ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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19/3/12

Justicia verdadera e imparcial










La juez que hace temblar al poder

Implacable y hermética: «Una vez la vimos reír», señalan en los juzgados sobre la instructora del «EREgate». Echa horas extra y se lleva el trabajo a casa en una maleta.

Mercedes Benítez
Día 19/11/2011 ABC



        Odiada o adorada. Mercedes Alaya, la juez que ha hecho temblar los cimientos del Palacio de San Telmo al señalar al presidente andaluz. José Antonio Griñan, como la persona que autorizaba las ayudas ilícitas en el caso de los ERE fraudulentos, no deja indiferente. Solo hay que preguntar en los juzgados para recibir opiniones de todo tipo que casi siempre pasan de lo positivo a lo negativo. Pero sin medias tintas.
        En lo positivo casi todos coinciden. Trabaja a destajo, es poseedora de una capacidad brutal (lo tiene todo en la cabeza) y no le importa hacer horas extra. Cualquier día le pueden dar las cinco de la tarde en su despacho del juzgado de instrucción número 6 de Sevilla y tampoco le importa seguir hasta la noche. Es habitual verla con su inseparable «trolley» en el que, al terminar su jornada, se lleva los papeles. «Muchas veces redacta sus escritos en casa», dice una funcionaria que la conoce bien.
        Pese a esa carga de trabajo y a que no lo parezca, la magistrada también tiene familia. A sus 48 años muy bien llevados, deja en casa cuatro hijos además de un marido. Ellos, según cuentan, le recriminan a veces que esté tan volcada en las causas que instruye. Pero Alaya, que lleva 23 años en la judicatura y que sacó el número 16 de su promoción, pasó por los juzgados de Carmona y Fuengirola antes de llegar a Sevilla. Tras dejar a sus hijos en el colegio, llega al juzgado y se centra en lo suyo. Quizás porque en su mesa tiene las actas de todo el Gobierno andaluz, el sumario del Betis, la investigación de Mercasevilla o incluso una instrucción contra Juan Guerra (el hermano de Alfonso), es raro que sea vista en un pasillo conversando con nadie.

Posee una elegancia natural aumentada por esa frialdad que aparenta

        Pese a que es muy bien considerada entre sus compañeros, ella prefiere guardar las distancias con otros magistrados. Por eso aunque pertenece a un gremio profundamente corporativista en el que es raro que alguien critique a otro, a la instructora de los ERE no se le conocen muchos amigos. No es que no los tenga. Es que es difícil verla tomando un café con otros jueces, como hacen sus compañeros. Fue vecina de alguno y apenas cruzaron palabra. Esa misma distancia también la mantiene en el juzgado con sus trabajadores. Hasta el punto de que les habla de usted a sus propios oficiales pese a que algunos llevan años trabajando en ese juzgado. Y con los letrados mantiene igualmente esa lejanía que más que timidez esconde un carácter fuerte y vehemente.
     «Míreme a los ojos», le espetó durante su declaración a una de las imputadas de los ERE con la que tuvo algún momento de tensión. En otra ocasión le dijo a uno de los más prestigiosos juristas de Sevilla: «Impertinente». «Pero si todavía no he formulado mi pregunta señoría», le contestó el letrado. Otro asegura que, por si acaso, siempre le pide a sus clientes que, mejor, no declaren aunque el caso que vayan a tratar sea un juicio de faltas. «Una vez la vi reírse», comenta otro.

Mujer coqueta

       Alaya es una juez de armas tomar que no se achanta ante la adversidad. Y eso que fue recusada (por la actividad de su marido como auditor en una empresa investigada) y atacada en lo personal por el mismísimo Alfonso Guerra, que pretendió sacarle trapos sucios. En las dos ocasiones ganó: en la primera porque la Audiencia rechazó esa recusación advirtiendo «mala fe» en los ataques contra ella. Y, en la segunda, porque el CGPJ salió en su defensa sin necesidad de pedirlo. En las redes sociales ya se ha anunciado que el tercer ataque contra ella está al caer. En cualquier caso y aunque, según dicen, «le ponen» las críticas, la recusación también le quitó horas de sueño e incluso tuvo que tomar tranquilizantes.
       Cuando se quita la toga, es una mujer coqueta y que ejerce fascinación incluso entre los letrados de sus imputados. Viste con estilo y posee una elegancia natural aumentada por esa frialdad que aparenta y que le impide incluso saludar por los pasillos o hablar con la prensa. Luego, en su despacho no deja títere con cabeza. La mujer que fue capaz de expulsar a Manuel Ruiz de Lopera de la presidencia del Betis, tiene en sus manos un arma potente: unos autos que hacen temblar al mismísimo Griñán. ¿Cuál será el próximo?


Francisco Javier de la Uz Jiménez

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