ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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25/8/11

VALIENTES Y COBARDES DE HOY

Pocos comentarios hay que hacer sobre LOS VALIENTES Y LOS COBARDES DE HOY (Este título es de mi cosecha)

DE PERIODISTA DIGITAL, 19 DE AGOSTO DE 2011.

Podían ser más corruptos, pero difícilmente más ineptos. ¿Hubieran
autorizado una marcha integrista católica por el centro del madrileño
barrio de Chueca coincidiendo con el desfile del Día del Orgullo Gay? ¿O
una manifestación xenófoba o simplemente crítica con el Islam a las
puertas de la mezquita de la M-30 a las 12 del mediodía, un viernes como
hoy, coincidiendo con el final del ramadán musulmán?
Evidentemente no, lo que hace todavía más insultantemente inexplicable el
'mamoneo' que la delegada del Gobierno en Madrid y por tanto el
Ministerio de Interior y el Ejecutivo socialista han tenido y están teniendo
con los alborotadores anti-Papa y los activistas 'laicos'.
En aras de la libertad y pensando mucho más en las elecciones del 20-N
que en los cientos de miles de personas llegadas a Madrid para el JMJ y en
la imagen de España en el extranjero, se ha dado alas a una minoría
intolerante y retrógrada -5.000, 7.000 o 10.000 como mucho-, para que
hostigue, insulte, agreda y persiga en el centro de la capital, a cualquiera
que parezca pertenecer a esa inmensa mayoría -500.00, 700.000 o quizá
un millón- que sólo pretende rezar, hacer gala de su fe y venerar al Sumo
Pontífice. En libertad y de acuerdo con sus creencias.
Haciendo caso omiso al aquelarre que las autoridades socialistas y los
fanáticos anticlericales ejecutan al alimón, Benedicto XVI inauguró este 18
de agosto de 2011 la Jornada Mundial de la Juventud con dos mensajes
contundentes.
El primero lo dirigió a los gobernantes de los países occidentales. Sin hacer
referencia expresa a España, pero ante la presencia del Rey y de Zapatero,
criticó la «persecución larvada» que sufren muchos católicos:
«Se les acusa queriendo apartarles de Cristo, privándoles de los signos de
su presencia en la vida pública y silenciando hasta su santo nombre».
Fue una  clara alusión a la retirada de crucifijos o al cierre de capillas
en los edificios públicos.

Con el segundo discurso, ya en la Plaza de Cibeles, entró directamente en
lo que es el punto fundamental de su mensaje a los cientos de miles de
jóvenes que se han dado cita en Madrid: una exhortación a combatir el
relativismo moral a todos aquéllos que «creyéndose dioses piensan no
tener necesidad de más raíces ni más cimientos que ellos mismos y
desearían decidir por sí solos lo que es bueno y lo que es malo, lo justo o
lo injusto».
Desde luego, los primeros mensajes de Benedicto XVI en esta visita
merecen ser considerados con suma atención, pero no es eso lo que hoy
nos ocupa, sino algo mucho menor, pero llamativo.
Sería desproporcionado calificar de persecución lo que ocurre en la Puerta
del Sol, pero no deja de ser chocante que, coincidiendo con las palabras
del Papa, en el 'Kilómetro 0' se este ejecutando a diario, tolerada por las
autoridades, una sonrojante 'cacería del peregrino'.
Suena fuerte, pero es así. Nosotros, desde Periodista Digital hemos tenido
y seguimos teniendo in situ a varios reporteros. Esta el incansable José
María Martín Coronado, que viene y va grabando con su móvil.
Y se mueve por allí Paul Monzón, responsable de Periodista Latino y autor
de los vídeos que acompañas esta nota, quien informa de que este 18 de
agosto, concluida la ceremonia de bienvenida oficiada en Cibeles por
Benedicto XVI, los caminos de laicos y peregrinos volvieron a cruzarse.
Se repitieron las provocaciones y los insultos, sin que la Policía hiciera otra
cosa que cerrar el paso hacia Sol de jóvenes del JMJ.
Ya de madrugada, relata Monzón, los antidisturbios realizaron varias
cargas contra los que habían tomado posesión envalentonados del
'Kilómetro 0' y todo se saldo con cuatro heridos leves y nuevas
convocatorias de manifestación.
Lo que sucede, ante la pasividad de las autoridades y con tolerancia oficial,
es evidente y nuestros reporteros lo cuentan al segundo, pero queremos
aportar un relato diferente.
Lo hace Fernando Lázaro, veterano periodista de El Mundo, especializando
en terrorismo y seguridad, quien se ha echado la mochila al hombro y
pasa las horas en la 'zona de combate' marcada por los anti-papa.
 Por su interés, reproducimos los fragmentos más significativos de su
testimonio directo:

Cacería contra el peregrino en Sol

Cuando tengo que ocuparme de informar sobre manifestaciones acudo
con mucha antelación para empaparme del ambiente. El miércoles no fue
una excepción. Cogí el Metro. Y vi. un Metro tomado por jóvenes, muy
jóvenes. Y vi un ambiente festivo, desde Cibeles hasta Sol. Madrid era
peregrino y multicolor.
Pasé por el Kilómetro 0 y vi una plaza repleta de peregrinos-turistas. Y me
acerqué hasta Tirso de Molina, lugar de donde arrancaba la manifestación
laica, anti Papa y, por lo que se vio, anti peregrinos.
Inicialmente el despliegue policial era discreto, quizá demasiado. Apenas
una veintena de agentes de las Unidades de Intervención Policial
acompañaba a la cabecera de la manifestación.
Y, como era de esperar, el punto caliente fue Sol, con la llegada de los
manifestantes al cruce con la calle Carretas. La Policía había abierto un
pasillo de anchura suficiente para que la manifestación atravesara la zona.
Fue allí donde los más radicales de la manifestación y los peregrinos
cruzaron gritos: El «pederastas», «nazis» e «hijos de puta» era
contestado por los pocos jóvenes que había en la zona con gritos a favor
del Papa. Que nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.

La Policía puso un leve cordón de separación en esa esquina, pero poco
más. Y los manifestantes iban ganando metros. Su intención era clara. Los
más radicales querían tomar la plaza.
«Esta es nuestra plaza» y gritos de «fuera, fuera; menos rezar y más
follar». El tono fue adquiriendo un aire amenazador tremendo. Las caras
de los radicales estaban completamente desencajadas, fuera de sí. Había
a quien la vena del cuello ya no se le podía agrandar más.
Llevo más de 20 años haciendo información sobre seguridad y terrorismo,
pero hacía muchos años que no veía tanta inyección de sangre en ojos de
manifestantes. No eran todos, ni mucho menos, pero algunos daban
miedo. Muchos estaban fuera de sí. «Os vamos a quemar como en el 36»,
gritaban a los jóvenes de la JMJ. Que nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.
En el esquinazo de la polémica no había más de un centenar de
peregrinos. No era para nada una contra manifestación. No ocupaban la
zona por la que tenía que atravesar la marcha laica. Esos peregrinos eran
extranjeros.
Allí había italianos, belgas, australianos, franceses, italianos, egipcios... Y
algún español, sobre todo voluntarios. La media de edad, menos de 18
años. Que nadie me lo cuenta, que estaba allí y lo vi en primera persona.
El Ministerio del Interior ya estaba avisado de que era una zona de riesgo,
que no era recomendable autorizar esa marcha y menos por ese
recorrido. Los informes apuntaban a que podía haber una importante
infiltración de radicales en la manifestación de laicos.
Porque, eso sí, el grupo de radicales, violentos, que se comportaron como
energúmenos, no superaría el millar en una marcha que congregó a varios
miles de asistentes. La visceralidad de los ataques de esos radicales fue
intensa.
Poco a poco fueron tomando la Puerta del Sol. Bordearon el cordón
policial por derecha y por izquierda. La siguiente maniobra, ante la inicial
pasividad de los agentes, fue rodear a los pequeños grupos de peregrinos
y, mediante empujones, gritos, insultos y patadas, sacarlos de la plaza.
También tuve que sufrir esos empujones y patadas. Peregrinos,
periodistas... qué más les daba, la plaza tenía que ser suya.
Sobrábamos los demás. Que nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.
Primero actuaron contra un grupo de apenas media docena de
australianos. Después les llegó la hora a los franceses. Los italianos no se
quedaron al margen. A los egipcios también les tocó.
Algunos peregrinos, veteranos, hacían frente a los insultos de los
autodefinidos como indignados, que buscaban el cuerpo a cuerpo.
Y así, al grito de «ésta es nuestra plaza», los radicales que participaron en
la manifestación ocuparon de nuevo la Puerta del Sol. Durante estas
maniobras de desalojo de peregrinos la pasividad policial fue total. No
pude evitarlo.
Ya al cuarto incidente de acoso, hostigamiento y empujones contra
peregrinos me acerqué a los policías, que permanecían en los
alrededores del edificio de la Comunidad de Madrid, para advertir de
que la situación estaba tomando un sesgo extremadamente peligroso.
Silencio.
Que nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.
Una vez expulsados de la plaza, los radicales dirigieron sus esfuerzos a
controlar el Metro. Por allí salían decenas de jóvenes peregrinos que se
dirigían a cenar. No menos de 500 personas se concentraron en la puerta
del suburbano.
Allí se montó la mundial. Este grupo, de nuevo incontrolado, comenzó a
arremeter contra todos los peregrinos. Insultos, coacciones (ya sabéis,
eso de gritarte a la cara a menos de 15 centímetros), escupitajos... La
escena era tremenda. Auténticos cafres lanzando gritos y amenazas a los
jóvenes (por cierto, la mayoría mujeres) que salían del Metro.
Vi mucho pánico en los ojos de los peregrinos y vi a muchas, digo bien, a
muchas que al ver el espectáculo rompieron a llorar de puro miedo. Aún
tardó la Policía en llegar a la zona.
Abrió un pasillo para que los peregrinos salieran de Sol. Los radicales eran
los dueños del Kilómetro 0. Se envalentonaron más y arremetieron contra
la Policía. Y un radical con numerosos antecedentes dio el pistoletazo de
salida a los incidentes.
Una botella contra los agentes y la Policía cargó. Antes, las mochilas
naranjas, los crucifijos y hasta los alzacuellos eran una «provocación» para
esos radicales.
«Es que nos están provocando», «es que están rezando», se justificaba
uno de los empujadores profesionales. Y se me ocurrió preguntar por
qué les provocaban.
«Porque están aquí, porque existen, porque les vamos a prender fuego
otra vez, como en el 36».
Madrid era hasta ahora una ciudad donde cabían todos los pensamientos.
En Sol, eso se acabó.

                                             Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda

2 comentarios:

Chevi Sr. dijo...

La verdad, no sé qué decir ¿qué se puede decir?¡qué asco de todo!

Javier de la Uz dijo...

A este Presidente de Gobierno anti-cristiano, le corroe las entrañas que haya venido el Papa a España y ver que todavía existe un gran número de jóvenes católicos. Por eso, ha dado las consignas oportunas a sus secuaces, para que la policía fuera tolerante con los “indignados”.
Aunque”los hijos de este mundo son más sagaces en lo suyo que los hijos de la luz” (Lucas 16, 1- 8); “las puertas del infierno, no prevalecerán contra mi Iglesia” (Mateo 16, 13 – 18). Luego de nombrar a Pedro como Vicario suyo, es decir como Papa, Jesús promete la asistencia a sus Iglesia hasta el fin de los tiempos.