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17/10/11

LA ARMADA EN LA GUERRA CIVIL (Antecedentes)










Al tratarse de un tema tan amplio por su trascendencia; este artículo pretende ser un resumen de la aportación hecha por la Armada Española en la Guerra Civil, extraído de la Bibliografía consultada que al final se reseña, destacando dos importantes Operaciones Navales.
Debido a su extensión se divide en cinco  entradas, siendo ésta la primera.

INTRODUCIÓN:
La Marina como parte esencial de las fuerzas en conflicto tuvo un protagonismo destacado  que no es demasiado conocido ni ha sido justamente valorado.
En muchos aspectos la importancia de la acción y proyección naval en las avatares de la guerra civil sigue siendo infravalorada o al menos poco entendida en su auténtica dimensión, pues en la guerra española la estrategia marítima jugaría un papel destacado en su desarrollo y el bando que mejor supo emplearla fue a la postre el vencedor en el conflicto.
Emblema Armada Española

La Marina Dividida y enzarzada desde los primeros días de la conflagración en un enfrentamiento casi generalizado entre jefes y oficiales de una parte y auxiliares y clases subalternas con amplios sectores de la marinería de otra, la Armada Española sufrió un insólito proceso de alteración estructural, al que no se vio sometido el Ejército, con tremenda orfandad de mandos y lógicas repercusiones operativas en sus cuadros funcionales.
Nacionales y republicanos y por razones de muy distinta índole tuvieron que improvisarlo casi todo, y el propio desarrollo de la guerra se vio condicionado a los resultados de dicha improvisación. La importancia de la guerra naval sería, pues, decisiva, sobre todo si se tiene en cuenta que la casi totalidad de los suministros militares recibidos por las tropas de ambos contendientes llegaron a España por vía marítima; que la ayuda militar rusa llegada a los puertos levantinos del Mediterráneo impidió a los nacionales entrar en Madrid en noviembre de 1936 y prolongó la guerra hasta dos años y medio más tarde, y que el bloqueo nacional de dichos puertos y los ataques al tráfico y comunicaciones marítimas de los republicanos, impidieron una nueva prolongación que podía haberla hecho coincidir con el inicio de la segunda guerra mundial, cuyas consecuencias e implicaciones hubieran sido imprevisibles.


LOS ANTECEDENTES: 
Pero no podrá hacerse una justa evaluación de la guerra civil española sin considerar el papel importantísimo desempeñado por el mar y las fuerzas navales contendientes en la determinación del desenlace del conflicto.
Las primeras reacciones tras los desastres navales del Cavite y Santiago de Cuba no favorecieron ciertamente el resurgir de la Marina. España quedaba en un estado latente de indiferencia naval, mientras su flota militar se reducía a un puñado de buques en su mayor parte obsoletos, incluyendo a los que todavía se encontraban en la grada, pues correspondían a proyectos anteriores a la Ley de Escuadra de 1887.
La ausencia de planificación y el desfase constructor seguirán siendo signos visibles de falta de perspectivas en la política naval de primeros de siglo. 
                                                                                                  Almirante Ferrándiz
                                                                                                                            
Habrá que esperar hasta la llegada al poder de don Antonio Maura al frente de un Gobierno conservador para que el proceso de reconstrucción naval sea algo más efectivo que las meras utopías o los buenos propósitos. Logró en el Congreso un decisivo apoyo para el plan naval de su nombre, y en colaboración con su ministro de Marina, Almirante Ferrándiz, consiguió la aprobación de la Ley de 7 de enero de 1908 y tres meses más tarde el concurso para la construcción de los buques previstos en el proyecto.
 
El plan Maura no era, naturalmente, perfecto para una Marina tan necesitada y adolecía de lógicos defectos, pero tenía el mérito indiscutible de ser el primero que se proyectaba tras el 98, con sentido y visión de futuro.

Un segundo Plan Naval, obra también de un Gobierno conservador y prácticamente continuación del de Maura, fue presentado a las Cortes por don Eduardo Dato, cuyo ministro de Marina, el Almirante Miranda, propuso en principio (mayo de 1914) la construcción de dos acorazados, dos cruceros exploradores y una primera serie de submarinos. El estallido de la Gran Guerra y sus inevitables servidumbres obligaría a modificar el inicial proyecto que quedó definitivamente formalizado (febrero de 1915).
De todas formas todos estos barcos y los anteriores habrán de tener un protagonismo destacado en la guerra naval española.
Un tercer Programa Naval largo y ambicioso en su proyección y alcance se gestó en 1926 durante la época de la Dictadura del General Primo de Rivera, siendo su ministro de Marina el Almirante Magaz. En el mismo están previstas las construcciones de los cruceros Canarias y Baleares - que tan esencial papel habrían de jugar en la Marina del alzamiento -, de tres destructores más, tipo Churruca y de doce submarinos de la clase «C», amén de numerosos buques auxiliares. El Programa creaba también la Aeronáutica Naval, las bases de Mahón y Vigo y el emplazamiento de una fábrica de torpedos en Cádiz. En 1928 la flota española de combate la integraban unos 70 buques, con un desplazamiento de 125.000 toneladas que situaban a la Marina como la cuarta entre las potencias europeas y la sexta entre las mundiales.

“Crucero Canarias”, más tarde seria decisivo en la Guerra Naval Española


De ese modo, cuando llega la República en 1931, la flota española sigue siendo una de las mejores de Europa. Dos acorazados, cuatro cruceros (con dos más en construcción), siete grandes destructores y otra serie de siete en construcción muy adelantada, diez torpederos, varios submarinos y un buen número de unidades auxiliares, también de estimable valor como cañoneros, transportes, patrulleros, etc., son los principales efectivos de una Marina moderna y bien acondicionada.
Las bases navales de Ferrol y Cartagena son de gran importancia y aunque la de Cádiz es de menor categoría, hay que contar con su valoración estratégica frente al Estrecho. El montaje es adecuado para el despliegue de una buena política naval y algún experto de la época, el francés Edmond Delage, refiriéndose a la composición de la flota no dudaba en afirmar: «Es una fuerza importante con la que hay que contar para el equilibrio naval en el Mediterráneo».
Desgraciadamente la República no lo entendió así, reinando en las esferas gubernamentales la más completa desorientación e indiferencia hacia la Marina de Guerra. Se manejó con absoluto énfasis el pretexto del “pacifismo” y se llegó a decir públicamente por algún ministro del ramo que los arsenales se hacían para dar trabajo a los obreros o que era preferible gastar el dinero en pintar los barcos que en poner a punto los cañones. En la actualidad, ¿nos suena este comentario a alguno parecido?
La Marina, sin embargo, no fue nunca considerada por la República como un Cuerpo peligroso para la Institución. Los cuadros superiores acataron disciplinadamente el nuevo régimen y controlaban serena, pero firmemente el aparato militar marinero. Solamente al final del período republicano, con el reingreso de los cabecillas extremistas separados tras los sucesos de Asturias, el ambiente se volvió tenso y difícil. La bien planeada organización subversiva para el control de la Armada, hizo posible que al estallar el alzamiento, células y comités tomaran la iniciativa y desde puestos claves como la radiotelegrafía, pudiese lanzarse a la acción y apoderarse del grueso de la Flota (aunque no consiguiera su objetivo en las bases navales de Ferrol y Cádiz), asesinando o deteniendo a los jefes y oficiales definidos en favor del movimiento.
Se han intentado buscar explicaciones o encontrar razonamientos que puedan de algún modo ayudar a comprender -que no a justificar- las causas de esta increíble matanza colectiva de jefes y oficiales que afectó al  cincuenta  por ciento de los efectivos del Cuerpo General con la resultante de una tremenda crisis de mandos en ambos bandos beligerantes, que habría de influir en el desarrollo de los acontecimientos.

Francisco Javier de la Uz Jiménez 

2 comentarios:

José Antonio dijo...

Javier, has acometido un tan necesario como arduo trabajo. Me alegro por lo mucho que enriquecerá el conjunto de la obra de Cajón de Sastre.

Como no quiero influir en tu idea de desarrollo y, así, sin quererlo entorpecer tu proyecto, me limito a decirte que “va por delante mi más entusiasta animoso apoyo”. Tiempo habrá para opinar de modo constructivo, como corresponde en esta respetable tribuna.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Mucho hemos oido, y algo leido, sobre la Armada Española, la Marina o la antiguamente denominada Marina de Guerra. Mi enhorabuena a Javier por un artículo tan claro al respecto. Suficientemente breve y completo. Y esclarecedor sobre todo.