ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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19/10/12

Melilla, tierra española en África










Historia
       Para buscar los orígenes de Melilla hay que empezar por los fenicios, nada menos: son ellos quienes, al mismo tiempo que sientan bases en la península, crean en Melilla una colonia comercial (Rusadir) y, por cierto, hacen lo propio en Ceuta. Melilla -como Ceuta- tuvo después un papel destacado en las guerras púnicas: sus puertos sirvieron muchas veces de base a las operaciones navales de cartagineses y romanos. Y Melilla y Ceuta, juntas, pasaron a ser romanas: Melilla en el año 46 d.C. con el nombre de Flavia y Ceuta en el 40 d.C. como Septem Frates. Melilla se convirtió en un puerto de primera importancia en el tráfico comercial con el resto de Hispania.
       Cuando se hundió el imperio romano, tanto Ceuta como Melilla corrieron la misma suerte que el resto de Hispania: fueron invadidas por los vándalos de Genserico, que atravesaron la península ibérica para acabar en el norte de África. Entonces Melilla quedó destrozada y languideció hasta casi desaparecer. No volvió a la vida hasta la invasión árabe de la península, pero, significativamente, nuestra ciudad nunca formará parte de los reinos musulmanes africanos, sino del califato de Córdoba; incluso cuando fue musulmana, Melilla fue española. Así será hasta el siglo XIII, cuando el califato cordobés se descomponga y Melilla caiga presa de las luchas entre el reino marroquí de Fez y el reino argelino de Tremecén. La ciudad quedó completamente deshecha, una vez más; tierra asolada. Melilla desapareció. Muchas gentes, a lo largo de los años siguientes, se asentarán en los alrededores, pero Melilla ya era una ciudad muerta.
      Apenas se había obrado la reunificación de las tierras españolas de la península cuando, allá por 1497, los RR CC fijaron la vista en el norte de África, la vieja Mauritania Tingitana de los romanos, y en ese nuevo espacio permanecía la sombra de una ciudad hecha ruinas, pero que pronto resucitaría: Melilla, desde entonces es española. Aunque, bien mirado, ya lo había sido antes.
Conquista y creación de una ciudad
       En los años anteriores, España y Portugal habían suscrito sucesivos tratados dividiendo sus áreas de influencia Y vale la pena contar someramente la historia de Melilla, sobre todo hoy, cuando tan intensas son las reivindicaciones marroquíes sobre esta ciudad. Porque el hecho es que Melilla nunca formó parte de los reinos musulmanes del sur del estrecho de Gibraltar.

Melilla la Vieja
      ¿Qué interés podía tener ocupar una ciudad muerta? Lo que Isabel y Fernando buscaban era un cierto número de plazas en la costa africana que sirviera de cabeza de puente para su proyección al sur. Melilla, arruinada y sola, mal podía cumplir ese propósito. Por eso los reyes, en un primer momento, descartaron a nuestra ciudad como objetivo. Había alguien, sin embargo, que veía las cosas de otra manera. El capitán general de Andalucía, Juan Alonso de Guzmán, duque de Medina Sidonia, ve en esas apetitosas ruinas un excelente enclave para instalar una base: es un llano fértil, protegido por montañas y a dos pasos del cabo de Tres Forcas. Tanto por tierra como por mar es un lugar de fácil defensa. Así que el duque resuelve enviar a un hombre de su total confianza para que inspeccione la zona: su contable, don Pedro de Estopiñán.
      Este Pedro de Estopiñán era un típico producto de los últimos años de la Reconquista: hijo de la baja nobleza militar. Tenía fama de ser un tipo templado y de cabeza muy bien amueblada, "hombre bien entendido e diligente en toda cosa", así que entró al servicio de la poderosa casa de Medina Sidonia como contador mayor, una especie de intendente general que lo mismo se ocupaba de la logística para las campañas militares que de la administración de las rentas. Teniendo en cuenta que la casa de Medina Sidonia era una de las mayores fortunas de España, no era magro oficio. El hecho es que don Pedro recibe la orden de su jefe, el duque; resuelve disfrazarse de mercader y viaja al cabo de Tres Forcas para reconocer el terreno. Lo que descubre allí confirma las intuiciones del duque: vale la pena conquistar Melilla.
El duque de Medina Sidonia no lo dudó: pidió permiso a los reyes y se apresuró a organizar una pequeña flota. Gracias a Barrantes, cronista de la casa ducal, sabemos lo que había allí: "Reunió cinco mil hombres de a pie y alguna gente de a caballo, y mandó aparejar los navíos en que fuesen, e hízolos cargar de mucha harina, vino, tocino, carne, aceite y todos los otros mantenimientos necesarios, y de artillería, lanzas, espingardas y toda munición (. . .). Así mismo llevaron en aquel viaje gran cantidad de cal y madera para reedificar la ciudad. Y con toda esta armada y gente partió Pedro de Estopiñán, Contador del Duque, por su mandato, del Puerto de Sanlúcar, en el mes de septiembre del año 1497".

Monumento de la ciudad de Melilla a D. Pedro de Estopiñan


Así resucita una ciudad
      En la noche del 16 de septiembre de 1497. El solar donde un día se elevó la vieja Melilla fenicia y romana yace desierto y arrasado. Allí no hay nada. En los alrededores del vacío duermen pequeñas aldeas de pastores bereberes. Todo es quietud en el paisaje. Extraños sonidos, sin embargo, llenan el cielo nocturno y al amanecer del día siguiente, los aldeanos bereberes descubren con estupor algo asombroso: donde antes no había más que ruinas, se alza ahora la muralla de una ciudad. Melilla ha resucitado. Parece cosa de embrujo.
     Pero no ha sido magia: ha sido el trabajo de los ingenieros del noble castellano don Pedro de Estopiñán. Así Melilla renació de la nada.
    ¿Qué había pasado en el muerto solar de Melilla? ¿Cómo se había obrado la prodigiosa resurrección? Para situar el episodio hemos de acudir ahora a la corte de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando. Desde la reconquista de Granada, en 1492, todas las tierras peninsulares son ya cristianas, pero el trabajo no ha terminado. Los reyes acarician enseguida un nuevo objetivo: extender su influencia al otro lado del mar, al norte de África. ¿Por qué? Primero y ante todo, porque esas tierras no son un mundo ajeno, sino que forman parte del mundo romano y cristiano que en su día cayó bajo el islam y, por consiguiente, también han de ser objeto de reconquista. Esto hoy cuesta entenderlo, pero conviene recordar que aquella era la patria de San Agustín de Hipona, por ejemplo. Pero hay, además, razones estratégicas importantes: extender la soberanía española al otro lado del estrecho permitirá neutralizar cualquier nuevo intento de invasión africana y, de paso, ayudará a controlar los focos de piratería que desde las costas berberiscas amenazan el litoral peninsular. Todo empujaba, pues, a dar el salto. Y Melilla sería el primer objetivo.
     La flotilla de Medina Sidonia llega a las costas de Melilla antes de acabar el día. Don Pedro no desembarca: prefiere esperar a la noche. En cuanto el sol se pone, los navíos fondean y comienza el desembarco. "La primera cosa que hicieron -sigue el cronista Barrantes- fue sacar a tierra un enmaderamiento de vigas que se encajaban y tablazón que llevaban hecho de España". Sorprendente carga. ¿Qué se proponía don Pedro? El cronista enseguida nos revela el misterio: "Y trabajaron toda la noche con los tablones y los pusieron alrededor de la muralla derribada por la parte de fuera, donde andaban los árabes (...). Y cuando el día siguiente amaneció, los moros que andaban por los campos, que habían visto el día antes Melilla asolada, y la vieron amanecer con los muros y torres, y sonar tambores y sonar artillería, no tuvieron pensamiento de que estuvieran en ella cristianos, sino diablos, y huyeron de aquella comarca a contar por los pueblos cercanos lo que habían visto".
Recinto amurallado de Melilla la Vieja, a la izqda. Foso de los Carneros

      La obra fue vertiginosa. A los pocos días llegó una tropa musulmana, pero Estopiñán había acabado ya el trabajo y la ciudad pudo defenderse con soltura. Aquel muro prefabricado, una verdadera obra maestra de la ingeniería militar, había cumplido su función. Don Pedro dejó allí al Capitán Gómez Suárez como alcalde y volvió a Sanlúcar para contar al duque el resultado de la misión: la aventura había sido un éxito.
    Los Reyes Católicos felicitaron al duque y a Estopiñán, al que concedieron una encomienda de la Orden de Santiago y además nombraron "veinticuatro" (o sea, concejal) de la ciudad de Jerez:
    "Don Fernando y Doña Isabel, por la Gracia de Dios, Rey y Reyna de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, etc., por fazer bien e merced a vos Pedro de Estopiñán, acatando vuestra suficiencia e fidelidad, e algunos servicios que nos avedes fecho e fazedes de cada día, e especialmente el servicio que nos feziste en la toma de Melilla, en alguna enmienda e remunerazión deellos, tenemos por bien e es nuestra merced e voluntad, que de ahora e de aquí en adelante, para toda vuestra vida, seades Veinticuatro de la nuestra Ciudad de Xerez de la Frontera ... ".
    Melilla fue sólo el primer paso: enseguida vendrán MAZALQUIVIR, el PEÑÓN de VÉLEZ, las plazas de ORÁN y BUGÍA, luego ARGEL y TÚNEZ, LA GOLETA y hasta TRÍPOLI. El propio Cardenal Cisneros dirigió alguna de estas operaciones. Pero Melilla ya nunca dejaría de ser española.
   En cuanto al bueno de Estopiñán, aún desempeñará importantes servicios para los duques de Medina Sidonia y para los propios reyes católicos en lugares tan distantes como Gerona y Jerez. En esta última ciudad se afincó hasta su muerte en 1505, en el monasterio de Guadalupe, adonde había acudido en cumplimiento de un voto. Allí está enterrado el hombre que hizo española a Melilla.
    El 19 de septiembre de 1774, emisarios del Sultán Muley Mohamed Ben Abdallah, se presentan en Ceuta declarando la ruptura del tratado y expresando su intención de desalojar a los cristianos. El 23 de octubre, el monarca español Carlos III, declara la guerra y el 9 de diciembre las primeras tropas imperiales comienzan el sitio de Melilla, que duraría hasta el 19 de marzo de 1775. 
Iglesia de la Inmaculada Concepción. En sus inmediaciones, el Conventico y entrada a las Cuevas (Primer  Recinto).

Cuevas del Conventico

      Fueron testimonio de la vida de muchos melillenses que en época de ataque a la ciudad tuvieron que refugiarse en ellas. Allí se resguardaban de los asediadores que llegaban a Melilla rompiendo la paz de los ciudadanos que las habitaban. Mujeres, niños y ancianos ocupaban las cuevas, mientras que los hombres protegían la ciudad tras sus grandes murallas.
     Un contingente de soldados, bajo el mando del Sultán de Marruecos, Muley Mohammed Ben Abdallah irrumpió en Melilla un 9 de Diciembre de 1.774. Fue largo y cruento asedio, que duró más de tres meses en el que  a diario estallaban decenas de bombas.
     Ni el gran número de asediadores –las crónicas hablan de entre treinta y cuarenta mil soldados– ni la potente artillería y la novedosa estrategia de construir minas subterráneas fueron suficientes ya que, finalmente, el 19 de Marzo de 1.775 se rindieron ante los melillenses.





Estancia en el interior de las Cuevas del Conventico.
  
           








              

                                   Escalera de acceso a la superficie de las Cuevas
Muralla de la Cruz. Salida al mar de las Cuevas del Conventico (Frente de Trápana) Al fondo: Faro Torreón del Bonete.






 El Mariscal de Campo D. Juan Sherlock, fue nombrado Comandante General de Melilla por el rey CARLOS III para dirigir la heroica defensa de la Plaza durante los 100 días en que fue sometida a sitio por las tropas del Sultán de Marruecos MULEY MOHAMMED BEN ABDALLAH, desde el 9 de Diciembre de 1.774 a 19 de Marzo de 1.775.







Monumento en memoria del Mariscal de Campo D. Juan Sherlock.




      Melilla la Vieja, como cariñosamente le llaman los melillenses, y que muchos ahora también conocen con el nombre de La Ciudadela, comprende el recinto fortificado que comenzó a construirse en el S.XV sobre la roca que sirvió de: asiento a la antigua Rusadir de fenicios y romanos, destruida y reedificada varias veces a lo largo de la Historia, como consecuencia de las invasiones de vándalos y árabes, o de las luchas intestinas de las tribus bereberes. Este conjunto monumental se compone de cuatro recintos separados por un foso o cortadura. Los tres primeros se internan en el mar y el cuarto sobre el continente. En este último destacan los Fuertes del Rosario y de las Victorias, desde donde se realizaron los disparos del cañón "El Caminante".

Primer  Recinto






Puerta de la Marina. (Entrada al Recinto)






Plaza de la Maestranza. Almacenes de las Peñuelas

Plaza de la Maestranza, Aljibes. Encima, la Casa del Reloj

                                                              
   
                Interior de uno de los Aljibes 



















Almacenes de las Peñuelas y al fondo Sala de Armas de San Juan

Túnel de Santiago

Capilla de Santiago. (Construida en estilo gótico, es la única Capilla gótica en África)



   








Puerta y Puente de Santiago.
(Sobre cuya entrada podemos observar el escudo de Armas del César Carlos)
Foso de Santiago y al fondo: Torreón del vigía, desde donde se alertaba de la aparición del enemigo.


Foso de Santiago, Plaza de Armas (2º Recinto) y Ensenada de los Galápagos


Segundo  Recinto






Puerta y Puente de la Victoria. (Encima del Foso de Hornabeque)
















Foso de Hornabeque. (Separa el 2º Recinto del 3º)







Tercer  Recinto

Desde la Plaza de las Culturas, situada fuera del tercer Recinto, Puerta de San Fernando.
A su izqda.: Baluarte de San Fernando, a continuación Foso de los Carneros 
A su dcha.: Baluarte de San José bajo.

Cuarto  Recinto

Fuertes de las Victorias.
Desde donde se realizaron los disparos del cañón “EL CAMINANTE” que determinó los actuales límites de Melilla.

Granadas del cañón que efectuó los disparos que determinaron los límites de Melilla actual. (Ubicadas en el Museo Militar)

      En 1860, con el Tratado de Wad-Ras, se establecieron los límites fronterizos de la ciudad con Marruecos, trazados hasta donde alcanzaban los disparos del cañón de "El Caminante", según lo estipulado en dicho tratado. Tres años más tarde se creó el puerto franco y en 1864 las autoridades españolas permitieron el asentamiento libre de personas en la ciudad.     
     Melilla la Vieja se muestra como una soberbia fortaleza asentada sobre un peñón que se adentra en el Mediterráneo, que alberga un valioso patrimonio monumental.

En las inmediaciones del puerto, se encuentra el Monumento al Comandante de la Legión D. Francisco Franco Bahamonde
 Rememorando su llegada a Melilla en 1.921 al mando de una Bandera de la Legión para liberar a la ciudad sitiada por las tropas rifeñas de ABD-EL-KRIM

 FRANCISCO JAVIER DE LA UZ JIMÉNEZ

Bibliografía:
Época, José Javier Esparza.
Asesoramiento del Teniente Coronel de Caballería D. Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda.
Otras fuentes.

4 comentarios:

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Completa e interesantísima, Javier, tu entrada que te has currado a tope. Todas las fotos con las que nos ilustras son,como dices,de Melilla la Vieja.De uno u otro recinto, del primero al cuarto.
Aprovecho este blog para recordar a quien, por medio de la Sociedad V Centenario, se encargó de la total restauración de aquella Melilla de 1497 y posteriores. El que fuera presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla en 1997, Ignacio Velázquez Rivera.Hermano, por cierto, de nuestro querido Coronel Javier V R.
Gracias, Javier.

G. uillermo dijo...

Amigo Javier, reconozco que últimamente me faltan palabras para opinar sobre tus bonitos y extraordinarios trabajos.
Recibe mi modesta felicitación.
Un abrazo.

Chevi Sr. dijo...

Javier,hombre montado, leído, e instruido, de Caballería por lo primero.

José Antonio dijo...

Esta magnífica visita histórico-turística a la ciudad de Melilla, me ha proporcionado una inagotable fuente de respuestas a preguntas que ni tan siquiera me había hecho yo. Es de admirar tanta piedra labrada y, luego de firmemente cimentada, arquitectónicamente alzada según los modelos elaborados por la mejor ingeniería militar del pasado. Constituye esa monumental obra, indiscutible testimonio de que, con su esmerado trabajo, incalculable número de millares de hombres se han ido ganando allí un puesto destacado en la eternidad venidera que al final ha de reunirnos a todos.

La ciudad monumental, Melilla, se asienta sobre el suelo de un punto geográfico que, las necesidades de las naturales relaciones de pacífica y constructiva convivencia entre los moradores de sus africanos espacios territoriales colindantes y los moradores de la tan próxima península Ibérica, a la cual está unida aquél por los caminos directos del mar, eran necesidades que imponían que fuera un punto geográfico español; a no ser que la península Ibérica fuese un punto geográfico africano, bereber rifeño. Este último supuesto llegó a resultar imposible, ya que desarrollo civilizado de los moradores españoles iba muy por delante del de los moradores bereberes rifeños. Melilla había de ser española, para –como ha demostrado la historia– el bien de los españoles y de los bereberes marroquíes (marroquíes desde 1956). Por siempre quedará la interrogante de ¿Cómo habría sido la historia de Marruecos, en el caso de que España no le hubiese defendido del imperialismo turco, mediante la implantación hispana en las plazas marítimas que decimos de soberanía?

Aquí hay tema para largo y muy interesante. Felicitaciones para el autor de la visita histórico-turística, Gran Jefe Javier, y para el asesor de lujo que ha colaborado con él, Gran Jefe Gonzalo.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción AGM