ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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22/3/12

CAMPAÑAS DE MARRUECOS (III).


Campaña de 1909 (Prolegómenos).

Comenzaba el siglo XX, con los catastróficos augurios que heredaba el mundo del ruinoso siglo anterior. No era posible encontrar verdaderos estadistas en ningún estado del mundo civilizado; pero sí existían personalidades voluntariosas que intentaban nadar y cuidar la ropa, es decir, que intentaban contemporizar con el todopoderoso imperialismo globalizador y, a la vez, intentaban salvaguardar sus intereses nacionales. De ahí el que aconteciese aquella tremenda plaga de magnicidios; de la que no se libraría ni el Zar de Rusia, y de la que sí se libró nuestro Alfonso XIII mediante el abandono pactado de la Monarquía española.

En Europa, ya antigua marioneta y resignada a lo que se le venía encima, se procuraba olvidar las propias desgracias, aumentando la de los vecinos. Para Francia e Inglaterra, su vecino favorito a desgraciar era la tan traumatizada, pero inmortal España. Ésta que acababa de sufrir la aniquiladora tragedia de la última guerra hispanoamericana y filipina; en la que nuestra indigna clase política, después de impedir a nuestra Marina que estuviese dotada con modernos navíos de combate, obligó a suicidarse a los viejos y desarmados que guardábamos como reliquias y en los que, para colmo, el carbón que se les suministraba era de tan mala calidad que los motores no pasaban de dos tercios de su potencia teórica. Y guerra en la que los ejércitos de tierra españoles hubieron de rendirse sin combatir, porque como los norteamericanos tenían que ganarla y sus unidades combatientes terrestres no estaban capacitadas para enfrentarse a las españolas, pues la solución fue que el Gobierno español declarase que se rendían. Y por allí quedaron decenas de miles de soldados fallecidos por enfermedades epidémicas, y su armamento y equipo y sus caballos.
Pero vayamos al grano. Como el amo imperialista no admitía demoras y el plan siguiente contra España (a ver si se terminaba de morir ya) estaba puesto en el Rif, pues Francia e Inglaterra preparaban afanosas el terreno y el enemigo. En Marruecos, pusieron un débil Sultán que podían manejar ellas a sus anchas. En España, lo tradicional: Gobernantes sumisos, políticos francamente traidores, sectas masónicas, prensa “libre”, tontos útiles, etc. Y en el Rif, pues una guerra civil en la que se enfrentaban los independentistas contra los partidarios de un marioneta pretendiente al Trono marroquí (El Roghi) que residenciaron en Zeluán (a tiro de piedra desde Melilla) y guerra que duró seis años (así se instruyeron los veteranos guerreros rifeños que luego tendrían la misión de intentar aniquilar a los bisoños soldados de las quintas de reemplazo españoles que se les enfrentaran).


Además y como complemento para aumentar el lío, los franceses crearon una compañía minera que explotaría unas hipotéticas minas que, por estar situadas en la zona de protectorado asignada a España, habrían de sacar el mineral por el puerto de Melilla y su guarnición tendría que defender sus obreros y su ferrocarril en caso de agresión rifeña; si no los defendía España, Francia amenazó de que lo harían tropas suyas. Luego, se creó una compañía minera española, en iguales condiciones que la francesa.


Cuando Francia lo considero oportuno, abandonó al Roghi, que era respetuoso con la plaza melillense e impedía ataques contra su guarnición; el infeliz cayó en manos del Sultán, que tras mutilarlo todo lo posible echó los restos a un león. Entonces, nuestra siempre desleal vecina comenzó a encizañar a los belicosos y aguerridos rifeños, contra los españoles. La otra eterna enemiga nuestra, al tiempo que encizañaba también desde Gibraltar y Tánger, por medio de un comerciante judío establecido en el Peñón les pasaba a los rifeños los fusiles españoles de Cuba y Puerto Rico que EE UU había hecho botín de guerra. El judío los compraba como chatarra y los vendía a cuatrocientas cincuenta pesetas; se ganaba casi el total. Y no los daban más baratos, porque “las potencias” no querían saturar de armas a los rifeños; pues pensaban que, una vez exterminados los españoles, los rifeños podrían volverlas contra ellas mismas.
Habíamos llegado a 1909 y al día D y la hora H para el comienzo de la campaña bélica melillense. Las “potencias” acuciaban al gobierno español para que ejerciese en todo el territorio rifeño el protectorado que los convenios internacionales le habían asignado; la compañía minera francesa, que llevaba un año con sus obras paralizadas, reanudó los trabajos de la vía férrea. Y en las primeras horas del día 9 de julio los rifeños atacaron a los obreros, mataron seis e hirieron de gravedad a uno y los demás huyeron hacia la plaza; como estaba previsto, una fuerza de dos compañías de infantería de la guarnición, reforzada con unas parejas de caballería, acudió a contener la harka. En función de la gran entidad que iba tomando ésta, fueron llegando nuevas unidades de la plaza, con el General Gobernador, José Marina de Vega, al frente. Durante el resto del día, se combatió no sólo para rechazar a los agresores, sino para ocupar con propósito permanente tres posiciones defensivas, en el Atalayón, Sidi Ahmed el Hach y Sidi Musa, distantes sobre siete u ocho kilómetros de los límites de la plaza. Tal ocupación era la primera vez que se efectuaba en la historia de Melilla, nunca fuerzas de la guarnición habían traspasado los límites; pero ahora aquello era territorio de protectorado que las “potencias” nos urgían a ocupar en su totalidad. La jornada nos había costado, aparte de los obreros ya citados, un teniente y cinco soldados muertos y casi una treintena de heridos.

En aquella fecha, la fuerza disponible en la Plaza era de cuatro mil hombres; pero al menos la mitad se necesitaban para la defensa de los fuertes y la línea perimetral, además había que formar los convoyes de suministros y evacuaciones y darles escolta. El Gobierno se apresuraba a enviar refuerzos; los partidos políticos antinacionales se apresuraban a impedir a todo trance que los refuerzos fuesen enviados (múltiples incidentes violentos; el más sonado, la Semana Trágica de Barcelona). El pueblo español, ansioso por ver respetada su Bandera y sus soldados, aplaudía el envío de refuerzos. Los soldados, como siempre, temerosos de ser destinados a Melilla; pero, si iban allí, estaban dispuestos a lo que hiciera falta ¡por Dios y por la Patria!; como quedó cumplida y tan generosa y heroicamente demostrado en la campaña que duró hasta final de noviembre.

                                                                  José Antonio Chamorro Manzano
                                                                           XVI Promoción A G M

4 comentarios:

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Esta mañana he estado en Segangan (Marruecos) con mi hermano Jose que está aquí en Melilla. He visitado y fotografiado en detalle el que fuera cuartel del GFRI "Alhucemas" 5. Mi padre hizo la inmensa mayoría de la guerra encuadrado en el el 3º Escón del "Alhucemas" en diversos frentes peninsulares. Y tras la Victoria del Ejército Nacional, el 4 de Diciembre es acuartelado allí.

José Antonio dijo...

Debo hacer constar –por ser de justicia– que en la elaboración de estos capítulos en los que Melilla tiene tanto protagonismo, ha intervenido de modo muy valioso Gran Jefe, Gonzalo Rodríguez-Colubi, con su asesoramiento respecto a la topografía de aquel terreno y su ilustración fotográfica.

Y, además, su nombre me ha venido a demostrar aquello que decían los castizos, de que “el mundo es un pañuelo”. Si será pequeño el mundo, que estoy seguro de que aquel poeta clásico que escribió (referido a un personaje ficticio), lo de:

Espada, vieja tizona
de acero español bruñido,
que empuñada por mi amigo,
el Coronel Don Gonzalo,
pone en fuga al antiespañol enemigo
y, a él, le añade mayor honor, en su leal persona.

Estoy seguro de que el eximio escritor no podía imaginarse, cuando lo escribía, que alguna vez el verso iba a tener su aplicación exacta a una persona real. Pues, ya vemos; ahí están nuestro Gran Jefe Gonzalo y aquel antiguo poema.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Mi Coronel muchas gracias. Pero bien sabes que yo sólo inserto algunas imágenes. La sabia pluma, y la espada, sabido és que son tuyas.

Anónimo dijo...

de que película es eso?