ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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24/11/12

LA PAGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD CRISTIANA.


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Enrique Area Sacristán
Teniente Coronel de Infantería. 
Doctor por la Universidad de Salamanca



Extractado de  Rafael Aguirre, "El túnel Vasco", Democracia, Iglesia y nacionalismo, Editorial Oria, 1998. Catedrático de Teología en la Universidad de Deusto.



Cercana la Navidad, voy a dar unas pinceladas de lo que ha significado el cristianismo hasta nuestros día y en nuestros días, cuna cultural de la civilización occidental.

El cristianismo situó sus dos grandes fiestas de Jesucristo en ambos solsticios: la luz del mundo nace en Navidad; en Pascua, cuando rebrota la naturaleza, se celebra la resurrección, la victoria definitiva de la luz sobre las tinieblas y de la vida sobre la muerte. La fe cristiana inserta una afirmación histórica sobre un ciclo natural y se expresa a través de unos símbolos ancestrales que pueden encontrar eco en lo más profundo del ser humano.

¿No asistimos en esta sociedad secularizada, y en buena medida poscristiana, al vaciamiento de sentido de los viejos ritos y símbolos cristianos?, ¿no vuelve a repaganizarse unas fiestas que en su día, el cristianismo moduló a la luz de la fe? La Navidad, en pleno invierno, con frío y días cortos, es una fiesta centrada en la casa, alrededor de la mesa donde se reúne la familia. Es, por tanto una fiesta de evocaciones y recuerdos, en la que se mezclan la alegría del encuentro con la nostalgia por las ausencias, que se hacen más presentes que nunca. La Pascua, convertida en fiesta de primavera de la sociedad de consumo, es la búsqueda del contacto con la naturaleza que revive con fuerza, la fiesta de los viajes, del sol, de la playa y del monte. Nuestra sociedad es muy plural y a las fiestas se les atribuye sentidos muy distintos, pero parece claro que socialmente hay u na repaganización de lo que hasta hace no mucho tiempo eran fiestas cristianas.



Rafael Aguirre, se pregunta si no estaremos asistiendo a un empobrecimiento notable del contenido humano de algunas de nuestras mejores tradiciones sociales. Pone un ejemplo esclarecedor: afortunadamente se ha tomado conciencia de la necesidad de conservar dignamente el gran patrimonio cultural e histórico que suponen nuestras catedrales. No siempre ha sido así. Un amigo del autor, que ha asistido desde el inicio de la democracia, a las reuniones de la comisióGobierno-Iglesia  para asuntos del patrimonio cultural le contaba, que algún representante gubernamental, para dejar muy claro su laicismo, evitaba siempre la palabra "Catedral", que la sustituía por la expresión "contenedor de bienes artísticos. Pero una Catedral es una Catedral y no un contenedor cualquiera, es un templo muy especial, la expresión de una cultura, de un mundo simbólico y hasta un poso de fe y esperanza. Nadie está obligado a hacer suyo lo que una catedral significa, pero es penosa la desarticulación simbólica de nuestra sociedad; hay recursos ridículos a tradiciones sin arraigo; hay sectarismos y, sobre todo, hay ignorancias lamentables.

Otras religiones con sus culturas invaden los templos que antaño fueron ejemplo de nuestra civilización y nuestros símbolos, hoy utilizados en algunas ocasiones por el Islam. Debemos reconocer que la fuerza moral del Islam, el rearme de este modo de entender la vida y el espíritu esta teniendo una gran aceptación en Occidente gracias a que la Iglesia no ha sabido transmitir y mantener sus valores, a la secularización de la sociedad producto del ataque tan tremendo a que ha sido mantenida por la izquierda política y los progres anticlericales, a los que les gustaría ver en la cruz, quemados o mutilados como los mártires de 1936 a todos los curas y monjas que se reafirman en el amor a Jesucristo y a sus discípulos.

No quiero con esto más que reafirmar nuestra cultura occidental basada en los valores cristianos, cuna de la misma.

                                                              Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda

1 comentario:

José Antonio dijo...

Emocionante y preciosa evocación –la Navidad–, grandiosa aportación del Cristianismo que ha conseguido hermanar en ella a la Humanidad entera. Mi primera guerra seguida al hilo del noticiario periodístico (entre mis doce y quince años de edad), lo fue la Guerra de Corea 1950-53; hasta entonces, mi impresión personal era que la Navidad era sentida y celebrada devota y festivamente por los españoles,los hispanoamericanos y pocos más, pero un día pude leer que uno de los dirigentes estadounidenses había dirigido una alocución a los soldados que combatían en aquella cruenta guerra, prometiéndoles que “estarían en casa para Navidad”. Entonces, tomé conciencia de que la Navidad era también muy importante para otra gran parte del mundo, tan importante como para ser motivo para poner final a una guerra tan grande como aquélla.

Siempre he creído que era el sentido de los viejos ritos y símbolos cristianos lo que nos hacía celebrar la Navidad en familia; y en gran familia celebré bastantes Noche Buenas, en mi infancia, en pequeñas casas cuartel de la Guardia Civil, en donde con aquella ocasión y después de la cena casera se reunían todos los agentes de la plantilla del puesto y sus familiares en la dependencia más espaciosa, la Sala de Armas. Allí y aunque siempre faltaban los agentes ausentes por hallarse cumpliendo servicio, los presentes se comunicaban su alegría y cantaban los tradicionales villancicos, viendo gozosos afluir torrencial la alegría y la ilusión por los ojos y la voz de los más pequeños y teniendo en el recuerdo a los ausentes en aquel momento. Luego, a temprana hora, el más caracterizado de la reunión iba felicitando la Navidad a todos los presentes y daba por concluida la reunión para recuperar el debido orden propio del establecimiento militar de servicio público en que nos hallábamos. Al llegar a nuestro respectivo pequeño pabellón, los pequeños nos acostábamos en espera del sueño reparador que tardaba más de la cuenta en llegar, pues preferíamos seguir canturreando villancicos. Y nuestra madre, si nuestro padre estaba ausente por servicio, entretenían las horas esperándole mientras hacían punto para tejer el jersey que luego nos traerían los Reyes Magos con algún juguete.

No deseo comentar lo de la repaganización de las fiestas cristianas. Podría no ser veraz e imparcial yo a la hora de cargar culpas sobre las jerarquías eclesiásticas que no han sabido mantener y transmitir los principios y enseñanzas propias de la Iglesia, y sobre los ideólogos de la izquierda política y los progres anticlericales persecutores de los principios y enseñanzas acertadas de la Iglesia. Yo llevo ya muchos años contribuyendo a transmitir la necesidad de progresar por el camino de la Auténtica Teología continuadora del cristianismo, que según grandes pensadores de todas las épocas es lo único que podrá salvar la Humanidad de una gran catástrofe apocalíptica. Pero como estamos en el umbral de la Navidad, no me parece momento adecuado para cargar culpas sobre nadie, ni aunque sea con ánimo constructivo. Quienes tengan sentido de la responsabilidad, que mediten sobre su propia conducta al respecto; y que Dios nos ilumine a todos.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción AGM