ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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10/4/12

ODA A ESPAÑA











A LA NACIÓN ESPAÑOLA
Bernardo López García (1840-1870)

Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman, tocando a muerto,
la campana y el cañón.

Sobre tu invicto pendón
miro flotantes crespones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia a las plegarias,
y del Arte las canciones.

Lloras porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron...
¡A ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron:
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona,
que libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona!

Doquiera la mente mía
sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
cantando tu valentía;
desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola
hasta el África, que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!

Tembló el orbe a tus legiones,
y de la espantada esfera
sujetaron la carrera
las garras de tus leones;
nadie humilló tus pendones
ni te arrancó la victoria,
pues de tu gigante gloria
no cabe el rayo fecundo
ni en los ámbitos del mundo
ni en los libros de la Historia.

Siempre
en lucha desigual
canta su invista arrogancia
Sagunto, Cádiz, Numancia,
Zaragoza y San Marcial;
en tu seno virginal
no arraigan extraños fueros,
porque indómitos y fieros
saben hacer tus vasallos
frenos para sus caballos
con los cetros extranjeros...

Y hubo en la tierra un hombre
que osó profanar tu manto...
¡Espacio falta a mi canto
para maldecir su nombre...!
Sin que el recuerdo me asombre,
con ansia abriré la historia;
presta luz a mi memoria,
y el mundo y la patria a coro
oirán el himno sonoro
de tus recuerdos de gloria.

Aquel genio de ambición
que, en su delirio profundo,
cantando guerra hizo al mundo
sepulcro de su nación,
hirió al íbero león,
ansiando a España regir,
y no llegó a percibir,
ebrio de orgullo y poder
que no puede esclavo ser
pueblo que sabe morir.

¡Guerra!, clamo ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra!, repitió la lira
con indómito cantar;
¡guerra! gritó el despertar
el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron.,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!

La Virgen con patrio ardor
ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en el pecho
odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor,
y cuando calmada está,
grita al hijo que se va:
"¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate y muere;
tu madre te vengará...!"

Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes,
y van roncas las mujeres
empujando los cañones;
al pie de libre pendones
el grito de patria zumba.
Y el rudo cañón retumba,
y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra
para cubrir tanta tumba...

Mártires de la lealtad,
que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo
y honra de la Humanidad.
En
la tumba descansad,
que el valiente pueblo íbero
jura con rostro altanero
que, hasta que España sucumba
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero.




2 comentarios:

José Antonio dijo...

Esa oda fue una de mis primeras lecturas entre mi infancia y mi juventud. Estaba incluida en un librito de poemas que se guardaba en un armarito librería en el que mi abuela materna conservaba como un tesoro los libros muy antiguos que había heredado de su padre y su madre, y los libros que habían ido reuniendo sus dos hijas cuando estudiaron magisterio. La casa de mi abuela estaba situada en una pequeña villa agrícola del centro peninsular; en los tiempos antiguos, en aquellas pequeñas comunidades rurales siempre había personas interesadas por los libros, pues era uno de los pocos esparcimientos a su alcance. En aquel armarito, muy holgados se encontraban ejemplares impresos a partir de los años 1600, de tema religioso, médico-quirúrgico, y hasta un tomo de una edición del Quijote, que se había separado de los otros tres tomos que con los que constituía aquella antigua edición. Pero el librito de poemas en cuestión era de los que habían añadido mi madre y mi tía.

Mi abuela decía que el armarito estaba muy vacío, porque la casa de mi abuela –una humilde casa de labradores, como todas las de su pueblo, y perteneciente a una viuda con escasos recursos económicos– había sido confiscada por los rojos durante la guerra, aprovechando el que mi abuela fue sorprendida por el 18-07-1936 estando ella ausente y no pudiendo regresar hasta el final de la guerra; y aquellos rojos o bien se apropiaron de los libros de más valor o bien los usaban para encender el fuego en la chimenea.

Pero aquel librito de poemas llamó mi atención en algún momento de mi infancia; y recuerdo que me impresionó de tal manera la fuerza de dicha oda que yo no paraba de demandar a mi abuela que me explicase lo que quería decir. Y mi abuela, con el natural cariño, siempre me dedicaba un rato a ir interpretando aquello que yo no entendía; creo que se emocionaría ella viendo mi infantil carita de asombro y puede que hasta de fuerza futura.

¡Qué recuerdos tan entrañables! ¡Que Dios te bendiga, abuela Epifanía!

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

David c dijo...

Es una oda preciosa, hasta me emocioné conforme la iba recitando. Muchas gracias por publicar tan extraordinario poema.