ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
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31/8/11

Novedades en el Alcázar de Toledo









                                                                   Amando de Miguel



31-08-2011 | La Gaceta

Estamos ante un valiosísimo museo, pero la censura política nos oculta la historia. 

  He tenido el privilegio de visitar el Museo del Ejército en el Alcázar de Toledo con mis amigos José Manuel Morán y los hermanos Fernando y Miguel Ángel Garrido. Los tres fueron compañeros de tuna universitaria. Los hermanos Garrido hacen honor a su apellido, al haber formado una asociación sin ánimo de lucro o de subvención. Su noble propósito es el de repatriar los restos de los españoles de la División Azul que cayeron en Rusia. Han recibido todo tipo de facilidades y atenciones por parte de los rusos, pero ningún reconocimiento de las autoridades españolas. Conozco pocos ejemplos de altruismo como el de los Garrido. Ojalá suceda que alguna televisión se interese por sus expediciones para rescatar más restos de los divisionarios. Mis tres amigos tienen familiares en el heroico grupo de los defensores del Alcázar de 1936. Los grandes sucesos históricos que escribimos con mayúscula al final se reducen humildemente para pasar por el corazón de los hombres.


Visitamos el museo de la mano de su director, el general Antonio Izquierdo, antiguo caballero legionario y hombre muy culto. Nos enseñó lo que no se visita: las salas de restauración y de conservación de los inmensos fondos del museo. Son espectaculares. Sin duda estamos ante el mejor museo militar del mundo. La verdad es que ahora no siento ninguna añoranza por el antiguo museo militar en el Prado madrileño, realmente una almoneda de piezas heteróclitas. La reconstrucción del Alcázar para el museo militar es un prodigio de diseño y un ejemplo de gestión. Las críticas que se pueden hacer son de naturaleza política. Sencillamente, es una lástima que una inversión tan cuantiosa no se haya aprovechado para sacarle todo el rendimiento cultural posible.


El objetivo del museo es el de explicar la historia de España a través de las hazañas militares de todos los tiempos. Ese objetivo no se cumple de forma suficiente por la obsesión de interpretar torcidamente la Memoria Histórica. Pondré algunos ejemplos más llamativos. Queda empequeñecida y oscurecida la gesta de los Reyes Católicos al constituir la Nación española moderna y al emprender la conquista de América. La decisión de los técnicos museográficos –claramente politizados– fue la de ser escuetos y minimalistas a la hora de explicar los artefactos expuestos. Por ejemplo, se exhibe la famosa berlina del general Prim, pero no se dice nada de las huellas de las balas que acabaron con su vida ni qué significó ese atentado. Hay otros muchos casos con esa misma pobreza explicativa. Está la pistola con la que asesinaron a José Calvo Sotelo, pero nada se nos dice de quién la disparó y con qué consecuencias. Lo mismo sucede con el famoso micrófono del general Queipo de Llano, el origen de la propaganda moderna en la guerra.


Los recuerdos de la Guerra Civil llevan a la impresión de que la ganaron los republicanos. Sobre la División Azul las piezas son paupérrimas. Se nos dice que unos 100.000 españoles participaron en la Segunda Guerra Mundial… en los dos bandos. Es evidente la falsedad de esa información. Lo más decepcionante es que el celebérrimo despacho del general Moscardó se encuentra vacío. No se transcribe la emocionante conversación con su hijo, réplica de la hazaña de Guzmán el Bueno. Hay algunas referencias al “asedio” del Alcázar, pero no se entiende quién lo asedió y por qué resistió.


En definitiva, estamos ante un valiosísimo museo, pero la censura política (disfrazada de museografía) nos oculta la interpretación de la historia. Es más, acaba destilando una interpretación maniquea de la historia por la que se enfrentan “los hunos con los otros”, como dijo Unamuno. Por cierto, al rector de Salamanca el disgusto de esa realidad le costó la vida. Sin embargo, a pesar de las críticas que me salen del alma, el recorrido del museo me acentuó el orgullo de ser español. Por ese lado, misión cumplida.


Esperemos que el próximo cambio de Gobierno signifique una nueva mentalidad más respetuosa con la historia. Para empezar, el Museo del Ejército es la ocasión para que se nos explique bien el comportamiento heroico de los españoles de los dos bandos de la Guerra Civil, a la par que sus miserias. Convendría que todos los visitantes pudieran visitar la cripta de los defensores del Alcázar. No sé por qué pueden visitar el equivalente de El Escorial o del Valle de los Caídos y aquí tienen prohibida la entrada. En España los cementerios son públicos y nadie se comporta mal en ellos.


Ya de paso, me permito una sugerencia para este y los demás museos españoles. Por favor, abran todos los días del año (con la excepción de la Navidad, como hacen en Inglaterra). Somos un país eminentemente turístico, nuestro patrimonio cultural es valiosísimo, y no nos podemos permitir el lujo de cerrar los museos un día a la semana, usualmente los lunes. El pretexto laboralista resulta indefendible. También sucedió una vez que los periódicos no salían o la Bolsa no abría los lunes.


*Amando de Miguel es sociólogo.

 Francisco Javier de la Uz Jiménez

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