ESE EJÉRCITO QUE VES.
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a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
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13/9/11

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Alertadigital.com   12/09/2011
La ministra de Defensa denigra la bandera española y el señor Rodríguez, como siempre, traga y calla



Las algaradas callejeras se han convertido en parte del paisaje de la “Diada” catalana. No es la primera vez que se producen actos delictivos como quemas de banderas de España o de retratos del Rey, ni tampoco la primera ocasión en la que una parte de la clase política se echa al monte llamando directamente al desacato de la Ley. Esta vez, el caldo de cultivo han sido las críticas a la reforma constitucional para limitar el déficit público y a las sentencias del Tribunal Supremo sobre la inmersión lingüística.
Pretenden hacernos creer que fuera de sus proclamas no hay Cataluña posible. En lo que debería ser un día de fiesta para los catalanes de todas las sensibilidades políticas y culturales, se han hecho costumbre las soflamas independentistas y el protagonismo de los radicales, como si todo ello fuera lo más normal del mundo. Y no lo es. En esa extraña mezcolanza, quienes más pierden son los catalanes y la imagen pública de una Cataluña que puede y debe sumar todo su potencial para hacer frente a sus dos grandes desafíos: el paro y la islamización que sufren sus ciudades.
En este contexto, son especialmente irresponsables declaraciones como las del presidente de la Generalitat, Artur Mas, o las de Carme Chacón, que han aparcado su papel institucional y lo han sustituido por la militancia de partido. En el caso de Chacón, la gravedad es infinitamente mayor dada su condición de ministra de Defensa, lo que le obligaría en cualquier otro país que no fuera España a respetar los símbolos nacionales. ¿Podría imaginarse al secretario estadounidense de Defensa apoyando la proscripción de la bandera norteamericana durante la festividad del Estado de California?
Pero ya sabemos los espectaculares encajes que tuvo que hacer Rodríguez Zapatero para componer un Gobierno que respondiera más a su visión sectaria y frentista de la realidad española que a la coherencia exigible para afrontar eficazmente los problemas nacionales. Lo importante no es la eficacia en la gestión sino el envoltorio feminista. De aquellos barros, las enlodadas bibianas, pajines y chacones que tanto nos afligen. Zapatero nombró ministra de Defensa a quien no ofrecía ningún mérito curricular mejor que su preñez. En vez de designar a alguien cualificado y comprometido con los intereses defensivos españoles, el leonés optó por trasplantar la ideología de género en los cuarteles. Al inconsciente le ponía eso de ver a una preñada pasando revista a las anonadadas tropas. Resultado: un Ejército ineficiente, políticamente contaminado y mundialmente desacreditado.
Una vez más resulta llamativo el silencio del señor Rodríguez, Jefe del Estado Mayor de la Defensa. A su irreverente postura ante el Papa hay que sumarle hoy su condición de trágala. Traga con todo con tal de seguir interpretando el papel de general muy políticamente correcto. Si su superiora política ordena arrestar a unos militares por izar la bandera de España durante unas maniobras en Álava, él traga y calla. Si hay que prometer el cargo, él deglute como un laicista cualquiera. Si Chacón se muestra contraria a la exhibición de la bandera española en la Diada, él aguanta y mira a Pamplona. Todo lo anterior nos revela en qué manos ha estado la política defensiva española en los últimos tiempos.
Pacifista y catalanista
El grupo Promacos la retrató muy atinadamente. La ministra de Defensa de España es miembro destacado del PSC (Partido Socialista de Cataluña), en clara deriva secesionista, catalanista convencida, participante asidua en la Diada todos los 11 de septiembre. Hace unos años se adhirió a quienes defendían al ya desaparecido Pepe Rubianes, el mismo sujeto que se mofó de los españoles en la Televisión pública catalana hablando de la «puta España». También incluye en su curriculum la asistencia a homenajes rendidos al separatista Luis Companys, y es nieta de un anarquista del que está muy orgullosa y del que parece haber heredado gran parte de su talante ideológico, de un modo parecido a como el presidente Zapatero reivindica a su abuelo.
A quienes criticaron el nombramiento de Chacón al frente del Ministerio de Defensa, en un Ejecutivo pensado por ZP para pasar a la historia (y es seguro que pasará, pero por razones que ni él mismo sospecha), se les atribuyeron todo tipo de intenciones machistas con la clara estrategia, muy propia del PSOE, de desviar la atención de lo fundamental. Pero a la ministra de Defensa, en contra de los subterfugios sofísticos del partido en el gobierno, no le reprochamos que sea mujer, o que esté en su noveno mes de preñez, sino que sea una declarada catalanista y, para más inri, pacifista (al menos de boquilla y hasta el presente).
Nuestra ministra no parece apreciar en el ejército su papel para la Defensa de España, tanto de enemigos externos como internos, sino su «calidad humana», sus sacrificios en defensa de la Humanidad, como si de hermanitas de la caridad se tratase. No en vano ha declarado: «Me siento tan catalana como española, igual que la inmensa mayoría de catalanes. Hablo catalán con mi madre, castellano con mi padre, las dos lenguas con mi marido. Me siento hija del mundo y universal». Lo malo de tales sentimientos es que son gratuitos desde un punto de vista político, aparte de completamente infundados: semejantes a los de un piloto de avión que se sintiera como un ángel cuando vuela. Y es que Carmen Chacón hablará español y catalán, pero no puede hablar dichos idiomas con todo el mundo (de hecho dentro de poco no podrá hablar español ni siquiera con muchos conciudadanos españoles afincados en Cataluña). Y el hecho de ser española es incompatible, se sienta como se sienta y por mucho fervor ético que ponga en su conducta, con ser catalana o con ser ciudadana de cualquier otro país en los que está distribuida «la Humanidad». Esta señora, que dice «conocer el horror de la guerra» y, por ello, cree conocer «el valor de la paz» no se ha enterado aún de que «la paz» no es universal ni perpetua, sino el resultado del orden impuesto por el vencedor de una determinada guerra (así como otros órdenes son resultado de diversas dialécticas entre sujetos o grupos).
Esta mujer, por lo tanto, parece que, al menos en el plano representativo (de lo que dice), es una especie de ministra de Defensa de la Humanidad, de «la vida humana», pero en la práctica -–pues tal función es imposible de llevar a cabo, porque la Humanidad no existe como entidad política— defiende a una parte de la humanidad frente a otras, tal como se ha demostrado en su sometimiento a las condiciones impuestas por la OTAN para bombardear Libia y proteger de ese modo los intereses petrolíferos franceses.
Pese a los centenares de muertos libios, ella sin embargo sigue haciendo alarde de su pacifismo. Sólo pueden ser pacifistas radicales quienes reniegan de su propio poder para imponer un determinado orden (paz), pero a costa de permitir que se imponga cualquier otro orden, por injusto o perjudicial que sea para otros grupos o naciones. Chacón suele colocar a Gandhi en los altares de la «no-violencia». Para alguien con una estructura mental tan sectaria como la de ella sería tarea imposible que se percatara de que el líder indio utilizó la violencia de la que disponía a falta de armas más efectivas: la masa de la gente. Dicha masa violentaba de mil maneras distintas las comunicaciones y los procesos productivos del Imperio Inglés en la India, de un modo semejante al que la «obstrucción» de un futbolista violenta la carrera proyectada por un jugador rival, y por eso es castigada.
Pero, además, dudamos mucho de que Carmen Chacón, más allá de tiernos y engañosos deseos, sea pacifista (sumisa) en la defensa de Cataluña, por la que siempre está dispuesta a dar el cante. Por lo que estamos seguros de que su pacifismo y su panfilismo son muy perjudiciales para la existencia e intereses de España, al menos por omisión de sus obligaciones como española, más allá de lo que sienta, piense o diga. ¿Y qué pinta el señor Rodríguez al servicio de esta gentuza? Pues tragando, que es gerundio.
Javier de la Uz

3 comentarios:

Javier de la Uz dijo...

Después de leer esto, una vez más me duele el corazón y sólo me queda añadir que sus posturas me parecen deleznables.

Gonzalo Rodriguez-Colubi Balmaseda dijo...

Y además que poca pinta de militar tiene.Vamos me refiero a los de siempre. No a los condecorados "Úmedos"

Javier de la Uz dijo...

Artículo de Rafael C. Estremera, escrito en internet, a propósito de los "úmedos":

Sin duda como penitencia por mis muchos pecados, he caído en la autoflagelación de echar un vistazo a eso que llaman "El público"; cosita que, a fe, hace honor a su nombre. Y al de las madres de quienes lo hacen.
No obstante esperarme lo peor, lo cierto es que he estado a punto de desjarretarme de risa. Recuerdan a aquellos "umedos" -no de agua, acaso sí de vino-, de la Unión Militar Democrática; esto es, la UMD, que se quejan de no haber recibido los loores y honores que -en su opinión, evidentemente- merecían.
A pesar de haber sido olvidados -tampoco es que hicieran nada digno de recordarse-, no ejercen la modestia en exceso. Declaran que tenían "acojonados" a "esos guardianes de las esencias puras, rancias, de la dictadura". Ahí es nada, tener acojonado a -por ejemplo- Miláns del Bosch, González del Yerro, Pita da Veiga... Y que por eso, sufrieron "expulsiones del Ejército, juicios en tribunales de honor, arrestos menores, destinos forzosos, negativas de ascenso..."
La verdad, si se compara con el arresto del Teniente General Mena -simplemente por leer un artículo de la Constitución vigente-, o lo del Capitán de Infantería D. Roberto González Calderón Jefe de la 1ª Compañía de la Iª Bandera "Cte. Franco" del Tercio Gran Capitán 1º de la Legión, por solidarizarse con él, lo que a estos úmedos les pasó es lo menos que les podía pasar. En cualquier país serio, a los mojados les hubieran caído unas decenas de años de prisión. Pero en el Ejército de Franco -como dicen ellos- lo que hicieron fue meterles ligeros paquetes con ánimo correctivo y -viendo que no eran corregibles- ponerles de patitas en la calle.
Los mojadillos tal vez esperaban ser los artífices de una "revolución de los claveles" española -estos liberales sociatas siempre están copiando- y subir a los altares de la memocracia. Y de la poltrona. Pero los tiempos no estaban
para estas mojigangas, y fueron los mismos franquistas -incluido el "Guti", generalito resabiado que, como dijo Ángel Palomino, quiso cobrarse la factura que años antes escribiera el capitán cabreado- los que dieron la vuelta a la tortilla para seguir medrando, y la revolución de claveles se les quedó en arrejunte de capullos.
Así es que los pobres úmedos -no de agua, sino de morapio, acaso de chinchón- se sienten abandonados, olvidados, sin recibir la recompensa que buscaban intentando poner el Ejército al servicio de los intereses de partido en lugar de al servicio de la Patria. Como parece ser que les dijo el general romano a Audax, Ditalcón y Minuros tras asesinar a Viriato, "el traidor no es necesario siendo la traición pasada".

Y si no lo dijo, debió haberlo dicho.