ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
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2/9/12

EL “DUALISMO”

 
 

EL “DUALISMO”
ELEMENTO DE CONTROVERSIA ENTRE LA OFICIALIDAD DEL EJÉRCITO ESPAÑOL DEL SIGLO XIX


Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ
Comandante de Infantería
Licenciado en Ciencias Económicas
Profesor Mercantil




INTRODUCCIÓN.-   Visitaba yo hace unos años el cementerio cordobés de Nuestra Señora de la Salud (1) donde reposan los restos de mis abuelos maternos, cuando me fijé en la tumba de un militar fallecido en las postrimerías del Siglo XIX, y pude observar que a continuación de su nombre y el cargo que ostentaba a su fallecimiento – creo recordar que era el de Jefe de la Remonta de Caballería cordobesa- figuraba su empleo militar, y he aquí mi sorpresa, pues en la lápida rezaba con el (los) empleos de comandante-teniente coronel. Pero no acabó ahí mi sorpresa, cerca de esta sepultura y siguiendo el lienzo oeste de la tapia del cementerio, figuraba una bovedilla de otro compañero, fallecido también en  fecha más o menos similar al anterior, y en cuyo empleo rezaba: comandante-coronel, y ya mi asombro llegó al límite cuando encuentro una tercera donde yacían los restos de un coronel-brigadier. Estaba claro que algo se me escapaba. El hecho inédito entonces para mí, de que en la persona de un jefe u oficial pudieran conciliarse dos empleos a la vez (luego se verá que no eran exactamente dos empleos, sino un empleo y un grado) era algo que no me habían explicado durante mi paso como alumno de la Milicia Universitaria, ni venía reflejado en los memoriales (“mementos” en el argot estudiantil de los milicios) de Legislación, Moral y Ordenanzas que estudiábamos en los campamentos de la Instrucción Premilitar Superior (IPS). Y sin embargo, la inscripción en las lápidas de mis tres compañeros fallecidos en las postrimerías del Siglo XIX era nítida por demás.  Allí rezaba ( y aún debe rezar, pues dichas sepulturas por los años transcurridos deben ser a perpetuidad): un comandante-teniente coronel, un comandante-coronel y un coronel-brigadier. Decidido a resolver el “misterio”, me enfrasqué en la lectura de libros, Colecciones Legislativas, Anuarios Militares etc.  del Siglo XIX, y pronto descubrí que no había tal misterio: el fenómeno curioso de que un mismo jefe u oficial pudiese ostentar a la vez un empleo efectivo y un “grado” superior a su empleo, se denominó “DUALISMOy tuvo su origen a finales del Siglo XVIII, sobrevivió durante todo el Siglo XIX y fue motivo de grave controversia (lacra lo llama el ilustre escritor Don José Ramón Alonso) entre la oficialidad del Ejército Español del siglo XIX .
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DEFINICIÓN Y GÉNESIS DEL “DUALISMO”.-  Y llegados aquí, tiempo es ya de que intentemos definir (la cosa no es fácil) en qué consistió ese fenómeno denominado “Dualismo” que influyó sobremanera en los escalafones militares de mis compañeros del Siglo XIX. Coexistían en el Ejército Español del XIX dos Armas: Infantería y Caballería, que eran conocidas como “Armas Generales”, y de cuyos colegios o academias se salía con el empleo de Subteniente ( en esa época con rango de oficial), luego de  Segundos Tenientes, tras superar un fuerte ingreso y tres cursos de estudios reglamentarios. (2)  Junto a estas dos Armas Generales coexistían los Cuerpos de Artillería e Ingenieros. Cuerpos Facultativos de una gran preparación científica y técnica ( la carrera duraba cinco años y salían con el empleo de Primer Teniente, unido al de ingeniero o arquitecto). Por último, y junto a artilleros e ingenieros cerraba filas un Cuerpo culto, distinguido y elitista, cuyos componentes adornaban la cintura del uniforme con una faja de color azul celeste: el Cuerpo de Estado Mayor. Pues bien, los oficiales de estos tres Cuerpos Facultativos a la salida de sus respectivos colegios o academias hacían la solemne promesa  de no aceptar ascenso alguno que no fuera por rigurosa antigüedad, constituyendo lo que se llamó “Escala cerrada”, de tal forma – y ahora viene el fenómeno dualista- que cuando alguno de ellos destacaba por su heroísmo en el combate o en la creación o divulgación de libros o proyectos declarados de “utilidad para el ejército”, al no consentir ser ascendidos en su Cuerpo por méritos de guerra o científicos ( en el Siglo XIX se ascendía también por méritos científicos, literarios o de profesorado militar), se les otorgaba un grado, a veces dos, y excepcionalmente hasta tres (estos segundos y terceros grados se denominaban “Sobregrados”) superiores al empleo efectivo que en ese momento ostentaban. De tal forma, que un capitán de Artillería, de Ingenieros o de Estado Mayor, con Real Patente de Empleo en propiedad, podía a la vez ostentar los “grados” de comandante, teniente coronel y excepcionalmente el de coronel. Esto último, el de superar en tres grados al empleo efectivo ostentado apenas si hay constancia en nuestro ejército del XIX. Uno de los muy pocos oficiales en que dio esta circunstancia fue el general Weyler, pues cuando fue promovido a brigadier, era tan sólo comandante de Estado Mayor, y ya había sido agraciado con los “grados” de teniente coronel de Caballería y coronel “de ejército”. (3) (4) 
Y sirviéndome de pauta este grado de “coronel de ejército”, que le fue otorgado a un muy joven Weyler por méritos de guerra, cuando en su escalafón de Estado Mayor era sólo comandante, quisiera aclarar en que consistía ese término ambiguo “de ejército” tan comúnmente empleado sobre todo a partir de la segunda mitad del Siglo XIX. Resulta que en los Cuerpos facultativos antedichos de Artillería, Ingenieros y Estado Mayor, al otorgarle a alguno de sus componentes un grado superior al empleo efectivo en su Cuerpo, tenían que elegir, para poder ostentar dicho grado,  vincularse en una de las Armas Generales de Infantería o Caballería; de tal forma que ya tenemos a un capitán de Artillería, de Ingenieros o de Estado Mayor, al que por sus méritos de campaña o científicos le había otorgado un grado superior a su empleo efectivo en su Cuerpo, convertido, de la noche a la mañana, en Comandante graduado de Infantería o Caballería, a su elección. Y claro está, sucedió lo lógico y natural: protestaron respetuosamente los Jefes y Oficiales de dichas Armas de Infantería y Caballería, aduciendo que estos distinguidos compañeros de los Cuerpos Facultativos que habían sido agraciados con sendos “grados” de esta Armas Generales, no pintaban nada en el seno de las mismas; toda vez que ni habían estudiado en sus colegios o academias ni habían figurado nunca en sus escalafones. Al parecer el mando les dio la razón (sus pretensiones eran lógicas por demás) y por Real Orden de 31 de Diciembre de 1867, se dispuso: “que debían denominarse “de ejército” los grados que en adelante se concediesen a estos oficiales facultativos”, al resultar anómalo ser declarados de Infantería o Caballería”. Por ejemplo: Comandante de Artillería-Coronel de ejército. Ahora sí, ya empezaba a quedar despejada mi extrañeza sobre los empleos-grados que figuraban –y me imagino que deben seguir figurando- en las lápidas mortuorias de mis tres compañeros enterrados en el cementerio cordobés de Nuestra Señora de la Salud, y a los qué , en mi anual visita al cementerio, les rezo una oración por sus almas.
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EL “DUALISMO” COMO ELEMENTO DE CONTROVERSIA ENTRE LOS JEFES Y OFICIALES DEL SIGLO XIX.-  En cuanto a la controversia que el “Dualismo” llevaba implícito en sí mismo como factor importante de disensiones o discordias en el seno de nuestro ejército del XIX, y que con tanto rigor critican en sus obras los escritores Payne y Ramón Alonso, hay que vestir el uniforme militar y ponerse en la piel de nuestros militares – al que agraciaban con un “grado” se debía creer que estaba en posesión del empleo correspondiente y como tal, en ocasiones actuaba- para intentar sinó justificarlo si al menos comprenderlo. Y así, un día con otro, al no estar verdaderamente claras las competencias de los “graduados”, los problemas y las incidencias surgían cada dos por tres. Surgían a la hora de suceder en el mando de un Regimiento o Dependencia militar al primer jefe del mismo , así como a la hora de formar los escalafones anuales, o a la hora de ocupar un puesto en formación o de formar parte de una recepción,  de las infinitas que se celebraban en el Siglo XIX, etc. etc. Y esto en tiempo de paz, imaginemos que sería en campaña, de las que el Siglo XIX fue tan sumamente pródigo, a la hora de sustituir en el mando a un brigadier o a cualquier jefe de columna caído en las operaciones. Y que puedo contar de la Justicia, que por motivos del “dualismo” las Secretarías de Justicia de los Distritos o Capitanías Generales, se vieron poco menos que colapsadas por infinidad de partes por escrito, diligencias, causas militares y demás, que obligaban a los distintos Auditores militares, a proponer al Capitán General fallos, basados las más de las veces en el consenso y en la comprensión, que en la frialdad literal del código marcial.  Como anécdota curiosa- y rigurosamente cierta-  se cuenta las dudas y tribulaciones que embargaban a un veterano coronel Secretario de Justicia de cierta Capitanía General, a la hora de designar la composición de un Consejo de Guerra, para “ver y fallar” la causa instruida contra un sargento efectivo-alférez graduado, el cual Encontrándose el día de autos jugando una partida de billar con un compañero de su Regimiento, sargento también, pero éste sin grado superior, y por causas que se ignoran, surgió entre ambos la desavenencia, y en el transcurso de la misma, el sargento-alférez golpeó fuertemente con el taco del billar  a su compañero en la cabeza, de cuyas resultas hubieron de darle diecisiete puntos de sutura en la Casa de Socorro más próxima”. El Secretario dudaba, por aquello del “dualismo” del acusado, de si formar un Consejo de Guerra de Oficiales Generales, como alférez graduado, u Ordinario como clase de tropa que entonces eran los sargentos.  Al final resolvió el Capitán General quien dictaminó Consejo de Guerra Ordinario.
 
Este estado de cosas había de terminar. El año 1866 se produce un primer intento de acabar con esa entelequia que suponía la concesión de “grados” en el Ejército. El día 30 de Julio de ese año, el general Narváez, a la sazón Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra, presenta a la Reina Doña Isabel II, para su regia firma, un Real Decreto en cuya parte dispositiva se establece: “No se conferirá empleo alguno sin vacante que lo motive; queda abolida la concesión de grados superiores a los empleos y no se permitirá en lo sucesivo los pases de unas Armas e Institutos a otros fuera de los reglamentarios como a la Guardia Civil y Carabineros”.
Pero como para desgracia nuestra, tantas veces sucede en España, que se dictan leyes y decretos que luego no se cumplen o simplemente se ignoran, pasó igual con el Decreto de Don Ramón María Narváez antes citado y su correspondiente Reglamento de 31 de Agosto de 1866. Triunfante la Revolución Septembrina de 1868, que obliga a la Reina Isabel II a tomar el camino del exilio, el nuevo Gobierno Provisional hizo tabla rasa de la mayoría de las normas y decretos en vigor dictadas hasta entonces, y no sólo no derogó los grados en el ejército, sino que por Decreto de 4 de Octubre de ese año “Concedió un grado superior a su empleo a todos  los Oficiales y Clases, y si ya lo poseían el ascenso al empleo inmediato superior”. Como años más tarde  comentaba el ilustre tratadista Juvé y Serra: “Sabia legislación en general que había precavido los males que deploramos, si la triste experiencia no hubiera venido a demostrar una vez más, que en España no faltan leyes, sino propósito o voluntad de cumplirlas”. 
Finalizado el Sexenio Revolucionario en España (1868-1874), y ya en los inicios de la Restauración, el 26 de Junio de 1875, siendo Ministro de la Guerra el general Don Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, S.M. El Rey Don Alfonso XII sancionó con su regia firma un Real Decreto “Por el que se concedía el grado de Coronel a todos los Sres. Jefes y Oficiales que se encontrasen el situación de Retirados o que en lo sucesivo pasen a ella, siempre que al separarse de las filas estuviesen en posesión de la Placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, o que sin estar acordada la concesión de la misma tuvieran el derecho reglamentario para obtenerla”.
 
 


Pero no sería el joven Don Alfonso el que acabase con la concesión de grados en el Ejército sino su viuda la Reina Maria Cristina. La prematura muerte del monarca,  acaecida  el 25 de Noviembre de 1885, cuando le faltaban tres días para cumplir veintiocho años, dejó a España sumida entre el duelo y la desazón por el incierto devenir histórico. Instaurada la Regencia,  el año 1887, al ocupar la cartera de Guerra el teniente general Don Miguel Cassola y Fernández, propuso una serie de reformas para el ejército entre las que se incluían la supresión del “Dualismo”. Estas noticias de Reformas trascendieron a la opinión pública y en las Cortes muchos diputados se opusieron a ellas con vehemencia, provocando al poco el cese de tan ejemplar ministro. Pero el “Dualismo” ya estaba herido de muerte. El 19 de Julio de 1889 , S.M. la Reina Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, Regente del Reino, sancionaba con su regia firma la “LEY ADICIONAL A LA CONSTITUTIVA DEL EJÉRCITO”, la cual suprimía el “Dualismo” entre los oficiales del Ejército, al disponer en su artículo 8º “Los oficiales particulares de todas las Armas, Cuerpos e Institutos del Ejército(---) ascenderán en tiempo de paz, hasta el empleo de coronel inclusive por rigurosa antigüedad, quedando prohibida, así en paz como en campaña, la concesión de grados, sobregrados y mayores antigüedades”. Es decir, que a partir de entonces, ningún militar podría aunar en su persona ningún “grado” que no se correspondiese con el empleo efectivo que ostentase.  
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CONCLUSIÓN.-  Semillero de discordias ( yo no me atrevería a llamarlo lacra) el “Dualismo”  vino a menoscabar la concordia entre compañeros, reinante siempre en las filas de la milicia, haciendo llegar hasta los despachos de los primeros jefes de Cuerpo, así como al de auditores y secretarios de justicia, infinidad de “partes por escrito”, junto a otros  muchos oficios de queja o consulta, que obligaron muchas veces a ser resueltos por los capitanes generales de Distrito, con unas grandes dosis de indulgencia y tolerancia y a dictar en otras, resoluciones eclécticas tendentes a contentar a ambas partes sin estar seguro a ciencia cierta de llegar a conseguirlo. Y lo más curioso de este fenómeno anómalo del “Dualismo”, perturbador en cierto modo del buen orden y armonía que deben regir las relaciones entre oficiales y que se prolongó en nuestro ejército durante algo más de un siglo, fuese al final suprimido por una Reina de origen extranjero ,pero españolísima al contraer matrimonio con Don Alfonso XII, y un ministro civil ( Canalejas) del gabinete de Sagasta. De todas formas, su impronta y sus efectos ahí quedan para estudiosos de la sociología militar de nuestro ejército del Siglo XIX. Con la supresión del “Dualismo” se dio por finalizado un importante elemento de controversia en nuestro ejército, mitigado en parte por el alto concepto de disciplina de nuestros oficiales,  en el que inciden, magnificando su grave disfunción negativa, la mayor parte de nuestros historiadores civiles estudiosos de este período histórico de nuestro ejército.  
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NOTAS AL TEXTO 
1.        Los cordobeses llaman (llamamos, pues el autor se honra también con su nacimiento en la capital del Califato) a este cementerio “EL PANTEÓN DE TOREROS ILUSTRES”, pues en él están enterrados los cuatro grandes Califas del Toreo: Rafael Molina Sánchez “Lagartijo”, Rafael Guerra Bejarano “Guerrita”, Rafael González Madrid “Machaquito” y Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”. El no ha mucho nombrado  quinto “Califa del Toreo” Manuel Benítez “El Cordobés” aún vive y goza de buena salud.
2.        Eran Armas de “Escala abierta”, pues sus oficiales y clases de tropa, podían aceptar grados y empleos por méritos de guerra o científicos.
3.        Investigando en archivos militares Expedientes y Legajos del Siglo XIX, tan ricos en documentos y verdadera delicia para los que amamos la historia de nuestros ejércitos, me encuentro con una Real Orden de ascenso curiosísima, que demuestra bien a las claras esta entelequia del “Dualismo”. Dice así: “Real Orden de 14 de Septiembre de 1888, por la que se asciende al empleo de Comandante del Cuerpo de la Guardia Civil a DON SATURNINO MARTÍNEZ LÓPEZ, Teniente Coronel graduado, Comandante de Ejército y Capitán del Cuerpo”. Imagínense el galimatías; yo creo que ni el propio  Don Saturnino, llegase a saber a ciencia cierta cuál era su verdadera graduación personal. En consecuencia, no me extraña en absoluto, que al año siguiente la Reina Doña María Cristina suprimiese de un plumazo (llámese Ley de 19 de Julio de 1889) todo este contrasentido de grados, sobregrados, etc. superiores al empleo efectivo que todo militar ostentase.
4.        Otro ejemplo excepcional de sobrepasar en tres grados ( un grado y dos sobregrados) al empleo efectivo ostentando, lo tenemos en el heroico militar DON HILARIO GIRAL LABORDA, sargento Primero efectivo de Ingenieros y capitán de Infantería graduado. Condecorado dos veces con la excelsa Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando, la primera “Laureada” y la segunda “Sencilla” ( sin orla de laurel).
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                                                        Sevilla, Agosto de 2012






5 comentarios:

G. uillermo dijo...

Para los amantes de la Historia, y en el caso de nuestro blog, la Historia Militar, es un verdadero placer leer artículos tan interesantes y curiosos, bien estructurados, y excelentemente documentados.

A lo largo de mis incursiones por toda clase de documentación, a fin de preparar las entradas referentes a los "Coroneles del Rgto. Dragones de Villaviciosa", yo también he encontrado numerosos casos de "dualismo", pero he de decir que también en el Arma de Caballería.
A modo de ejemplo:

Gazeta de Madrid (Ministerio de la Gobernación)
Madrid 11. Febrero de 1766.

En atención al mérito y circunstancias del Coronel graduado, Conde de Cifuentes » Capitán del Regimiento de Dragones de Villaviciosa , le ha conferido el Rey el empleo de Coronel del mismo Cuerpo, que estaba vacante por muerte del Brigadier D. Lorenzo Becar.

Curioso caso este anterior, Juan de Meneses Silva (1737 -1792) XIV conde de Cifuentes, era capitán del regimiento, coronel graduado, y le ascienden al empleo de coronel, para tomar el mando del regimiento, por fallecimiento de su jefe Lorenzo Beccar, que era brigadier.

Un saludo.

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Tiene razón el firmante del preinserto Comentario ( que agradezco muy sinceramente), en el sentido, de que si bien es cierto que el "Dualismo" afectó con una mayor incidencia a los Cuerpos Facultativos de Artillería e Ingenieros, no lo es menos, que a menor escala, el fenómeno "dualista" también se hizo patente en las Armas Generales de Infantería y Caballería. Junto a los documentados ejemplos que cita el anterior comunicante, cabe ressaltar, que en una de las tumbas existentes en el Cementario cordobés de Nuestra Señora de La Salud, a que aludo en el inicio de mi artículo referenciado, yacían los restos de un Comandante de Caballería efectivo y teniente coronel graduado. Un saludo muy cordial y afectivo para el titular del comentario anterior.

Chevi Sr. dijo...

Magnífico, Paco Angel. Efectivamente:

"En España no faltan leyes, sino propósito o voluntad de cumplirlas".

Aquí nos vuelve locos galopar al trote corto. y si puede ser tarde, mal, y nunca (sin sacarla) mejor.

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Muchísimas gracias mi Coronel por su cariñoso comentario, y por la publicación que hace de los artículos de este modesto Oficial de Complemento, que ama a España y a sus ejércitos con profunda intensidad. Un fuerte abrazo y siempre a sus órdenes,. Francisco Ángel

José Antonio dijo...

Francisco Ángel: He leído con toda la atención que me es posible en este momento este magistral trabajo tuyo, y volveré a leerlo. El tema, histórico, ya tenía antecedentes en el Blog; quizá los más claros (por lo que yo recuerdo) son los que había aportado ya nuestro otro investigador histórico sistemático bien cualificado, el querido Maestro de poetas Guillermo. Pero tu referido trabajo me ha caído como si fuera original es su totalidad; nunca había encontrado tan concentrado y atrayente ese tema, que habrá de formar parte del bagaje cultural de todo militar vocacional y que desee contribuir a proporcionar firmeza y prestigio a nuestra institución militar. –Por si alguien con suficiente autoridad me oyese; le propongo ese trabajo para su inclusión en el programa académico de todo alto centro de enseñanza militar.

Y como estoy tan seguro de tu valía y afanes, me voy a permitir proponerte que nos estudies y comuniques si pudieran considerarse antecedentes promotores del Dualismo aquellas acumulaciones de cargos que en el siglo XVII recayeron en la persona del Conde Duque de Olivares: Sumiller de Corps, Caballerizo Mayor, Comendador Mayor de la Orden de Alcántara, Alcaide del Alcázar de Sevilla, General de la Caballería española, Teniente General, etc.

Por otra parte y ya en este tercer milenio de la Era Cristiana, en Cajón de Sastre ha habido necesidad de poner en vigor el instrumento del Dualismo jerárquico, como medio idóneo de organizar debidamente su estructura orgánica. Por acuerdo unánime de la Junta de Guerra de la plaza fuerte cercada Cajón de Sastre, en 2011, Nuestro Presidente, Gran Jefe Chevi, recibió como un acto de servicio más el grado y empleo de General de Brigada de Poetas y que pronto hubo necesidad de elevarlo al grado de General de División de ese mismo Cuerpo combatiente intelectual e ideológico –Para evitar que en el futuro pudiera decirse que, en estos aciagos tiempos de decadencia intelectual y moral que padecemos, no hubo al menos un general español que a diario y constante defendiese los principios morales constitutivos de nuestra Patria.

Luego, el Gran Jefe de Poetas Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda, Teniente Coronel del Arma de Caballería, recibió el grado y el empleo de Coronel de Poetas del arriba citado Cuerpo. Y, por ahora, sobre su mesa de despacho, nuestro Presidente tiene ya propuesta de concesión de grado y empleo superiores, del Cuerpo de Poetas, a los siguientes señores:
-Comandante de Complemento del Arma de Infantería, Francisco Ángel Cañete Páez
-Comandante del Arma de Caballería, Javier de la Uz Jiménez
-Cabo Primero del Arma de Caballería, en la Reserva, Guillermo

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción AGM