ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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24/12/12

ENIGMAS DE LA TRÁGICA MUERTE, EN EL ALCÁZAR DE SEGOVIA, DE UN INFANTE DE CASTILLA.


I

NTRODUCCIÓN.-     Fue en el verano de 1959 cuando visité por vez primera el Alcázar de Segovia. Allí, durante su visita, me contaron la trágica leyenda de la caída de un niño, un Infante al parecer, desde una de las torres del Alcázar, desprendido de los brazos de su ama, cuando ésta, de forma imprudente, se había asomado a una de las troneras del torreón, al objeto de contemplar el bellísimo paisaje de la Sierra de Guadarrama que ante sus ojos se le ofrecía, y que  aterrada, se arrojó a continuación yendo a estrellarse en el foso junto al niño cuya custodia le había sido encomendada.  Y he de decir, que tal historia me conmovió en extremo (luego se verá que no ocurrió exactamente así) y ya desde entonces quise averiguar si tal suceso era o no cierto, y de serlo, quien era el infante en cuestión, en que año  sucedió tan trágico suceso y quienes eran sus padres.

Y antes de dar noticia del resultado de mis investigaciones, quisiera resaltar el hecho de que no me encontraba precisamente de veraneo en Segovia, en ese ya más que lejano verano de 1959. Desde los primeros días del mes de Junio de dicho año, y formando parte como Caballero Alumno de la XVII Promoción de la Milicia Universitaria, me encontraba cursando estudios en el Campamento de  la Instrucción Premilitar Superior “El Robledo”, muy próximo al Real Sitio de La Granja de San Ildefonso. Con galones de Sargento en las hombreras de la sahariana y cordones cadetiles sobre el lado derecho del pecho, sometido a duras jornadas de instrucción y estudio,  en dichos veraniegos días me esforzaba en superar el amplio abanico de materias militares que configuraban el programa cuya superación habían de llevarme a conseguir, al final del curso, la anhelada estrellita dorada de seis puntas. Los permisos correspondientes a los fines de semana los aprovechaba para girar reiteradas visitas a La Granja, a fin de contemplar su Real Palacio y sus bellísimas fuentes o bien me iba hasta Segovia, ciudad tan llena de historia y de grandeza. En una de estas visitas a Segovia – y enlazo ya con el principio-  fue donde tuve noticia por vez primera del trágico accidente del infantito que se cayó al foso del Alcázar desde una de las torres de la fortaleza. El día 30 de Agosto de dicho año (1959), finalizó el Curso en el Campamento de “El Robledo”, y en un solemne acto castrense, recibí mi Despacho de Alférez, abandonando Segovia ese mismo día, convertido ya en flamante Oficial de Complemento.  Después he estado muchas veces en la histórica ciudad castellana, sin que el recuerdo del niño que se estrelló sobre las piedras del foso de su Alcázar dejara de acompañar mi mente. Hoy, transcurrido algo más de medio siglo, voy a intentar conciliar lo que cuenta la leyenda y lo que dice la Historia sobre el infortunado Infante (pues de un Infante de Castilla se trataba), trayendo a estas líneas el cabal resultado de mis investigaciones. Pero antes, redactemos una pequeña crónica histórica, sobre tan importante y estratégica fortaleza segoviana.
 

 
II.- BREVE RESEÑA HISTÓRICA DEL ALCÁZAR DE SEGOVIA. 

El Alcázar de Segovia, inexpugnable fortaleza militar, está situado sobre una inmensa masa rocosa que se eleva hacia el cielo, en la confluencia de los Ríos Eresma y Clamores. Mandado edificar, en su arquitectura primigenia, por el Rey Don Alfonso VI de Castilla, cuando en 1079 conquista Segovia liberándola del yugo sarraceno. Las distintas mesnadas que componían la hueste de Alfonso VI, no hubieron de dedicar arduos trabajos en el fonsado de la incipiente fortaleza, toda vez que la clara visión estratégica del monarca, había mandado situar su emplazamiento, junto a una profunda hendidura natural que suplía con creces al mas profundo foso labrado por la mano del hombre. Y hasta las aguas que habían de discurrir por su fondo se las suministraba generosas los cauces fluviales del Eresma y el Clamores. El primer documento escrito que deja constancia de su existencia y su denominación de “Alcázar” lo encontramos en una carta del Emperador Alfonso VII, fechada en Ávila, el 28 de Enero de 1135, por la que hace donación al Obispo de Segovia y su Cabildo de una Huerta llamada “Del Rey”, y en la que afirma : “Facio carta donationis de illo horto quod est in Secovia subtus illud Alcazar in ripa fluvis…” (Hago escritura de donación de aquel huerto que está en Segovia junto a mi Alcázar en la ribera del río…).
 

Residencia mas o menos permanente de los primeros Reyes de Castilla, Alfonso VIII, habilita el Alcázar segoviano como sede regia y en él viene al mundo, el año 1181, su hija Doña Berenguela, que  al ceñir años después la corona de Castilla, la cede a su hijo el Infante Don Fernando , quien reinaría como el tercero de este nombre y que varios siglos mas tarde, sería venerado en los altares en loor de santidad. Juan II embellece el Alcázar y manda construir la airosa torre que lleva su nombre y que concluiría su hijo Enrique IV, que pasa largas temporadas en la fortaleza. De allí salió, en la mañana del 13 de Diciembre de 1474, Doña Isabel la Católica, para ser proclamada Reina de Castilla en la Plaza Mayor de Segovia. Los Reyes de la Casa de Austria lo visitaron con frecuencia, y en él contrajo matrimonio, en 1570,  Don Felipe II con su cuarta esposa Doña Ana de Austria. En 1762, el Rey Carlos III funda en el Alcázar de Segovia el Real Colegio de Artillería y dos años mas tarde, en 1764, el Teniente General Conde de Gazola, consigue ver realizado su deseo con la apertura del Colegio, que según el Ilustrado Coronel de Artillería Don Eduardo de Oliver-Copóns “ Bien se merecía ser instalado en aquel histórico castillo que tantas veces albergara a la realeza, puesto que estaba llamado a ser cuna y origen de una Institución que reportaría gloria y honra a la Nación y al Trono, esparciendo sus conocimientos en las diversas ciencias y produciendo una pléyade de ilustres artilleros nutridos de saber, virtud y abnegación, cuyos hechos, en el transcurso de los tiempos, nunca encarecerá bastante la fama”. El día 6 de Marzo de 1862, se declaró un pavoroso incendio que produjo daños importantísimos en techumbres y estructuras durante los tres días que tardó en ser sofocado. Veinte años mas tarde, en 1882, dan comienzo las obras de restauración, concluyéndose, en lo que respecta a la obra de fábrica, en 1896. En 1898 se instala en la parte superior del histórico edificio el ARCHIVO GENERAL MILITAR, donde continúa en la actualidad. Finalmente, en 1951, se crea el Patronato del Alcázar con la finalidad de atender a la conservación del edificio, manteniendo la fundamental adscripción al Arma de Artillería, a cuyo patrimonio cultural está estrechamente vinculado.
 

 

III.- MUERTE DE UN INFANTE DE CASTILLA EN EL ALCÁZAR DE SEGOVIA. SUCESO TRÁGICO ACAECIDO “ a veinte y dos días del mes de Julio del Año del Señor de Mil e trescientos e sesenta e seis”.

Llegados a este punto, tiempo es ya de dejar constancia de quien era el Infante que se cayó desde una torre del Alcázar de Segovia, intentando separar, dentro de lo que cabe, lo que cuenta la leyenda y lo que dice la Historia.

Veamos en primer lugar lo que cuenta la leyenda. Corría el año 1366 y reinaba en Castilla Don Pedro I, para unos “El Cruel” y para otros “El Justiciero”. Empeñado en una lucha a muerte con su hermanastro Don Enrique de Trastamara, por quien la ciudad de Segovia, junto con su Alcázar, había levantado bandera a su favor reconociéndolo como Rey y ofreciéndole todo su apoyo en huestes y mesnadas, así como seguro refugio para él y su familia, en los gruesos muros de su Alcázar. En la mañana del día 22 de Julio de ese año (1366), en una de las salas del Alcázar, denominada del “Pabellón” o del “Solio”, se encontraba jugando, bajo la custodia de su ama, el Infante Don Pedro, niño a la sazón de unos 8 años de edad ( y no un niño de pecho, como dice otra versión de la misma leyenda), hijo bastardo, pero reconocido por su padre, de Don Enrique de Trastamara (1), al que, como he dicho anteriormente, ya Segovia le había reconocido como de la realeza, aunque legalmente no lo fuera hasta tres años mas tarde, al hundir Don Enrique su puñal fratricida en el pecho de su hermanastro Don Pedro I de Castilla, en la trágica jornada de Montiel, el 23 de Marzo de 1369.  Encontrábase jugando, como decimos, el Infantito Don Pedro, en esa aciaga mañana de Julio de 1366 en una de las Salas antedichas, cuando en un descuido de su ama, o en un movimiento brusco del niño que esta no pudo contener a tiempo, hizo que al asomarse éste al alféizar de una  ventana de dicha sala, cayese al vacío desde tan considerable altura, yendo a estrellarse sobre las piedras del foso del Alcázar. En ese instante, trastornada su ama por el horror y el espanto de ver caer al tierno Infante , la infeliz mujer, temerosa del castigo que , a buen seguro, le aguardaba, o tal vez cegada por el cariño que profesaba al niño o compelida por el remordimiento, se arrojó por la misma ventana en la que cayó el Infante, yendo a estrellarse su cuerpo  junto al del malogrado niño, que no había sabido guardar debidamente. Una Cruz de Hierro situada en el lugar en que cayeron ambos, recuerda a la posteridad tan trágico suceso .(2)

Hasta aquí la leyenda. Veamos ahora lo que nos dice, a este respecto, la Historia. Ésta, con laconismo castrense, nos dice que el día 22 de Julio de 1366, falleció en Segovia el Infante Don Pedro, hijo de Don Enrique; que fue enterrado en la Catedral antigua, levantándole poco después su padre un artístico túmulo funerario, en el que sobre una bella sepultura de mármol blanco figura esculpida la imagen yacente del Infantito, con semblanza muy triste, abarcando entre sus manos una espada, que a su vez descansa sobre el eje simétrico de su cuerpo. Con una inscripción en la parte superior del mausoleo en la que puede leerse “Aquí yace el Infante Don Pedro, hijo del Señor Rey Don Enrique.-  Año de 1366”.

Al año siguiente, el 26 de Enero de 1367, expidió Don Enrique un “Privilegio Rodado” fechado en Burgos, en el cuál “Dota de cuatro Capellanías con 8.000 maravedises y el mantenimiento de dos lámparas perpetuas, así como dos porteros, todo para el sepulcro de mi hijo el Infante Don Pedro, en la Catedral de Segovia”. Finaliza el “Privilegio” mencionando Don Enrique a sus padres y pidiendo que rueguen a Dios por ellos, junto a su hijo, al disponer que : “Rueguen a Dios por las ánimas del Rey mi padre (Don Alfonso XI) e de nuestra madre (Doña Leonor de Guzmán) que Dios perdone e del dicho Infante Don Pedro, mio fijo…”. Demolida la Catedral antigua de Segovia el año 1520, durante la Guerra de Las Comunidades, los restos del Infante Don Pedro fueron trasladados, el 25 de Agosto de 1558, a la catedral nueva donde, en el centro de la Capilla de Santa Catalina, a la que se accede desde el claustro catedralicio, reposan en la actualidad.  (3)
 



CONCLUSIÓN.-   Hasta aquí, cuanto he podido averiguar sobre tan trágico suceso acaecido hace más de seis siglos, habiendo transcurrido  cinco décadas, desde que yo lo oí contar por vez primera. Después, con el paso de los años, inmerso en los mil  y un aconteceres de la vida diaria me fui olvidando de la trágica muerte del Infantito segoviano, hasta que  recientemente (Junio de 2012, y al objeto de asistir en el hoy extinto Campamento de “El Robledo”, de tan entrañable recuerdo,  a un acto castrense al que concurríamos antiguos Alumnos de la Milicia Universitaria, volvía de nuevo a visitar en Segovia su imponente Alcázar, y en la catedral segoviana el  bellísimo mausoleo del Infantito Don Pedro y una vez más, surgió ante mi la leyenda del  desgraciado Infante, cuya identidad aún no me había sido dado el descubrir.  Y  dispuesto a que no pasase ya más tiempo en que lograra averiguarlo, me sumergí en la lectura de libros y documentos que pudieran arrojarme alguna luz sobre este suceso. En las líneas que anteceden, he intentado conciliar lo que narra la leyenda y lo que nos dice la Historia, y al amable lector dejo la constancia escrita,  para que juzgando sabiamente, sepa entresacar lo fingido de  lo real, lo verdadero de lo apócrifo. “Felix qui potuit rerum cognoscere causas” (Feliz quien puede conocer las causas de las cosas).

                               Sevilla, Diciembre de 2012

                 NOTAS

1.        Don Enrique II, proclamado Rey de Castilla, tras dar muerte , en Montiel, a su hermanastro Don Pedro I, el 23 de Marzo de 1369, había nacido en el Alcázar de Sevilla el año 1334 y era hijo bastardo de Don Alfonso XI y Doña Leonor de Guzmán.  Tuvo 16 hijos, tres de ellos legítimos (los habidos con su esposa la Reina Doña Juana Manuel : Juan, que heredaría la Corona, como Juan I de Castilla, Leonor y Juana), y 13 bastardos o ilegítimos:

·         Con Doña Elvira Íñiguez: tuvo a Alfonso, Juana y Constanza

·         Con Doña Juana Cifuentes : tuvo a Juana.

·         Con Doña Beatriz Ponce de León : tuvo a Fadrique, Enrique y Beatriz.

·         Con Doña Beatriz Fernández: tuvo a Beatriz y a Fernando.

·         Con Doña Leonor Álvarez: tuvo a Leonor.

Con Doña María de Cárcamo:  tuvo a PEDRO ( el Infantito de nuestra historia), a Isabel y a Inés. 

(2)    Relativo a la Cruz, que desde siglos atrás, estuvo colocada en el mismo lugar en que se estrellaron los cuerpos del Infante Don Pedro y de su ama, cuenta el Coronel de Artillería Don Eduardo de Oliver-Copóns, que en cierta ocasión, le comentó su amigo el General Don Adolfo Carrasco, que siendo Capitán Profesor en el Alcázar, allá por los años 1860 y 1861, había visto muchas veces, desde un balcón de la Sala del “Pabellón” (donde se cayó el Infante) y en el fondo del piso , una Cruz de Hierro, que aún se veía después del incendio (Año 1862), y que desapareció cuando los trabajos de desescombro, bien por descuido, o porque se la llevase algún avispado anticuario, conocedor de su antigüedad y de su historia.

(3)  El 3 de Agosto  de este año (2012), visité de nuevo Segovia, y en la Capilla de Santa Catalina (hoy transformada en Museo Capitular) de su impresionante Catedral, pude contemplar, una vez más, el bellísimo mausoleo del Infante Don Pedro, al que desafortunadamente no le pude sacar ninguna foto para ilustrar este artículo, pues está rigurosamente prohibido hacer fotografías en el interior de esta capilla-museo.

BIBLIOGRAFÍA.-

·         HISTORIA DE ESPAÑA.- Gran Historia General de los Pueblos Hispanos.-  Instituto Gallach de Librería y Ediciones.- (Barcelona, 1958)

·         OLIVER-COPÓNS.- Eduardo de - “ El Alcázar de Segovia”.- (Imprenta Castellana, Valladolid, 1917 

Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ
Licenciado en Ciencias Económicas
Comandante de Infantería y Profesor Mercantil

 

5 comentarios:

José Antonio dijo...

“La Nochebuena más buena que soñar pudo un español…” Esa fue la que me pasé yo ayer. Imaginemos, merienda-cena con todos los que pude reunir de la familia; a tempranita hora, me pude quedar solo en una habitación y, mientras cumplía el trámite de la digestión, lectura de dos cuentos de Navidad que tenía reservados, uno, el de La Contabilidad Militar (de 05-11-2012) que nos escribió Francisco Ángel, y, el otro, este magnífico de carácter histórico que nos acaba de enviar hoy, él mismo. Con ambos cuentos y aprovechando el ambiente navideño (sin gota de alcohol alguno, porque no me dejaron, que sino ayer la había liado yo, pues sentía que me pedía el cuerpo una Nochebuena de trinchera, como las de mis mejores tiempos); con ambos cuentos y en dicho ambiente, me compuse un magistral tratado de filosofía de vida, mental, que me entretuvo junto con multitud de entrañables y ya casi olvidados compañeros amigos durante casi tres horas; luego me ligué a Doña Concha Piquer, para que me cantase su más emotiva canción “Suspiros de España” (seis o siete veces); luego un ¡Viva España! (tan alto como lo pudiera decir un falso catalán que intenta que le oigan muchos y hacerles creer que él es catalán). Bueno, tan alto me salió que vino Carmen a decirme que –Por favor, que se van a creer todos los vecinos que has bebido. Y para concluir mi tan sensacional celebración navideña, di un beso a cada uno de la familia, que seguían su propio ritmo de celebración, me fui a mi habitación, traté de recordar la más antigua oración de antes de dormir que me enseñó mi madre, y, cuando ya estaba acostado y me había secado “una lágrima furtiva que no pude contener”, se me escapó otro altísimo ¡Viva España!, metí la cabeza bajo la almohada (por si volvía Carmen a recordarme lo de los vecinos)… y he dormido ¡Como Dios! –Que aunque parezca irreverente, se lo oía en mis tiempos decir a gente de trinchera que estoy seguro de que Dios no se lo tomó a mal y los tiene con Él en el Cielo–

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción AGM

Anónimo dijo...

Buenas tardes Maestro:
Mi más sincera enhorabuena por su magnifico trabajo.
Felices Pascuas y un Prospero Año 2.013.
José Antonio B.U.

José Antonio dijo...

Una vez serenados los tradicionales y existencialmente motivadores ánimos festivos navideños que, a los españoles dotados de componente genealógico español de buena ley, nos cautivan sobremanera en la Nochebuena, he vuelto a releer el magnífico trabajo histórico elaborado por Gran Jefe Francisco Ángel, y esta vez no ya como emotivo ocasional cuento navideño, sino como lo que verdaderamente es él, como una documentada pieza cultural de ambientación histórica española y de sugerencias filosóficas patrióticas y militares españolas.

¡Ahí es nada! Remontarnos por un espacio de nueve siglos, en un documentado y breve trabajo de lectura atrayente, fluida y clara; empezando, en el año 1959, por deambular entre las calles de tiendas de lona campamentales del Campamento de IPS, El Robledo, con su nutrida pléyade de alumnos atentos a conseguir su graduación militar, en las estivales calurosas jornadas en las que las programadas instrucción física y táctica, simultáneas con el estudio de manuales, reglamentos y apuntes tomados al vuelo, no daban cuartel ni a la fatiga ni al sueño que trataban incesantes de doblegar hasta los ánimos más resistentes; unas calles campamentales, que unas veces acogían severos actos castrenses regulados por el penetrante agudo sonido de cornetines de órdenes o por marciales compases de cornetas y tambores o por restallantes voces de mando, y que otras veces eran calles que se inundaban de bulliciosos afanes individuales en busca del periódico descanso y esparcimiento. En una de estas últimas bulliciosas veces que significaban la masiva escapada de fin de semana, me ha parecido ver y escuchar a un veinteañero sargento, ahora comandante y compañero amigo nuestro, con uniforme de paseo en perfecto estado de revista, que iba anunciando a la voz –¡Queda una plaza libre en un taxi, para Segovia! ¡Nos vamos ya. Que hoy están las segovianas más guapas que nunca!

Por cierto, que el año 1959 también fue el de mi primera estrella de seis puntas…

(continuará)

Francisco Ángel Cañerte Páez dijo...

Mi respetado Coronel y querido amigo: ¡Qué bien describes en tu emocionante Comentario esas jornadas" veraniegas" en los Campamentos de la IPS! Cuando nos dices que " En la estivales, calurosas jornadas en las que programadas instrucción física y táctica, simultánea con el estudio de manuales, reglamentos y apuntes tomados al vuelo, no daban cuartel , ni a la fatiga ni al sueño", estás describiendo perfectamente el día a día de los Alumnos (Aspirantes) de un Campamento de la Instrucción Premilitar Superior, y hasta casi me atrevería a afirmar que has sido profesor en alguno de ellos. Lo que si tengo muy claro es que no tienes particular afecto para todos aquellos muchachos que fuimos ilusionados a formar en las filas de la Oficialidad de Complemento. Gracias de nuevo, mi coronel,y ya aprovecho esta querida tribuna para desearte una Feliz salida y Entrada de Año, y que, siendo Dios servido, nos sigamos encontrando en eeste parnaso maravilloso cual es "El Club de los Poetas Muertos". Quedo a tus órdenes con un fuerte abrazo. Francisco Ángel.
Pd/ Aciertas también. mi Coronel, en lo del taxi a Segovia. Nos metíamos cinco en un taxi y aunque íbamos apretados nos esperaba el bailecito con las niñas segovianas.

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Mi Coronel: Como aquel Alumno de la Academia de Infantería (Promoción de 1907) famoso por tantos conceptos, cometió un lapsus en su instancia al omitir un monosílabo, yo también entono mi particular "mea culpa" pues he omitido una "s" en el párrafo en que te digo que "no tienes particular afecto...", es obvio que he querido decir que "NOS tienes particular afecto". Subsanado queda. Otro abrazo. Francisco Ángel.