ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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1/7/11

Los Tercios de Flandes









La Infantería legendaria en el Escalda

Desde agosto de 1572 la flota holandesa de los rebeldes "mendigos del mar", dirigidos por Peterson Worst, bloqueaban en la costa de Zelanda la desembocadura del Escalda; y al final de la ría, en el norte de la cercana isla de Zuid- Beveland, en la villa de Goes, una compañía de 150 españoles más 25 soldados valones, dirigidos por el  capitán del Tercio

Isidro Pacheco, estaban resistiendo el cerco por tierra de 4500 calvinistas flamencos y franceses mandados por Jerome Tseraart, 1000 luteranos alemanes y 1500 anglicanos ingleses y escoceses al mando de Humphrey Gilbert y Thomas Morgan.

San Miguel
Esta tropa de 7000 herejes había sido enviada allí por el estatúder rebelde Guillermo de Orange para acabar con los 175 soldados del capitán Pacheco que llevaban 2 meses aguantando asaltos, cañonazos y falta de víveres.
Los sitiados habían hecho una salida y desbaratado una trinchera francesa; en otra ocasión, y ante la falta de provisiones, habían salido por la noche 20 españoles robando carne salada en una trinchera flamenca y haciéndoles 7 prisioneros, que luego colgaron de las murallas.
Pero no podían aguantar mucho más. Dado que el rescate por mar era imposible para la flota española, que no conocía los canales, bajos e islas donde mandaba la flota holandesa, la minúscula guarnición española estaba sentenciada.
El Maestre de Campo General, D. Cristóbal de Mondragón
En la noche del 20 / X / 1572, 3000 arcabuceros y piqueros españoles, alemanes y valones, "encamisados" para reconocerse en la noche y mandados por el veterano coronel del Tercio Cristóbal de Mondragón, se encontraban en silencio a la orilla de la ría del Escalda, unos 15,5 km al sur de Goes. El coronel, natural de Medina del Campo, se había especializado en vadeos y encamisadas nocturnas, sorprendiendo al enemigo con golpes de mano inesperados; como el que había protagonizado 25 años antes cruzando el Elba antes de la batalla de Mühlberg.
No se les dijo a donde iban, aunque a los soldados no les preocupaba, pues irían al mismísimo infierno si se lo mandaba su coronel. Formaron en la playa ante el brazo oriental del Escalda, junto al molino Ostendreche en la oscura noche y ante la vasta negrura del mar, atronados por el rugido de las corrientes del reflujo y de las olas rompiendo contra los diques.
Mondragón les arengó brevemente diciéndoles que a tres leguas había una compañía de compatriotas aguantando, con un par decojones, el cerco de 7000 herejes de toda laya. Entonces los soldados supieron lo que se quería de ellos, y sin rechistar se descalzaron,colgaron sus zapatos al cuello, y formando filas de a cuatro, muyapretadas unas contra otras para resistir la corriente, se metieron en la ría helada.

Soldados españoles fatigados por los trabajos y el
hambre en Flandes. (Alatriste)
No había precedentes pues, en el mar Rojo, Dios había separado previamente las aguas y aquí no. La fantasmal travesía duró 5 horas con el agua al pecho y al cuello, con los brazos en alto, en uno la pica o el arcabuz y en el otro un hatillo con pan y bizcocho y con una bolsa para la pólvora, las balas y la mecha secas.
Cien batallas y marchas titánicas, como ir de Italia a Flandes a través del "camino español", pasando por el Franco Condado, habían forjado en aquellos hombres piernas y brazos de acero para aguantar semejante prueba en medio de la fuerte corriente de la bajamar. Pero tales fueron el orden y la sangre fría, que la fortuna, que favorece a los audaces, les permitió llegar, ahogándose sólo 9 soldados.
Poco antes del amanecer alcanzaron la isla de Zuid- Beveland cerca de Yerseke, a 20 km de Goes, hacia donde prosiguieron. Al ver surgir de la bruma aquellos espectros chorreando que ya comenzaban a dispararles, a los gritos de ¡España! y ¡Santiago!, los 7000 sitiadores huyeron abyectamente como si hubiesen visto al diablo, encabezados por sir Humphrey Gilbert, que corría ajustándose los calzones y luego la ropilla sobre el jubón.
Entonces salió de la fortaleza el capitán Pacheco dispuesto a cobrarse los 2 meses de sufrimientos, y pidiéndole a Mondragón 400 arcabuceros y piqueros, persiguió a los que huían hacia sus naves en la costa, causando cerca de 800 bajas (muertos y heridos) entre los rezagados, y cogiendo al enemigo la artillería, muchas armas y municiones, víveres y tiendas de campaña.
Transcurrieron más de 4 siglos y desapareció el Imperio Español, y otros guerreros sucumbieron en las bocas del Escalda, pero no hay ribereño de aquellos mares que no sepa que, en 1572 un jefe español casi sexagenario, apellidado Mondragón, atravesó con su tropa en la negrura de la noche 3 leguas de océano, con fuertes corrientes y con la impedimenta, para socorrer a sus camaradas y atacar al enemigo que le superaba ampliamente en número.

EL PIONERO EN LOS VADEOS Y ASALTOS: DON CRISTÓBAL DE MONDRAGÓN Y OTÁLORA

Decían los veteranos que Don Cristóbal de Mondragón y Otálora era de Miranda del Ebro, pero todos lo presumían vasco por su apellido, corta lengua y largas obras. Él no lo desmentía, pues por sus venas corría sangre vizcaína. Fue conocido como Coronel de Valones, aunque su auténtico título era el de Maestre de Campo.

Fue el primero en atravesar con sus soldados los países inundados por los flamencos. El agua helada hasta las barbas durante trechos que llevaron horas recorrerlos, y así se apoderó de la isla y ciudad de Goes. Pero, no conformándose con hacerlo una vez, volvió a repetir la hazaña tomando Dubilandea, con Ossorio de Ulloa. Tres leguas y medias anduvo el Coronel de Valones Mondragón con sus soldados, para asistir a Isidro Pacheco.

Los españoles, siguiendo devotamente a D. Cristóbal, marchamos esa vez desnudos, la pica al hombro, y colgando del extremo una talega con pan y queso y la pólvora. En la otra mano, los pertrechos mortíferos. Cruzamos el pantano, otra vez con el agua a la cincha, a veces por las rodillas y otras veces hasta la boca. Pero, por si fuese poco, en el fragor de una tormenta. Cuando caímos sobre los flamencos, los aterrorizados enemigos pensaron que éramos monstruos marinos. Tal fue el coraje y la furia de la acometida nuestra.

Pasó a mejor vida D. Cristóbal de Mondragón cuando era anciano y Alcaide del Castillo de Amberes, en el castillo del que era castellano. Y murió como un roble de 89 años, tras haber servido con esfuerzo y valor al Emperador Carlos y al Rey Felipe. Temido por nuestros enemigos. Venerado por el ejército católico. Sus restos mortales fueron traídos a Medina del Campo, donde abrió por primera vez los ojos a la luz.
 LA OFRENDA DE DUBILANDEA A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
"En el año de mil y quinientos y setenta y cinco, a veintiocho de septiembre, víspera de San Miguel, el Capitán Isidro Pacheco con otros capitanes y dos mil soldados, vadearon un piélago de mar de dos leguas en el país de Dubilandea a pié para ganalles unos fuertes quél enemigo tenía hechos, en unos pasos que eran de mucha importancia, y no lo hicieron tan secreto quel enemigo no fuese dello avisado, y salieron al paso con unas barcas y garabatos y palos y otras muchas armas en las barcas, para matar a los españoles que iban metidos en el agua hasta la cintura, y a veces a los pechos y otras veces a la espinilla, y mataron más de cincuenta españoles, y de otras nacionaes con aquellos palos y garabatos, y como iban metidos en el agua no podían pelear, más se defendieron muy valerosamente y si no fuera por el mucho ánimo con que pelearon, no quedara hombre de todos, según la muchedumbre que a ellos salió y con tanta ventaja, y ansí pasaron intolerable trabajo y fortuna en aquella mar hasta salir en tierra, adonde estaban cinco mil luteranos aguardando que saliesen, muy alegres y contentos, entendiendo tener ellos cierta la victoria, y no hicieron más de salir del mar y escurrírseles el agua de las ropas, cuando vinieron sobre ellos tres escuadrones de enemigos con una furia infernal.
Lo cual, visto por los españoles, el sitio y lugar adonde estaban, y que no tenían remedio de socorro ni ayuda de ninguna parte, encendidos en cólera y mortal rabia sus fogosos corazones, arremetieron con los enemigos con ánimo y esfuezo peregrino. Más los franceses con muestra valerosa resisten la allegada presurosa de los contrarios ánimos sangrientos, más la gente española valerosa aunque pasen grandes impedimentos, con temeroso coraje porfiado, rompieron por lo más fuerte ymás cerrado, haciendo grande estrozo y cruda guerra.

Hierve el coraje y crece la contienda en la española gente belicosa, y atruena aquel valle, el gran bullicio, armas grita, clamor triste se oía, y ansí la española gente victoriosa con prestas manos y pies ligeros siguieron a los enemigos más de media legua, hasta donde tenían sus fuertes, haciendo grande matanza en ellos, que mataron más de dos mil y seiscientos con perdida de cincuenta soldados españoles.

Los enemigos se embarcaron a mucha priesa y los españoles cerraron con los fuertes y los ganaron, degollando cuanta gente había dentro, que cierto fué cosa milagrosa podellos ganar según la gran fortaleza que tenían y cierto questa gente pelearon tanto y con tantos enemigos enla mar y tierra que merecían ser de la eterna fama levantados, pues hicieron tan famosos hechos en sus tiempos más que los godos y romanos.

Y ansí ganados los fuertes les pusieron por nombre, por honra del santo, "los fuertes de San Miguel" por haberse ganado en su víspera, y dexaron allí muy buena guarnición".

Gonzalo R-Colubi Balmaseda
Tcol de Caballería 

1 comentario:

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Gracias mi Coronel Ruiz de Eguilaz por publicar este artículo que me remitió no hace mucho el Coronel Prieto y que yo,por cuestiones técnicas que se me escapan incomprensiblemente, no pude colgar.Y por añadir parte de tu cosecha.
Tomás Prieto, Cor de Caballería de mi promoción y destinado en la ESFAS, a mediados de los setenta fue medalla de oro o plata en el Campeonato de España de juveniles por equipos (Aula Hípica "Primo de Rivera" de Valladolid) junto con Carlos Argüelles y Josechu Verdugo.