ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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1/11/11

¡CLARO QUE PASÓ!









                31 de Octubre de 2011.  Alfonso USSÍA

Me revienta escribir de la Guerra Civil y de aquellos tiempos sangrados y turbulentos. Resulta ridículo. Nací diez años después de su término. No viví ni los horrores del Frente Popular durante le República ni los de la posguerra franquista. En mi casa, la conversación con la Guerra Civil de protagonista nunca despertó interés. Nuestro padre, en 1939, era capitán del Ejército Nacional, y a mucha honra. No volvió a serlo porque su vocación no era la de las Armas. Pasó tres años en los frentes de guerra, y a su término, se desentendió de sus circunstancias, como tantos otros. Jamás se identificó con el Régimen y se puso incondicionalmente del lado de Don Juan. Ganó la guerra para terminar siendo un perdedor. No retengo en mi memoria narraciones de sus batallitas, porque se las guardó para sí. Y la guerra de mi madre sí tuvo algo más de protagonismo en las charlas familiares.


Un protagonismo melancólico y ajeno al odio, por su sentido cristiano de la vida. Pero la figura de su padre acribillado en Paracuellos del Jarama estuvo con ella hasta el final de sus días. Un fusilado más, pero era su padre. Su venganza se limitó a pedirnos a sus hijos que, si en alguna ocasión, nos presentaban a Santiago Carrillo Solares, no le estrecháramos la mano. Una venganza incruenta y muy llevadera para los vengadores y el vengado. En los pelotones de fusilamiento que asesinaron a más de cinco mil inocentes en Paracuellos del Jarama, había una nutrida representación de brigadistas internacionales. El tiro de gracia de mi abuelo lo recibió de un simpático oficial soviético. No dudo de la buena voluntad y ansias de aventura de muchos miembros de las Brigadas Internacionales, pero tampoco de la masiva presencia en sus filas de comisarios políticos y estalinistas sangrientos. Sobreviven en la emoción de muchos porque perdieron, y ya se sabe que en España, el oropel del derrotado procura glorias inexistentes y suculentos beneficios. 


Me sentí herido cuando el actual ministro de Educación, Gabilondo, impulsó desde su Rectorado Universitario la dignidad de «Doctor Honoris Causa» a Santiago Carrillo. No entendí bien el mensaje ni sus merecimientos. Su hijo, José Carrillo, que ninguna responsabilidad tiene respecto a las andanzas de su padre, fue elegido democráticamente, meses atrás, para el cargo de Rector de la Universidad Complutense. Y su primera promoción institucional no ha sido otra que erigir en el Campus un monumento en honor de las Brigadas Internacionales, a cuyo acto de inauguración, asistió su padre como invitado destacado. En una entrevista con Ignacio Amestoy, un sabio del Teatro, y refiriéndose a la Ley de la Memoria Histórica, José Carrillo habla con emoción del exilio y sus penalidades y de la figura de su hacedor en la tierra. «Una cosa es el perdón, y otra cosa es cambiar la Historia. Aquí pasó lo que pasó». Le sobra razón al hijo de Santiago Carrillo, que habla y recuerda con osadía cuando siendo hijo de quién és, lo más inteligente hubiera sido abrazarse al silencio y la discreción. En efecto, aquí pasó lo que pasó. Y si quisiera, en verdad, enterarse de lo que pasó por aquí, lo tiene facilísimo.
Que le pregunte a papá.

                                                                                           Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda

6 comentarios:

G. uillermo dijo...

¡Me encanta este blog!
A veces, incluso nos adelantamos a Alfonso Ussía.

José Antonio dijo...

Procuro limitarme a hacer lo que considero que debo hacer. Procuro permanecer atento en mi observatorio estratégico, sin andar errante buscando cuestión contra nadie que se extralimite en materia grave. Pero ahora se han producido algunas extralimitaciones graves dentro del perímetro de seguridad de mi referido observatorio estratégico; y no las puedo pasar por alto.

Pudiera ser ello fruto del apremio por tener que escribir, pero el autor del artículo dice que “que no vivió los horrores de…., ni los de la posguerra franquista”. Esa expresión es demagógica y dañina para la verdad de España y de los españoles que tan trágicamente sufrieron la criminal agresión del Imperialismo Totalitario Globalizador que tras dos siglos de criminal manipulación de la vida del pueblo español, planificó, organizó y desde el bando rojo dirigió la Guerra Civil, y mientras tanto estaba él planificando y organizando la II Guerra Mundial. Y es expresión dañina también para el interés de los españoles de hoy y del mañana; porque es falsa, partidista y corrosiva.

Yo sí viví (en la infancia) la posguerra, y tengo argumentos sobrados para afirmar que esa posguerra fue antifranquista. En esa posguerra, el pueblo español sufrimos la opresión de un cerco internacional que nos obligó a repartir el hambre; de una amenaza de invasión militar por parte de los dos bandos participantes en la guerra mundial, lo que obligó a que un buen número de reclutados permaneciesen en filas militares durante casi cinco años; de una invasión de bandolerismo terrorista que ocasionó más de mil muertes civiles e incontables delitos de lesa humanidad contra sencillas gentes del ámbito rural, y toda clase de sabotajes terroristas. Franco representaba la unidad y la seguridad de futuro humano para todos los españoles. La posguerra fue nacional. Conocí a antiguos milicianos rojos que tenían fama de haber alardeado de sus crímenes contra fascistas (?) durante la guerra, y como no fueron denunciados por nadie, no estuvieron sometidos a acción judicial, y acabaron siendo franquistas.

En cuanto a las referencias que hace respecto a su padre; queden para ser matizadas en el más allá entre padre e hijo.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

Chevi Sr. dijo...

"No retengo en mi memoria narraciones de sus batallitas, porque se las guardó para sí. Y la guerra de mi madre sí tuvo algo más de protagonismo en las charlas familiares." Dice D. Alfonso, pero es que en mi casa se dio idéntica situación; mi padre que se lo chupó todo, jamás me habló de la guerra, eso sí tenía muy claro quiénes eran los buenos y quienes los malos. Sin embargo mi madre quedó marcada por muchas cosas que presenció, siendo una adolescente, en Algemesí. Una de las que más le impactó, fue ver como sacaban los rojos a un matrimonio amigo y vecino de la cama, para fusilarlos porque les habían visto en misa el día anterior. Mi madre no hizo la guerra, solo la sufrió, pero por todo lo que vio, y nadie le tuvo que contar, odiaba a los rojos más que mi padre.

José Antonio dijo...

¡Ya vuelve a entrar el sol por la ventana de Cajón de Sastre! Ya está otra vez entre nosotros nuestro Gran Jefe y Presidente Chevi, dispuesto a disfrutar él de un merecido descanso de tanto vivir como un general. Y ese rayo de sol que nos entra por obra suya, consiste en una pincelada dramático-poética sobre la honorable memoria histórica de sus progenitores. Como agradecimiento mío a ese regalo sentimental, le voy a acompañar, como escolta, con una pincelada del mismo estilo sobre la honorable memoria histórica de mis progenitores.

Imaginemos la reducida vivienda de un cabo de la Guardia Civil, en un pueblecito del suroeste de la provincia de Madrid, en los primeros días de noviembre de 1936. La esposa empezando a dar a luz; no hay médico, hacía tres meses que el que había en el pueblo fue solicitado en una noche para atender un enfermo grave y cuando a toda prisa iba con quienes fueron a buscarle, a menos de trescientos metros de su domicilio fue acribillado a balazos (su delito, ser acusado de fascista). El parto iba a ser atendido por las buenas mujeres de la vecindad (exponiéndose a ser acusadas de fascistas).

El comité frentepopulista local manda reunirse a todos los guardias civiles; les comunica que en diez minutos deben marchar a Madrid, que cojan lo que necesiten en sus domicilios y a formar allí. Ante la inminencia de la llegada de la columna nacional que se dirigía hacia la capital, el comité había recogido cuanto encontraba de valor en el ayuntamiento, en la profanada iglesia, y en los domicilios de los sospechosos de fascistas; y se iba con su botín a refugiarse en Madrid, pero necesitaba ir escoltado por los agentes, no fuera a ser que otros compañeros antifascistas se oliesen de que llevaban pasta y decidiesen eliminarlos para quedarse con el suculento botín.

El cabo entra en su vivienda, las buenas mujeres que asisten a su esposa le dicen que la criatura ya está saliendo. El cabo prefiere morir, antes que abandonar a su esposa es esa situación; vuelve a salir a la calle, sin saber dónde va; corre procurando no ser visto y cuando se da cuenta está oculto en una oquedad del terreno. Desde allí puede contemplar cómo mientras una riada de milicianos armados, que huían de los nacionales, entran en el pueblo, la caravana del botín salía veloz hacia Madrid.

El cabo ve que los milicianos rojos se parapetan en las casas para hacer frente a sus perseguidores; y no quiere pensar en lo que pueda estar pasando en su propia casa. A escondidas va al encuentro de los regulares que perseguían a los rojos, y se presenta dando cuenta de su situación. Los fatigados regulares emplearon buena parte de lo que quedaba del día para hacer continuar su huida a los rojos. Tras una espera insufrible, el mando de los regulares encontró un médico militar para que acompañase a aquel cabo a atender a su esposa. Al llegar a la casa, la encontraron con las paredes exteriores cosidas a balazos y nadie en su interior. En su desesperación, el cabo iba gritando por las calles el nombre de su esposa, y cuando no podía más ya…, oyó varias voces, entre ellas la de su esposa que le llamaba.

Había pasado que, nada más salir a la luz la criatura, todas sus acompañantes se habían trasladado con madre e hija a un sótano de otra vivienda. Llevaban todo el día sin comer ni beber; pero había nacido mi hermana. Y a los dos días el cabo fue enviado a Valladolid, teniendo que dejar a su esposa, pero ya en zona nacional. Tres meses después, consiguió el cabo que un valiente taxista vallisoletano se jugase la vida atravesando los frentes de lucha, para que mi madre pudiese trasladarse a Valladolid, con su esposo, mi futuro padre…

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Julio de 1936. Fernando y Carlos Balmaseda son detenidos por las hordas marxistas en San Sebastián. Su delito: ser cristianos, patriotas, pertenecer a Renovación Española y a una familia(doce hermanos) que en palabras de Careaga en el Gobierno Civil “había que exterminar”.
Los hermanos fueron conducidos del Gobierno Civil a la cárcel de Ondarreta. Y el día 4 de Septiembre, al saber que el Ejército liberador había tomado San Marcial colocaron un cartel en las paredes de la cárcel: “El heroísmo de nuestros soldados ha tomado el monte San Marcial, después de un durísimo combate. ¡Viva España!”.
La tigrería socialista armó un monumental escándalo, y requirió saliera el responsable o se fusilaría a todos. “¡No hace falta! Lo he puesto yo. Que pasa”, replicó Fernando. “Y yo también. Viva España”, agregó Carlos.
Salieron custodiados de la cárcel, rodeados de sicarios. Suben al camión. Y a pesar de la superioridad numérica de los guardianes, eran de tan baja estofa, que durante todo el trayecto no pararon de insultarles con horribles blasfemias.
Llegaron al cementerio de Polloe. Antes de ser fusilados, esos dos jóvenes de 23 y 19 años, se arrodillaron, rezaron y gritaron ¡VIVA ESPAÑA!

Javier de la Uz dijo...

En la época en que vivía Franco, muy poco o nada oí yo contar de la Guerra Civil a mi padre y si alguna anécdota a mi madre. No hacía falta, sólo se miraba hacia delante y no se quería recordar el horror que vivieron aquellas generaciones.
Es entrada la Transición, cuando empiezan a asomar los “perdedores” pretendiendo ser los nuevos “vencedores” fomentando el anti Franquismo y de nuevo la radicalidad que llevó a esa Guerra Civil.
Y ¿que contar de los actuales aprovechados de aquella situación?, pues que han querido volver a remover el pasado bajo su ideología de desprestigio, medias verdades y mentiras para hacer ver a la opinión pública que la guerra fue culpa de Franco, y que vivieron y murieron con él poco menos que esclavizados.
A raíz de esas provocaciones; desde hace algunos años, estoy interesándome en la verdadera “Memoria Histórica” teniendo la ventaja de contar con un testigo directo que sufrió la república y la contienda – mi padre - al que cada vez que puedo, le saturo a preguntas de lo vivido y pido consejo sobre bibliografía histórica.