ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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29/12/12

COBARDES Y TRAIDORES



 


A los pasotas, cobardes y traidores


Está llegando un momento en nuestra Patria, que si no se actúa rápidamente nos encontraremos con una España además de pobre, rota. Y la verdad es que si esperamos contar con la clase política para que lo arregle, va siendo una utopía cada vez mayor.
Desde que murió el Generalísimo Franco, tras regalar el reino de España a Juan Carlos de Borbón, empezó el desastre. Este se inicio ya con Suárez, debido a la paulatina entrega de nuestra herencia a los mangantes que la esperaban para destrozarla; como así lo hicieron, hasta que consiguieron convertir a la novena potencia industrial del mundo en una nación a punto de perder su soberanía, ya que puede que sea intervenida por potencias extranjeras, muchas de las cuales pertenecieron al imperio español, cuando en España nacían hombres de verdad.
 

Los siete felices redactores de una Constitución que ha dejado a España abocada al final de su secular Historia
 

Estos individuos, se atrevieron a redactar una constitución donde se cambio nuestro mapa político, construyendo uno a la carta, creando unas llamadas autonomías, precursoras de unos separatismos que son las que ahora nos están anunciando a bombo y platillo sus ansias de independencia, sin que haya la menor reacción contra los que las abanderan. Continuaron apoderándose de nuestro dinero, de tal forma que nos han dejado más que en la ruina, endeudados hasta los ojos, mientras que ellos han amasado miles de millones; millones que han robado a las clases humildes y a la clase media, y ahora nos obligan a pagar sus latrocinios consentidos, ya que ninguno de estos ladrones ha devuelto ni un céntimo del dinero mal adquirido.

Más tarde quitaron a España su dignidad, ya que en el mundo no pinta nada, se ríen de nosotros, y muchos se alegran de lo que nos sucede. ¡Qué bien lo han preparado nuestros ancestrales enemigos! Todas las democracias abanderan libertades, pero en la española se ha convertido en libertinaje. Hay libertinaje en las calles, en los colegios, en las universidades, en nuestra mal llamada cultura y también en contra de nuestras más hondas creencias históricas y religiosas, hasta tal punto que han despertado en mí y en muchos otros, un sentimiento de envidia hacia los pueblos que defienden su religión, e igualmente hacia los ciudadanos que escuchan con respeto y con la mano en el pecho su himno nacional.

En nuestra Patria, se anuncia que una masiva reunión de mal nacidos vascos y catalanes iban a hacer una pitada en el campo de fútbol mientras sonara nuestro himno nacional, y se les dejo entrar en el campo con los silbatos permitiéndoles que los usaran, hasta ahogar nuestro himno, y lo hacen en presencia del rey y de toda su corte que aguantaron flemáticamente el abucheo; siguió el partido ¡y allí no paso nada¡ los medios de comunicación llegaron a defender la postura de aquellos energúmenos, invocando una libertad de expresión constitucional ¡de vergüenza!

Simpática y sonriente reunión de personajes que han protagonizado (y protagonizan) un capítulo de la Historia de España que, si Dios no lo remedia, podría ser el último
 
Este es un problema patrio, y comprendo perfectamente que aquel que sufre con el económico, no tenga ni tiempo, ni ganas de preocuparse de los sueños de independencia de aquellos que dicen no sentirse españoles, y que sin contar con el resto de sus conciudadanos intentan desgajar unilateralmente un trozo de la Patria.

Aquellos a quienes le han quitado lo más esencial de sus vidas, como es el trabajo el pan y la vivienda, en lo único que piensan, mientras esperan en las colas del INEM, en las de caritas o en el anunciado desalojo de sus casas, es en buscar soluciones para sus vidas y las de sus hijos, además de despotricar contra los causantes de su situación.

Mientras tanto, el gobierno dando recortes y más recortes a las economías más débiles, a fin de sostener con ellos a quienes nos han endeudado de por vida robando y malgastando sin piedad, así como a esos diecisiete gobiernos autonómicos además del central; y lo que es peor, a esos sindicatos para que no tengan apuros económicos a la hora de preparar huelgas generales que tanto ayudan a la nación, y para cerrar esas compensaciones a los partidos políticos que amparados en una nefasta ley electoral son los causantes de muchos de nuestros males.

Mientras los políticos centrales, periféricos o los que otros que quedan dentro del mapa, derrochan el dinero a manos llenas, millones de españoles están abocados a la miseria
 

Me gustaría poder calcular los miles de millones que se ahorrarían, si las dichosas autonomías pasaran a ser solo diputaciones potenciadas, aunque sin cesiones de aquellas competencias que solo deberían pertenecer al Estado, sobre todo la educación, la sanidad y la justicia. Son incontables los paniaguados que viven del cuento autonómico, así como la cantidad de empleos, edificios, embajadas, consultores, vehículos, diputados, dietas, etc… que no sirven en la mayoría de los casos más que para alimentar votantes seguros.

No¡ No nos podemos imaginar el chorro de oro que eso cuesta, y que si se redujera a lo que debiera de ser, se acabarían las penurias por las que hemos pasado y pasan los humildes y la clase media; además al haber créditos podría dar trabajo la mediana empresa, que es la base de la nación. También se lograría que acabase la permisividad de que gozan las autonomías. En las escuelas no se inculcaría el odio y el desprecio a todo lo español, que hasta hoy ha sido permitido por los gobernantes. Desgraciadamente, esto tal y como está todo, es un sueño, porque ni el gobierno, ni el rey, como árbitro constitucional, tienen el valor y la equidad necesaria para acabar con este despilfarro económico, así como tampoco lo tienen para ilegalizar a partidos etarras que ya están gobernando en Vascongadas, gracias a la decisión del Tribunal Constitucional, ni con el separatismo vasco y catalán.

La desilusión en las instituciones es total, aunque muchos no la manifiesten
 
Todos los separatistas, creados a base de permisividad gubernamental, estarán viendo con placer como se aplauden mutuamente Arturo Mas y Otegui, que ya tienen encargadas sus coronas de reyes independientes. ¡Ah¡ Juan Carlos tendrá que mandar arreglar la suya achicándola.

Mientras estas cosas ocurrían, Mariano soñaba con Merkel con la tijera en la mano, y el rey de cacería de elefantes o de lo que sea, aunque más bien de lo que sea; y una vez conocida su escapada, ensayando la mejor forma de pedir perdón a los españoles, con cara de niño cogido en falta y prometiendo que no lo haría más… sin comentarios.

Tanto el gobierno, como el rey, la milicia y todos los españoles hemos contemplado durante años y años como, a cambio de unos votos oportunos, cada vez se llevaban más dinero y más competencias los separatistas, y no importaba que estuvieran preparando la independencia, intentando borrar a España, y a todo lo español, de su mapa autonómico…y todos tan contentos. ¿Y ahora que?

Por todo ello, por lo que deberíamos aprender de los izquierdosos. Es un crimen que un puñado de facinerosos se coman nuestro dinero, otros maten a nuestra gente, y se les premie dándoles un gobierno y encima quieran acabar con España; una obra de más de quinientos años y que de ninguna manera pueden disponer de ella, porque no es suya, pertenece a todos los que somos, a los que han sido y a los que serán. Pero aunque parezca mentira, lo están consiguiendo con la complicidad de la mayoría.

Que Dios nos ayude, y que confunda a los pasotas, a los cobardes y a los traidores, que han consentido y consienten el latrocinio, la injusticia, la traición y la desvergüenza en nuestra Patria…..y añado, que si esto es una monarquía parlamentaria, una democracia y un estado de bienestar, quiero borrarme de todo, porque es una puñetera mentira.

¡Viva España!

Antonio Tejero Molina
Teniente Coronel de la Guardia Civil
Expulsado del ejercito por el 23-f.
 
-
 

Un Guardia Civil.

Por Antonio Tejero Molina. Teniente Coronel de la Guardia Civil. Tribuna de ABC (marzo de
1981).



En el Ejército, lo primero que se hace antes de iniciar una relación entre varios es presentarse con
el nombre, grado y destino, como pequeño adelanto de la personalidad del militar; y como por
circunstancias harto conocidas me encuentro en boca de muchos de mis compatriotas, quiero
presentarme ante ellos para que, de esta forma, lo más objetivamente que pueda hacerlo, sepan
algo sobre quién es Tejero y las circunstancias que le rodean.
Ante ustedes, no por voluntad propia, sino por avalares del destino, se presenta Antonio Tejero
Molina, militar español, para quien ante el sacrosanto nombre de España todo lo demás, excepto
Dios, queda oscurecido de tal forma que apenas sí se ve, de tal forma que por ella, por España y
cuanto representa, río, sufro, trabajo, vivo y si es necesario muero con alegría.
Que el sentirme español sea para mí el más preciado título, tiene una sencilla y demostrable
explicación: es que España es tan grande, tan hermosa... Es grande en su historia, hermosa en
sus tierras, rica en sus campos, fecunda en sus gentes y divina en su lengua: ¡El español! Me he
recreado miles de veces mirando con avaricia sus tierras; y lo mismo me ha estallado el alma de
orgullo ante sus altivas montañas, que ante sus verdes y sosegados valles de Vascongadas; lo
mismo se ha perdido mi ilusionada mirada en su inmensa llanura manchega, que he creído volar
desde lo alto de los Picos de Europa; lo mismo me he tostado bajo el sol en sus playas de Málaga
y de Maspalomas, que me he quemado con sus nieves en Candanchú y en el «Escaparate»; me
he empapado durante años con el agua de sus cielos de Galicia, de la misma forma que me he
abrasado al sol de su hermosa “siberia” extremeña...
Y la belleza de sus rías, y el fragor de sus minas, y el bullicio de sus ciudades, y el sosiego de sus
pueblos, y el sabor de sus vinos: Jerez, Rioja, Jumilla, Priorato, Rueda y Ribeiro...; y el gusto de
sus guisos: fabada, cocido, escudilla, gazpacho, caldereta, pote, marmitako, sancocho... Comidas
y bebidas de una raza bravía cuyos machos han llegado a ser dioses y ejemplo de heroínas sus
hembras.
Y de su tierra a su historia, ante la que, señores, ¡hay que descubrirse! Todos sabemos que desde
los Reyes Católicos fuimos una gran nación, que no tardó en convertirse en grandísima. Tan
grande era que en ella no se ponía el sol; y alumbró entonces nuevas tierras y se entregó
generosa a aquellas hijas de más allá del océano, que son hoy pueblos hermosos que recuerdan
a la Madre Patria que les dio el ser, que la recuerdan en español, y que en español, y a la sombra
de la cruz, rezan sus hijos.
Desde entonces, nuestra Patria ha caminado siempre por la Historia sacudiéndose el yugo cuando
intentaron ponérselo, porque al grito de «¡La Patria está en peligro!» ha tenido siempre prestos a
sus hijos para volver a convertirla de meretriz en soberbia matrona. Y es esa Historia la que nos
grita: «¡Mirad a España!, pero mirad sintiéndola, para que se nos grabe en el alma, para llevarla
eternamente en nuestros sentidos.» «¡Mirad a España!, pero viéndola en sus tierras, oyéndola en
sus cantares, descubriéndola en su Historia, abrazándola en su bandera, rezando en sus templos,
mirando sus cielos, trabajando sus campos, amando a sus gentes, comiendo sus guisos,
bebiendo sus caldos, sudando bajo su sol y tiritando sobre su nieve.»
«¡Mirad a España! besando a sus hembras y pariendo a sus hijos.» Solo así te sentirás español.
Español a quien le duele España. Y hoy nos duele porque no nos gusta como es. Hoy nos duele
porque España tiene que ser una y grande y no muchas y rota. Nos duele porque antes era alegre
y ahora está asustada, y porque antes tenía trabajo y paz para sus gentes y ahora tiene paro y
sangre en sus tierras; porque antes era respetada y ahora es el «hazmerreír» de los extraños;
porque antes estaba gobernada y ahora tiene a unos dirigentes que, en vez de repartir paz,
trabajo y justicia social —y también de la otra— discuten tan ricamente desde sus cómodas
poltronas el sexo de los ángeles..., y eso, amigos, como español, duele; ¡duele hasta reventar!


Pero volvamos a mi presentación. Este español dolorido nació en Málaga hace cuarenta y ocho
años, se crió en Alhaurín el Grande, «el lugar», como le decimos; nació de la clase media, bueno,
eso creía yo hasta que protestaron otros diciendo que mi clase no era la media, sino la baja, de
acuerdo con mis antecedentes. El caso es que nací hijo de honrados maestros y nieto de sufridos
labradores, y si tales antecedentes me sitúan en la clase baja, así lo admito y de ello me
enorgullezco, pues no debemos ser malos cuando, poco a poco, vamos subiendo y progresando...
Estoy casado con una maravillosa mujer, hija de guardia civil y maestra de profesión y vocación,
honrada y española como la que más, una mujer religiosa y prolífica que ha enriquecido nuestra
unión con seis hijos que son nuestro orgullo y nuestra fortuna, educados todos ellos a la sombra
de la cruz y en el amor a su Patria. En partes iguales se distribuye nuestra descendencia: tres
varones y tres hembras; de aquellos, uno ya es militar, y de éstas, dos están casadas, también
con militares; un nieto y otro en camino aseguran la prolongación de la familia. A la vista de todo
ello es fácil sacar en conclusión que soy un hombre completamente feliz.
Aunque no soy monárquico, no me importa que mis amigos lo sean porque acepto cualquier forma
de Estado, incluida la Monarquía, siempre que conduzca certeramente a mi Patria. Amo la vida y
la libertad. Me gusta el orden. Soy católico practicante sin ser beato, y aunque no sea la mía una
familia de mucho «rezo», todos los días damos gracias a Dios por los alimentos que permite llegar
a nuestra mesa y bendecimos su nombre en familia al final de cada jornada. Políticamente no
estoy encuadrado en ninguna ideología. Mi única política es España: su paz, su orden, su trabajo
y su grandeza. No quiero nada que no haya ganado con mi sudor, y respecto a los demás, deseo
que cada uno tenga lo que se merece, y me inclino por el más débil, no en una relación
paternalista, sino en un plano de igualdad humana, de hombre a hombre.
En el trabajo y en el servicio soy duro para conmigo mismo y lo soy también para con tos demás,
por ello, generalmente, no dejo pasar las faltas, las castigo, sin rencor pero sí de acuerdo con mi
sentido de la justicia; por eso ni he guardado ni guardo rencor a quienes me han castigado si
merecí el castigo. Entre mis grandes preocupaciones está la de la justicia social, pero sin
demagogia; como cristiano sé que todos los hombres somos iguales, que lo único que cambia es
aquello que Ortega y Gasset llamaba las circunstancias; por eso no creo en la existencia de razas
privilegiadas, creo en los hombres y, sobre todo, creo en los españoles, y por lo que a mí se
refiere, creo tener una enorme capacidad para encajar los reveses con la sonrisa en los labios, sin
desfallecer nunca.
Tengo también defectos, quizá demasiados, pero de resaltar éstos ya se encargarán otros
cumplidamente...
Creo que he hablado ya lo suficiente de mis orígenes, mi vida familiar y los pilares fundamentales
de mi pensamiento como hombre y como español; quiero concentrarme ahora en mi condición de
militar. Desde siempre quise ser militar, aunque no había precedente alguno en mi familia. Fue en
1951 cuando conseguí mis cordones de caballero cadete de la Academia General Militar. Aún
ahora, en peligro de poder perder el uniforme, me parece mentira verme con los cordones en la
mano, en la mano porque en el corazón los he llevado siempre.
Sin vanidad alguna por mi parte, pero sí con la obligación moral de salir al paso de quienes
afirman que son militares los que no sirven para otra cosa, tengo que decir que fui un buen
estudiante de Bachillerato, como certifican las abundantes matrículas de honor de aquellos años
en los que se iniciaba mi expediente académico. Ya en la Academia General fui, durante tres
años, cabo galonista por pertenecer a la primera promoción de la Guardia Civil, Cuerpo militar por
entero, aunque yo siempre deseé que fuese Arma; Cuerpo militar español por su origen y
creación, benemérito porque lo ha ganado a pulso y heroico porque lo ha demostrado a través de
gestas como Santa María de la Cabeza, el Alcázar de Toledo, Oviedo y Tocina, que si cada una
por sí misma sería suficiente, forman en su conjunto un póquer de ases que bien ganó para la
Guardia Civil el titulo de heroico Cuerpo militar.
Durante mi permanencia en la Academia me enseñaron todo lo que ahora pongo en práctica y
constituye el eje de mi vida, aunque mis profesores parecen haberlo olvidado. ¡De desmemoriados
anda el mundo lleno! Lo cierto es que de aquellos profesores, hoy desmemoriados, aprendí el


culto al valor, a la dignidad, al honor, a la Patria, a su unidad y a su bandera, y también el culto a
nuestros muertos. Y me va a permitir el lector que haga un pequeño aparte para decir, en voz
baja, confidencialmente a quienes tales enseñanzas me dieron: Señores desmemoriados ¡voy a
tener que darles rabillos de pasas!
Tras este pequeño paréntesis, hecho gracias a la paciencia de los pacientes lectores, vuelvo a
aquellos anos de mi vida en la Academia General de la que salí teniente en diciembre de 1955.
Cataluña fue mi primer destino, y allí permanecí durante tres años. Cataluña era por aquellos años
uno de los últimos reductos del bandolerismo español, con personajes como Sabater, Facerías y
«Caraquemada», entre otros. Y cumpliendo aquel primer destino surgió la campaña del Sahara-
Ifni. Poco tardé en redactar mi instancia (una instancia cuya copia conservo) solicitando mi
incorporación a la Policía Territorial del África occidental española, pero mi petición fue denegada
con la justificación de que estaba prestando servicio en zona de bandoleros de la que no se podía
distraer esfuerzo alguno.
Y de Cataluña, a Galicia. Al ascender a capitán en 1958 me incorporé a una de las compañías del
Miño, zona contrabandista de duro y sacrificado servicio. Allí me salieron las primeras canas y allí
gané la primera cruz. Vélez-Málaga fue el siguiente destino, y después de Andalucía, Canarias; en
1963, con el ascenso a comandante, llegó el destino a Las Palmas de Gran Canaria. Badajoz fue
la etapa siguiente de mi vida militar; allí pasé los años más apacibles de mi carrera, y de Badajoz
he dicho siempre que es la tierra donde no nací pero en la qué sí me gustaría morir. Allí crecieron
mis hijos y allí se terminó la lista de ellos con nuestro Juanico... por lo menos eso creo yo.
El ascenso a teniente coronel en 1974 iba a tener una importancia decisiva en mi vida militar. Fui
destinado a Guipúzcoa y allí me incorporé el mismo día que se celebraba el funeral por el cabo
Posadas. Aquella circunstancia debió ser como una premonición de la honda transformación que
en mí iba a producirse; fue en aquellas tierras donde me convertí en un verdadero guardia civil,
fue allí donde pude darme cuenta, en toda su dimensión, del temple, la disciplina y el valor y la
gallardía de nuestros guardias; y fue allí, ante cada uno de los féretros, ante cada uno de los
cadáveres de nuestros hombres, caídos por la insensatez de nuestros dirigentes, donde me hice
la solemne promesa de no quedar en paz con aquellas víctimas heroicas hasta no igualar, al
menos, su sacrificio.
Fue allí, en aquellas tierras, donde prediqué a mis hombres con el ejemplo, como a mí me gusta
que me prediquen, ¡mojándome el primero! Allí vestí y paseé mi uniforme y mi tricornio con mayor
orgullo que en ningún otro lugar de España. Siempre llevé en mis salidas el coche negro de
servicio con la matrícula PGC y el letrero de «Servicio oficial». Fue allí donde más descubierto
estuvo mi pecho, sin camuflaje alguno, porque tampoco estaban camuflados mis guardias de
control; uniformado reglamentariamente visité los barrios viejos de San Sebastián y Vitoria, cuyas
dos Comandancias mandé; vestido de uniforme fui también en ocasiones a las salas de fiestas en
las que, en sus jornadas libres de servicio, disfrutaban mis guardias con la sana alegría de la
juventud. Y nunca, ¡nunca! recibí de uniforme insulto alguno.
Pude haber sido tiroteado. No desconocía el riesgo y difícilmente podía olvidar a todos y a cada
uno de los hombres muertos. Pero el riesgo es siempre inherente a nuestra carrera. Muchas
veces he dicho a mis hijos que la vida es preciosa y que una de las cosas que más la
engrandecen es el saber que se la puede uno jugar por algo que merezca la pena.
Durante mi estancia en Vascongadas fueron cerca de veinte las víctimas que hizo el terrorismo en
el Cuerpo de la Guardia Civil, aunque de ellos solamente el cabo Frutos estaba a mis órdenes.
Luché contra la ETA con todo mi afán, sin conceder descanso alguno a los terroristas, para que no
pudieran pensar ni reaccionar; nuestra lucha no admitía tregua alguna, pero era, también por
nuestra parte, una lucha limpia, enfrentada a la sucia lucha de los terroristas. Así y todo se logró
detener a ciento cuarenta etarras, todos los cuales salieron en triunfante libertad gracias a la
amnistía.
Sí, a lo largo de mis años de destino en Vascongadas tuve que asistir a demasiados entierros;
eran mis hombres aquellos cadáveres, y es cierto, como dijo en alguna ocasión la Prensa, que
besé a mis muertos; sí, los besé, aunque la mayoría de aquellos guardias muertos no tuvieran


apariencia humana, como consecuencia de las explosiones que habían segado sus vidas. Sí, es
cierto que los besé, y que mis labios se llenaron con su sangre de mártires; y es cierto también
que mi hijo los besó, y allí, que yo sepa, nadie sintió náuseas. Aquello era para hombres y allí, que
yo sepa, no había ninguno que no lo fuera.
También fue durante mi permanencia en Vascongadas cuando se llevó a cabo la legalización de la
bandera separatista, esa bandera que ahora llaman las izquierdas «banderola», y que entonces
antepusieron a la bandera de España. Aún estaba caliente la sangre del cabo Frutos cuando fue
legalizada la bandera separatista y aquello me indignó, creo que justamente. Mis guardias y yo
pasamos la peor noche de nuestra vida. Salimos varias veces a rescatar banderas españolas
ultrajadas, en contra de las órdenes recibidas de no salir por ningún motivo. Una de esas
banderas que pudimos rescatar medio quemadas preside desde entonces mi hogar.
Pensar que la «banderola» iba a ondear por encima de la sacrosanta bandera española me hizo
saltar contra los culpables y aquello me costó un mes de arresto en Madrid y el cese en el mando
de la Comandancia.
El siguiente destino fue la Jefatura de la Comandancia de Málaga, mi patria chica. Y allá nos
fuimos con toda la ilusión del mundo. Había allí un pabellón precioso para mi mujer; allí estaban
mis padres; allí estaban los amigos. Se reunían, en fin, muchas circunstancias para que en la
Comandancia de Málaga pudiera encontrarme a gusto. Pero seguían los asesinatos y las tropelías
en nuestra España. Las víctimas iban sumándose en cantidades que yo difícilmente podía
soportar, aunque no falten quienes se tragan esas cifras sin pestañear, ¡allá sus estómagos!
Un atentado terrorista se cobró tres vidas: el señor Unceta, un hombre cabal, y dos guardias
civiles. Y en aquella misma jornada me anunciaron que iba a haber en Málaga una manifestación
en apoyo de la mayoría de edad, en definitiva, uno de esos «escandaleras» que organizan los
marxistas y a los que acuden para gritar «¡Amnistía!»
Aquello me pareció una provocación, un comportamiento que no podía aguantar. Intenté por el
diálogo evitar que la manifestación se celebrase, pero, aunque me dijeron que iba a ser trasladada
a otro día, comprendí que trataban de engañarme y, ya al filo de iniciarse la manifestación, le dije
al gobernador Civil: «Hoy España está de luto... Mañana seré un arrestado, pero hoy no se
profana a mis muertos.» Y así me jugué la mejor Comandancia que he visto, porque disolví la
manifestación, sin violencia, porque no fue necesaria más que la decisión y la firmeza reflejadas
en los ojos de los hombres que componían mi fuerza. Aquellos hombres actuaban con energía y
con la confianza en su mando, sabiendo que no iba a dejarles en la estacada, y está demostrado
que cuando hay autoridad y decisión es innecesaria la violencia; solamente después de reculeos y
blandenguerías es imprescindible la violencia. En fin, mi actuación me trajo un mes de arresto y el
cese en el mando.
Marché a mi retiro extremeño, porque soy de carne, y en ésta me dolía lo que había perdido. Allí,
en mi retiro extremeño, sin esperarlo, llegó el nombramiento de jefe de la Agrupación de Destinos
de la Dirección General del Cuerpo. No era el mando ansiado por mí, pero era un mando. Y así
llegué a la Villa y Corte, y así empecé a respirar en tres dimensiones lo que a las provincias
solamente llega en dos. En Madrid tuve oportunidad de leer un proyecto de Constitución en el que
faltaba Dios y sobraban «nacionalidades». Escribí inmediatamente una carta al Rey pidiéndole
que aquel proyecto no saliera adelante y pidiéndole que no corriera más sangre... Catorce días de
arresto y nuevamente en peligro mi destino. Entonces tomé un café con tres amigos y otro más,
que, pareciendo serlo, resultó un vulgar delator; tomamos café en la cafetería Galaxia y...
diecinueve meses de prisión efectiva, siete de ellos legal.
Me encontré nuevamente disponible y en Madrid, respirando a boca llena, durante las veinticuatro
horas del día: asesinatos, atracos, trabajadores en paro mendigando por las calles, por las plazas
y en las estaciones del Metro; veinticuatro horas al día viendo humillados a muchos de los que
hasta entonces había considerado hombres dignísimos, viendo actos de cobardía, de indiferencia
ante todo; veinticuatro horas al día oyendo los ladridos furiosos de los cuarenta sectarios que
emponzoñan a nuestro pueblo, oyendo los crujidos de los cimientos de la Patria y oyendo el relato
de las continuadas profanaciones de banderas. Disponible, viendo a lo largo de las veinticuatro


horas a esas pandillas de jóvenes degradados por la droga, a esas muchachas que sin haber
consumido su niñez han perdido ya el ansia de vivir porque ya todo lo conocen, aunque lo hayan
conocido mal, y enfermos que piden un tercer sexo, y pornografía a raudales, degradando a la
mujer y al hombre, y desprecio hacia nuestros mayores, irreligiosidad.
Todo eso es lo que vi en esas largas horas de mi situación de disponible, y pensé que no tenía
derecho a dejar a mis hijos una Patria empobrecida y degradada, porque de mis padres recibí esta
Patria en perfecto estado. Y pienso que si hay que liarse a tortazos, debo y quiero ser yo quien los
dé y los reciba, y no reservárselo a mis hijos, que ellos tendrán los suyos a su tiempo...
Conocí a personas que se encontraban en circunstancias parecidas; que sufren por España, que
aún tiene arreglo si se acaba con el separatismo, si se termina con el terrorismo y con el terror
callejero, si se pone fin al paro mediante la adecuada utilización de la riqueza que en España
existe.
Para ello solamente es necesario ser honrado y obligar a los demás a que lo sean, porque se
puede gobernar imponiéndose con autoridad.
Por todo ello, a las 18,24 horas del día 23 de febrero de 1981 entré en las Cortes Españolas, hice
público un comunicado explicando el porqué. Decía así:
«Españoles: las unidades del Ejército y de la Guardia Civil que desde ayer están ocupando el
Congreso de los Diputados a las órdenes del general Miláns del Bosch, capitán general de
Valencia, no tienen otro deseo que el bien de España y de su pueblo. No admiten las autonomías
separatistas y quieren una España descentralizada pero no rota. No admiten la impunidad de los
asesinos terroristas contra los que es preciso aplicar todo el rigor de la Ley. No pueden aceptar
una situación en la que el prestigio de España disminuye día a día. No admiten la inseguridad
ciudadana que os impide vivir en paz. Aceptan y respetan al Rey, al que quieren ver al frente de
los destinos de la Patria, respaldado por las Fuerzas Armadas. En suma, quieren la unidad de
España, la paz, orden, seguridad. ¡Viva España!»
Salí de las Cortes el día 24 de febrero, después de que el secretario de la Junta de Jefes de
Estado Mayor firmara, con el consentimiento de la misma, y en presencia de mi director general,
Aramburu Topete, un documento, que conservo, eximiendo de toda responsabilidad a soldados,
guardias, cabos y suboficiales y hoy, a pesar de ese documento, sigue habiendo guardias
detenidos, y lo están también todos los cabos y suboficiales. Se les busca culpabilidad cuando allí
todo lo que se hizo fue por orden mía, sin tener en cuenta que no pudo ser más limpio ni más
caballeroso el comportamiento de la fuerza con los diputados.
Yo me he declarado responsable de todo. Yo ordené los disparos. Yo ordené a todo el mundo que
se tumbara en el suelo. Yo distribuí y ordené los servicios y los vigilé. Mi fuerza sabe que conmigo
no se juega, y en mi poder está ese documento que exime de responsabilidades a guardias,
cabos y suboficiales. ¡Señores, soy el único responsable de lo sucedido dentro de las Cortes!
¡Señores, dejen ya tranquila una Fuerza de la que deben sentirse orgullosos ustedes y toda
España, sea cual sea su color y su ideología! ¿No se pedía eficacia a. las FOP? ¡Pues ahí tienen
ustedes eficacia!... Claro que las órdenes que recibieron fueron claras y enérgicas.
Por todo ello me encuentro hoy en prisiones militares para aceptar lo que España disponga de mi,
con el ánimo sereno y la conciencia tranquila, mucho más tranquila de lo que puedan tenerla
quienes debiendo no están aquí con nosotros.
Sea cual sea mi destino, ¡gracias España por permitir que te haya servido!
Alcalá de Henares (prisión militar) Marzo de 1981.


Antonio TEJERO MOLINA.
Teniente coronel de la Guardia Civil


DIARIO de ALCALÁ.es – 26FEB.2011
 
Habla el carcelero de Tejero: "Compartía con nosotros los dulces y el vino
que le mandaban a la prisión"
 
 

El golpista no era un hombre pegado a una pistola, de ceño fruncido y malos modales: hasta sonrió con las gracias de un preso comunista
Ése es al menos el Tejero que conoció Javier Pacho, cabo primero de la policía militar en la prisión militar de Alcalá durante aquel convulso mes de febrero de 1981. Conserva en su casa algún documento histórico, y cuenta la vida cotidiana del preso más ilustre que ha tenido este presidio.
El 23 F, mientras los diputados estaban retenidos en el Congreso, Publio Javier Pacho, natural de Calzadilla de los Hermanillos (León), volvía en tren a Alcalá de Henares tras un merecido permiso en su casa de Zaragoza. Ajeno al golpe, se enteró cuando, vestido con su uniforme de Policía Militar, osó tomarse un café en el primer bar que vio al salir de la estación. Apenas doce horas más tarde estaría cara a cara con el hombre que había puesto en jaque la democracia durante unas horas.
Cuando Tejero se entregó a Pacho le tocaba guardia y había mucho revuelo: “El capitán, Agustín Iglesias Romero, me dijo lo que nadie sabía, que iba a ingresar el teniente coronel Tejero”. Y así fue, a las ocho de la mañana formaba la guardia en señal de respeto. Llegó el convoy, cuyo santo y seña –la clave necesaria para acceder al interior de la prisión– todavía conserva en una caja de cartón roto en dos mitades. “Entonces el teniente León Garrido caminó hacia él y le dio un abrazo”.
 
–“¿Qué tal Antonio? ¡De nuevo en casa!”
No era la primera vez que Tejero pisaba la cárcel, pues ya había sido procesado por tramar la Operación Galaxia, que consistía en una toma del Palacio de la Moncloa.
“Todos esperábamos a un hombre malhumorado, pero era un tipo muy relajado”, explica 30 años después desde Zaragoza Javier Pacho, que se define a sí mismo como “pacifista”. En cambio
“Tejero era un militar en estado puro, le llegaban un montón de regalos como cigarrillos, licores, vino, emblemas, santos... y muchas veces repartía las cosas entre la guardia que había ese día”.
Rechazó, eso sí, alguna bandera con simbología nazi diciendo “esa no es mi bandera”. Y también repelía “al oportunista que sólo quería arrimarse para hacerse una foto con él”. El recluso Tejero era un hombre “que vivía la vida igual que se tomaba el café, a cámara lenta, y no le gustaba el protagonismo”.
Por increíble que parezca, dio incluso muestras de buen talante. Pacho controlaba los regalos que le hacían “y un día apareció otro recluso, un tipo de Cádiz, que quería darle una cosa a Tejero”.
–Pisha, que tengo esto para el teniente coronel.
Le pidió la documentación “y vi que asomaba un carnet del PCE”. La obligación de Pacho era
quitar el envoltorio e inspeccionar cualquier cosa le llegase al recluso Tejero. Y así descubrió que se trataba de una botella de whisky, pero con una etiqueta especial: “Ponía Contra Franco
Vivíamos Mejor”. Ni corto ni perezoso, el cabo Javier Pacho fue a Tejero con la botella, “y Tejero no se lo tomó mal... de hecho quiso compartir esa botella conmigo”. Pero no dejó pasar la oportunidad de hacer una broma. El golpista le pidió al cabo primero que probara él la bebida, como si no se fiase de que estuviese envenenada. Pacho le contestó que él no podía beber porque estaba de guardia: “Tejero, echándose a reír, me dijo que no me preocupara, que ya se lo diría él a Toñín”. Se refería a su superior, Antonio León, recuerda hoy divertido. Por circunstancias de la vida, aquel cabo primero acabó siendo camarero en uno de los locales más chic de Zaragoza. “Iban actores, artistas, cantantes...”. Pero seguro que ninguno tan inaccesible como Antonio Tejero Molina.
La vida de Tejero era tranquila en el chalet que compartía con otros reclusos dentro de la prisión:
“Nada que ver con la idea que tenemos de una cárcel”. Por allí daba vueltas corriendo: “Yo le
hacía el saludo militar cada vez que pasaba, pero un día se paró y me dijo que con que se lo
hiciese una vez valía, porque si no le hacía perder el ritmo”.
Las ideas de Tejero, admite Javier Pacho, que hoy es conserje, chocaban bastante con las que
regían el gobierno de entonces. Una vez presenció por la televisión cómo cargaba reprimía una
manifestación de Altos Hornos: “Mira cómo carga la policía de la Democracia contra los trabajadores”.
Pacho atendió al detenido cada cinco días durante cinco meses, los que le quedaban para
licenciarse. Se encargaba de llevarle los regalos que le traían las visitas, a las que también
acompañaba tras cachearlas. “Le visitaban políticos como Blas Piñar, y también vino alguno algo más moderado... cuando marchaba decía: ‘Es tonto perdido, acabará de presidente de Gobierno’, con ellos estaba más parecido el de la tele”.
En su recuerdo, la cara B de Tejero sigue presente: “Cuando le veo por la televisión, pienso que el hombre que yo conocí no puede ser el mismo que estuvo a punto de liarla tan gorda”.
 
Cristina Fernández de Valderrama Alonso
Esposa de Militar


4 comentarios:

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

A este español la Historia le reservará un puesto de HONOR.

Chevi Sr. dijo...

La verdad es que se le entiende todo; hasta los de Caballería.

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Hace unos días TVE retransmitió una entrevista de Jesús Hermida al Rey. Y sobre el tema de su tardía aparición en televisión tras los sucesos del 23-F, S.M. dijo que la tardanza se debió, y es prácticamente textual, a la espera de que se produjera una conversación del Jefe de la Casa el Marqués de Mondéjar con su amigo el Capitán de Caballería que había ocupado la sede de la televisión estatal. Majestad no tome al pueblo por tonto. Por que la historia demuestra, a mas corto o largo plazo, que no suele tragar.

Javier de la Uz dijo...

A veces suele fallar la menoría y debido a ello, no siempre lo que se dice es exacto, al menos eso quiero creer yo. A mí, aquellos hechos, me los contaron en versión muy distinta a los relatados por S.M. en la entrevista.