ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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16/5/12

EL ORIGEN DE LA VIDA.




El afán investigador humano sobre el origen de la vida, se puso en marcha
desde remota antigüedad y por el camino teológico; así, todas las religiones elaboraron sus hipótesis cosmogenésicas en las que el papel de creador único le era atribuido al ser sobrenatural supremo, Él sería el diseñador y el motor y el hacedor único del Universo y de cuantos seres vivientes hubieran en éste. Ello ha resultado en un voluminoso conjunto de ideas, modelos y doctrinas que son recogidas bajo el epígrafe común de “creacionismo”.



Con el paso del tiempo y al conseguirse la ampliación de los conocimientos y la sistematización del pensamiento y de los estudios sobre la Naturaleza, apareció el mundo de la Ciencia. Y la Ciencia hubo de verse atraída hacia la investigación de todas las manifestaciones sensibles de la Naturaleza, entre ellas el cuerpo cósmico que denominamos Universo y los seres vivientes que lo habitamos; y, como no podía ser menos, también fue atraída la Ciencia hacia la investigación sobre los orígenes de la vida orgánica (biología) y sobre la estructura de la materia básica y sus leyes funcionales. Y tales investigaciones han resultado en un inmenso conjunto científico repartido por entre diversas ramas especializadas o ciencias, conjunto conocido como “evolucionismo”;  y, lo que es más controvertido, han resultado también en una radical oposición entre las afirmaciones e hipótesis provenientes del ámbito del “creacionismo” y las afirmaciones e hipótesis provenientes del ámbito de ese conjunto argumental de carácter naturista científico y conocido como “evolucionismo”. Evolucionismo que intenta probar científicamente que los seres vivos individuales consiguen evolucionar orgánica y funcionalmente, por sí mismos, para hacer surgir nuevas especies, descargando así a Dios de la ocupación de dar forma y capacidades y especialidades a los sucesivos y diversos seres vivientes.

                        San Agustín, uno de los pilares de la Teología cristiana

Hasta la actualidad, los partidarios de uno u otro de ambos conceptos originarios de la vida orgánica sobre la Tierra –creacionistas y evolucionistas– se vienen mostrando radicalmente irreconciliables entre sí. De su enfrentamiento, no se consigue ningún beneficio, ni para la verdad teológica ni para la verdad científica. Luego parece razonable que debiera procurarse armonizar ambas disciplinas; porque siempre se ha dicho que “la unión hace la fuerza”.

- Por nuestra parte y con la finalidad de poder ofrecer algunas conclusiones originales que pudieran contribuir a aportar algo de luz al respecto, recurriremos tanto al magisterio científico como al magisterio teológico-filosófico. Y, de la mano de ambos magisterios, sin prejuicios viejos o nuevos, trataremos de conocer sobre “el qué es la vida”, y sobre “el origen, la motivación y la finalidad de la misma”.

En primer término y del magisterio teológico-filosófico, tomamos y aceptamos dos bases de partida conceptuales, fundamentales:

Una: El origen de la vida –de todo lo que se manifiesta de alguna manera en el interior y en el exterior de nosotros mismos–, damos por cierto que ese origen se encuentra en la propia voluntad y en el poder de un ser sobrenatural universal, del primer motivador y diseñador existencial, ser inteligente y creador e integrador afectivo: Dios.

Dos: La motivación de la vida y la finalidad de la vida, las atribuimos a designios de dicho Ser sobrenatural y creador divino; y de los cuales designios, la parte de ellos que Sus criaturas necesitemos conocer para poder conducirnos con acierto en la vida terrena, esa parte nos es inspirada genéticamente por el Creador de manera sentimental en la intimidad de nuestra alma o conciencia, y en cada una de todas las almas por igual.

- Y ahora, ya, afirmados en ambas bases conceptuales dichas, pasamos a exponer nuestra primera conclusión hipotética respecto al origen de la vida:

En algún momento de la eternidad del pasado, el referido ser sobrenatural, Dios, decidió tomar naturaleza creadora universal; decidió Él crear seres individuales, a los que poder ofrecerles de modo paternal el compartir todo Su ser y Sus potencias y Sus sentimientos y Sus creaciones.

Conforme a la perfección divina, Dios crearía las cosas básicas necesarias, las cuales serían perfectamente adecuadas a la finalidad pretendida e imperecederas; Él crearía las almas y los sentimientos existenciales genéricos, y establecería Sus designios y motivaciones. Y las almas creadas, conforme a sus respectivas capacidades específicas y conforme a sus respectivas capacidades particulares o circunstanciales, e inspiradas y motivadas por Él, serían Sus criaturas colaboradoras determinantes en la Obra de la Creación Universal.

- La primera criatura del Creador, la primera de las almas creadas lo fue el alma que había de dar existencia y vida y acción al primer ser viviente de la Creación, al Universo; a cuya alma, de manera ambigua, solemos denominar “la Naturaleza”.



Dios puso a disposición de esa primer alma todos Sus recursos divinos; recursos exclusivamente espirituales. E informó a ese alma de Sus designios, mediante el conjunto sentimental universal, motivador y guía existencial, y de dotación genética individual, que conocemos ahora como Código Genético Divino. Tengamos en cuenta que los designios de Dios son universales; Él no hace almas mejores ni peores, ni dota a unas almas mejor que a otras. Lo que sí ocurriría, luego, es que cada una de las almas se encontraría frente a su propia problemática determinada por sus particulares circunstancias; y así, el Universo sería una criatura única en su especie, no tendría que competir con ninguna otra y podría disponer de modo ilimitado en su cuantía de los recursos divinos, y por ello el Universo estaría inmune a accidentes mortales que pusieran en peligro su cooperación funcional en la Obra de la Creación y su necesaria aportación para la existencia y la vida de la infinidad de todas las demás criaturas individuales, que en su seno irían surgiendo sucesivamente.

Dicha alma, la Naturaleza, tan pronto como recibió el inicial impulso existencial divino, se lanzó de inmediato y con plena fidelidad inquebrantable a contribuir al cumplimiento de los designios del Creador. Hubo de emplear ella una eternidad; pero al fin consiguió producir –mediante la transformación cualitativa de los recursos espirituales divinos que había recibido–, consiguió producir toda la materia original universal, y todas las fuerzas interactivas y todas las diversas energías necesarias para, que siendo aplicadas convenientemente éstas sobre la misma materia producida, poder formar su cósmico organismo corporal y poder mantenerlo funcional en vida y  acción.

- Con lo antedicho, ya tenemos un gran motivo de reconsideración. Muchas personas estarán en la firme creencia (creacionista) de que la materia universal y la fuerza y la energía universal y el mismo Universo son de directo diseño y de directa creación de Dios, y ofrecerán resistencia a admitir lo expuesto en el párrafo anterior. Ante ello, vaya esta otra consideración: Como ya ha quedado dicho antes también, “conforme a la perfección divina, Dios crearía cosas perfectas e imperecederas, crearía almas y sentimientos”. Y al ser la materia y las fuerzas y las energías físicas algo de naturaleza perecedera, contingente y transitoria, no serían ellas creadas directamente por Dios, aunque sí serían producidas por una criatura de Dios, una criatura debidamente facultada por Él para poder conseguir esa producción física y poder establecer las leyes universales físicas que rigen su evolutiva conservación material y su funcional aplicación.
- Si bien, en sus inicios, la Naturaleza no disponía de recursos “directamente utilizables” para realizar su proyectada obra corpórea propia (el Universo); en cambio, disponía ella de la ilimitada cantidad de recursos espirituales que Dios le ofrecía. Entonces, la solución práctica le debió parecer elemental a la Naturaleza: La solución consistiría en que transformase, ella misma, algunos recursos espirituales, de los de aquella ilimitada cantidad que tenía a su disposición, en una inmensa cantidad de recursos de alguna otra clase y que fuesen utilizables para la realización de los pretendidos efectos corpóreos instrumentales propios. Recursos de alguna otra clase que, luego y por efecto de la continuada actividad funcional de la Naturaleza, terminarían tomando, unos, carácter material físico, y, otros, carácter energético físico o de fuerza interactiva física. Aunque pudiera ser probable –me parece admisible como hipótesis accesoria– que en aquel principio la Naturaleza no supiese qué cualidades habrían de llegar a tener los pretendidos recursos utilizables a producir por ella misma.



Pero, por muy difíciles que pudieran ser los problemas funcionales y de diseño a los que se enfrentaba la Naturaleza, se beneficiaba ella de que podía actuar con serenidad, sin tener que competir con ningún otro ser viviente similar al ser que iba a procrear ella misma (el ser llamado Universo), puesto que no coexistiría con ningún otro ser viviente de características específicas similares a él mismo; Universo no habría nada más que uno. La Naturaleza podía actuar sin coacciones y disponía de una infinidad de tiempo y de recursos para realizar su obra; aunque, principalmente, disponía del aliento y el estímulo que dimanaban del Amor de Dios.
                                              Feto de 12 semanas

Y, como es evidente, la Naturaleza cumplió y cumple con fidelidad su misión colaboradora con el Creador; procreó o produjo ella la materia original universal y las fuerzas y las energías aplicables sobre esa materia, y se dotó de un organismo corporal y lo desarrolló, y tal organismo –el del ser viviente Universo– llegó a adquirir un estado de madurez que le facultó como reproductor biológico, para poder procrear sus propias criaturas filiales: los rudimentarios y microscópicos seres unicelulares que constituyeron la primera generación de individuos vivientes habidos, al menos en el planeta Tierra.

                                                                        José Antonio Chamorro Manzano
                                                                              XVI Promoción A G M

3 comentarios:

José Antonio dijo...

Me creo en el deber de dar alguna explicación a nuestros habituales lectores. Porque, ¿A qué viene esto de así, de pronto, formalizarse de esa manera y adentrarnos en un tema existencial de la máxima enjundia?, un tema que la Teología ya había desentrañado y de manera más o menos convincente para las mentalidades científicas ya había explicado y divulgado. Pero un tema, para el cual, las mentalidades escuetamente cientifistas, aún a la altura de nuestros días del Tercer Milenio de la Era Cristiana, no han sabido ellas darle explicación ni convincente ni aproximada. Véase si no como se aferran tales mentalidades a lo de que una vez hubo un “big-bang” salido de la nada y en medio de la nada.

Y la cuestión sobre el hecho de haber presentado ahora este referido tema, tiene su motivo en que cada cierto número de años se inundan los medios de información pública masiva divulgadores del ateísmo y la nadería y la masificación globalizadora inane, se inundan con las declaraciones de algún científico prodigioso que nos aclara que “Dios no existe” o que “no es necesaria la intervención de Dios, para que haya vida”, etc. Y, como según mis cálculos, por el número de años transcurridos desde la vez anterior, estamos a punto de tener que sufrir otra de esas inundaciones; pues ¡ahí va eso!, a modo de venda puesta antes de recibir la herida o inundación. El tiempo confirmará si las vendas preventivas sirven para algo bueno, también en este caso.

G. uillermo dijo...

....."Así para S. Agustín el proceso histórico es la lucha entre la ciudad terrenal (la construida por el egoísmo humano) y la ciudad de Dios, dirigida por la caridad. En realidad al hombre siempre le mueve el amor, que puede tener un doble sentido, el primero hacia intereses materiales y el otro hacia la caridad. El hombre elige libremente entre los dos sentidos. Según la opción la historia avanzará negativa o positivamente, pero siempre en orden al fin que la providencia de Dios ha previsto. (comentario sobre "La Ciudad de Dios" ).
Maestro, me he leido tu entrada varias veces...despacito, y me parece muy bien que estés vigilante y en orden de combate.
No sé si casualidad o no, en otra sección del blog también se discute..de las cosas del alma, que en este blog siempre se tienen en cuenta y se defienden (tú lo haces mejor que nadie) y de los egoismos de los hombres, que van sembrando por ahí la desgracia.
Para mi, la entrada hubiera ido que ni pintada en la otra sección.
Un abrazo.

José Antonio dijo...

En primer lugar, vaya mi reconocimiento elogioso para con el Maestro poeta G.illermo, que sin ambages manifiesta que ha sido capaz de leer repetidamente el texto. Esa actitud suya habla muy a su favor, pues tan solo para con aquello que ya se tiene una predisposición firme y anhelante se puede hacer un esfuerzo repetitivo, en el ajetreado trajín de la vida moderna; y él demuestra poseer una previa inquietud indagadora hacia la verdad teológica.

Por otra parte y como ampliación a mi primer comentario, he de decir que solamente “quienes no quieran oír” pueden cerrar su alma al mejoramiento de su conocimiento acerca de Dios y de nuestro destino eterno. Nuestra residual civilización Cristiana (y las demás civilizaciones contemporáneas) está pereciendo víctima de agotamiento ideológico, eso es de conocimiento público general, y ¿qué opinan sobre ello los responsables de tal agotamiento? Porque responsables los hay, empezando por quienes asumen y aceptan el ser reconocidos como autoridad teológica o filosófica o sociológica o educativa. En manera alguna pretendo hacer reproches a nadie; pero sí quiero recordar que cada persona vamos imprimiendo en nuestra alma todos los sentimientos y actos y omisiones y pensamientos e intenciones de cada uno de los instantes de nuestra vida, y que son imborrables para toda la eternidad. Allí habrá de verse de modo universal y eterno el verdadero interés que cada quien puso en conocer y dar a conocer debidamente a Dios.

Debo excusarme de nuevo por mi manifiesta seriedad; pero es que ya no veo lugar a más concesiones a los matadores de la civilización humana. El Comité Revolucionario Antieuropeo (ahora encabezado en solitario por la apellidada Merkel, y vigilado por el apellidado Cameron) y el Comité Revolucionario Antihumanidad (ahora encabezado en solitario por el apellidado Obama, y vigilado por la ONU) están arruinando, descaradamente, todas las sociedades nacionales y todos los pueblos del planeta. Dicho por mí y sin ambages también: están provocando intencionadamente un genocida clima revolucionario mundial. Y mi manera de intentar oponerme a tan nefasto propósito de ellos, es buscando el amparo de la Auténtica Teología.