ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
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22/11/12

La Santa Hermandad, la primera policía nacional












De la Santa Hermandad a la Guardia Civil

         El verdadero origen de la Guardia Civil, está en la Santa Hermandad, creada por los Reyes Católicos para defender a la población de los asaltos en los caminos.  
Actual Guardia Civil

LOS REYES CATÓLICOS PUSIERON LOS CIMIENTOS DEL PRIMER ESTADO MODERNO DE EUROPA.
        Entre otras cosas, fueron los primeros en organizar un cuerpo dedicado a garantizar la seguridad en todos los territorios de la Corona y bajo su autoridad directa de esta. Eso sería la Santa Hermandad. Fue el primer cuerpo nacional de policía del mundo.
       Tenemos que ponemos en situación: cuando los Reyes Católicos se hacen con la Corona, España vivía un caos importante. En Castilla, numerosos nobles se habían convertido en bandoleros que se dedicaban impunemente al saqueo. Bandas de facinerosos controlaban los caminos y extorsionaban a los labradores. En Aragón, por su parte, el bandolerismo es una constante de la vida cotidiana, y aún lo será por mucho tiempo más. Estamos ante un auténtico orden mafioso: los magnates controlan organizaciones de delincuentes y los delincuentes creen posible convertirse en magnates. La Corona no podía controlar lo que pasaba en sus territorios.
       Así se lo explicaba al obispo de Coria el cronista Hernando del Pulgar en 1473: "El duque de Medina con el marqués de Cádiz, el conde de Cabra con don Alonso de Aguilar, despojan toda aquella tierra de Andalucía. La provincia de León es devastada por don Alonso de Monroy, maestre de Alcántara. En Toledo, alcázar de emperadores, todos, grandes y chicos, viven una vida bien triste y desventurada. Medina, Valladolid, Toro, Zamora, Salamanca, están bajo la codicia del alcalde de Castronuño, Pedro de Mendoza, uno de los mayores facinerosos (. . .). El conde de Treviño, con esos caballeros de las Montañas, trabajan asaz para asolar toda aquella tierra hasta Fuenterrabía. No hay más Castilla; si no, más guerras habría (...). Las muertes, robos, quemas, injurias, asonadas, desafíos, fuerzas, ajuntamientos de gentes que cada día se facen, abundantes en diversas partes del reino, son por nuestros pecados de tan mala calidad, e tantos en cantidad".
El traje de los soldados de la Hermandad era muy sencillo. Consistía en calzas de paño encarnado, en un sayo de lana blanca con manga ancha, y una cruz roja en el pecho y espalda; cubrían la cabeza con un casco de hierro batido, pero ligero, y su armamento se reducía a la lanza y a la espada pendiente del talabarte.
La figura número 1 de la adjunta lámina representa un Alférez con su enseña. La número 2 es un Tambor o Atabalero, y el número 3 un Lancero. 

        ¿Qué estaba pasando? No se trataba sólo de un problema de orden público. Era también un problema político de primera magnitud, porque esos magnates convertidos en delincuentes disputaban el poder a los reyes. Lo mismo estaba ocurriendo en toda Europa: el poder regio trata de armarse frente al poder feudal, y este recurre a la violencia para impedirlo. El orden feudal ya no es lo que era: la vieja regla de que el fuerte debía proteger al débil, norma tradicional de la caballería cristiana, había quedado hecha migas bajo una aristocracia frecuentemente degenerada. En esa situación, los concejos de las villas buscan una forma eficaz de proteger sus campos, sus ferias, sus montes. Como las mesnadas de los señores feudales ya no protegen a nadie, sino más bien al revés, los concejos organizan su propia defensa con hermandades de hombres armados. En Castilla había hermandades locales de este tipo desde mucho tiempo atrás. El primer intento por organizarlas en un sólo cuerpo es de 1473, cuando aún reina Enrique IV, pero esta primera hermandad no sirvió de gran cosa. En 1476, cuando el conflicto por la sucesión en Castilla dé lugar a una verdadera guerra civil, se constatará que hace falta un concepto nuevo: más autoridad, capacidad para actuar en todo el territorio de la Corona, mejor organización... Para eso nacerá la Santa Hermandad nueva.

UN ASTURIANO Y UN BURGALÉS
         Sabemos quiénes fueron los promotores de la idea: el asturiano Alonso de Quintanilla, contador mayor de cuentas, y el burgalés Juan de Ortega, primer sacristán del rey y provisor de Villafranca de Montes de Oca. Gente seria y finos políticos. Primero acudieron a ver a los concejos de las ciudades más importantes: Burgos, Palencia, Medina, Segovia, Olmedo, Salamanca, Zamora. No sin dificultad, porque las ciudades no se fiaban, lograron que cada concejo enviara un representante a la ciudad de Dueñas, en Palencia, donde Quintanilla y Ortega organizaron una reunión general a finales de marzo de 1476, pocas semanas antes de que los reyes presidan la asamblea de las Cortes en Madrigal. Y allí, en aquellas Cortes de Madrigal, Quintanilla tomó la palabra ante los Reyes y les habló así:
        "Muy excelentes señores, es notorio cuántos robos y asaltos y muertes y heridas y capturas de hombres se hacen y se cometen cada día en estos vuestros reinos, en los caminos y yermos de ellos, desde el tiempo que vuestra real señoría reina. A lo cual ha dado causa la entrada de vuestro adversario de Portugal en estos Reinos, y el favor que le han dado algunos caballeros vuestros, rebeldes y desleales y enemigos de la patria. (. . .) Y como estamos seguros de que vuestra alteza desea poner remedio en esto y castigar a los malhechores, pero las guerras en que estáis metidos no os dan lugar a ello, hemos pensado en el remedio (...). Y nos pareció el mejor y sin costa vuestra el que se hiciesen hermandades en todos vuestros reinos, y cada ciudad y villa con su tierra entre sí, y las unas con las otras, de lo cual vuestra alteza mandó hacer sus ordenanzas. Por ende suplicamos las mande dar por ley para todos vuestros reinos, para que hayan mayor fuerza e vigor".
Retrato de los Reyes Católicos

          Los Reyes Católicos aceptaron la propuesta. El 19 de abril de 1476 se publica el Ordenamiento de Madrigal, la carta fundacional de la Santa Hermandad, que debía cumplirse en todo el reino de Castilla en un plazo de 30 días, so pena de graves sanciones. El ordenamiento añadía novedades importantes en el plano jurídico. La Hermandad se convierte en jurisdicción superior a la hora de perseguir a los delincuentes: todas las autoridades quedaban obligadas a entregar los presos que la Hermandad reclamase. Se prescribía una lista detallada de delitos competencia directa de la Hermandad: asalto en los caminos, robos de muebles o semovientes en despoblado, muerte, herida, incendio de mieses, viñas y casas... Se señalaba la forma de ejecutar la sentencia en caso de condena a muerte: asaetamiento en descampado (el condenado es atado a una columna y muerto a flechazos o lanzazos). Pero el ordenamiento se esforzaba también por preservar la objetividad de la justicia y las garantías para el acusado. La Santa Hermandad nacía con un plazo limitado de vigencia: dos años, hasta que el problema de la inseguridad hubiera quedado resuelto.
       ¿Cómo se organizaba esta primera fuerza de policía? Ortega y Quintanilla lo habían previsto todo. Las ciudades aportarían, por cada 100 vecinos, un jinete, y por cada 150, un hombre de armas. Asturias, las merindades del norte del Ebro y de Aguilar de Campóo aportarían sólo soldados de infantería. Para mantener al nuevo cuerpo se estableció un impuesto -la llamada sisa, que de ahí viene el verbo sisar- sobre todas las mercancías menos la carne. En total habrá 2.000 hombres en esta primera policía, cuyo rasgo fundamental es que, por primera vez, podían actuar en todo el territorio de la corona. También empezó a adaptarse el hábito de que los soldados de la Santa Hermandad, para ser fácilmente reconocidos, vistieran en sus trajes mangas de color verde. Muchos siglos más tarde, el verde sería recuperado para el uniforme de la Guardia Civil.  








Anécdota:
Se distinguían, a modo de uniforme, por llevar mangas verdes. Como en medio de los caminos era muy difícil llegar a tiempo se acabó por popularizar la expresión: ¡A buenas horas mangas verdes!, para expresar que alguien llegaba cuando todo había terminado.


POLÍTICA DE ESTADO
        La idea era excelente y el proyecto, sobre el papel, intachable. La Santa Hermandad no era sólo un cuerpo de policía, sino que también traducía la voluntad de los reyes de afirmar su poder sobre otros derechos particulares, lo cual inquietaba a mucha gente; entre otras cosas, las ciudades debían mantener económicamente a los soldados de la Hermandad, y eso no gustaba demasiado a unos concejos que hasta hacía poco tiempo habían tenido que pagar también el chantaje de los bandoleros.
       La primera junta de la Hermandad, en Valladolid, a punto estuvo de acabar en desastre. Sólo la capacidad de persuasión de Ortega y Quintanilla pudo salvar la situación. Los reyes, por otra parte, movieron sus hilos, y se aseguraron de que los procuradores de las juntas participaran de la intención de la corona. Si las grandes ciudades castellanas querían garantizar el comercio de la lana con caminos seguros, ferias prósperas y transportes sin sobresaltos, no tenían otra opción que aceptar las exigencias de mantener a las tropas de la Santa Hermandad. Más aún: la propia junta de Hermandad dictó que todas las villas y lugares del reino quedaban obligadas a entrar en el nuevo sistema de seguridad, so pena de sanciones de entre 20.000 y 100.000 maravedíes. La seguridad se convertía, por primera vez, en política de Estado. El primer capitán de la Santa Hermandad fue Alfonso de Aragón, hermanastro del rey católico.

Don Alfonso de Aragón, Duque de Villahermosa, capitán general de la Santa Hermandad Nueva.



         ¿Fue eficaz la Santa Hermandad? Los cronistas de la época de Isabel, ciertamente poco críticos con la reina, atribuyen al nuevo cuerpo una eficacia desmedida. Así lo decía, por ejemplo, Lucio Marineo Sículo: "Cesaron en todas partes los hurtos, sacrilegios, corrompimientos, prisiones, injurias, blasfemias, bandos, robos públicos y muchas muertes de hombres, y todos los otros géneros de maleficios, que sin rienda ni temor de justicia habían discurrido por España mucho tiempo".
         La verdad es que el delito no desapareció: todavía entre 1492 y 1493 encontramos una larga lista de crímenes reprimidos. Pero precisamente esa lista demuestra que la Santa Hermandad funcionaba a pleno rendimiento: el delito era perseguido y sancionado. Por otro lado, y para evitar suspicacias locales, los reyes tuvieron el tacto de permitir que junto a la Santa Hermandad coexistieran las hermandades previas, de carácter local, integradas en la nueva. Así, y siempre estrechamente sujeta a la autoridad de los reyes, la Santa Hermandad demostrará una eficacia notable. El periodo inicial de vigencia -dos años- fue prorrogado reiteradas veces. La información recogida por la Santa Hermandad será la base de los primeros censos y padrones modernos de España, ya iniciado el siglo XVI.

Casa-Posada de la Santa Hermandad, en Toledo (con el escudo de los Reyes Católicos). Este edificio sirvió a la vez de casa, cuartel y cárcel de la Santa Hermandad de Toledo, encargada de proteger los caminos durante el Medievo.

La Santa Hermandad nueva desapareció como tal a finales del siglo XV. Su trabajo sería prolongado por las hermandades locales durante siglos, frecuentemente bajo el mismo nombre de Santa Hermandad, y con labores de policía rural. En ese largo periplo hubo de todo: extraordinarios ejemplos de abnegación y otros casos bastante menos edificantes. La Santa Hermandad fue oficialmente disuelta en 1834. Para la Historia quedaba como el primer cuerpo de seguridad nacional creado en Europa. Y en 1.844 aparecía un nuevo cuerpo que se proclamaba heredero de su espíritu y que, como ella, velaría por la seguridad de los caminos y los campos de España simultáneamente en todo el territorio nacional: nacía la Guardia Civil.
José Javier Esparza. - Época.


Francisco Javier de la Uz Jiménez

1 comentario:

José Antonio dijo...

¡Hay que ver, cómo se repite la Historia! Pues, nada, que me he puesto a leer el artículo y lo que abajo sigue es lo que he entendido yo, en el segundo párrafo. Y que conste que me lo he leído tres veces, y en las tres he entendido lo mismo:

“Tenemos que ponernos en situación: cuando el Rey Don Juan Carlos asumió la titularidad de la Corona, se vio rodeado él de masones y traidores o de inútiles buenas personas, con lo cual el Rey quedó neutralizado e incapacitado; y entonces España empezó a vivir un caos importante. En todas las regiones españolas, numerosos personajes se convierten en políticos bandoleros que se dedican impunemente al saqueo de los bienes públicos y particulares. Bandas de facinerosos terroristas, al servicio de los políticos bandoleros, controlan las poblaciones, asesinan de modo indiscriminado y extorsionan a los industriales y los empresarios. Para los partidos políticos antinacionales, el bandolerismo administrativo es una constante de su vida cotidiana, y lo será por mucho tiempo, mientras existan ellos. Estamos ante un auténtico orden mafioso: los magnates políticos controlan las organizaciones de delincuentes y los delincuentes creen posible convertirse en magnates políticos. La Corona, aunque respaldada por el pueblo, no puede controlar lo que pasa en los territorios nacionales.

¿Entonces?... Es que si es cierto eso que he entendido yo, ha de ser porque todos los Organismos o Instituciones del Estado han sido corrompidos o neutralizados –Poder Legislativo, Poder Judicial, Poder Ejecutivo–. Así me explicaría yo el que la Guardia Civil y los demás Cuerpos policiales no puedan asegurar el orden en los campos y en las ciudades, y el que guardias civiles honrados hayan sido anómalamente procesados, condenados y encarcelados.

¡Ummm! Tendré que volver a leérmelo otra vez….

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M