ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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18/7/12

LA GUERRA CIVIL 1936-1939 (III)





Entre los planes establecidos por el poder imperialista totalitario globalizador para la aniquilación de la entidad nacional hispánica (formada por España, Portugal e Hispanoamérica), dentro de un mundo inerme sometido ya por entero bajo su totalitario dominio, se hallaba el plan de someter España a una guerra civil tan devastadora como la que, desde 1917, el mismo poder imperialista haría padecer a Rusia y a su entorno con el que ésta formaría la URSS; guerras civiles genocidios, con incontables millones de muertes y eliminación de toda estructura orgánica o espiritual o cultural inconveniente para los planes globales de una anodina, sumisa e impía nueva sociedad mundial.
La República partitocrática antinacional fue el tipo de instrumento gobernante instaurado engañosamente en España en 1931 por el poder globalizador, a fin de con tal instrumento ir ejecutando sus últimos planes para culminar la corrupción y la disgregación antagónica de la sociedad española; una sociedad, ésta, que ya venía siendo manipulada y degradada por medio de anteriores dóciles gobiernos españoles habidos desde hacía dos siglos (a la vez que, en el extranjero, sus respectivos dóciles gobiernos iban manipulando y degradando los pueblos de las otras antiguas potencias mundiales o de las pequeñas naciones). Así, la llamada II República española iría impulsando con engaños criminales la exasperación del pueblo español y la gestación ideológica y orgánica de los dos bandos rivales, que luego procuraría ella que se combatieran hasta su mutua total aniquilación en la planeada guerra civil, que se pretendía que enlazara con la también venidera II G. M.

Dado que la guerra civil habría de tener carácter internacionalizado, habría de ser justificada ella con un pretexto capaz de atraer partidarios extranjeros a uno u otro bando; por lo cual y en función de las ideologías imperantes a la sazón en el ámbito mundial, los bandos españoles actuantes deberían estar encasillados respectivamente en las categorías de fascista o antifascista (calificativos recién acuñados en Italia, por los socialistas de allí). Así, ambos bandos estarían ya constitutivamente predefinidos: fascista sería el bando que reuniría a colectividades e individuos que asumieran los principios espirituales e ideológicos que daban fundamento y cuerpo a la civilización cristiana occidental y al alma hispánica.

Y antifascista sería el bando que reuniría a los partidos e individuos que admitieran la demagogia seudoideológica inane, genocida y aniquiladora impuesta por el imperialismo globalizador, después de haberles sido extirpados a estos individuos los principios éticos e ideológicos tradicionales que habían dado sentido a la vida de sus antepasados. Unos principios, los nacionales, que les eran extirpados a los antifascistas mediante la aplicación de aviesos planes que suscitaban insolidarias ambiciones de medro egoísta y sin freno moral o que fraguaban la incultura, la ruina y la miseria selectivas o que urdían insidiosas provocaciones criminales que fomentaran la espiral vengativa.
         Escultura homenaje a Largo Caballero, el Lenin español, delante de los Nuevos Ministerios. Actual

Como es lógico, dicho reparto de individuos era teórico; luego, se contaminarían ambos bandos con individuos infiltrados como agentes dobles, o con individuos disconformes con errores o abusos observados en su bando inicial, o con quienes por razones de tipo familiar o residencial o cualesquiera otras causas se vieran atrapados y no quisieran asumir riesgos al oponerse o al escapar a la otra zona.

Por otra parte, al planearse una guerra con la pretensión de que fuera lo más mortífera posible, cada uno de los bandos sería llevado a desarrollar de manera simultánea otra guerra, una cruenta y despiadada guerra interna entre sus propios partidarios. Ese objetivo diabólico se cumplió con rigor y durante toda la guerra en el llamado bando antifascista o rojo; pero fue irrelevante en el llamado bando fascista o nacional, que tenía firme unidad de mando y de ideales. Así que sería de justicia el dar a conocer cuántas de las bajas habidas en el bando antifascista (rojo) fueron causadas por sus propias luchas internas, para no culpar de ellas al bando nacional (como se viene haciendo por ahora).

Como era usual en todas sus intervenciones a escala mundial, el imperialismo globalizador pretendía controlar los dos bandos adversarios, a fin de asegurarse los resultados que se había marcado (máximo grado de aniquilamiento, larga duración bélica, etc.); y, para ello, necesitaba dominar a quienes desempeñaran las presidencias y jefaturas de ambos bandos. Habida cuenta de que la ideología del bando antifascista era tosca, demagógica, inane, criminal, antinatural, se le procuró a este bando una jefatura de demagogos extremistas deshumanizados: los individuos más serviles y de menos categoría moral e intelectual sacados de entre la ruin oligarquía republicana; es decir, los gerifaltes del Gobierno del Frente Popular y sus secuaces, que eran el desecho final con el que se encabezó a la ruin República para que provocase el estallido de la guerra y para que acaudillase al bando antifascista en la guerra civil. Y, habida cuenta del arraigo popular más generalizado y más convincente y sólido de la ideología del bando nacional, el imperialismo globalizador intentó contrarrestarla, y para ello se decidió por situar en la jefatura de este bando a militares, a los que no consideraba ideólogos y los consideraba que se verían desbordados e incompetentes y se acabarían entregado a la manipulación de los disimulados agentes del imperialismo representados por los socialistas alemanes e italianos.

¿Cuáles eran los fundamentos ideológicos de ambos bandos? Pues, en pocas palabras, al bando antifascista se le exigía acatar: ¡Ni Dios ni amo! ¡Muera España y viva Rusia! ¡Hijos, sí; maridos, no! Lucha de clases, proletarización mundial, masificación mundial, instauración totalitaria del comunismo marxista o del anarquismo, contracultura y pensamiento único, dictadura del proletariado…

Quema de la Iglesia de los Padres Jesuitas en Madrid... como otras tantas en España. Mayo de 1931, recién proclamada la anticlerical II República.

Y, por su parte y también en pocas palabras, el bando nacional defendía: ¡Por Dios y por España! ¡Por la Patria, el pan y la justicia! ¡Dios, Patria y Rey! ¡Viva España y Arriba España! ¡España: Una, Grande y Libre! Respetar el fundamento social natural: individuo integrado socialmente, libre y con derecho a tener trabajo digno y acceso a la educación y la cultura; favorecer la institución familiar, respetar la propiedad legítima, sindicación vertical (no destructiva), respetar las peculiaridades regionales y locales, respetar la realidad nacional, respetar la convivencia pacífica internacional…

                                "Patriótica" manifestación del Frente Popular. Madrid 1933

Al poder imperialista globalizador no se le ocultaba que el degenerado ordenamiento seudoideológico, que él exigía al bando antifascista o rojo, no sería asumido de manera definitiva o convincente, de manera fiable, por la gran mayoría de sus partidarios (españoles embaucados pero muy levemente despersonalizados aún, españoles muy apegados aún a sus raíces culturales tradicionales, como se demostró en la posguerra); de ahí el que no les considerase, a tales individuos rojos, reciclables para el nuevo modelo de sociedad-masa previsto para tras la guerra civil y, por ello, el afán imperialista de que murieran cuantos más rojos fuera posible; lo fuese en la lucha contra el bando nacional o en las luchas internas de su propio bando rojo. Con respecto al bando nacional, era obvio que le interesaba al poder globalizador el que murieran también en masa sus adeptos, cuantos más mejor, todos a ser posible.

                                                                         José Antonio Chamorro Manzano
                                                                              XVI Promoción A G M

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