ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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9/12/12

INSTANCIA INÉDITA DE UN ALUMNO DE LA ACADEMIA DE INFANTERÍA DE TOLEDO ( Promoción 1907 )













E

N Febrero de 1985 llegaba a mis manos en mi despacho del Negociado de CAJA de la Academia de Infantería, donde me encontraba destinado como Capitán Profesor, una curiosa instancia suscrita por un alumno de la XIV Promoción de Infantería, y fechada en Toledo el 27 de Septiembre de 1.907.

 

            La instancia del alumno en cuestión, escrita con una caligrafía elegante y rebuscada, en clásica letra redondilla, reunía dos importantes características que la hacían revestir de singular importancia a cualquier amante de la pequeña historia –o de la grande, según se mire- de España.  La primera, el altísimo puesto en la jerarquía militar y en la Jefatura del Estado, al que, con el paso del tiempo, estaría llamado a desempeñar el jovencísimo –tenía tan sólo catorce años- y entonces oscuro alumno que ponía su firma al pie de su petición. La segunda, que dicha instancia contenía un error de protocolo, por omisión o lapsus involuntario, de un monosílabo que la desvirtúa por completo, puesto que ponía “en duda” nada menos que la reconocida bondad del Sr. Coronel Director de la Academia de Infantería, a quien iba dirigida la misma.

 

            En su instancia, el alumno de mi historia, solicitaba del  Sr. Coronel se dignase incluirle en la escala de “Aspirantes a pensión” como hijo de militar, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 3º del Real Decreto de 6 de Octubre de 1.895.  (Estos beneficios de “derecho a pensión” para hijos de militares que estudiasen como alumnos de las distintas Academias y Centros de Enseñanza Superior Militar, no eran sino una modestísima compensación económica -prestación social le llamaríamos hoy- con que el Estado trataba de paliar los exiguos sueldos que, desde siempre y con cualquier clase de Régimen, han venido sufriendo los militares en España).  Pues téngase en cuenta, que ingresar un hijo en la Academia costaba a los padres, además de los distintos uniformes (paseo, campaña, etc.) y prendas de cabeza (el Ros para paseo y formaciones y la correspondiente a los actos interiores de Régimen académico), junto al consabido e imprescindible sable, de acero toledano a ser posible, y una serie de prendas personales, el abono de una pensión (de la que quedaban exentos los hijos de militar) y que se cifraba en ocho reales diarios abonables por semestres anticipados, mas el importe de otro semestre como fianza.

 

            Pues bien, siguiendo con la historia de la instancia del joven alumno, redactada con esa bonita letra ya descrita, al llegar a la parte protocolaria de despedida, formulada con el consabido ritual de “Gracia que NO duda alcanzar de la bondad de V.S...., por un lapsus involuntario, mas anecdótico que censurable, el alumno omitió el monosílabo NO y consignó Gracia que duda alcanzar de la bondad de V.S...”. Imagínense el error. Un alumno que aspira a pensión y que “duda” de la consabida bondad de su Coronel-Director.  Una chiquillada, en fin, sin consecuencias, debido más que nada, a los pocos años y al nerviosismo del mismo durante su redacción.

 

            Mandaba y dirigía la Academia de Infantería en Septiembre de 1.907, el Ilmo. Sr. Coronel Don Juan San Pedro y Cea, para cuyo cargo había sido nombrado el 26 de Enero de 1.904. Era el Coronel San Pedro un militar de amplia ejecutoria, formado en las aulas del antiguo Colegio de Infantería y con múltiples condecoraciones ganadas en las campañas del Siglo XIX, tan pródigo en contiendas civiles e independentistas, y sobre todo por su valor y arrojo en la Tercera Guerra Carlista. Hasta su despacho en la dirección del Centro debió llegar la instancia del alumno de nuevo ingreso Francisco Franco Baamonde (que aún no había intercalado la “h” en su apellido materno), y mirándola por encima no debió encontrar nada raro en el texto, ni en su despedida protocolaria; una instancia mas, en suma, de las muchas que a diario recibía de alumnos hijos de militar aspirantes a pensión.  Por lo que , al no encontrar reparo alguno , decretó al margen “Al Sr. Comandante Jefe del Detall, a sus efectos. Toledo, 2 de Octubre de 1.907”.  Pero he aquí, que si bien la instancia pasó con éxito la primera lectura del Sr. Coronel, no tuvo tanta suerte con la segunda, pues el Comandante Jefe del Detall, a quien suponemos veterano jefe de nuestra Infantería, sí que cayó en la cuenta del error y descubrió la falta protocolaria del aluno en cuestión. En la instancia faltaba consignar un NO reglamentario, que hiciese factible la despedida de ritual “Gracia que NO duda alcanzar de la bondad de V.S. cuya vida guarde Dios muchos años para bien de sus subordinados”.  Llamado a su despacho el alumno “abajo firmante” y corregido por el Sr. Comandante en forma, suponemos mas paternal que disciplinaría,- téngase en cuenta los juveniles 14 años del alumno-, le ordenaría rehacerla con inclusión del monosílabo causante de la discordia (toda vez que, debidamente comprobado el párrafo en cuestión inserto en la despedida de la instancia errónea, no había espacio suficiente para intercalar el “no” involuntariamente omitido), y una vez rehecha de conformidad, y restablecida sin lugar a duda de ningún género, la bondad del Sr. Coronel, procedería a darle el curso reglamentario.  La instancia errónea quedó archivada en la Jefatura del Detall (Mayoría) de la Academia de Infantería, y salvada milagrosamente, junto a otros libros y expedientes, de la destrucción del Alcázar en 1.936, es la misma que llegó a mis manos en 1.985, y que me honro en reproducir como “Anexo”  en las presentes líneas, como importante documento histórico.

 

            Y llegados aquí, cabe preguntarnos: ¿Cómo había transcurrido en realidad la niñez y adolescencia del joven de mi historia, hasta su ingreso en la Academia de Infantería? La sintetizo muy brevemente en las siguientes líneas que dan continuidad y conclusión a mi artículo.  En la mañana del 29 de Agosto de 1.907, y tras haber obtenido plaza de alumno en la Academia de Infantería, por haber superado las pruebas de ingreso convocadas al efecto, un joven de tan sólo 14 años, vestido con uniforme de paseo de Alumno de Infantería, traspasa la puerta principal del imperial Alcázar toledano, en cuyo dintel figuran las armas del Emperador; atraviesa el patio porticado, en cuyo centro destaca la estatua del César Carlos con el “Furor” aherrojado a sus pies, sube por la majestuosa escalera diseñada por Covarrubias y culminada por Villalpando, y una vez llegado al Negociado de Filiaciones y cuadrado ante el Oficial encargado del mismo, pronuncia la frase de ritual: “Se presenta el alumno de nuevo ingreso FRANCISCO FRANCO BAAMONDE”. (Hasta algunos años mas tarde, Franco no intercalaría la “h” en su apellido materno, que ya mantendría hasta su fallecimiento).

 

            El joven que tan marcialmente se presentaba ante el Oficial de Filiaciones de la Academia de Infantería, y que con el tiempo estaría llamado a ocupar un lugar destacado en la Historia de España, había nacido en la localidad coruñesa de El Ferrol, un 4 de Diciembre de 1.892. Era hijo de Don Nicolás Franco Salgado-Araujo y de Doña Pilar Baamonde y Pardo de Andrade. Acude de niño a un parvulario cercano a su casa, regido por dos señoritas, Doña Aurora y Doña Pepita, de las que siempre guardó un muy grato recuerdo –al decir del propio Franco- quienes le enseñan las primeras letras y le preparan para la Primera Comunión. Prepara después su ingreso en el Bachillerato, asistiendo a las clases de un colegio fundado por el sacerdote ferrolano Don Marcos Vázquez, y dirigido, al retiro de éste, por Don Manuel Comellas Coimbra; examinándose en el Instituto de La Coruña.  Es por entonces un niño de extrema delgadez a quién sus compañeros le llaman “cerillita”. A los 12 años se prepara para ingreso en los Centros Militares de Formación de Oficiales (quería ser marino de guerra siguiendo la tradición familiar) asistiendo a las clases preparatorias que imparte el Teniente de Navío Don Saturnino Suances.  El año 1.906, el Ministro de Marina, Vicealmirante Conca, aduciendo razones económicas, clausura la Escuela Naval. Con esta clausura quedaban truncadas las juveniles ilusiones de “Franquito” de ser marino de guerra, y para no desaprovechar la preparación obtenida opta por presentarse a la Academia de Infantería de Toledo.

 

            Ante los muros del Alcázar, parece que queda atrás el mote de “cerillita” y ahora sus amigos y compañeros de promoción le llaman “Franquito”. No habrían de pasar muchos años para que “Franquito” sólo le llamase el Rey Don Alfonso XIII, el General Sanjurjo, el Teniente Coronel Millán-Astray y algunos (muy pocos) compañeros de promoción. Después, y casi durante cuarenta años, el tratamiento sería de “Excelencia” o de “mi General”.

 

            Se incorpora pues, como hemos visto, Francisco Franco, a la Academia de Infantería, el mencionado 29 de Agosto de 1907, y como un alumno mas de los 382 que integran la XIV Promoción de Infantería. Por todo bagaje lleva un baúl, una maleta, un cubierto de plata con sus iniciales, dos sombrereras (una para guardar el “Ros” y otra para la prenda de cabeza reglamentaria en actos de Régimen Interior)y un sable de acero toledano, adquirido la víspera en un acreditado comercio de efectos militares, sito en la Plaza  de Zocodover ,de la imperial ciudad de Toledo. Ello unido a unos cuantos libros y eso sí, al sagrado derecho a las migas doradas y sabrosas, tradicional desayuno en la Academia, y el deber, igualmente sagrado, de someterse a las novatadas de los alumnos veteranos.   Pocos días mas tarde, el 27 de Septiembre de 1.907, redacta la instancia a la que ya hemos hecho alusión, y en la que comete el error por omisión, o lapsus antes mencionado.  El día 13 de Octubre, tuvo lugar el solemne acto de Juramento a la Bandera de los Caballeros Alumnos de la XIV Promoción de Infantería. Formados en el patio del Alcázar, les tomó juramento el Coronel San Pedro, con la fórmula de ritual: ¡ALUMNOS DE INFANTERÍA!, ¿Juráis a Dios y prometéis al Rey seguir constantemente sus banderas, defenderlas hasta verter la última gota de vuestra sangre y no abandonar al que os estuviere mandando en función de guerra o preparación para ella?”. Un potente ¡Sí juramos! salido de las gargantas de los jóvenes alumnos rubricó la fórmula del Coronel-Director, y a continuación el Capellán, descubriéndose decía: “Y yo, en cumplimiento  de mi sagrado ministerio, ruego a Dios que si así lo hacéis os lo premie, y si no, os lo demande”.  Muchos años mas tarde, casi 30, en un trágico sábado del mes de Julio de 1.936, esos alumnos que habían empeñado tan solemne juramento en el patio del imperial Alcázar toledano, convertidos en hombre maduros, iban a enfrentarse con las mas dura y desgarrada decisión de sus vidas: interpretar personalmente y con arreglo a su conciencia, el contenido todavía válido de ese juramento.

 

            El día 14 de Julio de 1.908, S.M. El Rey Don Alfonso XIII visita la Academia de Infantería, al objeto de presidir la entrega de Reales Despachos a los componentes de la XII Promoción. Formada la Academia, y tras serle rendidos a  S.M. los honores de Ordenanza, tiene lugar la entrega de Despachos a los nuevos Oficiales; después, tras los discursos de rigor, desfilan los alumnos con marcialidad y gallardía ante el joven monarca. Pero nadie podía pensar entonces, por muy calenturienta que tuviese su imaginación, que uno de aquellos oscuros alumnos, introvertido y distante, que con su arma “sobre el hombro” desfilaba encuadrado entre los compañeros de su compañía – y más bien en las últimas filas, pues era de natural bajito- iba a suceder un día, tras una República accidentada y un desgarrador paréntesis de casi tres años de guerra civil, al joven y esperanzador Rey Alfonso XIII, en la Jefatura del Estado Español. Y menos aún, que desde esa Jefatura, llamara para sucederle a un descendiente directo del monarca.

 

            El día 13 de Julio de 1.910, reciben su Real Despacho de “Segundos Tenientes” los componentes de la XIV Promoción.  Manda la Academia en esa fecha el Coronel Don José Villalba Riquelme (al Coronel San Pedro le sucedió el Coronel Fidrich, y a éste el Coronel Villalba). Porta la bandera por última vez, el número uno de la promoción, Don Darío Gazapo Valdés (que en Julio de 1.936 iniciaría el Alzamiento en Melilla), que luciendo ya su estrella de seis puntas, hace entrega de la enseña patria al “primeraco” ( en el argot cadetil´ el número uno) de la XV Promoción, según vieja tradición militar académica. Reciben su despacho en dicho día, 312 nuevos oficiales, ocupando Don Francisco Franco Baamonde (aún sin la “h” intercalada) el número 251 de la promoción.

 

            Y ya concluyo. Éste no es un artículo sobre la vida y trayectoria del que un día llegaría a ser Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos Nacionales: Excmo. Sr. Don Francisco Franco Bahamonde ( Ya con la “h” intercalada en su apellido materno). Mucho se ha escrito sobre su figura, y a veces con una iracundia desaforada por parte de sus enemigos, sin que él los tuviera por tales, como dejó escrito a la hora de su muerte.  Esta es una simple y breve historia de un Alumno de la Academia de Infantería de Toledo, que un día de Septiembre de 1.907, tuvo un lapsus, mas infantil que anecdótico, al omitir un monosílabo en la redacción de una instancia, que luego hubo de rehacer para subsanar el “entuerto”, quedando la primera archivada en las dependencias académicas, de donde llegó a mis manos.

 

Con el paso de los años, este modesto alumno llegó a ocupar la Jefatura del Estado, y a España se dedicó en cuerpo y alma el resto de su vida. Cuatro décadas en permanente vigilia de servicio a la Patria. Cuatro décadas de paz, prosperidad y progreso para la Nación. Por ello, y como es de justicia ser agradecido, quiero rendir a su memoria, a través de las presentes líneas, en el 120º Aniversario de su nacimiento, el testimonio de mi recuerdo entrañable, junto a mi mayor sentimiento de gratitud, cariño y respeto.

 

                             ________________________Sevilla, 4 de Diciembre de 2012
          (En el CXX Aniversario del Nacimiento de Francisco Franco)

Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ

Profesor Mercantil, Economista y

Comandante de Infantería

 Profesor de la Academia de Infantería (1980-1987)

10 comentarios:

Javier de la Uz dijo...

Inédita Instancia, inédito Alumno e inédito documento que sale a la luz en estas cercanas fiestas Navideñas dulcificándonos la historia. Gracias Francisco Ángel.

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Gracias a ti Javier por tu cariñoso comentario. Un abrazo, Francisco Ángel.

José Antonio dijo...

Hacía mucho tiempo que no me remontaba yo por encima de los espacios siderales que recubren, hasta el infinito, el cósmico el monte Olimpo, que es fama fuera la exclusiva morada de los dioses mitológicos hijos de Zeus. Quiero decir que hacía mucho tiempo que no se me presentaba la feliz ocasión de viajar extasiadamente y gratis por las estelares rutas místicas que recorren los nueve cielos que albergan las almas ya libres de tener que soportar las pequeñeces cotidianas terrenales que son los acres frutos de nuestros infumables compañeros del mundanal viaje democrático partitocrático actual, los progresistas de la nadería atea y antipatriótica.

El caso es que, al entrar hoy en Cajón de Sastre me ha cegado una intensa luminosidad con placentero alegre fondo musical apropiado para la época prenavideña en la que ahora nos encontramos. De modo espontáneo he gritado jubiloso, –¡Ya está. Gran Jefe Chevi ha encendido las tradicionales españolas luminarias navideñas; a pesar de la crisis! ¡Viva el Arma de Caballería y vivan sus Poetas Muertos!

Luego, cuando mis pupilas oculares se han acomodado al resplandor reinante, he podido observar cómo en su alfombra mágica literaria nuestro eximio poeta e historiador, Teniente Coronel Francisco Ángel, sobrevolaba ya por los primeros tramos de las referidas rutas místicas. Incontenible, se me ha escapado este grito –¡Mi Tte. Col., Francisco Ángel, amigo, espérame; tengo el día libre y deseo acompañarte! Como no podía ser menos, al instante la alfombra mágica ha descrito un acrobático bucle aéreo de descenso y se ha posado suave a mi lado. Ni siquiera he esperado la gentil invitación para ocupar el asiento de copiloto; ahí me instalado, de salto, y, con el más amistoso golpecito en el hombro de nuestro amigo, he indicado mi disposición para iniciar el fabuloso viaje.

Y, de modo paulatino, hemos llegado hasta el noveno cielo; allí y desde prudente distancia hemos podido contemplar una cota espectacular, cedida por el Patrón de la Casa, en la que se alza el serenísimo campamento en el que moran felices para toda la eternidad cuantos soldados españoles vivieron y murieron bajo los lemas, ¡Por Dios y por España! y ¡Todo por la Patria!

Y yo no tengo ninguna prisa por bajar a la rutina del mundanal viaje democrático partitocrático. ¡Este Francisco Ángel es que es un verdadero Genio…!

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción AGM

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Mis mas entusiastas aplausos para tan fantástica e ilustrada historia. Un fuerte abrazo, Francisco Ángel.

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Mis queridos y respetados Coronel Chamorro y teniente Coronel Rodríguez-Colubí: Llegué por azar al "Club de los Poetas Muertos" manantial de límpidas aguas en las que se refleja el amor a España y a sus Ejércitos y hoy me honro en ser el más modesto de sus colaboradores. Por ello, me emocionan tus "Comentarios", querido José Antonio, mi coronel, plenos de espíritu filosófico-poéticos, en los que se trasluce tu grandísimo amor a esta Institución que amamos y a esta patria nuestra. Igualmente, mi teniente Coronel Rodríguez.Colubí, agradezco mucho los tuyos a mis modestos artículos. Gracias de todo corazón queridos compañeros. Un fuerte abrazo para ambos y quedo a vuestras órdenes.Francisco Ángel.

G. uillermo dijo...

Son mis más preciadas riquezas, no aquellas que perseguí desaforadamente, si no las que me presentó el azar...

Anónimo dijo...

Querido amigo Paco, mi Comandante:

Me voy a dirigir en este momento, en este espacio digital de libre voz que se nos brinda, a todos los que leen tus trabajos investigativos acerca de aquellos personajes y hechos que les forjaron como hombres y como militares, los cuales, de un modo u otro, fueron referentes ejemplares para esa milicia de hombres honrados, como así dijera, aquel inolvidable Calderón.

Este último semblante, de aquel jovencísimo Baamonde "sin la h intercalada", refleja con toda nitidez la trayectoria académica de aquel "niño" que sería años más tarde, como bien sabemos, Jefe del Estado Español, y cuyo currículum vitáe, está impreso en la historia de nuestra Patria.

El Comandante Cañete, nos sorprende en su artículo,con detalles jamás conocidos, y cuyas anécdotas nos llevan a contemplar aquel "niño soldado".

Sin duda alguna, y con el indeleble amor a España que profesa, nos muestra a través de su escritura el semblante de Nuestro General Franco,sumido en sus disciplinas diarias,cumpliendo con el reglamento de cadete.
Gracias a los documentos compilados, el Comandante Cañete nos hace revivir en su épico relato, el momento in situ,como si por un instante,estuviéramos siendo, no ya meros lectores sino protagonistas y compañeros de aquel joven soldado, en el Glorioso Alcazar toledano.

La referencia al Coronel San Pedro,
las fechas de ingreso y toma de razón de 2º Tte., el error en aquella solicitud,(impresionante documento), donde coloca la palabra "duda", etc, etc; dan muestra, con tales datos, de un minucioso trabajo que denota nuevamente la excelencia de la que siempre hace gala.

Por todo ello, no podemos pues más que expresarle, una vez más,al Comandante Cañete, nuestra más cordial enhorabuena, por tan significativo y apasionante trabajo.

Por último, querido Paco, aprovecho la ocasión para comunicarte que, el sábado pasado, día 8, en el acuartelamiento del 4º Tercio, Alejandro Farnesio, en Ronda, pasamos el día de nuestra Patrona la Inmaculada Concepción, haciéndole honor al cantar el himno de Infantería.
Como en tantas ocasiones te he comentado, nuevamente, la voz se me quebró de aquella emoción contenida que embargaba mi alma.

Te deseo que prosigas dando luz a tus estudios, haciéndonos partícipes de todo ello, reflejando, entre otros aspectos, el relato de aquellos hombres de bien, que fueron ejemplo para muchos.

Y ya que hoy, el odio a la Nación Española, la maledicencia estratégica por parte de ciertos sectores, así como el desprecio a los valores tradicionales que han formado parte del acervo de ser español, están, lamentablemente, tan en boga, no queda pues otra alternativa, más que continuar apoyando estos espacios digitales de libre voz, para que sigan siendo fieles y leales baluartes de todo aquello que, precisamente, nosotros defendemos.


Un fuerte abrazo, de tu amigo.
Salvador Soria.
Alférez de Complemento.
Legionario de Honor

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Gracias Salvador.Gracias¡Mi Alférez! Ya eras bueno cuando te tuve a mis órdenes en Cazadores de Montaña de Huesca, y por eso te califiqué de MUCHO en Disciplina y Espíritu Militar, y veo que el paso de los años no sólo no te han cambiando, sino que avalan en su más alto grado esas calificaciones que te puse hace ya muchos años. Gracias de nuevo Salvador por tu entrañable comentario. Un fuerte abrazo. Paco Ángel.

José Antonio dijo...

Cumplo gustosamente ahora con el deber de compañerismo y de cortesía entre caballeros españoles militares, de acusar recibo de las emotivas palabras que el Alférez y Legionario de Honor, Salvador Soria, nos dirige a quienes tenemos la fortuna de poder leer y disfrutar los trabajos investigativos histórico-militares que nos viene dedicando nuestro compañero del Club de los Poetas Muertos, Francisco Ángel. Y que éste, por aquello del Dualismo que él muy bien sacaba a la luz en uno de sus memorables trabajos, ostenta de modo simultáneo dos grados militares: El de Comandante de Infantería, y el de Teniente Coronel del Cuerpo de Poetas Militares de la Fortaleza Defensiva de la Verdad de la Historia Militar de España y del Futuro Histórico-Patriótico de España. A cuya fortaleza defensiva, denominamos “Cajón de Sastre”.

Nuestro compañero y amigo, Alférez Salvador Soria, cuenta con el mejor aval de su antiguo Capitán en Cazadores de Montaña, F. A. Cañete Páez. Aunque, bien es verdad, que Salvador Soria es suficientemente capaz de avalarse tan notablemente a sí mismo. La prueba de ello está en las sinceras palabras mediante las que él expresa sus entusiastas y modélicos sentimientos de amor patrio y de amor al Ejército español, en su comentario que antecede a éste; sentimientos, esos, que de modo unánime son compartidos en este nuestro Club.

Vayan, pues, mis debidas gracias para ti, Salvador, y ¡A tus órdenes!

Anónimo dijo...

Mi siempre querido amigo Paco:

Quiero solicitar tu permiso para dirigirme, en este momento, al Coronel de Infantería, Ilmo. Sr. D. José Antonio Chamorro Manzano, de la XVI Promoción, Academia General Militar de Zaragoza.

Mi Coronel:

Quien siempre estará a las órdenes de VS., seré yo, pues me sentiré orgulloso de recibir nuevamente, aquellas enseñanzas que ya recibiera en aquellos años de mi vida militar.

Me he sentido abrumado por sus elogios, los cuales valoro y me honran aún más si cabe, viniendo de VS., quedando siempre indelebles en mi corazón.

Nuestro Comandante Cañete, sigue siendo hoy día guía y camino con norte definido, de todos aquellos milicios que seguimos espectantes, los resultados de sus investigaciones, las cuales sacan a la luz aquellos hechos y datos, desconocidos por muchos y que él mismo, recupera y transmite, a través de sus escritos.

Por todo ello, siempre le estaremos agradecidos a su encomiable labor cotidiana que refuerza nuestro interés por la historia militar de España y sus personajes.

Mi Coronel:

Siempre a las órdenes de VS., con todo mi respeto y consideración.

Salvador Soria
Alférez de Cmto.
Legionario de Honor.