ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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26/10/11

LA ARMADA EN LA GUERRA CIVIL III(Las Sublevaciones)










LAS SUBLEVACIONES  Y CONTRA SUBLEVACIONES:

La Marina, que en principio únicamente debía aislar a la Península impidiendo el desembarco de tropas leales al Gobierno, cambia su pa­pel pasivo por el de activo, ya que se le pide apoye y atienda básicamente el paso de tropas sublevadas de África porque ya el General Mola parece tener en cuenta que no podía contar solamente con tro­pas peninsulares para garantizar la vic­toria de la conspiración. A la Marina se le impone, pues, un papel ciertamente decisivo, pero todavía el 1 de julio en el informe reservado con el que el General Mola designa el cuadro de mandos para la rebelión no figura ningún marino, aunque sean enlaces del Director para la Armada, un marino retirado y otro en situación de disponible forzoso; el Contralmirante Luis de Castro Arizcun y el Capitán de Fragata Salvador More­no. Un tercer hombre en actividad, el Contralmirante Ruiz de Atauri, se in­corporará más tarde.

Contralmirante Luis Castro Arizcun                                                                         Capitán de Fragata Salvador Moreno
                           












   



                                                               
 El General Mola, en sus instrucciones, parece preocuparse de una posible derrota y quiere anticiparse en medios y dispositivos para evitarla, pero la evidencia demuestra que le prestó poca atención a la posibilidad de que una flota republicana pudiera impedir el cruce del Ejército de África. De aquí el clima de desconcierto­ o de incertidumbre reinante en los jefes y oficiales simpatizantes con los conspi­radores (la gran mayoría), que no conocían los planes de la conspiración y permanecían en un peligroso compás de es­pera, aislados y confusos debido a la poca atención prestada al trabajo de equipo, a la falta de información y a la informalidad de los preparativos. No ocurría así en los cuadros subalternos (auxiliares, clases y cabos con algún sec­tor de la marinería), organizados políti­camente y en alerta, con el dominio de las transmisiones que habrán de desem­peñar un vital papel en los apodera­mientos de las principales unidades de la Flota y su utilización en la guerra en defensa de la República.

Las sublevaciones y contra sublevaciones en la Armada van a tener unas características muy singulares, siendo, sin duda, la más importante el hecho de que por primera vez en la historia son los jefes y oficiales los que se alzan con­tra el Gobierno, entendiendo que no encarnaba la más idónea representación del Estado, pese al procedimiento de­mocrático de su elección. Este fenóme­no de la sublevación de sus mandos y su incorporación al alzamiento, será el ar­gumento esencial que esgrimirán los bien organizados comités de auxiliares y cabos a bordo de los buques, para justi­ficar su posición de fuerza, desde la de­sobediencia hasta la contra sublevación, aunque ello no abone la tremenda violencia y los asesinatos masivos que su actuación producirá más tarde.




Mientras que los mandos del Ejército en Marruecos requisaban barcos mer­cantes para el transporte de los prime­ros efectivos a la Península, el Capitán de Navío Fernando Barreto, Comandan­te del Churruca y el Capitán de Corbeta Manuel Súnico, del Dato, meten sus barcos en Ceuta y los ofrecen al alza­miento. Los dos comandantes tratarán inútilmente de localizar al General Yagüe y po­nerse a sus órdenes, pero ante tal im­previsto comenzarán a actuar por su cuenta.




“Destructor Churruca”


El Churruca había recibido órdenes conminatorias del Ministerio de hacerse a la mar desde Ceuta y detener cual­quier barco que intente pasar tropas a la Península. El destructor sale de puerto, efectivamente, pero no cumplimenta las órdenes, y el mercante Cabo Espartel desembarca el Tabor de Regulares de Ceuta sin la intervención del Churru­ca y con la participación y apoyo del Ca­ñonero Dato. Madrid insiste nuevamen­te en que el Churruca bombardee obje­tivos de Ceuta, pero Barreto, ya en franca desobediencia entra otra vez en puerto, se une sin reservas a la subleva­ción y sale para Cádiz llevando a bordo la Plana Mayor del Tabor de Regu­lares y escoltando al mercante Ciudad de Algeciras en el que ha embarcado el resto de dicha unidad (alrededor de 4.500 hombres). El desembarco en Cá­diz se hizo normalmente y en perfecto estado de disciplina de la dotación, lo que hizo confiar al Capitán de Navío Ba­rreto y oficiales a sus órdenes, que po­drían realizarse nuevos traslados de tro­pas, pero en la travesía de regreso un grupo de clases y marinería entre los que figuraba el comité del buque, si­guiendo las instrucciones que se trasmi­tían «en claro» desde la Estación de Ra­dio de la Ciudad Lineal, en manos del Oficial tercero radiotelegrafista Benja­mín Balboa, se hicieron finalmente con el dominio del buque, sorprendiendo y deteniendo a sus oficiales.


                                                                 “Cañonero Dato”
El Cañonero Dato, sumado al Movi­miento, sale también de Ceuta a cruzar por el estrecho a la espera del transporte España nº 5 que debía trasladar a la Península tropas embarcadas en Alhu­cemas. El Ministerio ordena repetida­ mente al cañonero que bombardee Ceuta sin que el mandato sea obedeci­do; es más, el Dato telegrafía a Cádiz pidiendo instrucciones y se obliga al Es­paña nº 5 a entrar en Ceuta. El Dato queda encargado de la escolta y protec­ción de los transportes hasta Algeciras, misión que sólo podrá desempeñar has­ta la llegada del grueso de la Flota repu­blicana al estrecho. El otro Cañonero, el Laya, que vigilaba la zona de costa frente a Larache, recibe igualmente ór­denes del Gobierno de que se traslade a la zona de Algeciras y Ceuta y abra fue­go contra cualquier barco que traiga tropas a la Península.

En Melilla, los planes de los subleva­dos se frustraron en poco tiempo. Cuando los oficiales de los destructores enviados a ese puerto (Sánchez Barcáiz­tegui, Almirante Valdés y Lepanto), ­decidieron unirse al levantamiento, clases y marinería lo impidieron amotinándo­se, destituyendo y deteniendo a los cua­dros de mando, salvo el comandante del Lepanto, Capitán de Fragata Valentín Fuentes, que quedó leal al Gobierno.


“Destructor Lepanto”


En manos los buques de oficiales subal­ternos y auxiliares y dentro de un clima de euforia revolucionaria decidieron volver a la Península en contra de las órdenes del Ministro Giral, por lo que los mandos del Ejército no se decidie­ron a lanzar hasta Málaga a los mercan­tes requisados cargados con tropas, ya que un encuentro con cualquiera de los tres destructores hostiles libres en la mar, hubiera supuesto un serio contra­ tiempo. Con ello podría decirse que la estrategia del General Mola sufría su primer revés.

  La División de cruceros, que junto al Acorazado Jaime 1 integraba el grueso de la Flota, recibe en Ferrol órdenes conminatorias de hacerse a la mar y di­rigirse hacia Cádiz y Algeciras. Tanto el Vicealmirante jefe de la División, Mi­guel Ángel de Mier, como el jefe de Es­tado Mayor de la misma, Capitán de Na­vío Pérez Zorrilla, y los comandantes del Libertad y Cervantes, Hermenegildo Franco Salgado-Araujo y Antonio Moreno de Guerra, están decididos a sumarse al Movimiento, siendo más dudo­sa la actitud del comandante del Almirante Cervera (Capitán de Navío Sanda­lio Sánchez Ferragut).

 De todos modos este último buque no puede cumpli­mentar la orden de salida, pues se encuentra en dique seco en el Arsenal del Ferrol (y allí se decidirá su suerte por el Movimiento), mientras que el Libertad y Cervantes salen con un intervalo de seis horas (las precisas para el petroleo), hacia el rumbo ordenado, pero con intenciones muy distintas por parte de sus mandos con respecto a las órde­nes recibidas. Sin embargo, las constan­tes trasmisiones en claro desde la Esta­ción de Radio de la Ciudad Lineal de Benjamín Balboa, dueño absoluto de la misma, a todas las unidades y estableci­mientos de la Armada, informando a los radiotelegrafistas presumiblemente leales, de la rebelión, surtió efectos sor­prendentes.

Durante dos noches com­pletas (18 y 19 de julio), Balboa estuvo alertando, previniendo, arengando e in­cluso dando órdenes muy superiores a sus facultades, pero obteniendo unos resultados también superiores a los es­fuerzos de comunicación y coordinación de los seguidores de la proclama del Ge­neral Franco, piedra de toque para los ataques y prevenciones de Balboa. De ese modo las exhortaciones del Ministro Giral al deber y a la legitimidad, se olvidaron, y las dotaciones y comités respondieron sólo a la retórica revolucionaria iniciada por el exaltado oficial radio, y subalter­nos, cabos y marinería se apoderan, casi por sorpresa, de los dos cruceros y también del Acorazado Jaime 1, que desde Vigo navegaba también hacia el Sur; aunque ya en este buque se produzca lucha armada con bajas de una y otra parte y, sobre, todo, con un estado de confusión y desconcierto que al final propició la incorporación del barco a los cuadros iniciales de la que a partir de ese momento va a llamarse sobre todo «Flota o Escuadra roja».


“Acorazado Jaime I”


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 «Marinería a ministro Marina. - Hemos teni­do seria resistencia con jefes y oficiales en servi­cio, venciéndoles violentamente. Resultaron muertos un capitán de corbeta y un teniente de navío; heridos graves, ocho cabos, un teniente de navío, un alférez, un cabo artillero y dos marineros. Ro­gamos urgentes instrucciones sobre cadáveres.
«Ministro de Marina a tripulación Jaime I - Con solemnidad respetuosa echen mar cadáveres. Díganme posición barco.»  (Mensajes entre el Jaime 1 y el Ministro Giral)
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En Cartagena, sin embargo, que pa­recía contar en el ámbito de la Armada con un mejor y más organizado núcleo de oficiales, unidos a la conspiración, el Movimiento fracasó sin paliativos. Mu­chas son las causas que pueden explicar­lo, siendo la más destacada la negativa tajante del gobernador militar de la pla­za General Toribio Martínez Cabrera, a secundar la rebelión; la actitud dubitativa -tal vez por esta falta de apo­yo- de los jefes de la Base Naval y Ar­senal -Vicealmirante Márquez Román y Contralmirante Molíns Carreras, res­pectivamente-, y el hecho de que tam­bién en Cartagena se encuentran desti­nados los oficiales de más significada adhesión a la República, poco proclives a dejarse sorprender o convencer.

Allí donde la autoridad militar se­cundó el alzamiento, la Marina --casos de Ferrol y San Fernando- pudo hacer frente y superar las situaciones más con­flictivas, pero en aquellos sitios donde el mando militar permaneció obediente al Gobierno -caso de Cartagena y en menor escala Menorca- la Marina se vio privada de ayuda para seguir inicia­tivas propias.



Francisco Javier de la Uz Jiménez


3 comentarios:

Anónimo dijo...

coronel auditor luciano conde pumpido, abuelo del cesado fiscal general cándido conde- pumpido tourón

manolosaborit dijo...

desde luego el barco de la fotografía no es el acorazado jaime I. Es un barco americano muy posterior, sería fácil identificarlo pero no es necesario de momento. si alguien lo pido lo hago.

Javier de la Uz dijo...


Cambiada fotografía del Buque Jaime I.