ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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6/3/12

Miguel de Cervantes, Soldado y Genio










        En memoria al Soldado de la Infantería de Marina española, héroe de guerra  y escritor de Don Quijote de la Mancha, el clásico por antonomasia; sintetizo un artículo de José Javier Esparza en Época.


        Miguel de Cervantes Saavedra, habría nacido en el día del Arcángel San Miguel (29 de septiembre) de 1.547 y fue bautizado en Alcalá de Henares 10 días después. Sus padres eran Rodrigo de Cervantes, cirujano, y Leonor de Cortinas. Se ha especulado mucho sobre su ascendencia judeoconversa. Miguel tenía tres hermanos mayores: Andrés,  Andrea y Luisa, y otros tres menores: Rodrigo, Magdalena y Juan.

Supuesto retrato de Miguel de Cervantes

         La familia se trasladó a Valladolid en 1.551. El panorama no era fácil: el padre cayó en deudas y estuvo preso varios meses … Una herencia familiar les salvó de mayores males, pero los Cervantes vivían sin holguras. Se supone que Miguel cursó sus primeros estudios con los jesuitas. A los 19 años está en Madrid, en el Estudio de la Villa. Su profesor es el gramático y sacerdote Juan López de Hoyos, que debía de quererle muy bien, porque incluyó dos poemas de su joven alumno en uno de sus libros. Miguel, por su parte, descubre el teatro, que le fascina. Pero esa vida durará poco, porque enseguida nuestro hombre cambia de piel: se hará Soldado.
        ¿Por qué Cervantes se hizo soldado? En aquella época eran muchos los que entrababan en filas buscando gloria, pero otros lo hacían por necesidad o por escapar de la Justicia. Hay quien dice que Cervantes, con 22 años, hirió en duelo a un maestro de obras, como atestigua cierta providencia firmada por Felipe II contra un tal Miguel  de Cervantes. Si ese es nuestro Cervantes, esta habría sido la razón por la que pasó a Italia justo en esas fechas, aunque sobre ese duelo no hay ningún dato más. Lo que sí sabemos es que hacia 1.570, en efecto, Cervantes aparece en Italia como parte del séquito del cardenal Julio Acquaviva. Se da por hecho que en Roma devoró los poemas de Ariosto y los diálogos amorosos de León Hebreo, un sefardita cuya idea neoplatónica del amor iba a influirle poderosamente. Pero ese periodo en el séquito del cardenal iba a durar muy poco, porque en 1.571 don Miguel sienta plaza de soldado. Lo hace en el Tercio de Mar, la primera Infantería de Marina de todos los tiempos. Cervantes sirve en la compañía del capitán Diego de Urbina, del tercio de Miguel de Moncada.
            Y la ocasión no puede ser más trascendental: una gran coalición cristiana, liderada por España y comandada por Juan de Austria, se dispone a frustrar los intentos turcos de invadir Italia. Será la batalla de Lepanto.
           Era el 7 de octubre de 1.571. La flota aliada desarboló a los musulmanes. Los barcos españoles e italianos habían salvado a la cristiandad. Ven una de las galeras españolas, la Marquesa, había combatido con mérito un hombre que resultó herido: nuestro protagonista. Así lo dirá pocos años más tarde un documento oficial:"Cuando se avistó la armada del Turco en esta batalla naval, el tal Miguel de Cervantes estaba malo y con calentura. Su capitán y otros amigos suyos le aconsejaron que quedara abajo, en la cámara de la galera. Y el dicho Miguel de Cervantes respondió que qué dirían de él, y que no hacía lo que debía, y que más quería  morir peleando por Dios y por su rey, que no meterse so cubierta con su salud. Y peleó como valiente soldado con los dichos turcos en la dicha batalla [ ... ]. y acabada la batalla, cuando el señor don Juan de Austria supo y entendió cuán bien lo había hecho y peleado Miguel de Cervantes, le aumentó cuatro ducados más de su paga. De dicha batalla naval salió herido de dos arcabuzazos en el pecho y en una mano, de lo cual quedó estropeado de la dicha mano…”

Combate batalla de Lepanto
          Cervantes salió como un héroe de "la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros", que así definirá en El Quijote la batalla de Lepanto. El apodo de El manco de Lepanto deriva de aquella ocasión. No es que le amputaran la mano, sino que perdió el movimiento del miembro por el destrozo en el tejido nervioso. Por otra parte, aquello no puso fin a su carrera militar. Después de pasar seis meses en un hospital de Mesina, volveremos a encontrarle en la expedición naval de Navarino y en las batallas de Corfú, Bizerta y Túnez, entre 1572 Y 1573. Sirve bajo la bandera del capitán Manuel Ponce de León, en el regimiento de Lope de Figueroa. Más tarde recorrerá, siempre como soldado, Sicilia, Cerdeña, Génova, la Lombardía y Nápoles. Y fue al volver de Nápoles cuando le ocurrió lo peor que podía ocurrirle: cayó preso de los moros. Una flotilla de piratas berberiscos asaltó su galera a la altura de Rosas, en Gerona. Con Miguel fue capturado su hermano Rodrigo, también soldado.
          Los cautivos fueron llevados a Argel, plaza en poder de los turcos. Durante cinco años nuestro protagonista sufrió un penoso encierro con frecuentes periodos de castigo. Héroe en la guerra, Cervantes supo serIo también en el cautiverio. Cuatro veces intentó huir, y las cuatro fue delatado por algún traidor. Si le mantuvieron vivo fue porque, en el momento de su captura, se le habían encontrado unas cartas de recomendación de don Juan de Austria, lo cual hizo pensar a los piratas que se trataba de alguien por quien sería posible obtener un sustancioso rescate. Se puso precio a su cabeza: 500 escudos de oro, una fortuna. Y eso sin contar con el rescate que se pedía por su hermano Rodrigo. ¿Quién podía reunir semejante cantidad? La madre de los Cervantes hizo cuanto pudo por allegar el dinero. Sólo hubo suficiente para Rodrigo. Miguel permaneció preso. Ante sus reiterados intentos de fuga, los turcos decidieron trasladarlo a Constantinopla, lo que era tanto como la muerte. In extremis, unos padres trinitarios lograron reunir la cantidad prescrita: 500 ducados de oro. Era septiembre de 1.580.
          El Cervantes que volvía a España era un héroe, pero tenía un problema mayor: debía devolver a sus padrinos el dinero de su rescate. El Gobierno le encomendó, entre otras cosas, una misión secreta en Argelia, pero cuando nuestro protagonista solicitó un puesto oficial en las Indias, se lo denegaron. Al mismo tiempo trataba de organiza su vida sentimental, y aquí los sinsabores fueron aún más notables.
La huella de un genio:
          A estas alturas la paz estaba resultando un tanto decepcionante para el héroe, pero es entonces cuando Cervantes comienza a tomarse en serio la literatura. En 1.585 se publica en Alcalá de Henares La Galatea, una novela pastoril. En ese momento obtiene un nuevo trabajo: comisario de provisiones de la que se conocerá como Armada Invencible. Por su trabajo recorre con frecuencia los caminos de Toledo, La Mancha y Andalucía. Hacia 1.590 comienza a escribir una serie de novelas al estilo italiano, es decir, novelas cortas. Sigue desempeñando la tarea de recaudador de impuestos para las empresas bélicas del imperio. En una de estas campañas de recaudación, quiebra el banco que atesoraba el dinero y se acusa a nuestro hombre de haber defraudado fondos. Cervantes termina en la cárcel de Sevilla. No será un encierro largo, pero allí ocurre algo trascendental: aparece en su mente la figura de Don Quijote.
         Vapuleado por la vida, siempre cerca de la corte, pero siempre en lugar subalterno, Cervantes se instala en Valladolid en 1.604. A partir de este momento, sin embargo, lo que importa ya no es el viejo héroe de retorno desdichado, sino el escritor. En 1.605 aparece El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, primera parte de una obra que cambiará literalmente la cultura universal. En 1.613 publica en el volumen Novelas ejemplares todas las novelas cortas que había escrito con anterioridad: La gitanilla, Rinconete y Cortadillo, El licenciado Vidriera, etc. Dos años después aparece la segunda parte del Quijote. En ese mismo año de 1.615 aparecen sus Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados, entre los que se cuentan sus recuerdos del cautiverio: Los baños de Argel.

Miguel de Cervantes. Monumento de la Plaza de España de Madrid.
         ¿Vivía Cervantes de sus libros? Evidentemente, no. Pero tenía un mecenas: Pedro Fernández de Castro y Andrade, VII Conde de Lemos, un señor importantísimo que fue presidente del Consejo de Indias, virrey de Nápoles y presidente del Consejo Supremo de Italia, y que protegió sucesivamente a Lope de Vega, Góngora y a nuestro hombre. Al Conde de Lemos dedicará Cervantes su última novela: Los trabajos de Persiles y Segismunda, que aparecerá póstumamente. Lo último que escribió Cervantes fue precisamente esa dedicatoria: "Puesto ya el pie en el estribo, con las ansias de la muerte, gran señor, esta te escribo…". Era el19 de abril de 1.616. Cervantes pasaba de los 68 años. Moría el 22 de abril. Sólo un viejo soldado más que se extinguía. Pero aquel soldado había dejado tras de sí una herencia incomparable: Don Quijote.
          Don Quijote de La Mancha era, en principio, una burla del loco mundo caballeresco, pues los libros de caballerías, con sus delirios y fantasías, eran el género de moda en la literatura popular. Pero el derrotero de Cervantes, que acompañó tanto las glorias imperiales de Lepanto como las derrotas de la Invencible ante las costas de Inglaterra, sólo conoció los sinsabores de la pobreza y las zozobras ante el poder. Al revés que su personaje, él no pudo escapar nunca de su destino de hidalgo y pobre.  El libro alimentará reflexiones sin cuento a lo largo de los siglos. Para Unamuno, Don Quijote no es un loco; sino un mártir, "el Cristo español”. El inglés Chesterton se pregunta: "¿Ha reflexionado alguna vez en lo estupendo que habría sido que Don Quijote echara por tierra los molinos?". Y se contesta: "Necesitamos a alguien que se crea capaz de derribar gigantes. Y que consiga derribar molinos de viento”.
      Don Quijote tiene que cabalgar de nuevo. Es urgente.



Francisco Javier de la Uz Jiménez


3 comentarios:

Chevi Sr. dijo...

Un genio Cervantes, un genio Javier.

Javier de la Uz dijo...

"LA BATALLA DE LEPANTO"
El 7 de octubre de 1571 la Santa Alianza vencía a la flota turca en la batalla de Lepanto. Para Cervantes, que perdió en ella su brazo, se trató de «la más alta ocasión que vieron los siglos». ¿Fue para tanto? Sin duda. El Imperio otomano era la gran amenaza de la cristiandad europea. Habían tomado los Balcanes y avanzando por la línea del Danubio hasta la misma Viena, dominaban el Mediterráneo oriental y su expansión amenazaba cada vez con más temeridad los dominios de los monarcas europeos. El sultán turco había unificado el islam, como anteriormente hicieran los califas de Damasco, y su poderío alentaba a la piratería berberisca que asolaba el comercio mediterráneo. En 1565 Solimán II lanzó una furiosa arremetida sobre Malta, baluarte estratégico del Mediterráneo, pero los caballeros de la Orden de San Juan pudieron defender la isla prodigiosamente, recibiendo ayuda tardía de la Armada española. No resistió igual Chipre, ciudad asociada a la Liga Veneciana. La amenaza otomana estaba más cerca que nunca de la costa italiana y el sur de aquella península era por entonces propiedad del monarca español.

Promovida por el papa Pío V, Felipe II y la república de Venecia, quedó constituida la Santa Alianza, que habría de enfrentarse al Gran Turco. Mandaría su flota don Juan de Austria, hermano del monarca español, que contaba sólo veintiséis años. La Liga ponía 230 barcos, 50.000 marineros y 30.000 soldados. Los turcos eran más: 300 naves y 40.000 soldados. Las flotas se encontraron de repente, al doblar los turcos el llamado «cabo sangriento», en la ensenada del golfo de Lepanto. Se acecharon, confusas, calibrando sus fuerzas. Los españoles manejaban informes de espías que apostaban por menos de la mitad de los barcos. «Señores, ya no es tiempo de razonar, sino de combatir», zanjó don Juan de Austria. La flota cargó en tres frentes y se batió durante horas de modo encarnizado. En el fragor de la lucha, las dos naves almirantes se alinearon. Don Juan ordenó el asalto y, espada en mano, inició el abordaje, que terminó con la cabeza de Alí Bajá clavada en una pica y la bandera aliada ondeando en el mástil de La Sultana. Sin su nave almirante, los turcos fueron cediendo el combate.

A las cinco de la tarde don Juan ordenó la retirada a tiempo de refugiarse de una feroz tormenta. Entre los supervivientes, un joven arcabucero, herido en el pecho y en su mano izquierda, musitaba entusiasmado: «La más alta ocasión que vieron los siglos».

José Antonio dijo...

Es cierto que la verdadera Historia de España supera al mejor relato de aventuras que se haya escrito nunca. Pero es lástima que la memoria vaya archivando los pasajes que conocemos de esa Historia; aunque, de cuando en cuando, tenemos la fortuna de recibir algún oportuno mensaje recordatorio o novedoso por favor de mano amiga, como es este que nos ha enviado y ampliado Gran Jefe Javier de la Uz. Cuando la Batalla de Lepanto, Ceuta llevaba un siglo siendo española (portuguesa) y Melilla llevaba casi ochenta años siendo española (andaluza); luego hacía siglos que, la piratería y el corso en el Mediterráneo y en nuestras costas, nos hacían la vida imposible; por ello, hubieron de ocuparse enclaves defensivos en la costa norteafricana, que era un territorio libre, sin nación y sin estado.

En cuanto a nuestro personaje y querido amigo, Miguelito Cervantes, el Manco de Lepanto para los amigos; pues decir que nació para soldado y para escritor, ya lo anunciaba él desde muy joven. Veamos cómo:

Su maestro, el catedrático Juan López de Hoyos, publicó en 1569 “Historia y relación verdadera de la enfermedad, felicísimo transito y suntuosas exequias fúnebres de la Serenísima Reyna de España Doña Isabel de Valois”, y en esa obra insertó unas redondillas y una elegía de su “caro y amado discípulo”, que había compuesto éste para la luctuosa ocasión. En la larga elegía, encontramos esto:

“Y aquel que no ha gustado de la guerra,
A do se aflige el cuerpo y la memoria,
parece Dios del Cielo le destierra.
Porque no se coronan en la Gloria,
sino los Capitanes valerosos
que llevan de si mesmos la victoria.
- - -
Que vuestro poderío se parece
del Cathólico Rey la suma alteza,
que desde un polo al otro resplandece.
De hoy mas dexe del yanto la fiereza
el afligida España, levantando
con verde lauro ornada la cabeza.
Que mientras fuere el Cielo mejorando
del soberano Rey la larga vida,
no es bien que se consuma lamentando”.

Mi entusiasta reconocimiento, por este detallado y novedoso recordatorio, y un cordial saludo, querido Javier.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M