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y de parecer lo menos.
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15/7/11

Aniversario de Annual









LAS MEJORES NOTICIAS DE ALBA, por Rosa CM
14 Julio 20011

90 AÑOS DEL DESASTRE DE ANNUAL: Carne de Cañón

El general Silvestre
dio las últimas órdenes, ordenó la retirada y caminó hasta la salida del campamento de Annual. En los siguientes dos días, hace noventa años, los moros de Abd-el-Krim asesinaron a más de diez mil españoles que huían en desbandada general. Es un reportaje de José Antonio Fúster.



Tres días antes del desastre, el heliógrafo centelleaba desde el alcor del blocao de Igueriben a poco más de cuatro kilómetros de Annual. El comandante Benítez, que combatía al harca de Amesauro desde el 7 de junio, solicitaba ayuda urgente. La concentración de enemigos era tan numerosa que llevaban dos días sin poder salir a la descubierta a hacer la aguada. Bajo el sol del Rif, los soldados del regimiento de Ceriñola aprovechaban las pocas pausas del combate para exprimir patatas rancias y beber su zumo y para cavar agujeros en los que se arrojaban desnudos para suavizar el calor.

A sólo cuatro kilómetros de distancia, a tiro de prismático, la oficialidad de Annual contemplaba el lento fin de sus compañeros. El primer intento de llevar un convoy con agua y refuerzos a los sitiados de Igueriben fue un fracaso. En cuanto los regulares del coronel Núñez de Prado salieron por la puerta de Annual, los rifeños, con la posición ganada, la moral alta y la ventaja del número, se opusieron al convoy con tal determinación que los españoles no lograron avanzar más de cien metros antes de que se ordenara la retirada.
Los soldados de Igueriben se bebieron la tinta de escribir las cartas y mezclaron sus orines con azúcar para ganar unas horas a la muerte

Desde Melilla, el general Silvestre ordenó al general Navarro que por humanidad, pero también por dignidad, se intentara de nuevo llevar ayuda a la guarnición sitiada. Las lomas de los montes donde se asentaban los rifeños se batieron con artillería durante horas. Navarro mandó que salieran las tropas y que avanzaran por la derecha las fuerzas de policía y las harcas auxiliares apoyadas por cuatro compañías de soldados españoles. Por la izquierda marcharon los regulares y el resto de las fuerzas de la Península. Los rifeños, sin piedad, tiraban desde lo alto a las columnas de patitos ciegos españoles que, despavoridos, volvieron a la carrera por el desfiladero... Porque Annual es un desfiladero, un largo camino entre montañas. Uno de esos escenarios de pesadilla sacados de una película de indios y vaqueros, como cuando la caravana de colonos llena de mujeres y niños atraviesa la vaguada mientras cientos de apaches van haciéndose las cuentas de las cabelleras que van a cobrar. Annual es lo mismo, sólo que no es una película.

Un año antes, el general Silvestre se había empeñado en una estrategia personal a la francesa para la que no quiso contar con el consejo del Estado Mayor. Silvestre decidió comprar la lealtad de las cabilas rifeñas con dinero y asegurar con decenas de campamentos y blocaos la zona entre Melilla y la bahía de Alhucemas. Pero ese camino, como ya ha quedado escrito, era un desfiladero suicida.

Los blocaos (del alemán block haus, una fortificación precaria construida con sacos terreros y protegida con alambradas a modo de vivac para una pequeña guarnición de soldados) de Silvestre tenían que construirse lo más alto posible de aquella barranca, con el inconveniente de que en las alturas de los desfiladeros no hay agua. Aquello obligaba a los soldados del blocao a realizar a diario el servicio de aguada en pozos a la descubierta.

El infierno debe de ser algo parecido a un blocao español en el Rif en 1921
Pero Silvestre avanzó. El dinero que empleó para comprar a las cabilas rifeñas mantuvo en calma la zona mientras se avanzaba por Annual hasta Alhucemas. Desde mayo de 1920 y hasta un año después, los rifeños, un pueblo paciente, inventores de la máxima de esperar lo necesario hasta ver pasar el cadáver del enemigo, mantuvieron la calma y se armaron con el dinero de Silvestre. Las cabilas se unieron en torno al cadí Abd-el-Krim, el periodista que estudió en España y que pasó años analizando desde dentro las imperfecciones de la milicia española, que eran muchas.

El Ejército estaba descompuesto. Tras el desastre del 98, a España sólo le quedaba la zona que le había correspondido en el Tratado de Madrid de 1912 y que repartía la protección del Sultanato de Marruecos en dos zonas. La del sur, la zona rica, la de las ciudades notables como Casablanca, Rabat y Fez, fue para Francia. La zona norte, el Rif, el erial pedregoso, fue para España en una nueva demostración de los tradicionales lazos de amistad franco-española.
Allí, en el norte de África, se dio cita lo peor de cada arma. La inmensa oficialidad española, salvo los artilleros (que se habían juramentado para ascender sólo por antigüedad), buscaba lucir nuevas estrellas en la bocamanga por méritos de guerra.

Por una cruz con incremento de sueldo, los jefes arriesgaban con alegría la vida de soldados de reemplazo españoles mal instruidos y sin moral. También estaban las tropas indígenas, carne de cañón, los primeros en avanzar, los primeros en desertar, los primeros en vender sus armas españolas a las cabilas rifeñas. Este era el material español en el Rif: oficiales en busca de la gloria, soldados a lo suyo y un desfiladero inmenso en el que enterrar los últimos sueños imperiales.

Abd-el-Krim también estudió a Silvestre. El rifeño sabía que el comandante general de Melilla era un hombre que soñaba con un tablero de strategos y que se pirraba por las medallas y la retórica de la guerra. El moro sabía que el cristiano era el tipo de militar capaz de arriesgar la vida de miles a cambio de una batalla épica.

Muertos al llegar:

El 20 de junio, el general Silvestre salió hacia Annual. La torpeza del general Navarro, que todavía no había conseguido llevar ayuda a Igueriben, le tenía pasmado. Silvestre llegó a Annual a tiempo de ver la última comunicación del heliógrafo del blocao que pedía que corrigieran el tiro y que disparasen sobre la zona de la alambrada, donde estaban enredados moros y cristianos en combate a la bayoneta. Silvestre quiso intentar una última salida, pero ante la imposibilidad, ordenó a los de Igueriben que abandonaran la posición. Con los prismáticos, los españoles de Annual vieron cómo los rifeños mataban a todos los oficiales y soldados que quedaban en el blocao.

Sólo se salvó un teniente, que fue capturado, y diez soldados que llegaron a la carrera a Annual. De aquellos diez, cuatro se mataron al llegar, cuando se atracaron de agua.
Sin Igueriben, era sólo cuestión de horas que los morancos se lanzaran sobre Annual. El general Silvestre reunió a sus jefes y les comunicó la decisión de resistir hasta que llegaran los refuerzos que había solicitado al alto comisario. Entonces fue cuando se dio el aviso de que de las lomas de los montes bajaban oleadas de harcas rifeñas. Al verlo con sus propios ojos, Silvestre se comunicó por radio, en una habitación privada y sin testigos, con el alto comisario. De aquella comunicación no se sabe si quien dio la orden de retirada fue Silvestre o Berenguer, ni si en aquella llamada hubo un choque de gallardías o de cobardías, pero para el caso...

El general Silvestre dio sus últimas órdenes y caminó hasta la salida del campamento de Annual. Allí, erguido, insensible y mudo, Silvestre se expuso a los fusileros rifeños que le tiraban a mansalva sin acertarle. El general había enloquecido y llegó el caos. Los indígenas al servicio de España desertaron en masa. Los españoles salieron a la carrera, sin orden ni disciplina, revueltas las armas, los cuerpos y hasta las acémilas, sin discernir que había 130 kilómetros de vaguada hasta Melilla, con caminos difíciles para una columna de a uno e imposibles para una huida en masa. Los soldados arrojaban las armas para ir más ligeros, y así, desarmados, morían mientras los bereberes, desde las lomas, les disparaban. Nadie se detenía a socorrer a un herido. Ni un solo avión español voló a bombardear la zona. Jamás una matanza fue tan fácil.

Comida para buitres:

Hubo soldados que en su terror se hicieron los muertos
sin reparar en que para un rifeño, nada hay peor que un cobarde. Los moros pinchaban con sus cuchillos los cuerpos de los españoles. Cuando encontraban a uno vivo, le abrían en canal y le dejaban morir despacio. A los cobardes les cortaban los genitales y se los introducían en la boca. Ni un solo español, de los diez mil que cayeron en Annual, fue enterrado.

Se dice que al segundo día, y ante la abundante oferta, los buitres decidieron comer sólo de comandante para arriba
Lo que dejaron los zopilotes se pudrió al sol y así se los encontraron cuatro años después las tropas españolas, muchas de ellas ya profesionales, que desembarcaron en Alhucemas.

En aquella masacre que llenó vaguadas, desfiladeros y lomas de ayes y juramentos, hubo episodios heroicos. Los menos, pero alguno hubo, como la carga de caballería de los Cazadores de Alcántara en el cruce del Igan, entre Drius y Monte Arruit, cuando queriendo cubrir la desbandada de la columna, los 192 jinetes del regimiento, al mando del teniente coronel Fernando Primo de Rivera, cargaron monte arriba al galope y a sable contra los moros. En cada acometida, el regimiento se diezmaba. Doce de los trece cornetas murieron en el combate. La última carga, con los caballos extenuados, fue al paso. A Primo de Rivera, herido, tendrán que amputarle un brazo sin anestesia en Monte Arruit. Pero aquello no fue remedio de nada y murió mientras, a unos metros, Navarro buscaba la mejor manera de rendirse.

 
Carne de gallina:


El episodio de Monte Arruit merece pieza separada. Cuando los tres mil españoles que sobrevivieron a la desbandada se agolparon en los muros de la guarnición de Monte Arruit, el general Navarro mandó recado a Adb-el-Krim para negociar los términos de la capitulación.Navarro había desistido de la idea de llegar a Melilla por la tremenda cantidad de heridos. El rifeño propuso que los españoles entregaran las armas a cambio de la promesa mora de respetar sus vidas. Navarro aceptó y los españoles amontonaron sus fusiles y pistolas frente a los rifeños. Cuando el último cartucho fue entregado, los moros sacaron sus cuchillos y degollaron a todos los españoles. Bueno, no a todos. De los tres mil hombres, sólo se salvaron sesenta. Entre ellos, el general Navarro. Los sesenta fueron vejados como prisioneros durante año y medio, hasta que los rifeños aceptaron liberarlos por cuatro millones de pesetas de la época. Fue entonces cuando resonó la desgraciada frase de Alfonso XIII: “Hay que ver lo cara que está la carne de gallina”. Quince años después, la muerte encontró a Navarro y lo asesinó en Paracuellos.

                                                                                                                                        Javier de la Uz

5 comentarios:

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Este Gobierno que padecemos quiere humillar la memoria de aquellos españoles que dieron su vida por la Patria. Pidiendo perdón oficialmente a Marruecos y dando a familiares de no se que "gaseados" moros indemnizaciones millonarias.

José Antonio dijo...

El artículo me parece vitriólico para lectores que previamente desconozcan algo de la verdad de aquel tan trágico episodio de la Historia de España, no sólo de la Historia del Ejército español. La gran extensión de su análisis me impide ni siquiera iniciarlo aquí; así que me limitaré a apuntar algunos rasgos fundamentales.

La catástrofe se produce tras más de un siglo de traición a España, por parte de los políticos gobernantes y legisladores al servicio del imperialismo totalitario globalizador que tras su surgimiento en el siglo XVIII, se inició con la colonización de Inglaterra (mediante la corrupción de sus élites dirigentes) y la colonización de Francia (mediante la antifrancesa Revolución francesa), prosiguió con el arrasamiento del resto de Europa mediante su marioneta, bélico instrumento, Napoleón Bonaparte, y mediante las llamadas “revoluciones burguesas” (falsas revoluciones populares), más guerras civiles, guerras regionales y guerras mundiales; para, tras de todo lo cual y mucho más, haber llegado a convertirse él en el imperialismo totalitario globalizador inane que en nuestros días disfrutamos.

No obstante aquella gobernación traidora del pueblo español y de sus Instituciones, los soldados que pagaron masivamente con sus vidas eran de la misma madera que los soldados que entre 1925 y 1927, bajo la llamada Dictadura de Primo de Rivera, solucionaron definitivamente el conflicto bélico en el Rif, y que los soldados que vencieron en la Cruzada de Liberación Nacional (1936-1939) a las coaligadas fuerzas internacionales serviles al citado imperialismo, y que los soldados de la División Azul que dejaron memoria eterna de su grandeza en la Campaña del frente ruso, en la II G. M.

Los suboficiales, en su totalidad, merecían la misma calificación que los soldados.

La oficialidad, en un porcentaje próximo al 80%, merecía la misma calificación que los soldados y los suboficiales. La oficialidad del 20% restante, estaba entregada a las sectas masónicas nutridas por los políticos y otros personajes titulares de cargos neurálgicos; actuó de modo fundamental para descomponer las unidades combatientes.

Quien considere dudosos los rasgos expuestos, puede comparar con el trato que el tal imperialismo dio a los soldados franceses en su lucha contra el mismo, protegido, revolucionario rifeño (Fez, 1925), o en Indochina (Dien Bien Fu), o en Argelia, etc. Y con el trato que dio a los soldados de EE UU (Corea, Vietnam, etc.). Y con el que dio a los soldados rusos (Afganistán). Y a los soldados alemanes (II G M) sometidos a los manejos traidores del partido Nacionalsocialista (marioneta del imperialismo globalizador).

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

Javier de la Uz dijo...

Estoy totalmente de acuerdo en que ovejas negras existen en todas las instituciones.
Hoy en día, ocurre lo mismo con los Gobernantes (probablemente haya más de un Masón), y una cúpula Militar, acomodada o resignada a ellos. Sin embargo, los Oficiales, Suboficiales y Tropa, que luchan y mueren en Afganistán, son de la misma Raza que los mejores de nuestra Historia.
Dicho esto, quiero agradecer la aportación Histórica de D. José Antonio, que hace mucho bien a quien no la conoce.

José Antonio dijo...

Javier: Con esto del verano y sus rientes playas, que también reclaman a los jinetes mientras los caballos gozan en su merecido descanso, me surge fácil el improvisar un símil respecto a nuestra constante centinela en pro de la verdad de España y del pueblo español y de sus Ejércitos.

Asigno el papel de olas repletas de algas malignas putrefactas y de inmunda basura antiespañola, a los sicarios del ultraje alevoso y la corrosiva mentira que, con demoniaco ahínco, tratan ellos de corromper y fragmentar el alma tradicional de nuestra española Patria.

Y nos asigno el papel de inexpugnables rompeolas y farallones rocosos, que nos mantenemos siempre firmes en nuestra vocacional debida tarea de rechazar toda ola o tsunami que nos envíe “quien sea” con dicha putrefacta y basuril inadmisible carga residual antiespañola, nos asigno ese defensivo papel (repito) a los poetas que comanda el invencible Gran Jefe Chevi Sr., y que ampara con su inspirador infalible patrocinio el Apóstol Santiago.

Pues, entrados en acción, nos resulta esencial la Historia, la verdadera, y es por ello por lo que tenemos que procurárnosla por muy oculta que la hayan puesto. Debo decir que a mí contribuyeron a sacarme de ingenuas o malévolas versiones históricas algunos escritores franceses que regresaban desengañados de su antifrancesa famosa revolución. Entre ellos, Anatole France, socialista con carné del partido; y a quien, a pesar de sus críticas, no se atrevieron a vetarle cuando le dieron el premio Nobel.

En el sitio que sigue pueden verse algunas aportaciones históricas,

http://www.hispaniainfo.es/web/2011/05/19/nueva-mision-en-lo-universal-para-espana/#comment-22798

Y acabo con un ¡muchas gracias!, por la elogiosa mención que me haces en tu comentario que antecede. Con el cual estoy totalmente de acuerdo.

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

Anónimo dijo...

Pues si eso de las indemnizaciones es cierto, a quien habria que gasear es a aquel responsable politico que lo permite.

El moro solo entiende una cosa, el palo, le das la mano y quiere el pie y confunde la bondad con debilidad.

Vivo en Bruselas y esta llena de moros y el sentir general (no el mio) es "que se vuelvan TODOS a su pais".