ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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10/2/12

LEALTAD


La palabra lealtad proviene del latín Legalista y es la rectitud moral que debe iluminar todos los actos del militar para con su Institución, superiores y camaradas de armas. En la práctica es el comportamiento recíproco que se deben ambas partes que comparten principios de honor. La lealtad castrense es el grado de adhesión a la vida militar y a sus principios, a su trabajo, a la forma en que se debe dar la relación demando y de obediencia, especialmente en momentos de peligro o combate. En esta línea, el compromiso que se forma entre militares, debe estar enmarcada en una limpia lealtad, en la cual la palabra empeñada no puede ser empañada. Al respecto, la palabra empeñada es sagrada y es sinónimo de verdad y responsabilidad, por lo que la palabra de un militar no puede tener dobles interpretaciones. En este tema, Séneca menciona que “al que una vez perdió el crédito, nada le queda que perder”.El opuesto a la lealtad es la traición, por lo que esta virtud no tiene términos intermedios, se es leal o se es traidor. Por lo tanto, es esencial que para que la relación de lealtad se mantenga a toda prueba, exista una coherencia en lo que se dice y en lo que se hace por parte de superiores e inferiores. La lealtad es uno de los primeros valores que se destacan en las Escuelas Matrices, en donde se les recalca a Cadetes y Alumnos, que se debe ser leal hacia arriba y también hacia abajo de la escala jerárquica. El actuar de cada uno, debe ser de acuerdo a valores y a principios compartidos e inspirados en el bien común del grupo social al que se pertenece y enmarcado en la legalidad vigente. “No se trata del acatamiento de una orden, sino de la confianza que se tiene en una conducta inspirada en los valores y principios, que encarna el otro en una tarea común, que se entiende buena e indispensable y, por lo tanto, virtuosa desde una perspectiva ética, que los iguala por el hecho de estar en el servicio, uno mandando, el otro obedeciendo”.La lealtad se diferencia claramente de los actos de simple amistad, porque es una virtud profunda, dirigida hacia un jefe o subalterno que retribuye de la misma manera, todo lo anterior enmarcado en relación demando y obediencia. La lealtad puede verse afectada por el egoísmo y la competencia que existe entre las personas, las cuales debido a una débil formación valórica, pueden caer en una envidia hacia la otra persona, por una admiración mal orientada, que lleva a desear los bienes o cualidades ajenas. La forma como cada uno vive la lealtad, es un muy buen indicativo de la clase de persona que se es. Al igual que el valor, la lealtad se manifiesta con mayor claridad cuando se actúa bajo presión o en circunstancias difíciles. Es muy fácil ser leal cuando todo marcha bien. En forma contraria, la verdadera lealtad se ve reflejada cuando sobrevienen contratiempos, ataques, tentaciones, equivocaciones o malas decisiones. Es en ese momento cuando la persona leal, es capaz de permanecer firme pese a los vientos en contra que imperen. De la misma forma, es signo de lealtad, hacerle ver al superior aquellos errores que ha cometido o las malas noticias acontecidas, pese a que le puedan significar un mal rato a éste, pero considerando que como dice el dicho “es preferible ponerse rojo una sola vez, que colorado muchas veces”.La siguiente historia escrita por Walter MacPeek, refleja en toda su magnitud la virtud de la lealtad en combate:“Uno de dos amigos que combatían en la misma compañía, cayó abatido por una bala enemiga. El que escapó pidió autorización a su Oficial para recobrar a su compañero.


Tal vez esté muerto, dijo el Oficial, y no tiene sentido que arriesgues la vida para traer el cadáver. Pero ante las súplicas, el Oficial accedió. Cuando el soldado regresó a las propias líneas con su compañero sobre los hombros, el herido falleció. ¡Ves!, dijo el Oficial. Arriesgaste la vida por nada. No, respondió el soldado, hice lo que él esperaba de mí, y obtuve mi recompensa. Cuando me acerqué y lo alcé en mis brazos, me dijo: “Amigo, sabía que vendrías, presentía que vendrías”.

                                                                                               Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda

1 comentario:

Javier de la Uz dijo...

Otro ejemplo impresionante de lealtad:

El rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León emprendió, en 1189, una cruzada a Palestina. Salió un día de caza con algunos caballeros y cayeron en una emboscada. Lucharon bravamente, pero de nada les sirvió ante el número de enemigos que les atacaban. Murieron todos sus acompañantes menos uno, Guillermo de Pourcellet. Este, deseando salvar a su rey, gritó:
• ¡Yo soy el rey!.

Los sarracenos abandonaron al rey Ricardo y le prendieron a él. Le llevaron ante el sultán Saladino y allí se descubrió su trampa. Pero Saladino, impresionado por aquel rasgo de fidelidad, admitió su rescate a cambio de diez soldados suyos prisioneros de los cristianos.