón, esposo de Doña Isabel II, y a Don Antonio María de Orleans, Duque de Montpensier, esposo de la infanta Doña Maria Luisa Fernanda  de Borbón, nombrados capitanes generales  en virtud de sus respectivos matrimonios.  Finalmente, y como cierre a esta introducción quisiera aclarar, que el comenzar mi relación en el siglo XIX, no quiere decir que no  hubiese capitanes generales en el siglo XVIII, sino que me ha sido imposible el localizarlos a todos (algunos tan famosos como Don Manuel Godoy), por el hecho de que tan alto empleo, lo concedían los Reyes a personajes de la alta nobleza titulada, y no es fácil  encontrarlos en documentos militares del Siglo de las Luces y de la Ilustración.
 

II.-ANTECEDENTES Y ORIGENES DEL GRADO DE CAPITÁN GENERAL.-

 La denominación de Capitán General como jefe superior de un ejército en campaña, es relativamente moderna. Ya desde la antigüedad mas remota (las guerras, por desgracia, son tan antiguas como el hombre) hubo  que designar con nombre propio a aquel que por su energía y dotes de mando, así  como por su demostrada aptitud para el arte de la guerra, era puesto al frente de una tropa combatiente. Surge así el “estratego” de las falanges griegas; el “cónsul” y el “magíster militum” de las legiones romanas; el “comes” y el  “dux” de los visigodos, transformados luego en condes y duques y también “condestables”, hasta llegar a nuestro “capitán de capitanes”, o  Gran Capitán, como se intituló al ínclito Don Gonzalo Fernández de Córdoba, nuestro primer capitán general, aunque todavía sin esa precisa denominación. En el Siglo XVI, la  compañía era la unidad táctica y administrativa por excelencia en nuestros Tercios, y el que la mandaba en propiedad, cruzando su pecho con la banda morada que lo distinguía, era denominado “capitán”. La banda morada se perdió como distintivo del mando de compañía, pero hasta fechas muy recientes la han venido ostentando, en dias de gala, los capitanes y jefes de nuestro ejército. Y siguiendo con el tema que nos ocupa, después, con el mando de varias compañías agrupadas y similar en el tiempo a la voz de Maestre de Campo   o Maestre General, surge para el jefe la voz de CAPITAN GENERAL o capitán de capitanes, a quien el Rey le asignaba un segundo en el mando, denominado “teniente de capitán general”, expresión que con el tiempo se acorta  y se ajusta a la de teniente general, vigente aún con el paso de los siglos, en nuestro actual generalato.
 
El general Almirante, en su “Diccionario Militar” refleja que los Reyes Católicos en sus “Ordenanzas” de 1.496, para el Régimen y  Administración de sus tropas, establecían los deberes de los capitanes generales; y en las de Carlos I, de 1.536 se trataba al capitán general de caballos ligeros y de Infantería. También en la Real  Cédula de 10 de Enero de 1.553, dirigida a los dignatarios de los Reinos de Navarra, Aragón, Valencia y Condados del Rosellón y la Cerdaña  se les denomina Virreyes y Capitanes Generales. En la Real Cédula de Felipe II, de 21 de Abril de 1.567, por la que se designaba al Duque de Alba para ejercer el mando de los ejércitos de Flandes, se le define como “Capitán General”; advirtiendo el monarca a la duquesa de Parma, Gobernadora de aquellos estados “que era su voluntad, que en lo referente a la guerra se cumpliese cuanto mandase y ordenase el duque, y las demás cosas de gobierno se mantuvieran a su cargo”, (al de la duquesa). A finales del Reinado de Carlos II, en 1.696., surge, al parecer, la expresión de “Capitán General del Ejército” como la más alta jerarquía en el seno de la milicia. Y surge casi por casualidad, tras una cuestión de protocolo –Reinando ya Don Felipe V- entre el Duque de Veragua y el Marqués de Valdecañas, sobre quien de los dos ocupaba asiento preferente en el Consejo Supremo de Guerra. El Rey resuelve a favor del  segundo “por ser capitán general del ejército desde 1.696”.
Durante el Siglo XVIII, a la alta dignidad de Capitán General se accede por elección directa del Rey, entre los tenientes generales pertenecientes a la alta nobleza titulada (o sea todos), que se hubieran distinguido en campañas a las que hubiesen acudido y siendo mérito patente el haber formado  a sus expensas- vestido y equipado- un Regimiento, una vez obtenida la Real Patente de coronel-brigadier jefe del mismo.

 
 
Y adentrados ya en el Siglo XIX (donde doy comienzo a mi “Escalafón” de Capitanes Generales, dadas las dificultades que he encontrado para relacionar a los del Siglo XVIII), la primera disposición que he conocido alusiva a los capitanes generales del ejército data de 31 de Mayo de 1.828. Se trata de un Real Decreto de Fernando VII, en cuyo artículo primero se establece:”Habrá el número conveniente de Capitanes Generales de mis ejércitos (no dice cuantos), elegidos entre los tenientes generales, cuando YO tuviese a bien elevar alguno a la alta dignidad de Capitán General de mis tropas”. Lo establecido en este precepto es copia literal del Real Decreto de su hija Doña Isabel II, de fecha 15 de Junio de 1.847:”Habrá el número conveniente de Capitanes Generales (como su padre, sigue sin especificar el número) que YO escogeré entre los tenientes generales, cuando tenga oportuno elevar alguno a la alta dignidad de Capitán General”.
 
La Real Orden de 6 de Marzo de 1.855 fija los honores y consideraciones que se deben tributar a un Capitán General cuando transite por plazas de guerra o punto de residencia de un Capitán General de Provincia (luego de Distrito y finalmente de Región Militar),con grado de teniente general; disponiendo que “se le hagan los honores que las Reales Ordenanzas marcan en su Tratado 3º.-Título I, debiendo todas las Autoridades y Corporaciones del Ramo de Guerra cumplir con lo que las mismas previenen y el capitán general de provincia visitarle personalmente para ofrecerle sus respetos”.
 
Uno de los hitos o hechos heroicos donde brillan con mayor gloria y altura los nobles entorchados de Capitán General, tuvo lugar en la aciaga mañana madrileña del 22 de Junio de 1866. Con motivo del movimiento revolucionario iniciado por los sargentos del madrileño Cuartel de San Gil, quienes tras asesinar a varios de sus Oficiales, sacaron las piezas a la calle, produciéndose un estado de verdadera guerra en la capital de la Nación. Ya había amanecido sobre Madrid (en esa trágica jornada del 22 de Junio de 1866), cuando Don Leopoldo O’Donnell, ministro de la Guerra y Presidente del Consejo de Ministros, avisado por dos Oficiales evadidos de San Gil, tocó llamada entre los generales que se encontraban residiendo en la Corte, quienes rápidamente acudieron a ponerse al frente de las tropas leales al Gobierno, prestos a combatir a los revolucionarios allí donde se habían hecho fuertes.  Y es aquí donde ocurrió el hecho heroico a la par que inédito en nuestra historia patria al que antes hacía referencia. Y ello es, que nada menos que cinco Capitanes Generales (O´Donnell, Narváez, Serrano, Gutiérrez de la Concha y Pavía), montaron a caballo y se batieron por la Reina Doña Isabel II, al mando de pequeñas unidades, con un brío y un ardor (Narváez resultó herido en la acción) más propio de jóvenes tenientes, que de los muchos años que acumulaban todos ellos y del muy alto grado que ostentaban en la Milicia. Ese día el generalato español brilló a la altura que corresponde el refulgir de sus entorchados.
 

 
 
La Ley  Constitutiva del Ejército de 29 de Noviembre de 1.878, aparte de prescribir que el mas alto empleo del ejército es el de CAPITAN GENERAL (artº 19), contiene la primera declaración genérica y explícita acerca de los cargos y servicios que puedan desempeñar. En su artículo 25 establece: ”Los Capitanes Generales, por su alta dignidad, no tienen puesto determinado en el organismo del  Ejército. El Rey, con acuerdo de los ministros responsables, utilizará sus servicios en paz y en guerra, en los cargos que considere mas conveniente al interés del Estado”. Abunda en este sentido la Ley de 14 de Mayo de 1.883, cuyo artículo 2-º dispone:” Los Capitanes Generales por su alta dignidad figurarán en la Primera Sección –Actividad- cualquiera que sea su edad y se considerarán siempre como empleados”. Finalmente el Real Decreto de 29 de Octubre de 1.890, en su artículo 25. dispone “A la alta jerarquía de Capitán General del Ejército, podrán ser elevados aquellos tenientes generales de la Escala Activa o de la Reserva cuyos brillantes y notorios servicios a la Patria y a las Instituciones aprecie el Gobierno de S.M. como muy relevantes y dignos de tan señalada merced”. Y concluye el Siglo XIX, durante la Regencia de Doña Maria Cristina con la promoción a Capitán General de tres tenientes generales de amplio y brillantísimo historial: Don José López Domínguez, Don Ramón Blanco y Erenas, Marqués de Peña Plata y Don Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, Marqués de Estella. Los tres fueron promovidos el año 1.895.
 
III.  CAPITANES GENERALES (Siglo XX)
  Ya en el Siglo XX, y durante el reinado personal de Don Alfonso XIII (por cierto, y como anécdota simpática, el capitán general mas joven de la historia, toda vez que su antigüedad en el empleo –17 de Mayo de 1.886- coincide con su fecha de nacimiento, al ser proclamado Rey de España ese mismo día) se ascendió a cuatro tenientes generales a Capitanes Generales del Ejército: Don Valeriano Weyler y Nicolau y Don Camilo Polavieja y del Castillo (que fue ascendiendo desde simple soldado hasta Capitán General), en 1.910; Don Marcelo de Azcárraga y Palmero, en 1.911 y el Infante Don Carlos de Borbón (abuelo materno de nuestro actual monarca) en 1.927. Proclamada la II República en España (14 de Abril de 1.931), por un Decreto-Ley de 16 de Junio de 1.931,se suprime la dignidad de Capitán General del Ejército y la categoría militar de teniente general; si bien el Gobierno de la República, unos días antes y con carácter extraordinario había promovido a Capitán General a Don Francisco Aguilera y Egea, con  antigüedad de 2 de Mayo de 1.931.
 
 
Pero esta supresión duró poco, ya que por decreto de 18 de Julio de 1.938 - en plena Guerra Civil-  se restablece la dignidad de Capitán General del Ejército y de la Armada y se asciende a tan altos empleos –con la antigüedad de la fecha del Decreto- al Excmo. Sr. Don Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos Nacionales.  Al año siguiente, por Ley de 11 de Abril de 1.939, se restablecen los empleos de teniente general y almirante.
Durante la Jefatura del Estado del General Franco, fueron promovidos a Capitán General en vida (además de él mismo) los tenientes generales Don Agustín  Muñoz Grandes y Don Camilo Alonso Vega y “a título póstumo” los  de igual empleo, Sanjurjo, Primo de Rivera, Varela, Yagüe, Moscardó y Dávila.
 
En el actual  Reinado de Don Juan Carlos I, sólo un teniente general (en Tierra) DON MANUEL GUTIERREZ MELLADO ha sido promovido a Capitán General del Ejército (Honorífico) (año 1.994). Con Gutiérrez Mellado, y como decía al inicio de estas líneas,  se cierra la posibilidad de ascenso a tan alto empleo a ninguno de nuestros actuales militares de carrera procedentes de la Escala Superior de Oficiales (hoy” Escala de Oficiales” única) toda vez, que aunque la Ley 17/1.999, lo contempla como el máximo escalón de Oficiales Generales (artículo 11).-2-a), el artículo 12 lo reserva “en exclusiva” para S.M. El Rey, como Jefe Supremo de las Fuerzas [1]Armadas-  (1 y 2)
 
NOTAS
 
  1. La Ley 17 /1999, introduce en el generalato el alto empleo de “General de Ejército” ( para el Ejército de Tierra), que se intercala entre Teniente General y Capitán General. Y si bien en un principio puede deducirse, que a tan alto empleo pueden aspirar los Oficiales procedentes de la Escala Superior de Oficiales ( Hoy Escala de Oficiales única), la práctica nos dice que parece estar reservado tan sólo para los Tenientes Generales que sean designados JEMES o JEMAD. 
(2)Por lo que respecta al nombramiento de Capitanes Generales de la Armada, durante el Reinado de Don Juan Carlos I, el Rey sólo ha ascendido a su padre: S,.A.R. Don Juan de Borbón y Batemberg, Conde de  Barcelona, promovido a Capitán General de la Armada (Honorífico) por Real Decreto de 4 de Diciembre de 1992. Finalmente en el Ejército del Aire, el Rey ascendió a Capitán General Honorífico al Teniente general Don Ángel Salas Larrazábal (Real Decreto de 26 de Abril de 1991)









 

Sevilla, Febrero 2013
Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ
Licenciado en Ciencias Económicas
Comandante de Infantería
Profesor Mercantil



6 comentarios:

Anónimo dijo...

Estamos ante otro magnifico, crono- logico y exhaustivo articulo de mi inestimable amigo, compañero, jefe y sobretodo Maestro el Cte Cañete Paez. Gran conocedor y estudioso de nuestra querida Historia Militar.
Este comentario se quedaría cojo si no lo cierro con unas frase de D. Pedro Calderón,Soldado del Glorioso Ejercito de España. " AQUÍ LA NECESIDAD NO ES INFAMIA; Y SI ES HONRADO, POBRE Y DESNUDO UN SOLDADO TIENE MAYOR CALIDAD PORQUE AQUÍ LO QUE SOSPECHO, NO ADORNA EL VESTIDO AL PECHO, SINO QUE EL PECHO ADORNA EL VESTIDO"
Felicidades como siempre Maestro, de tu admirado alumno. José Antonio

Anónimo dijo...

Mi querido Comandante y amigo entrañable:
Me alegra una vez más, poder expresarte mi enhorabuena, por los importantísimos trabajos que de forma casi continuada realizas para conocimiento y recordatorio, de los que te seguimos en estas honrosas páginas del Club de los Poetas Muertos.
Hay que decir, con el permiso de la redacción. Club de los Poetas vivos y ejemplarizantes.
Querido Paco, que tus trabajos sigan proclamando a los cuatro puntos cardinales, el recuerdo a nuestros hombres, en honor a su Gloriosa trayectoria, como Españoles de bien...
¡¡ HONOR Y GLORIA A TODOS ELLOS !!.
A ti, el afecto de tu buen amigo.
Desde Ciudad real hasta el día 25, que de nuevo bajo a Málaga.
Con un fuerte abrazo.

Salvador soria.
Alférez IPS.
Legionario de Honor.

José Antonio dijo...

¡Sabia y atractiva lección de Historia militar! Mi Teniente Coronel Gran Jefe y entrañable amigo compañero, Francisco Ángel:

Mucho tenemos que agradecerte todos quienes tenemos la fortuna de saborear tus tan cuidadosamente elaborados trabajos, didácticos, sobre cultura profesional e historia militar; tú nos proporcionas la generosa ocasión de, con el mínimo esfuerzo y economía de tiempo por nuestra parte, poder alcanzar los conocimientos que solamente podrían ser alcanzados por quienes (como es tu caso) estén en disposición y tengan los conocimientos y la fuerza de voluntad que se necesitan para afrontar un “detenido estudio de Anuarios Militares, Hojas de Servicios, Memoriales de las Armas, Guía de Forasteros, Relaciones de Virreyes y Capitanes Generales de nuestros antiguos Virreinatos de Ultramar, etc.”, y además que estén dispuestos a devengar (gratuitamente) “muchas horas de estancia en archivos y bibliotecas militares de nuestra Patria”.

Tus fans no te regateamos los sentidos elogios que tú mereces, aunque hayamos de repetirnos; pero ello es de justicia y, además, es un cariñoso chantaje acicate con el fin de que sigas en la brecha y nos sigas enseñando y deleitando en este dura aventura de caminar como caballeros andantes, mientras llenamos nuestras alforjas de necesarias provisiones para tener un buen pasar en la segunda parte de la vida, Allí Arriba, con el Patrón de Aquella Casa y con todos cuantos nos apiñamos bajo el lema ¡Por Dios y por la Patria! Entre esas provisiones, acabo de aumentar estas dos: Una, hace un momento ha venido Mamá (Carmen) a avisarme de que en la tele estaban cantando “El Emigrante”, esa canción que dice –Adiós mi España querida, jamás en la vida yo podré orvidarte…– y como siempre que la escucho he intentado hacer dúo a mi manera, para que no se me olvide ella. Y dos, he rebuscado una frase escrita por un veterano de la División Azul, en su autobiografía, y que dice: “¡Qué día más terrible aquel en que ninguna mano extendida nos señale el mejor camino hacia la muerte!” El divisionario, ya fallecido, es Javier García-Berlanga Martí, luego famoso director cinematográfico.

(por razones técnicas, de espacio, debo hacer un receso, como decía un juez peliculero)

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción AGM

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Gracias de nuevo, mi Coronel. Qué sería de mis modestos artículos sin tus valiosos y amables comentarios. Es por ello, que yo también me repito en lo de darte las gracias de corazón. ( A los buenos amigos Salvador Soria y José Antonio Blanco, ya se las he dado por teléfono).Como muy bien dices, vuestros cariñosos comentarios, me animan a seguir investigando en Archivos y Bibliotecas Militares, tomando notas y apuntes que luego transcribo en mis artículos. Quedo a tus órdenes,mi coronel, con un fuerte y cariñoso abrazo. Francisco Ángel.

José Antonio dijo...

Prosigo aquí mi comentario, después de haber rellenado mis alforjas con esas entrañables palabras tuyas que anteceden y que creo que alcanzan también a todos los demás fieles lectores –muchos, según nos dice el registro numérico–; prosigo, en la dirección que tu magistral mano nos señala como el mejor camino hacia el escalafón de los Capitanes Generales del Ejército habidos en los dos últimos siglos pasados.

Es muy interesante el poder recorrer ese escalafón, leyendo los nombres de quienes por cuestiones y méritos profesionales habían merecido ser elevados a la dignidad de Capitán General, y pensando en las graves circunstancias de injerencia masónica y debilidad moral de los rectores políticos nacionales en las que aquéllos hubieron de cumplir sus obligaciones militares en defensa de la Nación. Así, vamos recorriendo la Guerra de la Independencia contra la invasión napoleónica, las luchas partitocráticas por el poder, la situación revolucionaria incursa en la general europea que sería conocida como la de las “revoluciones burguesas” y que haría caer a la Reina Isabel II y tratar de imponernos una república (como si España fuese una nación derrotada, porque tan sólo a las naciones derrotadas les ha sido impuesta república), las guerras carlistas, la restauración monárquica, las luchas en Cuba y Filipinas, el desastre del 98, y el revolucionario primer tercio del siglo XX (preparatorio de la guerra civil 1936-39, mientras al resto de Europa le imponían las dos guerras mundiales). Época aciaga en la que los militares leales y el pueblo español salvaron el honor y la unidad nacional, a base de heroísmo y sacrificio.

A mí, el caso del general Aguilera y Egea siempre me ha intrigado; fue un veterano que hizo gran parte de su carrera en el belicoso protectorado marroquí, pero por circunstancias familiares anduvo muy cerca de la política, tuvo un encontronazo con el Capitán General de Melilla a raíz de aquel luctuoso combate de 27-12-1911, en Izarrora, en el que sufrimos centenares de bajas, y ello le llevo a pedir el cese por motivos de salud; y al final es ascendido a Capitán General por el antinacional republicano Azaña.

Otro caso que me intriga es el del general Gutiérrez Mellado; también muy metido en la política partitocrática posterior al régimen nacional que finalizó en 1975. Ya en 1977 hubo un intento de hacerle capitán general, pero la cuestión tomó carácter escandaloso y los políticos responsables hubieron de desistir; luego, tras una muerte traumática (?) fue ascendido.

En fin, que la historia es maestra de la vida o madre de la verdad, y tú, Francisco Ángel, la asistes de manera sin par.

BELLA dijo...

UNA VEZ MAS Y COMO SIEMPRE EL COMPAÑERO Y AMIGO FRANCISCO ANGEL NOS ILUSTRA Y DELEITA CON SUS RIGUROSOS ARTICULOS.
TE ENVIO MIS FELICITACIONES Y ESPERO SEGUIR LEYENDO TUS AMENOS ARTICULOS Y LIBROS.
¡ENHORABUENA¡
BELLA DEL RIO