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6/9/12

EL DESEMBARCO DE ALHUCEMAS I (La Isla)











         Tanto este artículo, como los próximos del Desembarco de Alhucemas, tratan de conmemorar un hecho histórico realizado por  nuestras Fuerzas Armadas en el norte de África.
        Las islas de Alhucemas se encuentran situadas en la costa del norte de África, en el fondo Sudoeste de la bahía del mismo nombre formada por los cabos de Quilates y Morro Nuevo. El pequeño archipiélago está compuesto por la isla principal, llamada popularmente el peñón de Alhucemas y dos islas más pequeñas denominadas de Mar y de Tierra respectivamente.
           El peñón de Alhucemas dista unos 700 metros de la costa del continente. Su forma es alargada con unos 170 metros de largo por 85 metros de máxima anchura y una media de 15 sobre el nivel del mar.

La isla de Alhucemas vista desde la inmediata costa marroquí. Antaño campo de batalla, enfrente del peñón hoy se alza un popular centro de vacaciones.

          Fortificar la isla fue una ardua tarea, ya que no había espacio para realizar obras, debiendo limitarse a reforzar las antiguas murallas y baluartes de siglos anteriores, dotándolas de blindajes de hormigón en los repuestos, así como traveses de cestones o de sacos terreros.
“La isla en el desembarco de Alhucemas”
          En todos los planes de desembarco de la bahía de Alhucemas previstos desde principios del siglo XX se otorgaba a la isla un papel fundamental de apoyo a la operación. Pero no fue hasta que se terminó de diseñar el definitivo, en Junio de 1.925, cuando se concretó el papel exacto que debía jugar como lugar donde emplazar una masa de artillería cuyos fuegos cubrieran el desembarco. Por ello se incrementaron aun más las baterías.
          Así, el 31 de Agosto de 1.925, apenas una semana antes del desembarco, la artillería de la isla estaba compuesta por 9 baterías con un total de 33 piezas. Por su parte, los Depósitos de Munición de la isla contenían 12.000 disparos de 75 mm., 4.000 de 155 mm., 2.00 de 105 mm. y 1.800 para los morteros Mata, además de 3 millones de cartuchos para fusiles y ametralladoras.
        Durante las operaciones de desembarco, a la artillería de la isla se le asignó prioritariamente el tiro de neutralización de las baterías enemigas de Morro Nuevo, Malmusi, Taramara y Buyibar, y como objetivos secundarios las baterías enemigas de Adrar Sel Ium, Aduana y cualquiera otra que si bien no pudieran entorpecer el desembarco, si pudieran realizar disparos sobre el peñón.
         En su cometido dieron muestras de gran eficacia, destruyendo la batería nº 1 de Morro Nuevo a la cuarta salva a pesar de hallarse a gran distancia de la isla.
          Otro cometido que se le dio a la isla fue el de servir de puesto sanitario avanzado donde intervenir aquellos casos cuya urgencia no hiciera oportuno su traslado a Ceuta o Melilla.
         Desde el 8 de Septiembre de 1.925 las baterías de la isla proporcionaron apoyo directo a las tropas desembarcadas, finalizando dicha labor el 16 de Mayo de 1.926, fecha en que por última vez intervinieron las piezas de 155 mm., las de más alcance se habían alejado definitivamente de Alhucemas.

Croquis con la situación de las baterías de Alhucemas el día 8 de Septiembre de 1.925, durante el desembarco.
         Con la paz vino el desartillado de la isla, que en 1.930 solo conservaba los dos morteros Mata de 90mm., ya con fines más ornamentales que operativos.
        En la actualidad el Peñón de Alhucemas está habitado exclusivamente por una guarnición militar que salvaguarda la soberanía española en este territorio.

“El primer cañón AA operativo de la artillería española”
         En una fecha indeterminada entre 1.923 y 1.925 se instaló en la batería de San Agustín una pieza Schneider de 75 mm. con una misión específica: la defensa contra aeronaves.
        Ya en 1.922 las confidencias confirmaron que Abd-el-krim pretendía hacerse con un número  no conocido de aviones para bombardear alguna de las ciudades españolas del Norte de África e incluso de la península. Por ello se tomaron toda serie de medidas, entre ellas la formación de una escuadrilla de caza equipada con aviones Martinsyde y que se basó en el aeródromo de Tahuima cerca de Melilla.
        Si tenemos en cuenta que hasta 1.926 no llegaron a España las primeras piezas antiaéreas puras que fueron los Skoda de 75 mm., y al no haber prosperado los intentos anteriores de hacerse con otras piezas adaptadas de la especialidad, podemos concluir que la pieza Schneider de 75 mm. de la batería de San Agustín de la isla de Alhucemas fue la primera pieza antiaérea operativa del Ejército de Tierra español, ya que algunos buques de la Armada contaban con piezas de esta especialidad desde hace unos años antes.

“El problema del aprovisionamiento”

          La situación geográfica de la isla, prácticamente metida en territorio enemigo hacia muy difícil su aprovisionamiento. En tiempo de paz y antes de que el enemigo contara con piezas de artillería, existía un buque civil que hacía de correo entre Ceuta y Melilla con escalas en Chafarinas, Alhucemas y Vélez de la Gomera. Normalmente se trataba de pequeños vapores costeros. Asimismo se realizaron aprovisionamientos puntuales por medio de los cañoneros encargados de la vigilancia de la costa.

“Un barco de guerra de piedra varado en una bahía”
          En conjunto la isla de Alhucemas contaba con un armamento artillero formado por un total de 33 piezas de cinco modelos y calibres distintos, que en resumen eran, ocho obuses de 155mm., seis obuses de montaña de 105mm.,15 cañones de 75mm., uno de ellos preparado para tiro antiaéreo, dos morteros de 150mm. y otros dos de 90mm. Todo ello en un territorio que tiene una longitud máxima de 170 metros con una anchura de 85 metros, en conjunto una superficie aproximada de 13.000 metros cuadrados.
        Para poder apreciar en sus justos términos este artillado es interesante realizar la comparación con algunos buques de los que disponía la Armada o que se estaban construyendo para ella en esos momentos.

Los Acorazados de la clase España, aquí se muestra el “Jaime I”, fueron utilizados habitualmente para bombardear la costa rifeña. Sus 8 cañones de 305 mm. aportaban un potencial artillero muy superior al instalado en el Peñón.

            El artillado de la isla era numéricamente superior a la batería media  de cualquiera de los Cruceros de que disponía nuestra Armada Española. Pero para darle su justo valor hay que matizar esta afirmación con una serie de consideraciones.
           En primer lugar hay que considerar que las baterías instaladas en la isla de Alhucemas tenían sectores de tiro limitados, lo que hacía que para cubrir un sector circular alrededor de la isla fueran necesarias un número más elevado de piezas. Lo anterior es parcialmente aplicable en los buques con los que se hace la comparación al tener buena parte de su potencial artillero instalado en los costados y en consecuencia sólo podían disparar a blancos situados en esa orientación, excepto que el buque maniobrase.
          Un segundo aspecto es que el número de piezas de bajo calibre y tiro rápido era muy elevado en algunos de los buques, e inexistente en la isla. Se considera que tenían un bajo interés en la defensa del Peñón de Alhucemas.
         Por último y teniendo en cuenta los aspectos cualitativos también hay que tener en consideración que, a igualdad de calibre, la artillería naval de la época tenía características y alcances superiores a la de campaña.

Francisco Javier de la Uz Jiménez

Bibliografía consultada
Revista Española de Historia Militar. (Alhucemas, una isla en Guerra)
Por Francisco Javier Álvarez Laita y Santiago Domínguez Llosá.

1 comentario:

José Antonio dijo...

Mi Teniente Coronel Francisco Javier: De nuevo consigues que de mis cenizas resurja yo. Este tu tema me tenía muy preocupado por si tuviera que tratarlo yo en el curso de la serie de las Campañas de Marruecos; dudaba de si podría disponer del cuantioso tiempo necesario para la búsqueda de fuentes de estudio, y luego para ordenar todo el complejo conjunto de conclusiones publicables obtenido. Y, de pronto, nos lo presentas tan atractivamente y con la garantía de llevar tu firma, por tuyo el trabajo. Estoy seguro de que todos los lectores te lo vamos a gradecer; pero yo, el doble que la media de los demás.

Al igual que en otros de tus trabajos por capítulos, en este primero debo limitarme a acusar recibo del mismo (ya que no debo alterar tu plan de “campaña”) y a felicitarte por la elección del tema y por lo mucho que das y que prometes en el mismo, para los de su continuación.

A tus órdenes y un fuerte abrazo.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción AGM