ESE EJÉRCITO QUE VES.
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a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
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18/10/12

EL COMPROMISO DE CASPE

EN EL SEXTO CENTENARIO DEL COMPROMISO DE CASPE
(1412-2012)

DE CÓMO UN INFANTE DE CASTILLA LLEGÓ A CEÑIR LA CORONA DE ARAGÓN



E

l 25 de Junio de este año del Señor de 2012, por el que con mayor o menor fortuna transitamos, se ha cumplido el 6º CENTENARIO de aquel otro 25 de Junio de 1412, en que un selecto y docto grupo de compromisarios, representantes legales de las Cortes de Aragón, de Cataluña y de Valencia, reunidos en la aragonesa VILLA DE CASPE, tras invocar al Espíritu Santo para que los inspirase en su más que delicadas deliberaciones, designaron como Rey de Aragón al Infante Don Fernando de Castilla, como aspirante de mejor derecho a ceñir la corona, el cual reinaría como Fernando I de Aragón, aunque sin embargo, siempre será recordado en nuestra historia patria como Don Fernando de Antequera, por haber conquistado esta plaza a los moros en 1410. Finalizaba con esta elección el incierto e inquietante interregno de dos años plenos de anarquía, de intrigas, luchas intestinas y guerras civiles, motivadas por el fallecimiento en Barcelona sin sucesión directa, el 31 de Mayo de 1410, del Rey Martín I El Humano.

 

Con el ánimo y la salud muy quebrantada, agravóse la enfermedad del Rey Don Martín con una obesidad mórbida que le impedía abandonar el lecho, donde le era forzoso realizar sus más perentorias necesidades fisiológicas. En los instantes finales de su vida y hasta el postrer momento de su fallecimiento, fue requerido por las Cortes de Barcelona, representadas en dicho acto por el Consejero Ferrer de Gualbes, el cual dirigiéndose al Monarca le inquirió para que declarase cual era su voluntad en el importante acto de designar sucesor para sus Reinos y Señoríos con la siguiente frase que ha recogido la historia: “Senyor ¿plau-vos que la successió dels vostres regnes e terres, aprés vostre mort, previnga a aquell que per justicia deurá prevenir, e que`n sia feta carta pública?” ( Señor ¿le place a Vos que la sucesión de vuestro reinos y tierras, después de su muerte, sean heredados por aquel que por justicia deba, y que se haga carta pública?) Respondiendo el monarca ya con un hilo de voz :”Hoc” (Sí, en occitano).Y con este asentimiento Don Martín expiró. El Rey de Aragón ( con el Principado de Cataluña), de Valencia, de Mallorca, de Cerdeña, de Sicilia y de Malta, bajaba al sepulcro como uno más de los mortales, pues en esto acaban las glorias de este mundo “Polvo, ceniza, nada”.

 

Nacido en Gerona en 1356, era Don Martín I, hijo segundo de Pedro IV El Ceremonioso, y había heredado el trono de Aragón en 1396, al suceder a su hermano Juan I, fallecido también sin sucesión directa. Casado en primeras nupcias con Doña María López de Luna, tuvo con ella un hijo, el Príncipe Don Martín, Rey de Sicilia por cesión de su padre, el cual había muerto un año antes (en 1409) en dicha isla, a resultas de las muchas contiendas entabladas contra los rebeldes isleños, dejando un hijo bastardo, Don Fadrique, que fue reconocido por su abuelo y legitimado por Benedicto XIII ( El Papa Luna). Fallecida la primera esposa de Don Martín, el Reino estaba sin sucesor directo, pero el monarca , deprimido por la muerte de su hijo, cansado y enfermo se negaba a contraer nuevo matrimonio, hasta que por fin, accedió a casarse , poco antes de su muerte, con Doña Margarita de Prades, con la que, como era de esperar dadas sus circunstancias, no tuvo descendencia. La muerte del rey, creó una situación gravísima en los estados que componían la Corona de Aragón y un arduo problema para determinar quien había de sucederle en el trono, al estar constituida dicha corona por varios Reinos y Estados sin más vínculo de unión entre ellos que la persona del  Rey, por lo que faltando este se ponía en grave peligro su unidad.

 

Seis pretendientes se creyeron con derecho a suceder al Rey Don Martín I en la Corona de Aragón: El Infante de Castilla Don Fernando, que por esas fechas y como Corregente de Castilla, durante la minoría de edad de su sobrino Juan II, tenía sitiada la Plaza de Antequera, plaza que conquistaría y con cuyo apelativo ha pasado a la historia.(1) Era Don Fernando hijo del Rey Juan I de Castilla y de la Infanta Doña Leonor, hermana de Martín I de Aragón, sobrino por tanto del monarca fallecido;  Don Jaime, Conde de Urgel, casado con Isabel, princesa de Aragón, hija de Pedro IV El Ceremonioso y hermana por consiguiente de Don Martín; Don Fadrique, hijo bastardo del Príncipe Don Martín, pero legitimado por su abuelo y que al parecer, junto al Infante de Castilla, eran los preferidos del Rey. Y sin embargo ¿porqué Don Martín no se decidió a designar a uno de ellos como su sucesor? Los historiadores aducen varias razones, pero la verdad es que hasta el día de hoy, no contamos con una respuesta clara a esta pregunta. La bastardía del primero, por muy legitimado que estuviese, era un factor importante en su contra, y la condición de extranjero del Infante, tampoco servía de aval a su candidatura, aunque como veremos sería finalmente el elegido. Sigamos con los pretendientes: Luis de Anjou, nieto de Juan I de Aragón, por su hija Doña Violante; Don Alfonso, duque de Gandía, bisnieto de Jaime II, y por último (este con muy pocas posibilidades) Don Juan de Aragón, Conde de Prades, hermano del anterior, y por ende, bisnieto también del Rey Jaime II.

 

Pronto surgió la chispa de la discordia entre los distintos Reinos. En Aragón, favorecían al Conde de Urgel la familia de los Lunas, pero el pretendiente contaba con escasas simpatías entre el pueblo. A todo esto, el Rey Don Martín, había nombrado a Don Jaime como “Procurador General del Reino” pero poco antes de su muerte el Rey había revocado el nombramiento, por lo que al negarse a reconocerle como tal el Justicia de Aragón, el conde reunió gente de armas provocando sendos disturbios en el Reino, hasta que presionado por el Parlamento de Cataluña se retiró con sus tropas a su feudo de Balaguer. También en Valencia ardía la guerra civil entre las familias de los Centelles y los Vilareguts, declarándose estos últimos a favor de la candidatura del Conde de Urgel. Las Islas Baleares se declararon independientes en cuanto a sus preferencias por algún candidato, manifestando que aceptarían como rey al que fuese designado en justicia. En Cerdeña, el Conde de Narbona se alzó en armas, intentando apoderarse de la isla pero fue vencido por las tropas del Virrey Torrellas; y finalmente en Sicilia, los leales a la corona se reunieron en parlamento para proveer al gobierno de la isla mientras se designaba rey.    

 

Los disturbios por la falta de autoridad, seguían amenazando la paz del Reino, pues hasta en la misma Cataluña surgieron bandos y parcialidades diversas. El Conde de Urgel no cesaba de intrigar, y el jefe de su grupo, Don Antón de Luna, cometía atropellos por doquier que quedaban en la impunidad más absoluta.  Por otra parte el infante castellano, más cauto, tras declarar su derecho al trono, por requerimiento hecho en la Villa de Antequera el 30 de Septiembre de 1410 (ANEXO I) y enviar embajadas a los distintos Parlamentos para que su derecho fuese reconocido, se abstuvo de inquietar al país, reunió una junta de letrados que determinaron favorablemente su pretensión, y en previsión de lo que pudiese pasar, juntó en la frontera una nutrida hueste. Saneados un tanto los ánimos, se acordó que por los Reinos de Aragón y de Valencia y el Principado de Cataluña se nombrasen nueve compromisarios (tres por cada uno), para que en el lugar que se designase, se formase una Junta o Parlamento en la que se eligiese el nuevo rey. Eso sí, los aragoneses exigían que la villa o ciudad en que hubiese de tener lugar la citada Junta, había de estar situada en territorio aragonés. Aducían, a tal efecto, que Aragón, desde su fundación en Sobrarbe, siempre tuvo la dignidad real ¸de ahí que el Rey de todos los Reinos y Estados de la Corona, se denominase “Rey de Aragón”, mientras que Cataluña fue un simple Condado, elevado a Principado en 1137, por los hijos de Doña Petronila y de Don Ramón Berenguer IV El Santo. En cuanto a Valencia, aunque Reino, era considerado como de menor antigüedad que el de Aragón y el Condado de Barcelona.

 

Formóse pues un Parlamento en  Calatayud, para que tras prolijas deliberaciones,  designase el lugar –en tierras de Aragón como hemos visto- de reunión de los Parlamentos de los tres Reinos.  El Parlamento de Cataluña, establecido en un principio en Barcelona, se trasladó a Tortosa el 18 de Junio de 1.411, con el fin de estar mas próximo a los otros dos reinos. En Aragón, el Gobernador, el Justicia y el noble Berenguer de Bardaxí, acordaron, el 2 de Septiembre de 1.411, reunir un nuevo Parlamento en Alcañiz, si bien los partidarios del Conde de Urgel, al no haber sido convocados a esta Asamblea, la declararon ilegal. En el entretanto, el interregno se iba prolongando excesivamente, aumentando de día en día los peligros de tal situación. El Parlamento de Alcañiz se mostraba francamente enemigo del conde de Urgel, y propugnaba la candidatura del infante castellano; al tiempo que el de Tortosa, cada vez mas inclinado hacia el conde, conminaba a Don Fernando para que retirara las tropas castellanas de la frontera de Aragón.

 

Así las cosas, prevaleció la idea de conciliar en un solo Parlamento, integrado por personas principales de los tres Reinos ( a estos efectos incluimos al Principado de Cataluña como Reino), para dar una solución definitiva al grave problema sucesorio.  En consecuencia, el Parlamento catalán de Tortosa, el 23 de Diciembre de 1.411, traspasó el litigio a una comisión de destacados miembros y se aprestaron además a extender un “Auto de Concordia”, fijando en él las normas con arreglo a las cuales había de ser elegido el nuevo soberano. Por el citado auto, se mantuvo el número de nueve personas (tres por cada Reino) a las que encomendar el estudio y resolución del ya largo pleito dinástico, fijándose para los actos de reunión y deliberación de los compromisarios el castillo de la VILLA DE CASPE.

Se acordó, que lo determinado por seis o mas jueces, sería acatado por el resto, siempre que entre los seis hubiese al menos un compromisario por cada reino. Procedióse a la elección de compromisarios siendo elegidos los siguientes: Por Aragón, Berenguer de Bardaxí, eminente hombre de leyes; el Obispo de Huesca, Domingo Ram y Fray Francisco de Aranda, hombre de gran virtud y predicamento. Por Cataluña fueron nombrados Don Pedro de Sagarriga, Arzobispo de Tarragona; Guillermo de Valseca y Bernardo de Gualbes, ambos notables juristas; y finalmente, por Valencia, Fray Vicente Ferrer (hoy en los altares como santo), su hermano (en la sangre y en la disciplina de la Orden) Fray Bonifacio Ferrer y Don Ginés de Rabassa, sustituido por enfermedad por Don Pedro Beltrán.   Juraron los designados guardar secreto durante las deliberaciones, así como exigir al soberano que se eligiese, el que jurase guardar las leyes, fueros, privilegios y costumbres de cada Reino.

 

Concluidas las deliberaciones en la tarde-noche del 24 de Junio de 1.412, festividad de San Juan Bautista, al día siguiente 25, se procedió a la votación, previa explicación del voto por cada uno de los compromisarios. Hízolo en primer lugar Fray Vicente Ferrer, quién se decantó a favor del Infante Don Fernando de Castilla, nieto del Rey Don Pedro IV de Aragón, padre que fue, del Rey Don Martín (que santa Gloria halla),” como a mas propincuo varón de legítimo matrimonio y a quien le debían tener por verdadero rey y señor, por justicia, según Dios y su conciencia”. Tocóle después el turno al Arzobispo de Tarragona, quien se limitó a dar “una de cal y otra de arena”, pues aún admitiendo las buenas cualidades que adornaban la persona del Infante Don Fernando, estimaba empero, que sobre él tenían mas derecho a ceñir la corona de Aragón, el Conde de Urgel y el Duque de Gandía. Renunciando al uso de la palabra el resto de los compromisarios se procedió a la votación, finalizada la cual el escrutinio arrojó seis votos a favor del Infante don Fernando (los de Fray Vicente Ferrer y su hermano Fray Bonifacio, Berenguer de Bardaxí, Bernardo de Gualbes, Fray Francisco de Aranda y el Obispo de Huesca); dos votos a favor del Conde de Urgel (los del Arzobispo de Tarragona y Don Guillem de Valseca) y una abstención, la de Don  Pedro Beltrán, al estimar que se había incorporado tarde a la solemne junta.  Quedaba pues elegido para ceñir la Corona de Aragón el Infante Don Fernando de Castilla, que reinaría como Fernando I de Aragón, pero siempre sería conocido en nuestra Historia por Don Fernando de Antequera.

 

Acordóse no hacer público el fallo hasta tres días más tarde, esto es hasta el 28 de Junio de 1.412, levantándose a tal fin un magnífico estrado al pie mismo de la puerta principal del Castillo de Caspe, de la Orden de San Juan, adornado con lujosos tapices de terciopelo y bellos reposteros con las armas de los distintos Reinos de la Corona.  Allí, en presencia de los mas altos personajes del Reino (de ahí el plazo de tres días para el solemne acto de la lectura de la sentencia, al objeto de que pudiesen concurrir hasta Caspe), Fray Vicente Ferrer, después de celebrada una solemne Misa de Gracia, procedió a dar lectura a la sentencia dictada por el Tribunal de Compromisarios, y que comenzada diciendo: “ En el Nombre de Nuestro Salvador Jesucristo, los jueces-compromisarios aquí presentes, tras profundas y razonadas deliberaciones DECLARAMOS: Que los Parlamentos, y súbditos y vasallos de la Corona de Aragón, deben prestar su fidelidad al Ilustrísimo, y Excelentísimo, y Poderosísimo Príncipe y Señor DON FERNANDO, Infante de Castilla, y a Él habrán de tener en derecho, desde hoy y en lo por venir, por su verdadero Rey y Señor”.   En Aragón recibióse la noticia con extraordinario júbilo; con simpatía no unánime en Valencia y con una gran decepción en Cataluña, pero no se alzó ni una sola voz de protesta contra el fallo de Caspe.

 

En Cuenca, donde se hallaba, recibió Don Fernando la noticia de su designación, viniendo a comunicársela y rendirle homenaje lucidas embajadas y representaciones de los tres Reinos, que le sirvieron de escolta para su entrada en Aragón.  El día 5 de Agosto de 1.412, fue recibido en Zaragoza con extraordinario júbilo y agasajo, siendo una de sus primeras disposiciones el convocar Cortes de este Reino, que se inauguraron el día 25 de Agosto de aquél mismo mes de Agosto. Ante ellas, el 5 de Septiembre de 1.412 prestó solemne juramento de guardar, respetar y cumplir las leyes, fueros y privilegios aragoneses, siendo a su vez jurado por Rey y Señor natural, y su hijo Alfonso como heredero del trono.

 

Pronto levantó bandera de rebeldía el Conde de Urgel, contra su ya Rey y Señor Don Fernando. Desairado por no haber sido elegido se hizo fuerte con sus tropas en los fortísimos castillos de Bolea y Loarre, trasladándose al poco a su feudo de Balaguer y haciéndose fuerte en su castillo, en tanto acudían en su auxilio compañías de soldados ingleses y gascones que había solicitado.  Puso cerco Don Fernando a la fortaleza de Balaguer y aunque el conde se defendió con energía, perdida toda esperanza se rindió ante Fernando I, quién haciendo uso de su real clemencia le perdonó la vida, llevándole cautivo a Zaragoza; de allí fue trasladado al alcázar de Madrid y finalmente al castillo de Játiva, donde acabó su vida el año 1.426.

 

Muy breve, sin embargo, fue el reinado de Don Fernando I de Aragón, pues apenas si duró cuatro años.  Dedicado por entero a apaciguar sus Reinos, sobre todo en Cataluña, donde lo seguían considerando extranjero, el altercado mas grave lo tuvo en Barcelona, al negarse el Rey a pagar ciertos derechos que, al parecer, los monarcas aragoneses pagaban a Cataluña; de cuyas resultas tuvo un fuerte encuentro con el tesorero Joan de Fivaller, quién le recordó el Juramento que había hecho de guardar los privilegios y Constituciones de sus distintos Reinos, y que así lo habían cumplido sus antecesores.  Salió del paso el Rey como pudo y abandonando Cataluña, ya con la salud muy quebrantada, encontró la muerte en Igualada el 2 de Abril de 1.416, a la edad de 35 años ( había nacido en Medina del Campo, el 27 de Octubre de 1.380), siendo enterrado en el Monasterio de Poblet. Dejaba la Corona a su hijo Alfonso (V El Magnánimo) y al morir este sin sucesión directa (en la Corona de Aragón esto ya era una constante), la heredó su hermano Juan II, padre del Rey Fernando El Católico, quien siendo Príncipe se casó con una joven Princesa de Castilla, llamada Isabel, los cuales, ya Reyes, dieron unidad y grandeza a este mosaico entrañable de pueblos y culturas que llamamos ESPAÑA.                   

 

                          Sevilla, Octubre de 2012
                                       En el VI Centenario del “Compromiso de Caspe”
                                                                       (25 de Junio de 1412)
 

 

Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ
Licenciado en Ciencias Económicas
Comandante de Infantería y Profesor Mercantil

  

NOTAS

 1.        El Infante Don Fernando de Castilla, a la muerte de su hermano el Rey Don Enrique III El Doliente (1406), compartió la Regencia, durante la minoría de edad de su sobrino Juan II, con  su cuñada, la Reina viuda Doña Catalina de Lancaster, madre del niño rey. Regencia que abandonaría al ser elegido Rey de Aragón, el 25 de Junio de 1412.

2 comentarios:

José Antonio dijo...

Francisco Ángel: Me he leído este concienzudo trabajo tuyo. Aunque se trata de hechos ya lejanos en el tiempo, nos aleccionan ellos sobre circunstancias e intereses que fueron determinantes para lograr llegar a la formación y consolidación del ente estatal de la Nación España. A mí me interesa el poder indagar acerca de los principios espirituales comunes que ya sobresalían en el sentir popular en aquellos reinos o condados o señoríos agrupados social y geográficamente en el territorio peninsular ibérico y sus espacios marítimos vitales; tales principios espirituales fueron gestados a lo largo de incalculables siglos precedentes y ellos constituyeron el firme basamento de ese alma que los españoles llamamos nuestra Patria España.

Por hoy no puedo extenderme más. Pero tengo el propósito de hacerlo, pues este magnífico tema tuyo lo merece.

Un cordial saludo.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

Javier de la Uz dijo...

"La grandeza de la Patria radica en la fidelidad a sus tradiciones."
(Ramiro de Maeztu)